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Posts Tagged ‘Bildu’

Valle del BaztánEn estas tierras en las que todo tiene un fuerte simbolismo y altas dosis de carga política, un nombre es más que importante, especialmente para la izquierda abertzale. Un nombre tiene que recoger toda la carga simbólica de la historia, de un pasado mítico y glorioso y de un presente de lucha y reivindicación contra viento y marea. En la Izquierda Abertzale un nombre tiene que transmitir mucho, de modo que ya casi todo quede dicho y no haga falta preparar un programa político, ni un mensaje para la ciudadanía.

Herri Batasuna, Euskal Herritarrok, Sortu, Bildu y otros tantos nombres han querido condensar todo un relato de lo que ha sido, lo que es y lo que será la histórica lucha del pueblo vasco. El nombre elegido en cada caso ha podido tener más o menos éxito, pero la idea es siempre la misma: apelar a los símbolos del pasado para pulsar las emociones y convertir ese pasado en presente, entendiendo que todo es un continuo y que la batalla política actual no es sino un capítulo más de la lucha del pueblo vasco por su independencia. Desde que la memoria se pierde en la niebla de los siglos ha habido héroes del pueblo vasco que han defendido su independencia: en la antigüedad frente a la invasión romana, a lo largo de la Edad Media, frente a la conquista castellana, en las carlistadas, la guerra civil, el franquismo y la democracia. La verdad es que los conflictos en cada período histórico tuvieron significados y realidades diferentes, pero poco importa esto a la hora de construir el mito, de inventar la tradición para que todo tenga sentido en el discurso político.

El nuevo nombre con el que la izquierda abertzale se presentará a las elecciones será Amaiur. El nombre mira otra vez al pasado, a la batalla de unos pocos navarros frente a las tropas castellanas, en el castillo de esta localidad baztanesa. En este sentido, dentro del discurso esencialista abertzale, Amaiur representa el independentismo (vasco), el valor guerrero de quienes llegaron hasta el final defendiendo la independencia del Reino de Navarra, entendido como Estado vasco, en este caso. Visto así, el nombre podría parecer oportuno.

Sin embargo, Amaiur representa también algo más: el esfuerzo de unos vascos (guipuzcoanos y vizcaínos) en la conquista de Navarra, al servicio de Castilla. Como es sabido, la mayor parte de las tropas castellanas que se enfrentaron a los navarros en Amaiur estaba integrada por guipuzcoanos y vizcaínos. En este sentido, Amaiur simboliza también el “imperialismo” (utilizando terminología y anacronismos tan típicos de la izquierda abertzale) vasco en su esfuerzo por conquistar a Navarra.

No sé si el consciente, el subconsciente o el inconsciente de la izquierda abertzale les ha jugado una mala pasada en esta ocasión. Su intento por utilizar un nombre navarro como forma de llegar a los corazoncitos de los súbditos (no ciudadanos) del viejo Reino no ha hecho sino poner en evidencia cuál es su visión de Navarra. Porque yo me pregunto, cuando pensemos en Amaiur, en cómo han actuado con EA y Aralar en su frustrado intento por acabar con NaBai y en su nulo respeto a Navarra como sujeto, ¿no estamos viendo a aquellos guipuzcoanos y vizcaínos que ya participaron en 1521 en la conquista de Navarra?

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Nada cambio si tú no cambiasNavarra vive desde hace ya unas décadas un peculiar sistema político basado en el enfrentamiento y la exclusión de una parte de su ciudadanía. Como si de una reedición del régimen de la Restauración se tratara (salvando ciertas distancias, evidentemente), existen fuerzas perfectamente instaladas en el sistema, que controlan todos los resortes del poder (con su dosis de caciquismo foral), que excluyen a quienes piensan de forma diferente, y que refuerzan su posición gracias también a la acción radical (y violenta en algunas de sus manifestaciones), de determinadas fuerzas políticas antisistema. La necesidad de defender a Navarra que esgrimen unos o la autoidentificación de los otros como vanguardia de la lucha contra el régimen son ideas que les permiten justificar, sin necesidad de más explicación, el papel que desempeñan los primeros (UPN, PP y, desde hace un tiempo, también PSN) y los segundos (Batasuna y ahora Bildu). El resultado de este enfrentamiento no es otro que la perpetuación del sistema, del régimen de exclusión de la Navarra plural, de la Navarra real, cansando, desmovilizando y desilusionando a quienes quieren construir en lugar de destruir, convivir en lugar de convertir.

Dentro de esas reglas de juego, unos y otros quieren perpetuar el status quo para que nada cambie: los primeros porque están muy cómodos gestionando el poder y gobernando desde, por y para su propio espacio político, para sus navarros y navarras de bien; y los segundos porque para defender su propio chiringuito y su propia razón de ser necesitan un enemigo al que enfrentarse, que les responda con dureza y contra el que seguir dirigiendo (en su papel de vanguardia) al “pueblo oprimido”. Lo de siempre, vaya, la ya conocida (y fracasada, por cierto), acción-represión-acción, que tanto daño nos ha hecho.

Unos y otros quieren impedir que la ciudadanía vea como una fuerza útil a quienes trabajan por cambiar realmente la situación. Más de una vez, durante la pasada legislatura, ANV votó junto a UPN en el Ayuntamiento de Pamplona (y lo hemos vuelto a ver en la presente con motivo, por ejemplo, de la dirección del Gayarre). A Bildu no le interesa que se vea que NaBai (buscando el acuerdo con PSN e I-E) es una herramienta útil para un cambio real, para la esperanza en un futuro distinto.

UPN y Bildu se necesitan y darán muestras públicas de su respectivo odio porque es la mejor forma de llamar la atención de los medios de comunicación y del electorado, la mejor manera de lanzar un mensaje sencillo que llegue a las tripas y que oculte a la ciudadanía el hecho de que el cambio no llegará de ese enfrentamiento estéril que cuenta ya con décadas de fracasos para el abertzalismo y el vasquismo navarros, sino del entendimiento y respeto entre diferentes, desde la búsqueda de puntos de encuentro en los problemas reales de la población.

Bildu enarbola ahora el mensaje de la “unidad abertzale” e invita a participar en una nueva coalición a Aralar y PNV (sí, también a ese PNV que si va con otros es despreciable, pero si va con ellos es estupendo). La oferta no se ha dirigido a NaBai porque el objetivo de Bildu en mayo y ahora es destruirla, acabar con la única fuerza que puede hacer que las cosas y la manera de hacer política cambien en Navarra. En mayo Bildu convenció a algunos líderes de EA de Navarra y ahora ha hecho lo mismo con unos pocos (¿dos?) líderes de Aralar de Navarra.

La IAO, Batasuna, representa un proyecto diferente, que responde a una cultura política muy suya (y muy vieja, por cierto), que no está dispuesta a debatir y que simplemente exige a los demás que acepten sus planteamientos y se sumen a su último proyecto con sus condiciones, pasando por el aro. La pregunta es evidente: juntos, ¿para qué? Y la respuesta, aún lo es más. Grandes afirmaciones vacías como las de Urizar de «vamos a ir a Madrid para decirles que queremos dejar de ir» son una muestra clara del para qué de Bildu: para volver a los años 80 y 90 y que nada cambie (salvo quemar a EA y Aralar por el camino); para seguir con políticas antiguas que han dado lugar a muchos momentos históricos, pero sin resultado alguno. Volver a pasar por lo mismo no parece una buena idea, menos aún en esta situación de crisis. Por ello, como decía un amigo hace poco, NaBai (con el nombre que haya que darle ahora) es más necesaria que nunca.

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[Por Koldo Martínez, Patxi Leuza y Álvaro Baraibar, miembros de Zabaltzen-NaBai. Publicado en Diario de Noticias de Navarra el 17 de septiembre de 2011, http://www.noticiasdenavarra.es/2011/09/17/opinion/tribuna-abierta/navarra-como-sujeto-y-no-como-objeto]

Cuando el 1 de septiembre Zabaltzen celebró su asamblea constituyente aprobó una breve declaración política con cuatro puntos fundamentales por medio de los cuales quería expresar por qué, para qué y cómo nacía esta Asociación que reúne y organiza a algunos de los independientes de NaBai. El primero de esos cuatro puntos —”Navarra como Sujeto y no como Objeto”— reafirmaba la vocación de Zabaltzen de continuar un trabajo ya iniciado por NaBai a la hora de trabajar por, para y desde Navarra, desde la especificidad y, al mismo tiempo, desde el pluralismo propios de Navarra.

Pero, ¿qué significan y qué suponen esas palabras? Es importante explicarlo porque en la actual coyuntura son precisamente la clave y el elemento diferenciador de Zabaltzen y NaBai frente al resto de fuerzas políticas.

“Navarra como Sujeto” es una afirmación rotunda de democracia. Significa reivindicar el derecho de la ciudadanía navarra a expresar su opinión y a que ésta sea respetada. Significa olvidarnos de todo tipo de apriorismos y esencialismos en los que uno u otro creen saber qué es Navarra y cuál es el camino que Navarra debe seguir, sencillamente porque nosotros penamos que los futuros posibles son muchos y variados, no uno único que nos viene dado por lo que fuimos -o no- en el pasado. Sólo desde la aceptación de la pluralidad de Navarra, de sus varias identidades, se puede pensar en Navarra como Sujeto.

Para el nacionalismo del todo o nada, del conmigo o contra mí, sea del signo que sea (español o vasco), Navarra es poco más que un símbolo, una pieza del puzzle sin la cual la imagen no puede estar completa. Los nacionalismos excluyentes han hecho mucho daño a la Navarra real porque la han tratado como objeto, como ofrenda a causas que se creían superiores, y no como el verdadero sujeto de decisión que es y debe seguir siendo.

Sigue habiendo personas convencidas de que las naciones son sujetos históricos con vida propia al margen de lo que piensen sus ciudadanos. Sigue habiendo quien cree que uno es vasco o español porque sí, de la misma manera que se es rubio o moreno: uno podrá teñirse y camuflarse, pero seguirá siendo lo que es por naturaleza y nada podrá hacer para cambiarlo. Según éstos, la única opción es aceptarse sin más, y si no lo hacemos es porque no sabemos quiénes somos o porque nos negamos a aceptar la verdad. No pueden ser otros los que, desde fuera, nos digan a los navarros lo que tenemos que ser. Pero tampoco podemos ser algunos de nosotros quienes nos erijamos en defensores exclusivos y excluyentes de la Navarra real.

La afirmación de “Navarra como Sujeto” implica también un ejercicio de sinceridad con la ciudadanía a la hora de actuar en política. El sujeto político navarro es un sujeto adulto al que difícilmente se le puede engañar cuando alguien afirma hacer algo por Navarra y en realidad lo está haciendo por su propio interés partidista, por legítimo que sea. En este sentido, no es sincero quien dice defender Navarra y respetar a los navarros y navarras, pero exige nuestra Comunidad a cambio del fin de la violencia, como si la ciudadanía no tuviera nada que decir al respecto. Como tampoco es sincero quien dice defender Navarra, pero se olvida de su régimen foral y su autonomía fiscal como forma de facilitar el camino hacia un cambio de alianzas políticas en Madrid o quiere impedir que los navarros y navarras expresen cuál debe ser su relación con la Comunidad Autónoma Vasca.

La afirmación de Zabaltzen ha sido respondida con el silencio por parte de UPN (no quieren darnos cancha porque es NaBai y no Bildu quien asusta a UPN) y ha suscitado distintas descalificaciones desde las filas de la Izquierda Abertzale Oficial. Se nos ha dicho que nacemos desde la renuncia a Euskal Herria, como una especie de navarrismo de izquierdas más cercano a UPN que al nacionalismo vasco. Son afirmaciones que buscan la descalificación, pero que son totalmente falsas y lo saben. Es Bildu quien se parece realmente a UPN en su manera de entender la cuestión nacional, desde posiciones predemocráticas y desde la ausencia de respeto a lo que significa defender Navarra como Sujeto. Unos y otros, UPN y Bildu, desde su particular visión de una Navarra-objeto ajustada a sus respectivos intereses, buscan el enfrentamiento en lugar del diálogo y la exclusión y marginación del “otro” frente a la integración, y de todo esto ya hemos tenido suficiente en Navarra en estos largos años de invierno democrático.

Como decíamos al inicio, Navarra como Sujeto y no como Objeto es un elemento diferenciador de la propuesta de Zabaltzen y de NaBai, que se reafirma no sólo en el papel, sino en la práctica política, llevando a Madrid la voz de la Navarra real para hacer política real.

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En más de una ocasión me he referido —más allá de lo que diga, haga y decida ETA— a mi particular decepción por la actitud que ha exhibido la Izquierda Abertzale Oficial sobre la cuestión de la violencia. Y no estoy hablando de la Izquierda Abertzale de los años 80 ó 90, sino a la propia Bildu en este año 2011. La violencia ha impregnado de tal manera las actitudes, las ideas, las posiciones ideológicas, las acciones tácticas, las maneras, las formas y el día a día de la Izquierda Abertzale Oficial que se niegan a aceptar que las cosas pueden no ser como ellos las quieren ver.

Más allá de ETA, la violencia o una cultura de la violencia está muy presente en la IAO. La violencia está, por ejemplo, en no aceptar la legitimidad de los planteamientos de los demás, en descalificar o insultar al que simplemente piensa de manera distinta. Desde el punto de vista de la IAO el sistema, las instituciones y las organizaciones que en él participan son, por naturaleza, impuestas y adolecen de una manifiesta falta de legitimidad. Absolutamente nada en este planeta es democrático y popular hasta que son ellos quienes lo controlan (puede verse ). Es una constante con todo tipo de organizaciones y lo hemos visto en movimientos sociales y también en celebraciones de carácter cultural, político y social a lo largo y ancho de la geografía de nuestro país. Son ellos los que, con su gloriosa presencia, reparten valores democráticos allí por donde pasan, aunque los demás no quieran.

La violencia está también en los insultos, la presión amenazante o las amenazas explícitas a quienes piensan de otro modo o militan en otras organizaciones. Somos muchos los que hemos visto a compañeros y amigos en carteles con el calificativo de “robasillas”, “buitres” y otras lindezas mucho peores, o quienes hemos recibido directamente esas amenazas, en el pasado y hace tan solo unos días.

La violencia está presente en las reiteradas descalificaciones lanzadas en muchos pueblos contra cargos municipales navarros por ser unos “traidores”, “vendidos” y “cobardes” al no “atreverse” a poner la ikurriña en el balcón del Ayuntamiento. ¿Alguien ha notado un cambio real sobre esta cuestión cuando han gobernado ANV o Bildu, más allá de actos de su particular precampaña como los de Leiza, Alsasua, etc…? Han estado exigiendo a otras fuerzas políticas con dureza y contundencia gestos simbólicos y actitudes de democracia radical y de transparencia a la hora de facilitar información al “pueblo” y ahora, allí donde gobiernan todo lo que era imprescindible para otros ha dejado de ser necesario para ellos.

Pero la violencia está también, desde luego, en pretender obtener algo a cambio de decir que ahora sí, ahora se va a apostar por vías única y exclusivamente políticas. ¿Acaso no es este el punto de partida exigible a todos? La violencia está en exigir a los demás que para que la paz sea posible en nuestra tierra hay que seguir el camino que ellos nos trazan. Cuando la Izquierda Abertzale Oficial decida que quiere hacer política, única y exclusivamente política, sin esas otras violencias que existen más allá de lo que haga ETA, le daremos la bienvenida y buscaremos los puntos que podamos compartir, pero en tanto en cuanto siga actuando de la misma forma que en los años 80 y 90, será difícil colaborar, porque eso ya lo hemos vivido y sabemos a dónde conduce. La cultura de la violencia, de la imposición y la confrontación, del conmigo o contra mí, está muy lejos de la convivencia y el respeto que siempre ha defendido y representado NaBai (en el pasado y también en el futuro).

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Puede parecer muy melodramático pero el 3 de septiembre la militancia de Aralar rubricó el primer paso hacia el fin de esta formación política. Hace diez años un grupo de personas, que constituían una corriente de opinión dentro de Batasuna, dieron el atrevido paso de crear este partido. Ilusionaron a otras personas que se comprometieron con la propuesta y consiguieron el respaldo de importantes sectores ya que era la primera vez que una opción abertzale y de izquierdas hacía una puesta seria y realista de ruptura con las estrategias violentas y vanguardistas.
Esa acción política ha tenido sus altibajos y ha cometido errores, algunos de ellos fruto de su implantación descompensada en la CAV y en Navarra. Personas con más capacidad de análisis aportarán los estudios que lo expliquen, pero mi opinión es que en esta situación ha tenido mucho que ver la poca capacidad que ha habido en Euskadi de construir una opción política propia ya que continuamente se ha mirado qué hacía la Izquierda Abertzale Oficial, pero también a las desacertadas coaliciones electorales con Ezker Batua, Zutik y EA, que buscaban más disimular la debilidad que ofertar una propuesta política seria ante el electorado.
Por el contrario, en Navarra ha habido más acierto y la muestra de ello es Nabai. Otra apuesta arriesgada ya que supuso que cuatro partidos políticos de línea política diferente colaboraran en construir un proyecto conjunto que ilusionó a tanta gente que la convirtió en la segunda fuerza política de Navarra en 2007. Tan solo el miedo del PSN, y sus intereses mundanos, impidieron que se produjera un cambio institucional que iniciara el cambio político que muchas personas demandan en Navarra. Se podrá alegar que la Izquierda Abertzale Oficial estaba ilegalizada y por tanto el electorado afín a esta opción política pudo votar a Nabai. Pero tan innegable como que esto sucedió es que Nabai ha sido la opción de corte abertzale que más apoyo ha recabado en las últimas elecciones autonómicas aguantando la incomprensible salida de EA y la más entendible de Batzarre.
Y precisamente esta coyuntura política es la que hace poco entendible la decisión tomada por la asamblea de afiliados de Aralar de presentarse a las elecciones de España con los partidos que forman parte de Bildu en un intento de salvar al partido en la Comunidad Autónoma. Porque por primera vez no se ha arriesgado sino que se ha apostado por volver a estrategias del pasado. Seguramente conseguirán que el número de votos a Bildu incremente, y puede que el dirigente que en la asamblea de Aralar defendió que la presencia de este partido será un garante para el cumplimiento del Acuerdo de Gernika se lo crea pero el desconcierto de la militancia de Navarra y de muchas personas que confiaron en la propuesta para mayo es evidente, por mucho que se quiera ocultar acusando a PNV o a los independientes.
Retomo una idea que estuvo presente en la asamblea. El cada vez más cercano fin de ETA y la cada vez más creíble apuesta de la Izquierda Abertzale Oficial por la utilización exclusiva de vías políticas van a traer una nueva composición del nacionalismo vasco. Pero no hay que confundir lo que posiblemente sucederá con que ya esté pasando. Los tiempos en política son importantes y precipitarse puede ser un error. Nos encontramos ante una propuesta política que defiende la participación en el Congreso sólo en temas que “afecten al pueblo vasco”, que diluye los diferentes ámbitos de decisión y que prioriza la construcción de frentismos en lugar de opciones políticas innovadoras y con verdaderas propuestas para construir y no para vencer. Y todo suena a rancio y manido.
Una propuesta como esta cierra el círculo del proceso iniciado en el ámbito sociológico que se identifica con posiciones abertzales y de izquierdas en lugar de abrir las puertas a un cambio constructivo y con futuro. Somos muchos los que creemos que hay que seguir firme en la apuesta por una izquierda abertzale civil y abierta y estamos convencidos que esa apuesta no es volver a “la casa del padre”. La experiencia nos ha mostrado que no ha sido posible renovarla desde dentro y la actualidad nos muestra que aún no están lo suficientemente maduros para sumar y abrirse. Porque integrarse en una opción política en la que participe la Izquierda Abertzale Oficial aferrada a fórmulas del pasado solo traerá consigo la asimilación.
¿Será Zabaltzen la llave que permita que siga abierta la puerta al cambio político?

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Como un buen amigo mío decía hace unos días, la fórmula ideada por Miguel Sanz de romper con el PP como manera de “asegurar con perspectiva de futuro la estabilidad del Gobierno Foral, es más que discutible” a la vista de los resultados de las elecciones de 2011. En realidad, es evidente que el planteamiento de Miguel Sanz iba más allá de la estabilidad de gobierno y pretendía mantener el control de la provincia y blindar una Navarra navarrista donde todo lo que suene a abertzale o, simplemente, a vasquista esté condenado al ostracismo.

Vale hacer unos simples números para ver que la fórmula de UPN+PSN ha pasado de 34 parlamentarios en 2007, a 28. Aunque se quisiera sumar a los 4 parlamentarios del PP, algo imposible a efectos reales, estaríamos hablando de 32 parlamentarios. Así pues, se puede decir que es precisamente este sector navarrista el que ha perdido realmente las elecciones. Joseba Santamaría se ha referido a ello muy gráficamente en un artículo titulado  “Coalición y derrota”.

Los resultados electorales han dejado al PSN en una situación complicada. Le han conferido un papel decisivo a la hora de conformar un gobierno, pero, en realidad, cualquiera de las alternativas que se le ofrecían tenía un claro coste político, sobre todo porque el socialismo navarro carece realmente de principios y convicciones, de modo que las decisiones se ven desde la ciudadanía como carentes de una base sólida y más motivadas por aspectos coyunturales y por intereses de aparato de partido.

El PSN tiene que recuperar la credibilidad y lo tiene complicado porque es más que evidente que ni tan siquiera ellos se creen lo que dicen. Ahora resulta que lo que en 2007 era imposible (un acuerdo de gobierno entre NaBai, PSN e IU) hubiera sido perfectamente factible y hasta deseable en 2011. Sin embargo, todos sabemos que la única razón por la que el PSN hace esta afirmación es precisamente que ahora ya no es posible porque los números no dan para ello. Bildu y la violencia de ETA vuelven a ser la excusa fácil para culpar a otros por no hacer lo que no se quiere hacer.

El PSN parece haber interpretado que su fracaso electoral en 2011 se ha debido no a su deriva ideológica y a su acuerdo para permitir que la derecha más rancia del Estado gobierne en Navarra, sino al hecho de no haber entrado en el gobierno. Al pactar con UPN, el PSN deja claras sus prioridades, abandona un espacio político interesante para quienes estén dispuestos a hacer política de izquierdas realista y se pliega al discurso antivasco del nacionalismo español más trasnochado que representa UPN.

Desde los tiempos de la transición a la democracia, Navarra se ha caracterizado por el enfrentamiento entre dos bloques que afirman lo contrario pero desde las mismas posiciones ideológicas, dos esencialismos representados hoy en día por UPN y Bildu. Ambos se necesitan, se buscan y se retroalimentan. El reto está en construir no desde la negación del que piensa de modo diferente, no en agruparse sobre las propias esencias para contar cuántos somos. Ese no es el camino, al menos no en Navarra. Ese es el mensaje de los resultados electorales. Aunque a corto plazo, la fórmula de Miguel Sanz va a permitir un nuevo gobierno UPN+PSN, a medio plazo es evidente que ha fracasado. Tampoco ha triunfado el polo soberanista de Bildu, convencido como estaba de que se iba a convertir en la segunda fuerza de Navarra pasando por encima de PSN y, sobre todo, de NaBai.

Frente a ellos, NaBai ha consolidado su espacio electoral, un suelo firme a partir del que construir, desde el que tender puentes, desde el que hacer política real. El crecimiento de NaBai no está entre quienes siguen alimentando un esencialismo nacionalista vasco y basan su acción política en la negación y el no por el no. Bildu ha recuperado ese espacio. NaBai es la única respuesta real a otra Navarra posible que supere la actual incomunicación entre navarros y nabarros. Ese discurso político está todavía por construir, pero hay ya muchos elementos para poder hacerlo.

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La actualidad política está centrada en estos últimos días en la decisión que pueda adoptar el PSN de cara a la conformación del próximo Gobierno de Navarra. Es normal que así sea, ya que de ello dependerá quiénes entrarán en el Gobierno y quiénes dirigirán la política navarra. Sin embargo, a pesar de ello, me da la sensación de que las cosas no van a cambiar tanto, ¿no?

Hay otro aspecto que, ante el deshojar de la margarita del PSN, está pasando más desapercibido y que a mí, sinceramente, me preocupa más. El problema no es otro que saber qué va a pasar con NaBai de cara al 2012 y de cara al futuro. Comentaba en un post anterior cómo los resultados de las elecciones permitían hacer una lectura más en negativo, sobre todo por la pérdida de votos de cara al Parlamento de Navarra, y otra más en positivo: el hecho de que NaBai hubiera resistido contra viento y marea y se hubiera mostrado como la fuerza nacionalista mayoritaria en Navarra y con unos resultados excepcionales en Pamplona.

La reconstrucción del espacio nacionalista en Navarra se presenta como una cuestión importante en los próximos años. Tras varios años de ilegalización, la Izquierda Abertzale Oficial no había podido concurrir a unas elecciones. Ahora sí lo ha hecho y ya saben cuál ha sido la respuesta de la población. También la sabemos los demás y es a partir de esa situación desde donde debemos comenzar a trabajar.

La irrupción de Bildu en el Parlamento hace que las cosas no sean como hace 4 años. Para Bildu se abre una prueba importante a partir de este momento y será a partir del arranque del trabajo en el Parlamento de Navarra cuando veamos a qué van a jugar. Hay algo que habrá que tener en cuenta y es que dentro de la coalición hay maneras muy diferentes de entender las cosas y la propia vida. Algunas de las declaraciones que hemos podido oír en las últimas semanas apuntan hacia un escenario difícil de gestionar por parte de Bildu, salvo que un golpe sobre la mesa de alguno de los comisarios políticos haga callar a los hasta ahora primeras espadas de EA. No sé qué cara habrán puesto los militantes de Batasuna más puros al oír hablar sobre la postura de Bildu respecto al Tren de Alta Velocidad, pero me lo puedo imaginar. Tal vez alguno haya sentido un poco de vergüenza después de lo que han estado diciendo al respecto de la postura de otras personas sobre este tema.

Bildu tendrá que resolver sus contradicciones internas y tendrá que definir cuál es el camino que quiere seguir y la manera de hacer política por la que vaya a optar. Desde NaBai no deberíamos perder tiempo ni esperar a ver qué pasa. Deberíamos aprender de lo que ha ocurrido en la CAV y leer correctamente el mensaje de la ciudadanía navarra y la peculiaridad de los resultados electorales en Navarra.

Hubo un tiempo en que un partido político pudo haber construido una manera diferente de hacer política, una manera distinta incluso de hacer un partido político. Así lo creí durante un tiempo, pero eso pasó. Cada cosa tiene su momento y su lugar y hay ocasiones en que surgen segundas oportunidades y otras no. Ahora mismo, existe una segunda oportunidad, pero la fórmula no pasa por seguir siendo un partido a la vieja usanza, ni por reconstruir viejas fórmulas que ya hace 10 años se abandonaron. Las cosas no han cambiado tanto como para pensar que esa vía vaya a conducir a nadie a buen puerto, salvo a los de siempre y, por mucho que algunos se empeñen, el futuro nunca está en el pasado. La segunda oportunidad pasa por una NaBai de verdad, la que la ciudadanía quiso construir, pero no pudo ser. Esa oportunidad sigue existiendo si hay voluntad para intentarlo.

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