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Archive for 28 septiembre 2009

conde_rodeznoHoy hemos tenido noticia de la sentencia del TAN en que se desestiman los recursos interpuestos por tres fuerzas políticas contra la decisión de la alcaldesa de Pamplona de llamar Plaza Conde de Rodezno a la Plaza del Conde de Rodezno. En marzo de 2009 NaBai, PSN y los ediles no adscritos elegidos por ANV votaron a favor del cambio de nombre de la Plaza de Pamplona que homenajeaba a Tomás Domínguez Arévalo. Ante esta situación, Yolanda Barcina decidió ese pequeño cambio de nombre argumentando que la plaza recordaría en adelante no a un conde en particular, sino al título nobiliario en general. Este argumento ha sido refrendado, por tanto, por el Tribunal Administrativo de Navarra.

El Tribunal no ha considerado que se trate de un fraude de Ley y la jugada le ha salido “bien” a la señora Barcina. Puedo imaginarme perfectamente la sonrisa de algunos al pensar en lo ocurrido y hasta la risa socarrona de otros, acompañada por algún chiste sobre los rojos durante la guerra. Podríamos considerar que se trata de una cuestión anecdótica. Sin embargo, se trata de algo que tiene un fondo más que preocupante.

La triquiñuela es en realidad una típica alcaldada que dice mucho del respeto que ella parece sentir por la opinión de los demás, incluso cuando es una opinión mayoritaria. De todos es conocido lo poco que le gusta que le lleven la contraria, incluso dentro de sus propias filas (la decisión de cuándo y cómo expulsar a Cristina Sanz del grupo municipal de UPN frente a las declaraciones de sus compañeros de partido es otro ejemplo reciente).

Pero en el caso de la denominación de la plaza Conde de Rodezno, más allá de una decisión que podría interpretarse como una afirmación de autoridad, lo preocupante de la cuestión es que el gesto en sí simboliza a la perfección precisamente lo que la mayoría del Ayuntamiento quiso eliminar del callejero pamplonés: el autoritarismo de un régimen recordado y homenajeado en la figura de uno de sus ministros. Aunque puedan argumentarse cuestiones competenciales o de otra índole la decisión de la alcaldesa es un tic autoritario y va contra el sentir mayoritario de la población de Pamplona, expresada en el Pleno de la Corporación.

No quiero repetir lo que en su momento ya dije sobre la cuestión de la memoria histórica o sobre la diferencia que existe entre la historia y la memoria. Sin embargo, considero que es más que preocupante esa suerte de franquismo vergonzante que se puede vislumbrar tras algunas decisiones de formaciones políticas que pretenden dar lecciones de democracia. Desde que a finales del siglo XX se comenzara a hablar sobre la recuperación de la memoria de los perdedores de la guerra civil y sobre la manera de resarcir a los represaliados durante la guerra y la dictadura franquista, ha habido varias ocasiones en que este debate ha llegado a las instituciones. En todos los casos UPN ha evitado apoyar acciones o textos que condenaran la dictadura del general Franco, absteniéndose o negándose a participar en la votación. En algunos casos incluso se ha llegado a poner como excusa la violencia terrorista.

La plaza seguirá llamándose Plaza Conde de Rodezno. Oficialmente será un recuerdo al título nobiliario y no a Tomás Domínguez Arévalo, aunque en todos nosotros la denominación siga simbolizando y representando lo mismo que hasta ahora. Formalmente se habrán cubierto los requisitos legales y habrá que respetar la decisión del Tribunal, pero en el fondo no se trata sino de una burla con unos tintes autoritarios que lo dicen todo.

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20090925_UPN_CDN

No sabría cómo calificar la reciente decisión de CDN de distanciarse de UPN en un tema tan sensible para los navarristas como el euskera. Dos son las posibilidades que se me ocurren para explicar la abstención de Juan Cruz Alli y José Andrés Burguete en la votación sobre la admisión a trámite de la reforma de la Ley del euskera. La primera es que se trate de una equivocación al no medir las consecuencias de su postura. La segunda, que estemos ante una espantada de Convergencia de Demócratas Navarros perfectamente medida e intencionada.

Si la respuesta correcta a lo ocurrido es la primera alternativa, la situación diría muy poco de los políticos convergentes ya que se habrían puesto ellos solitos en una coyuntura en la que hagan lo hagan lo tienen mal o muy mal. Si ceden a las amenazas de Miguel Sanz y dan marcha atrás estarán protagonizando una bajada de pantalones que ni tan siquiera el socorrido comodín de la gobernabilidad podría ocultar ni justificar. Quedaría más que claro que son capaces de renunciar a cualquier principio o ideal político con tal de mantener las dos consejerías que Sanz, graciosamente, les dio en 2007. Si no ceden y se mantienen firmes en la abstención (que en un principio iba a ser voto a favor) parece que José Carlos Esparza y Carlos Pérez-Nievas van a tener que buscarse trabajo.

Si la respuesta correcta es la segunda de las opciones habría que pensar que se trata de una huida hacia adelante, una salida a la desesperada ante la más que posible desaparición del partido como consecuencia de no alcanzar representación en el Parlamento en las próximas elecciones de 2011 (según indican todos los sondeos). Tal vez Burguete, Pérez-Nievas y compañía vean más posibilidades de sobrevivir si estos dos próximos años se dejan oír de vez en cuando desde la oposición. Su situación actual no es nada fácil como socios de un Gobierno junto a un partido que los desprecia y ningunea y viendo cómo el ritmo político se marca en virtud de un pacto entre UPN y PSN en el que nada han podido decir salvo dar algún que otro saltito para hacerse notar y protestar de vez en cuando, de forma un tanto lastimosa, porque no les tenían en cuenta.

De todos modos, la amenaza de Miguel Sanz tiene otra lectura que me parece interesante. El Presidente de esta nuestra comunidad ha aprovechado la primera ocasión que ha tenido para tratar de desembarazarse de su actual socio de gobierno. Los dos parlamentarios de CDN no le dan la necesaria tranquilidad de la mayoría absoluta y el precio que pagó en su momento tal vez se le haga excesivo ahora que tiene al PSN comiendo de la palma de su mano. Tal vez lo que busque sea simplemente dos consejerías más para dos personas de su partido (no parece que el recorte de jefaturas vaya a afectar a direcciones generales ni consejerías) o tal vez haya llegado el momento de presionar a los socialistas para entrar en el gobierno. Ya se sabe que en política, casi todo es posible.

Una cosa sí está clara. Todos hemos podido ver cómo UPN se rasgaba las vestiduras ante la politización del euskera que supuestamente hacía el nacionalismo vasco en Navarra. Habría que preguntar al señor Sanz ahora mismo si lo que ha hecho no es sino una burda, interesada y partidista politización de la lengua. Lo que se estaba debatiendo en el Parlamento era la extensión de la zona mixta para integrar en ella a una serie de pueblos cuya realidad sociológica y lingüística había cambiado en los últimos años. Se trataba de adecuar la Ley a la realidad social, pero UPN ha hecho nuevamente un uso político de esta situación para obtener un beneficio partidista. Los regionalistas, siguiendo su modo de proceder habitual, han vuelto a confundir su propio interés con el interés general.

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Incierto futuro de NaBai

20090923_NaBaiSoy militante de uno de los partidos de Nafarroa Bai. No creo ser un caso excepcional si afirmo que no comulgo al 100% con las ideas defendidas por dicho partido, pero sí con las suficientes como para haberme decidido en su momento a dar el paso de la militancia. Lo di además convencido de que únicamente un mayor grado de implicación de la ciudadanía en la política era lo único que podía cambiar la sociedad.

Para mí, como para casi todos los militantes de los partidos integrados en NaBai, el nacimiento de la coalición en el año 2004 fue como un sueño hecho realidad. El deseo tantas veces planteado de concurrir unidos a unas elecciones para lograr una representación política más acorde con la realidad sociológica del nacionalismo vasco por fin se había logrado. Sin embargo, la verdadera alegría fue completa no como consecuencia del éxito en las elecciones generales de 2004, sino al ver cómo el proyecto parecía consolidarse al volver a presentarse en las elecciones forales y municipales de 2007, siendo además la segunda fuerza en Navarra.

Desde entonces todo han sido dificultades. Las pequeñas miserias humanas parecen haberse convertido en grandes problemas. Algunos hablan del uso de NaBai como trampolín para satisfacer ambiciones personales; otros se quejan de la excesiva rigidez de algunas estructuras de partido más preocupadas de defender su pequeño chiringuito que de dar los necesarios pasos para la consolidación de una coalición donde su control podía quedar muy diluido; hay quien piensa que desde un principio hubo un sabotaje interno por parte de un partido que nunca quiso realmente estar; y no falta quien denuncia la existencia de infiltrados con la misión —que hasta la T.I.A. de Mortadelo y Filemón podía haber logrado— de desestabilizar NaBai.

En los sectores políticos de la izquierda y el nacionalismo nunca hemos sido prácticos. Preocupados por la pureza ideológica, rígidos hasta extremos ridículos en algunos casos a la hora de mantenerse fiel a unos principios irrenunciables, hemos sido históricamente incapaces de ceder lo más mínimo para llegar a un entendimiento con el vecino de al lado. Olvidamos siempre que es más lo que nos une que lo que nos separa. Pero, sobre todo, olvidamos que el partido no es sino el medio para la consecución de un fin y que el fin en Navarra no puede ser el mismo que en la CAV porque Navarra no es Tudela, pero tampoco es Bera ni Leitza.

Las duras disputas entre partidos y partidillos en los años 70 y 80 (junto a otras cosas) llevaron a la abstención y el desencanto a un número importante de abertzales. Algunos de ellos no habían vuelto a tener realmente esperanzas en la política hasta la aparición de NaBai. Existe también, qué duda cabe, un sector de población en Navarra más cercano al PSN que a NaBai, pero que ante el lamentable seguidismo socialista de las políticas defendidas desde la derecha, optó por apostar por una nueva fuerza no directamente asimilable con ningún partido y que defendía una nueva manera de hacer política desde la izquierda. Nafarroa Bai recogió en 2007 la ilusión de quienes tenían la esperanza de cambiar Navarra.

Nafarroa Bai tiene un efecto multiplicador gracias a que los partidos políticos quedan en un segundo plano. No quiere esto decir que el protagonismo sea asumido por unos independientes, supuestos más que reales y que a veces están demasiado pagados de sí mismos. El verdadero protagonista de NaBai era la idea de que otra Navarra era posible. Una Navarra plural y respetuosa con las diferentes maneras de sentirse parte de esta comunidad, algo que ni UPN, ni PP, ni PSN ni HB han defendido nunca.

Pero Nafarroa Bai puede tener otro efecto multiplicador para con los partidos: el de Bart Simpson, multiplicando por 0 y dividiendo por 2 la representación del nacionalismo vasco en Navarra. La decepción del electorado de NaBai si ésta llega a descomponerse puede devolver a los distintos partidos políticos nacionalistas a lo que fueron: minorías políticas tolerables e inofensivas que juegan en una segunda división, viendo cómo los de siempre se reparten un pastel que les estará vedado por los tiempos de los tiempos.

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Garzón

garzonAnda la progresía oficial española indignada con la imputación de Garzón. El sindicato Manos Limpias, el mismo que llevó al banquillo hace escasos meses a varios políticos vascos (Ibarretxe, Patxi López, Arnaldo Otegi, entre otros) por tener la ocurrencia de… ¡DIALOGAR!, ha conseguido que el juez estrella tenga que pasar por el trance de acudir como imputado al Tribunal Supremo. ¿La causa? Pretender investigar los crímenes del bando franquista.

Sin negar que resulta obsceno que la única persona que, hasta la fecha, haya tenido que pasar por el juzgado por los miles de sanguinarios crímenes cometidos durante esos oscuros años sea el juez que pretendía investigarlos, sí me parece llamativa la doble vara de medir de los medios que ahora se muestran tan indignados. Estoy cansado de oír hablar de respeto a las decisiones de los jueces cuando los implicados son otros, para comprobar que, cuando los suyos son los afectados por esta “justicia” de pandereta, el enfado salta hasta extremos insospechados. Por poner un ejemplo reciente, ningún gran medio de comunicación español ha mostrado la más mínima indignación ante los cuatro años de prisión preventiva que se ha tenido que tragar Rufi Etxeberria acusado de nada (y su caso es sólo un botón de muestra), pero los supuestos garantes del Estado de Derecho se rasgan las vestiduras cuando les toca a ellos sufrir el acoso del poder judicial. Los “otros” –especialmente si son vascos- son siempre presuntos culpables, pero ellos deben ser merecedores del más exquisito trato y la presunción de inocencia tiene que predominar.

No voy a descubrir nada nuevo si afirmo que, en España, la independencia judicial se queda en una bonita idea para que los alumnos la lean en los libros de texto, pero que no va más allá de eso, una bonita idea. Sin embargo, asumiendo (por la fuerza de los hechos) que la propia forma de elección del Tribunal Constitucional o el Consejo General del Poder Judicial lleva a una división tácita entre jueces “progresistas” y “conservadores” (y ya es duro tener que asumir el hecho de que los ciudadanos sepamos qué va a votar cada juez, en función de quién le puso en su puesto), me resulta de un cinismo insoportable que aquellos que, como Garzón, estén jugando con la vida y la libertad de los demás con absoluta impunidad (basándose en impresiones o indicios más que en pruebas), pretendan ampararse en el Estado de Derecho y lloren amargamente cuando gente que, como Manos Limpias, tampoco cree en el sistema democrático, la pluralidad de ideas ni la independencia judicial, se lleva el gato al agua. ¡Ellos están contribuyendo, cuando les interesa, a alimentar a ese monstruo, así que no se deben extrañar cuando les muerda!

¿Dónde estaba Garzón cuando la sala de la Audiencia Nacional que venía varios años echando por tierra sus disparatadas teorías sobre el “entorno” de ETA, fue renovada y sus jueces trasladados? (creo que era la número 3) Sinceramente, creo que dirigiendo los hilos de la trampa judicial-mediática que se les tendió y, posteriormente, celebrándolo. Lo cierto es que esos jueces dejaron en libertad a un narcotraficante, basándose en los informes psicológicos sobre éste que llegaron a sus manos. Tras el correspondiente escándalo mediático –por supuesto, preparado de antemano- se apartó a esos jueces de esa sala, para no volver allí. No recibieron mayor castigo, al igual que no lo ha hecho el propio Garzón cuando, por sus errores, delincuentes quedaron en libertad, pero el mal ya estaba hecho y el camino a la impunidad y arbitrariedad judicial despejado. Desde entonces, la realidad es que ni esa sala -que sistemáticamente desestimaba los argumentos de Garzón al exigirle algo más que “convicciones morales” para encarcelar a diestro y siniestro- ni ninguna otra sala de la Audiencia Nacional, han puesto impedimento alguno a sus cacerías.

Nunca estaré con gente como los que forman Manos Limpias, que repudian, como he dicho, el sistema democrático en el que realmente creo, pero todavía me fastidia más el cinismo de esos supuestos defensores del Estado de Derecho, las libertades públicas y la independencia de los tres poderes, que sólo lo hacen cuando les interesa. Estos últimos hacen más daño que los primeros a aquello que dicen defender, ya que –mientras que actuaciones como la de Manos Limpias hacen que la mayoría de los ciudadanos nos mostremos alerta ante este tipo de actitudes anti-democráticas- lo que en la práctica los cínicos que escriben bonitas editoriales en El País o hablan de libertad en la Ser están haciendo es pervertir el sistema democrático, de modo más sibilino y disimulado, pero precisamente por ello más eficaz y difícil de detectar.

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Puede parecer una pregunta inútil ya que la respuesta parece evidente, pero como diría aquel en realidad es una pregunta trampa.
Pongamos un ejemplo: en una localidad que va a celebrar sus fiestas patronales el Ayuntamiento convoca a la reunión de festejos a los grupos municipales y a las entidades y colectivos de la localidad para elaborar el programa. Únicas limitaciones, el presupuesto y que sea un programa diverso que dé cabida a todo tipo de actividades. Resulta que un colectivo de la localidad declina la invitación de trabajar con todos y por su cuenta elabora un programa de actividades.
Hasta aquí todo parece normal y respetable. Pero cuando uno lee el folleto elaborado por ese ente popular se puede encontrar con afirmaciones del estilo “queremos unas fiestas más populares y participativas” o “donde todos los colectivos sumen” o la no menos brillante “fiestas hechas por y para el pueblo”.
Entonces uno se pregunta ¿con quién ha contado ese colectivo para convertirse en la voz de todo el pueblo, cómo los ha convocado? ¿Por qué su programa es más popular y participativo que el que presenta el Ayuntamiento? ¿La ciudadanía debe elegir entre uno de los programas, y en base a eso será catalogado como guay o como colaborador del poder, o es posible participar en los actos de los dos programas?
Todo el mundo tiene derecho a organizar lo que quiera. El problema empieza cuando el que organiza algo lo contrapone a lo que otros hacen o pretende dar una idea, falsa, de que su propuesta es popular y participativa y la de otros es impuesta y poco popular.
El programa de fiestas se estudia en la comisión de festejos, se aprueba en un pleno, se ajusta a un presupuesto y se somete al control municipal, al de otras instituciones y al de la propia ciudadanía, porque todas las cuentas son públicas. Lo cual no quiere decir que todo lo que se aprueba agrade a todos. Unos prefieren menos vacas y otros que haya más, otros que las celebraciones religiosas queden fuera del programa al vivir en un estado aconfesional, para otros falta oferta de actividades infantiles; unos quieren actividades en euskera, otros que se quiten. Pero el resultado final se suele acercar a la pluralidad.
El programa de las fiestas populares se aprueba asambleariamente por media docena que saben lo que todos quieren, recibe el apoyo de innumerables asociaciones también populares que suelen estar representadas todas ellas por la misma persona, sus cuentas son desconocidas porque ¿a quién le van a preocupar los gastos e ingresos de entidades populares que reciben el dinero del pueblo? Nadie sabe cuánto ingresan ni cómo se decide en qué se gasta, ya se sabe, la ventaja de ser popular. Como son populares pueden decidir cobrar las bebidas a precios testimoniales quedando como los Robin Hood de la modernidad y dejando a los hosteleros de la localidad (que pagan impuestos y deben cumplir unos requisitos para acondicionar los locales, lo cual exige unas inversiones) como auténticos sacamantecas. Pero esos mismos defensores de lo popular exigirían al ayuntamiento que sancionara a un carnicero que vende a precios populares en una mesa en la plaza del pueblo, o a un fontanero que trabaja a precios del tercer mundo sin pagar Seguridad Social ni impuestos si afectara a su actividad profesional.
Y la guinda final es cuando en el programa popular se relaciona la lista de colaboradores, pero eso sí, olvidando al Ayuntamiento. Claro todo el mundo se queda con la copla de que unos ayudan y el Ayuntamiento no. Pero que el Ayuntamiento haga la vista gorda en cuanto a condiciones de Sanidad e impuestos y que deje material sin cobrarlo (esto es, aporta más que alguno de los colaboradores) no da categoría de colaborador, porque ya se sabe que es una obligación para con los movimientos populares.
Y si entramos al contenido de los programas ofertados ¿por qué es más popular una kalejira de protesta “festiva” con unos 60 participantes que un encierro de vacas bravas con la calle llena y cientos de visitantes de fuera? ¿O por qué lo es más un concierto de rock que la música el sábado a la noche en la plaza del pueblo?
Y para terminar ¿por qué las personas del pueblo deben estar obligadas a elegir? ¿No sería mejor dejar que cada cual elija en qué participa y en qué no, pero desde su libertad y no desde consignas falsas?

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El próximo día diecisiete de septiembre tendrá lugar el juicio a varios miembros de Iruñerria Piztera Goaz! por una acción de desobediencia civil llevada a cabo en mayo de 2007, mediante la cual se quería apoyar a los gaztetxes de Iruñerria. La petición fiscal es de dos años y medio de cárcel para cada uno de ellos por una sentada totalmente pacífica, a consecuencia de la cual se produjo un pequeño atasco en varias calles de Pamplona. Repetidamente hemos escuchado a los imputados comparar este atasco con el que cada dos semanas tiene lugar en las inmediaciones del estadio del Sadar, perdón, Reyno de Navarra (a cambio de 1,5 millones de euros que nuestro austero Gobierno de Navarra aporta anualmente para el dichoso cambio de nombre, qué menos que nombrarlo bien).

El juicio se iba a llevar a cabo a principios de año y fue pospuesto, en lo que considero un castigo añadido a los imputados, puesto que la incertidumbre suele convertirse en la peor enemiga para los afectados. Además, las autoridades “¿competentes?” han prohibido de manera totalmente arbitraria varios actos de apoyo, como una manifestación prevista para el viernes once de septiembre, a las 19 h.

Este acoso sin cuartel a unas personas que se enfrentan a un riesgo cierto de recibir un castigo totalmente desproporcionado con respecto al delito cometido, forma parte del abc del “manual torpe de tratamiento” a la desobediencia civil. El objetivo de la misma es llamar la atención sobre la injusticia del sistema. Para lograrlo, los activistas llevan a cabo actos pacíficos y públicos –además de probablemente contrarios a la ley vigente–, estando dispuestos a recibir el castigo correspondiente, precisamente para mostrar la injusticia del sistema que se persigue modificar. Así, la sociedad debería recibir con escándalo esa situación de injusticia, multiplicándose la sensación de desprestigio de las instituciones y, por lo tanto, acercando a gran parte de la sociedad el objetivo último de los activistas: llevar a cabo un cambio en las estructuras sociales, políticas, económicas o judiciales. Coloquialmente se la conoce como el “ángel en la cárcel”. Obviamente, esta teoría está pensada para sociedades menos adormecidas que la nuestra, donde últimamente comulgamos con ruedas de molino día sí y día también.

En nuestro entorno más cercano, todos conocemos casos como el de los Solidarios con Itoiz, insumisos o diversos colectivos ecologistas (las actuaciones de Greenpeace son siempre espectaculares), que han puesto encima de la mesa diversas reivindicaciones, en muchos de los casos con un éxito innegable en cuanto a concienciación social. A nivel internacional, me vienen a la memoria figuras como Rosa Parks, Gandhi, Martin Luther King e incluso –que no se me enfade alguno– Jesucristo, como grandes figuras de la resistencia pública no violenta frente al represor.

En cuanto al caso que nos ocupa, la derecha mediática sigue empeñada en –como en tantas ocasiones– criminalizar a todo el movimiento mediante un “totum revolutum” que le permite vincularlo a la violencia a través, cómo no, de la izquierda abertzale histórica. En esta comunidad tan propensa a caer en planteamientos maniqueos del tipo “buenos vs malos”, este tipo de trampas tiene bastante éxito, y si bien lo cierto es que la existencia de distintas expresiones de violencia no ayuda en nada a distinguir los matices, nunca debemos olvidar que lo que se deben juzgar son unos hechos concretos realizados por personas que, independientemente de sus cercanías políticas, se supone cuentan con sus derechos como ciudadanos intactos. Sin embargo, en estos casos en que los acusados son considerados por amplios sectores sociales como parte de “los violentos”, la pasividad social es enorme, muestra sin duda del hartazgo que la violencia provoca en la sociedad y la creciente deshumanización hacia el prójimo existente, así como del mencionado adormecimiento social que, precisamente, Piztera Goaz! trata de evitar.

No creo que el hecho de que la injusticia en esta ocasión la sufran esos “malos oficiales” de los que tanto nos habla la propaganda oficial deba ser excusa para permanecer impávidos ante una vulneración de derechos que, además de arruinar la vida de personas con familias, amigos y proyectos tan legítimos como cualquiera, hace que este sistema pierda todavía un poco más de credibilidad, si es que –al menos en lo tocante a Euskal Herria– todavía le queda algo que perder.
Giraldillabidon[1]

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En este mundo donde cada vez es más importante la imagen para vender toda clase de productos, la clase política ha sido –hace ya muchos años- una de las primeras en darse cuenta de la importancia que aquélla tiene. Claro que la mayoría de empresas y entidades financieras les llevan mucha ventaja (impagable fue la campaña de Caja Navarra presentando la nueva “revolución”), pero -sin llegar a los shows que organizan en Estados Unidos, donde cualquier campaña se asemeja a un gran espectáculo o un macroconcierto- en nuestro entorno se cuidan cada vez más esos detalles de marketing que, según los expertos, pueden llevar a ganar o perder elecciones. Me parece bien que los principales políticos cuiden su imagen pública, aunque a veces no sean muy creíbles (sobre todo cuando tratan de hacerse los graciosos, ahí la sensación de vergüenza ajena es irremediable). También es legítimo que se recurra a todo tipo de “trucos”, como el de ser avisados en los mítines del momento en que las televisiones conectan en directo, para llevar el discurso a puntos preestablecidos, de forma que los minutos estrella coincidan con el mensaje que más se quiere publicitar (si bien además de legítimo, también me parece bastante superficial y frívolo). De igual modo, cada vez se potencia más el marketing a través de los nuevos medios de comunicación (y de hecho éste parece ser uno de los principales tantos que se anotó Obama en su campaña presidencial, al inundar a los estadounidenses mediante correos electrónicos). Todo esto, con sus matices, está muy bien si va respaldado por verdaderas y oportunas propuestas, y las campañas electorales no se convierten en meros escaparates donde los consumidores nos deleitamos con los “preciosos” modelos y embalajes que nos ofrecen, al igual que sucede con el resto de productos cotidianos de consumo.

Sin embargo, el hecho de vivir hoy en día en una permanente pre-campaña electoral, además de provocar el hartazgo y cansancio de los ciudadanos ante la saturación a la que nos someten los políticos, hace que nuestras autoridades se empeñen constantemente en aparecer ante la opinión pública como adalides de cualquier-cosa-que-esté-de-moda-o-nos-pueda-hacer-quedar-bien, olvidándose a menudo del verdadero (o teórico) fin para el que han sido elegidos, esto es, dedicarse a solucionar los problemas de los ciudadanos, y no sólo fingir que lo hacen y publicitarlo. Más pronto que tarde, aquél que sólo busca aparecer en la foto sin tratar de resolver los problemas de modo sincero y duradero queda en evidencia.

En las últimas semanas, me han llamado la atención tres hechos que vienen a confirmar mis sospechas de que muchos políticos no se creen del todo sus propias actuaciones, pero que cualquier cosa es bienvenida si les lleva a protagonizar una primera página:

La semana pasada, un potente medio de comunicación español lanzaba una campaña alertando de la situación de cierto barrio de Barcelona, donde la prostitución sin control ni pudor traía de cabeza a los vecinos. Como anteriormente se ha hecho en otras ciudades, a los dos días una macro-redada policial “solucionaba” el problema (como siempre, poniendo el foco en la parte más siniestra y poderosa, como son las pobres inmigrantes sin papeles que ejercen la prostitución), y las autoridades lucían cara dura en televisión anunciando su fin. Problema que, por supuesto, se reproducirá en otro barrio más temprano que tarde, tal y como ha sucedido en otras tantas ciudades.

Qué decir de la enorme campaña mediática, según la cual el nuevo Gobierno Vasco, en su empeño por achicar “espacios de impunidad” a los amigos de los terroristas, ha dado un paso más hacia el recorte de libertades y el establecimiento de un pensamiento único. Lo cierto es que se han exhibido más fotos de presos y pancartas que nunca (y cientos de personas identificadas o peligrosos actos como partidas de mus o triki-poteos prohibidos) pero la sensación que queda en España es la de que “a estos abertzales se les ha acabado el chollo”.

Lo del carril-bici en Pamplona sería de risa, si no fuera porque afecta a decenas de cicloturistas que ven con impotencia cómo sus intentos de utilizar el medio de transporte más ecológico existente en la actualidad chocan una y otra vez contra la demagogia y el cinismo de los “responsables” municipales. Con tal de salir en los medios de comunicación publicitando que en Pamplona existen no sé cuántas decenas de kilómetros de carril-bici, no tienen ningún reparo en pintar, en medio de una acera normal y corriente, unas líneas blancas discontinuas que se supone que deben delimitar algo. El resultado: hay zonas donde a uno de los lados de la línea delimitadora no queda espacio ni para un peatón (lógicamente, menos todavía para una bicicleta); supuestos “carriles-bici” que van a morir a un paso de cebra o carretera, sin ningún tipo de continuidad; enfrentamientos entre peatones y ciclistas… A modo de ejemplo, las aceras a ambos lados de la cuesta del Labrit son de traca, dignas de monumento o incluso calificación como ciudad europea de la cultura, a ver si el miedo a la vergüenza ajena remedia lo que la responsabilidad propia no hace…

carril_bici[1]

Una cosa tienen en común las tres actuaciones mencionadas: ninguna de ellas sirve absolutamente de nada para solucionar el problema preexistente. Así, nuestros responsables políticos se empeñan en hacer buena esa máxima de que un político piensa en las próximas elecciones, mientras que un estadista lo hace en la próxima generación. Me parece que si veo un estadista no lo sabré reconocer, por la falta de costumbre y ejemplos donde comparar…

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