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Posts Tagged ‘Símbolos’

La política del Partido Socialista Obrero Español a finales de la pasada legislatura y en lo que llevamos de la actual se está basando fundamentalmente en una política de gestos. Buena parte de la labor legislativa llevada a cabo por el PSOE hoy en día no responde a necesidades reales e inmediatas de la sociedad. Se trata, por el contrario, de iniciativas que en algunos casos ni tan siquiera estaban en el programa con el que los socialistas se presentaron a las elecciones de 2008 y que ellos han llevado al centro del debate político simplemente para desviar la atención de otros problemas más reales y más urgentes.

De igual manera, el Partido Socialista de Euskadi, está cayendo también en esa misma política de gestos. No se trata, sin embargo, de un intento de copiar al hermano mayor, sino que en el caso de Patxi López responde a otras motivaciones y necesidades.

Los socialistas vascos, durante varias décadas, han basado su trabajo en la oposición en una crítica al PNV por lo que ellos consideraban una política de símbolos, centrada en problemas alejados de los intereses reales de la sociedad, preocupada por debates identitarios que dejaban de lado los auténticos problemas de la ciudadanía y que interesaban únicamente a la clase política. Casi 30 años después de ser aprobado el Estatuto de Autonomía del País Vasco, los socialistas han llegado al poder en la CAV y lejos de centrar su labor en políticas sectoriales, en aquellas políticas que la ciudadanía reclamaba, están basando su labor exactamente en lo mismo por lo que criticaban al PNV, pero en sentido contrario: afirmar una identidad española del País Vasco.

Tal vez los socialistas vascos se crean en la obligación de demostrar, con su acción de gobierno, que Euskadi no es lo que se había dicho que era, sino que es otra cosa diferente. Tal vez los socialistas vascos quieran aprovechar la oportunidad que la ilegalización de la izquierda abertzale oficial les ha dado para hacer ver a la sociedad vasca que hay vida más allá del PNV y que no pasa nada por lucir una bandera española en Rentería. Tal vez los socialistas vascos crean que el mayor problema de Euskadi en las últimas décadas ha sido que la selección española (en las distintas modalidades deportivas) no haya jugado en territorio foral. Tal vez los socialistas vascos crean que trayendo la selección española de baloncesto al Buesa Arena, la selección española de fútbol a San Mamés y la vuelta ciclista a España a San Sebastián vayan a convertir en hinchas de “la roja” a estos díscolos norteños, empeñados en extravagancias como tener su propia selección nacional.

Lejos de abandonar el debate identitario, socialistas y populares vascos (con perdón) lo están azuzando. Y no me estoy refiriendo al cambio en la fórmula de jura del cargo de Lehendakari o al mapa del tiempo en EiTB. Tampoco me refiero a la presencia de Patxi López en los actos organizados para la conmemoración del aniversario de la aprobación de la Constitución. De hecho, lo considero coherente con la postura mantenida por los socialistas vascos respecto a la Carta Magna y al propio Estatuto de Autonomía desde la transición, algo que no se puede decir del PP con la misma claridad.

Me estoy refiriendo en este caso a las declaraciones sobre la disputa de partidos de la selección española en la CAV y me estoy refiriendo también a la propuesta hecha por el PP de eliminar el cuartel del escudo de Euskadi que durante un tiempo fue ocupado por las cadenas de Navarra hasta que una sentencia del Constitucional lo prohibió en 1985. Se trata, según a explicado Leopoldo Barreda, de suprimir “toda referencia a Navarra” en el escudo de la Comunidad Autónoma Vasca. No importa que el TC no prohibiera el cuartel, sino la presencia en él de las cadenas navarras.

En fin, ya sabemos que en política aquello de que “donde dije digo, digo Diego” está a la orden del día, pero no por ello vamos a dejar de denunciarlo. De momento, parece que la política de verdad tendrá que esperar en Euskadi, mientras socialistas y populares vascos se centran en debatir, desde el Gobierno y no ya desde la oposición, sobre la identidad vasca.

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Estos días me apetecía escribir sobre algún tema de actualidad, pero lo cierto es que –por más que mirara los telediarios y escuchara la radio– no se me ha ocurrido ninguno bueno sobre el que hacerlo.

En un primer arrebato, pensé tratar la política vasca, pero luego comprendí que sería mejor esperar a que Patxi López se decidiera a ejercer de Lehendakari, pues creo que dará más juego. Lo cierto es que, tras el mes y medio que ha durado la crisis del Alakrana, y en el que no ha habido noticias suyas, su primera intervención ha servido para culpar al PNV por la paralización de la transferencia de políticas de empleo. Teniendo en cuenta que depende de los Gobiernos Central y Vasco, decidí que “gure Francisco” todavía no se ha enterado de que Ibarretxe ya no vive en Ajuria Enea.

Me vino luego a la cabeza la idea de que quizás podía escribir sobre la Justicia, y de las ganas que tengo de que se dejen de disimulos y la privaticen de una vez, para que el monopolio PSOE-PP se haga de modo oficial con sus riendas. Así no tendrán que disimular y podrán colocar al frente de la gerencia a sus marionetas favoritas. Luego me acordé del doloroso “caso Nagore” (y cuántos más escaparán diariamente a nuestros oídos), escuché en la radio la noticia de las detenciones indiscriminadas de jóvenes en Euskal Herria, y leí que ya habían puesto fecha para el juicio de Egunkaria, así que –comprendiendo que en realidad sólo era un formalismo– pense que qué más daba si a los gerentes de las empresas Tribunal Supremo, Tribunal Constitucional o Consejo General del Poder Judicial los nombran de una manera u otra, puesto que el resultado es el mismo.

En un desesperado intento de hablar sobre algo serio, traté de hacer mi propia porra sobre la evolución del desempleo para los próximos meses (¿llegará el 20%?, ¿hasta qué punto nos endeudará?, ¿será efectivo el nuevo plan de Zapatero, que “ya” parece haberse enterado de que la construcción no es la solución?), pero enseguida me di cuenta de que era un tema que ha perdido todo interés para los medios de comunicación. Como los atentados en Irak, Pakistán o Afganistán, la guerra en África o el goteo de asesinatos de inocentes en Palestina, ya sólo se menciona en los telediarios de pasada, como esperando hasta que lleguen los Deportes y el tiempo, únicos argumentos a los que se presta verdadera atención.

Así que me dije: “hay que ir a lo seguro”, y –ya que el “Barça-Madrid” está muy trillado– me hice la gran pregunta: ¿jugará la Roja en Euskadi?

Como durante numerosos días se han afanado en repetir desde los principales programas políticos y deportivos españoles, es un tema que no tiene ninguna importancia, ya que hay que ver con normalidad que la selección de un país juegue en cualquier punto del mismo. Así que –siguiendo esa imagen de normalidad que hace acaparar portadas y cabeceras informativas al alcalde de Barakaldo o al vicepresidente del Athletic– me pregunté: ¿hasta qué punto es legítimo que una minoría significativa no pueda ejercer su derecho a disfrutar de los sentimientos de unión e identificación que su selección nacional les provoca? Creo que esas miles de personas que en Euskadi ven en la española a su selección, y sienten sus colores como propios, tienen derecho a disfrutar de toda la parafernalia (himno, ídolos, banderas…) de cerca, ya que hasta ahora “sólo” pueden hacerlo por televisión. Lo contrario sería ejercer la “tiranía de la mayoría” sobre ell@s, y no podemos caer en eso. Del mismo modo, estoy seguro de que un Estado democrático como el español, que tanto se preocupa de las identidades minoritarias en sitios como Euskadi o Cataluña, ahondará en la democratización de sus realidades nacionales, permitiendo que –si así lo desean sus respectivas poblaciones– los ciudadanos y ciudadanas de esas regiones insertadas dentro de España puedan disfrutar de ese derecho básico que es el disfrutar de sus selecciones nacionales, sin ningún tipo de imposiciones por parte de la mayoría. Como navarro, espero poder disfrutar pronto de la selección vasca de fútbol en el Sadar, perdón, Reyno de Navarra.

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20090607_mapa_tiempoDesde hace ya muchos años el mapa de tiempo de EiTB ha provocado airadas protestas por parte de algunos sectores políticos en Navarra. La polémica no se ha centrado en el punto de vista de las predicciones o en el discurso acerca de la evolución del tiempo, que en ocasiones parece como si se hicieran más pensando en la costa que en el interior, sino que se ha debido a la aparición en dicho mapa de la Comunidad Foral de Navarra.

La presencia de Navarra en los símbolos de Euskadi ha sido una constante histórica desde la transición. Navarra no se integraría finalmente en la CAV pero las puertas permanecerían política, jurídica y simbólicamente abiertas. El navarrismo, más preocupado por afirmar la navarridad frente a y contra lo vasco, ha ido planteando la batalla en los tres frentes. En lo político, el pulso navarrista provocado por el nacimiento de UPN en 1978, así como el giro socialista hacia posiciones navarristas y la reacción de la sociedad navarra frente a la violencia terrorista han tenido mucho que ver (junto a otros muchos factores) en la actual configuración política de Navarra. En lo jurídico, cada vez se oyen más voces, tanto en UPN, como en el PP (y hasta en el PSN), favorables a la eliminación de la Disposición Transitoria Cuarta y a favor de un blindaje foral frente al posible ascenso del nacionalismo vasco y el vasquismo en Navarra. En lo simbólico, el navarrismo forzó la retirada de las cadenas del Laurak bat, el escudo de CAV, en 1985 y ha aprobado una Ley de Símbolos en 2003 cuyo único objetivo era sacar a la ikurriña del espacio público navarro. La llegada a la Lehendakaritza de un socialista hizo creer a los navarristas (acostumbrados a identificar socialista con un dócil navarrista o nacionalista español) que se abría el camino para dar un paso más: la retirada de Navarra del mapa del tiempo de EiTB.

Sin embargo, la perspectiva en la CAV es ligeramente distinta. Parece que la decisión de los socialistas vascos con respecto al mapa del tiempo va a ser la de no quitar a nadie, sino sumar a más Comunidades. Así, el mapa del tiempo incluiría a la CAV, Navarra, La Rioja, Cantabria y Burgos. Podría parecer que se trata del sueño socialista de una Gran Euskadi en la que las reivindicaciones de la territorialidad no se limitasen a Navarra, sino también a otros territorios que pertenecieron en algunos momentos de la historia al antiguo reino de Navarra y a otros, “conquistados” por los vascos en tiempos más recientes (Castro-Urdiales y, por extensión, toda Cantabria).

Pero no, la Lehendakaritza no tiene el efecto de “La máscara” y Patxi López no se ha convertido en un ultranacionalista. El porqué es mucho más prosaico: López está preocupado por informar a sus ciudadanos acerca del tiempo en sus lugares de destino dominguero: “Me preguntan: ¿va a quitar Navarra? No, pues me gustaría poner La Rioja y Cantabria y Burgos, que es donde se van los vascos a pasar el fin de semana, y les gustará saber qué tiempo hace” (El País, 17 de mayo de 2009).

Hay varios temas sensibles en los que parece que Patxi López es consciente de no contar con el apoyo mayoritario de la sociedad vasca (nacionalista o filonacionalista) y no quiere, no puede o no se atreve a tomar decisiones impopulares. Sacar a Navarra del mapa del tiempo de EiTB es, sin lugar a dudas, uno de estos temas sensibles. La decisión de Patxi López es la de tratar de contentar a UPN, PP y PSN diluyendo la trascendencia de la presencia navarra al incluir a otras provincias limítrofes. No es algo nuevo. Durante los debates del Amejoramiento, se utilizó la misma estrategia al redactar el art. 70, que regulaba la posibilidad de establecer convenios y acuerdos con la CAV, añadiendo coletillas como “y con las demás Comunidades Autónomas limítrofes”.

Negar los especiales vínculos que unen a la CAV con Navarra es negar una evidencia. Vínculos de carácter familiar, sociológico, económico, pero también histórico, cultural e identitario son cuantitativa y cualitativamente distintos entre Navarra y la CAV o entre Navarra y cualquier otra comunidad limítrofe. La presencia de Navarra en el mapa del tiempo de EiTB puede ser considerado como una injerencia inadmisible por parte del navarrismo, pero la retirada será tomada como un agravio por una parte de la sociedad navarra (minoritaria, pero real) y por la mayor parte de la sociedad vasca. Habrá otros navarros, además, menos preocupados por cuestiones identitarias y que lamentarían no disponer de esa información para contrastarla con la que dan las televisiones estatales y hacerse una idea más plausible de lo que puede pasar con el tiempo en su lugar de residencia. Y es que para esto es para lo que sirve el mapa del tiempo, ¿no?

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El pasado 1 de abril se cumplieron 70 años del final de la Guerra Civil. Como ya ocurrió con el 60 aniversario, la historia y la memoria de aquella guerra y de la dictadura que vivió el país durante casi 40 años han vuelto a ser noticia: reportajes en Televisión, entrevistas a historiadores en la radio, artículos de opinión en la prensa…

En Pamplona el aniversario vino precedido por un intento del grupo municipal de NaBai de retirar del espacio público pamplonés el homenaje que la ciudad hacía a Tomás Domínguez Arévalo, Conde de Rodezno, al mantener una plaza con su nombre. El argumento para la retirada se basaba en la prohibición que establece la Ley para la Memoria Histórica de exaltar cualquier símbolo del franquismo. A pesar de que la moción fue aprobada, la alcaldesa de Pamplona, Yolanda Barcina, decidió no cambiar el nombre explicando que éste no hacía referencia al antiguo Ministro de Justicia de Franco, sino que tenía un sentido genérico, aludiendo al título nobiliario, que de por sí no tenía esa connotación, ya que el primer conde de Rodezno fue un noble de Fustiñana en 1690 (así se expresó el concejal de UPN, Sánchez de Muniáin).

A nadie se le escapa el cinismo de esa decisión. La Plaza Conde de Rodezno pasó a llamarse así en un Pleno extraordinario del Ayuntamiento de Pamplona celebrado el 15 de noviembre de 1952, poco después de la muerte de Tomás Domínguez Arévalo. La plaza, que se encuentra justo delante del Monumento a los Caídos, es un lugar de gran valor simbólico. En el Pleno algunos quisieron que se llamara Plaza de la Cruzada, pero la opción de Conde de Rodezno obtuvo más votos y sirvió de homenaje al recién fallecido Conde.

La decisión de Yolanda Barcina no hace sino confirmar una vez más la actitud mantenida por UPN cada vez que se ha hablado del franquismo y la guerra civil en las instituciones, absteniéndose o negándose a participar en la votación cuando se trataba de condenar la dictadura. UPN nació durante la transición a la democracia como reacción contra la Constitución y nutrió sus filas con un importante aporte franquista tras la desaparición de la Alianza Foral Navarra. No dudó en defender la laureada en el escudo de Navarra y hoy en día sigue sin desmarcarse de esa herencia pre-democrática que en demasiadas ocasiones se deja ver en su discurso político.

Cuando otros argumentos resultan insuficientes, UPN suele recurrir a aquello de “mejor no remover la historia” o “hay que asumir la historia en su totalidad”. Ya lo hizo en 1979 para defender la Laureada. Sin embargo, habrá que explicar a algunos líderes navarristas que no es la historia lo que se pretende eliminar de los espacios públicos de Navarra. Los navarros asumimos nuestra historia, poco podemos hacer al respecto. Sin embargo, somos muchos los que no estamos de acuerdo con que calles, plazas o edificios públicos sirvan para homenajear a personas que representan momentos, actitudes y comportamientos con los que no estamos de acuerdo y que incluso hacen mucho daño a quienes padecieron la dureza de la represión franquista y a sus descendientes. El espacio público debe quedar reservado para aquellos personajes, lugares o momentos de la historia de los que nos sentimos orgullosos hoy, a partir de los valores de nuestra sociedad actual. Los nombres de calles, plazas y lugares públicos deben ser revisados y actualizados porque de lo contrario seguiremos honrando la memoria del dolor que unos navarros infringieron a otros navarros por el simple hecho de pensar de una forma diferente.

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