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Posts Tagged ‘Historia’

20090629_PSNTras la muerte de Franco y con la llegada de la transición a la democracia, en Navarra como en otros lugares se comenzó a hablar sobre el problema de la identidad y sobre la manera en que quedaría Navarra en el marco de la nueva España de las autonomías. El socialismo navarro, entonces en el Partido Socialista de Euskadi, llegó a un acuerdo con el PNV y otras fuerzas como ESEI en torno a la cuestión autonómica.

Al margen de la formulación concreta de los acuerdos (lista conjunta al Senado en las elecciones de 1977 con Manuel de Irujo a la cabeza, acuerdo autonómico…), lo que resulta realmente importante es que los socialistas, fruto de la convivencia en el exilio con fuerzas nacionalistas y de izquierdas, perseguidas por el franquismo, creyeron que ese era su espacio político natural a la hora de llegar a acuerdos.

Los dos años siguientes fueron claves para la configuración de un nuevo espacio político navarro. Por un lado, fruto del desacuerdo sobre el consenso alcanzado por UCD, PSOE y PNV acerca de la inclusión de la Disposición Transitoria Cuarta en la Constitución, en 1978 nació UPN, recogiendo el sector político más tradicionalista, agrupado hasta entonces en torno a Alianza Foral Navarra. UPN se haría con el espacio y el discurso dejado por la saliente Diputación Foral de Navarra de Amadeo Marco, democratizada en las elecciones de abril de 1979. Por otro lado, el socialismo navarro inició en 1978 y 1979 un giro hacia posiciones bien distintas de las defendidas hasta ese momento llegando al consenso en torno al Amejoramiento del Fuero y, poco después, acordando con UPN y UCD la retirada de la ikurriña del balcón de los ayuntamientos navarros. El giro concluiría con el nacimiento del PSN, desligado ya del PSE.

En este giro fue importante la llegada al partido de personas como Gabriel Urralburu o Víctor Manuel Arbeloa. Sin embargo, más allá de la apuesta de unos líderes políticos, el PSN buscó ya entonces el reparto del pastel del navarrismo, patrimonio casi exclusivo de UPN gracias a la crisis cada vez más profunda de la UCD que terminaría con su desaparición a principios de los 80.

Desde finales de los 70, el PSN ha preferido apostar por el espacio político del navarrismo, alejándose de la posibilidad de acuerdos con los nacionalistas, lejos ya los años de entendimiento en el exilio. Cuando en el PSN estallaron los casos de corrupción que todos recordamos y llegaron los años de retroceso elección tras elección, el PSN decidió seguirle el juego a UPN con acuerdos presupuestarios hasta que los regionalistas lograron la mayoría absoluta. El PSN, en su apuesta por el navarrismo y el voto de centro se había convertido en una mala copia de UPN y el electorado de izquierdas y republicano, importante en muchos lugares de la Ribera, no logró entender que el partido de sus padres y abuelos estuviera apoyando a quienes ellos veían como los representantes de los vencedores en la guerra civil.

En las elecciones de 2007 pareció que había llegado nuevamente el momento del entendimiento entre socialistas y nacionalistas, recomponiendo aquel primer pacto de la transición en Navarra, pero PSN y PSOE no se atrevieron y prefirieron volver a apoyar a UPN, excusándose en la supuesta excepcionalidad navarra, aquello que algunos llaman “cuestión de Estado” y que visto lo ocurrido casi pudieran llegar a tener razón.

Sin embargo, el dilema del PSN no ha concluido y es que no tiene fácil solución. Se ha hablado mucho de las dos almas del PNV, pero bien podría afirmarse algo parecido del PSN (más escorado en este caso hacia su alma navarrista, bien es cierto).

Parece que el socialismo navarro estaba convencido de que jugando la carta de la gobernabilidad y forzando la ruptura de UPN y PP se les ponía en bandeja el papel de primera fuerza en Navarra en las elecciones europeas del 7-J. El resultado ha supuesto un duro golpe para un PSN que sigue perdiendo espacio político y que ve cómo se acercan las elecciones forales de 2011 en una posición de debilidad y teniéndose que enfrentar a una candidata regionalista, Yolanda Barcina, con un importante tirón electoral y más partidaria de llegar a acuerdos con el PPN que con el PSN.

El PSN no resulta un partido creíble en Navarra y no son pocos los que, tras votar PSOE en las generales, eligen otras opciones en las forales: NaBai quienes están cansados de tantos años de gobierno del rancio nacionalismo español y del antivasquismo de los regionalistas, y UPN quienes no se fían de lo que pueda hacer el PSN en su nerviosismo y urgencia por volver a gobernar con el liderazgo de personas de escaso curriculum, por así decir. El ridículo que están haciendo en Pamplona con la amenaza de reprobación a la alcaldesa lo único que está consiguiendo es reforzar la imagen de Yolanda Barcina y demostrar la falta de discurso propio de los socialistas.

Una cosa está clara: el PSN tiene poco que hacer mientras siga por la senda de la colaboración con UPN. Los resultados electorales son más que evidentes. Todos nos hemos dado cuenta, salvo el PSN, al parecer.

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20090505_esclavos_historiaEn Euskal Herria, tradicionalmente, historia y política han ido de la mano. Basta con repasar someramente la hemeroteca o los libros de actas parlamentarios para darse cuenta de la gran presencia de la historia en los discursos políticos. Se trata de algo frecuente en comunidades políticas donde existe una polémica en torno a la identidad, pero tal vez sea especialmente intenso en nuestro caso.

Es más que evidente que en Navarra existen propuestas políticas que defienden al menos dos marcos políticos y jurídicos diferentes. Existe un navarrismo (con v) que defiende la españolidad de Navarra desde la afirmación de una identidad propia, regional, foral, como si esa identidad no fuera sino la plasmación en lo local de una identidad superior, la ESPAÑOLA. Lo foral, lo navarro, conduce irremediablemente a lo español. Ese navarrismo, que no es sino un tipo de nacionalismo español, ha interpretado tradicionalmente la historia de Navarra como un línea nítida donde todo se explica a partir del presente. Como si se tratara de un plan casi divino Navarra se va conformando a lo largo de la Historia, desde el principio de los tiempos, fiel a su esencia, a lo que es. Capitalizada y rentabilizada con maestría por UPN, esta idea de Navarra es compartida con mayor o menor intensidad, dependiendo no siempre de razones ideológicas, sino también políticas y electorales, por otras fuerzas del arco parlamentario navarro (CDN y PSN), a pesar de algunos leves esfuerzos por distanciarse de un discurso que en ocasiones pone en serios aprietos a partidos que pretenden tener una mayor coherencia democrática.

Este navarrismo ha vivido enfrentado a otro nabarrismo (esta vez con b) que ha elaborado un discurso en torno a la identidad de Navarra basado en los mismos principios, pero para defender lo contrario. Es decir, una identidad propia, regional, foral, como si esa identidad no fuera sino la plasmación en lo local de una identidad superior, la VASCA. Así pues, lo foral, lo navarro, conduce irremediablemente a lo vasco. Este discurso es el defendido por el PNV desde sus orígenes (y que todavía hoy convive en el partido con otro nacionalismo mucho más cívico), por HB (y Euskal Herritarrok, EHAK, ANV…) y por Nabarralde con una curiosa variante: no es que el navarro sea vasco, sino que el vasco es navarro (aunque igual no lo sabe). De este modo, afirmando que Navarra fue el Estado vasco en la Europa medieval y moderna (una quimera del mismo estilo que la defendida por los navarristas para lo contrario), algunos creen dar mayor fuerza a reclamaciones actuales de soberanía e independencia.

La reciente ruptura del pacto entre UPN y el PP ha introducido una “nueva” voz en el escenario político navarro, la del PP, y se ha oído algún tímido comentario acerca de la españolidad de Navarra como descentralización administrativa del sujeto político español. Los fueros en este caso no serían sino un privilegio a eliminar, un agravio que rompe el principio de la solidaridad. Difícil camino el del PP si esta línea se consolida (pregúntenselo si no al centralismo falangista durante el franquismo).

Navarrismo y nabarrismo comparten un mismo rasgo común: ambos son esclavos de la Historia, de lo que supuestamente fuimos en el pasado, y ambos adolecen de un verdadero espíritu democrático. Navarra es para ellos lo que debe ser, lo que la Historia le dice que sea, no lo que sus ciudadanos quieren ser. La ciudadanía navarra poco o nada puede opinar al respecto. Cada cual se ve a sí mismo en posesión de “LA VERDAD” y el otro está, necesariamente, equivocado. En los últimos años, especialmente con la aparición de Aralar, han surgido voces que pueden renovar las bases del discurso de la identidad navarra. La crítica al navarrismo no puede hacerse, como hace Nabarralde, cayendo en los mismos errores. Esa batalla es falsa, equivocada y, además, está perdida. Hay que llenar de realidad la tan repetida y vacía frase que afirma que “Navarra será lo que los navarros decidan”.

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psoe

Recuerdo todavía con gran viveza la sensación de alivio incluso físico, como si me hubieran quitado un peso de encima, el día de la derrota de Aznar en las elecciones de marzo del año 2004. No sé cómo se habría sentido ese día en otros lugares del Estado, pero esa sensación de haber abierto las ventanas en una habitación cargada de un ambiente opresivo y gris se vivió con fuerza en la CAV y Navarra y no creo equivocarme al afirmar que también, al menos, en Cataluña y Galicia.

Con la derrota de Aznar se ponía fin a un período de gobierno en mayoría absoluta de un ultra nacionalismo español que acosó a cualquiera que tuviera y se atreviera a defender una imagen de España distinta a la enarbolada como un arma por el centralismo aznarista. La presión a la que se sometió al nacionalismo vasco fue tal que a muchos les recordó tiempos pasados que creían olvidados para siempre.

Algo de esto debió ocurrir más allá de apreciaciones personales y subjetivas. El primer Gobierno Zapatero planteó importantes reformas constitucionales y estatutarias para actualizar la España de las Autonomías a las nuevas necesidades del siglo XXI, reforzando el papel de las regiones y de las nacionalidades, de las que incluso se llegó a hablar como naciones. El centralismo y ultra nacionalismo español defendido por el PP no solo había conseguido dejar aislado al partido liderado ya por Mariano Rajoy, sino que además había logrado “manchar” y “contaminar” la defensa de un centralismo español (entendido por el PP de Aznar como una lucha contra los nacionalismos periféricos) como lo hiciera años atrás el franquismo (que contaminó e hizo políticamente incorrectas durante décadas muchas de las señas de identidad del nacionalismo español).

Ese intento de una segunda transición (imagen lanzada por Aznar y de la que se apropió Zapatero dándole un sentido claramente distinto) tuvo un coste político importante para el PSOE que no supo aguantar la presión de la dura oposición del PP y comenzó un giro al centro, alejándose del entendimiento con las fuerzas nacionalistas, ya fuese en el gobierno de Madrid o en las distintas comunidades autónomas. El discurso del PSOE, más motivado por rendimientos electorales que por una convicción sólida acerca de la idea de España y de su relación con las naciones vasca, catalana y gallega, no resistió el envite del nacionalismo español fácil, simplón y populista esgrimido por el PP y resumido en la frase de “España se rompe” (ya saben, España, antes roja que rota).

El caso de Navarra es una clara muestra de ello. Desoyendo la clara voluntad de cambio manifestada en las urnas el 27 de mayo de 2007 en los comicios de mayor participación de la historia de la democracia en Navarra, el PSN, obligado por el PSOE, decidió mantener a UPN en el gobierno foral. La apuesta por defender identidades plurales, la necesidad de airear el cargado ambiente foral, todo quedaba en un segundo plano ante el coste electoral de un posible pacto del PSN con el nacionalismo vasco en Navarra.

Tras la segunda victoria de Zapatero en 2008 las reformas constitucionales y estatutarias pasaron a dormir el sueño de los justos. Al margen de las dificultades generadas por la crisis económica, los resultados de las elecciones gallegas y vascas y la gestión posterior de esas dos derrotas electorales han reducido el margen de maniobra de un PSOE que no hace sino perder apoyos parlamentarios. El Gobierno de Zapatero ha conseguido un récord en su gestión política, pasando de contar con el apoyo o el voto de confianza de todos (menos el PP) a estar prácticamente aislado.

La crisis de Gobierno ha sido un paso más en ese viaje al centro (geográfico y no político en este caso) del PSOE al nombrar a Manuel Chaves Vicepresidente Tercero y Ministro de Política Territorial y encargarle la coordinación autonómica para lograr una mayor cohesión de las regiones de España. Abandonada la segunda transición, habrá que ver si el PSOE no se encamina hacia una segunda LOAPA coordinada por la Vicepresidencia Tercera del Gobierno y con las nacionalidades históricas controladas por primera vez en la historia por partidos de obediencia central.

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lopez_estatuto3Un reciente artículo publicado en la prensa por Pedro Pegenaute, actual Director General de Administración Local del Gobierno de Navarra, me ha llamado la atención y me ha hecho repensar sobre una vieja polémica que creía olvidada y enterrada: la relativa al art. 47.2 del Estatuto Vasco.

Durante la transición a la democracia, a lo largo de 1977 y 1978 se debatió la posible incorporación de Navarra a la naciente Comunidad Autónoma Vasca, entonces todavía CGPV (Consejo General del País Vasco). A la altura de noviembre de 1977 se quería aprobar el preautonómico vasco (y el catalán y gallego) para devolver un cierto autogobierno antes de la aprobación incluso de la Constitución a las regiones que durante la Segunda República habían plebiscitado y aprobado un Estatuto de Autonomía. El Acuerdo al que llegaron el Ministro para las Regiones, Manuel Clavero Arévalo, y la Asamblea de Parlamentarios Vascos (incluidos los navarros, aunque los representantes de la UCD nunca acudieran) recogía el derecho de cada una de las cuatro provincias (Álava, Guipúzcoa, Vizcaya y Navarra) a decidir libremente su plena incorporación al Consejo Vasco.

El Acuerdo provocó reacciones inmediatas y la UCD de Navarra forzó la renegociación del mismo entre el Gobierno de Madrid y la Asamblea de Parlamentarios Navarros. A partir de ese momento, la UCD de Navarra se dedicó a tratar de conseguir que la posible incorporación de Navarra a Euskadi fuese algo más parecido a una carrera de obstáculo que a proceso político.

Las negociaciones entre el Ministerio y la Asamblea de Parlamentarios Navarros dieron como resultado el Real Decreto 2/1978, apoyado por todas las fuerzas navarras con representación en Cortes (UCD, PSOE y PNV). Este Decreto es el que, se convertiría, a la postre, en la Disposición Transitoria Cuarta, fuente de importantes polémicas dentro de la UCD de Navarra. De hecho, la aprobación de dicha Disposición en la Carta Magna sería el motivo del nacimiento de UPN, como escisión de la UCD para pedir el NO a la Constitución de 1978.

Pero la cuestión aún daría lugar a otra nueva polémica, en 1979, no de la misma trascendencia, pero que marcaría la salida de la UCD de un diputado, Pedro Pegenaute, y un senador, José Luis Monge. El desacuerdo se centró en esta ocasión en el artículo 47.2 del Proyecto de Estatuto de Autonomía del País Vasco, que regulaba el referéndum para la modificación del Estatuto en caso de que Navarra se incorporase a Euskadi. El recuento del resultado se haría en una única circunscripción que englobaría a los 4 territorios. La UCD de Navarra quería que el nuevo Estatuto se aprobara en Navarra por separado. En plena recta final de las negociaciones entre Adolfo Suárez y Carlos Garaikoetxea, a finales de noviembre de 1979 la prensa publicaba unas declaraciones de Pedro Pegenaute en este sentido. El entonces diputado fue desautorizado por la dirección nacional de su partido. Poco después Monge y Pegenaute salían de UCD e iniciaban una andadura política de escasos éxitos pasando por Convergencia Navarra, AP-PDP-UL o el Partido Moderado. Pegenaute aún sería rescatado por Miguel Sanz para dirigir la ofensiva navarrista orquestada por el Gobierno de Navarra contra el euskera desde el año 2000.

30 años después de aquellas polémicas de la transición parece que algunos de sus protagonistas quieren aprovechar el inminente cambio de Gobierno en el País Vasco no para pensar en el futuro y posibilitar ese previsible cambio de rumbo que algunos ven con buenos ojos como un modo de consolidar el marco estatutario y constitucional supuestamente desdeñado por el nacionalismo vasco. Hay quien está pensando más bien en saldar viejas cuentas, antiguas anotaciones en la columna del debe que algunos no quieren perdonar al hacer balance de sus trayectorias políticas.

Con todo, la intentona puede tener un cierto interés para el ciudadano preocupado por el devenir de la política en esta tierra nuestra y no carece de una buena dosis de ironía. Tal vez sea interesante contemplar si el cambio de Gobierno en el País Vasco supone un cambio de sentido en las “injerencias políticas” para ser ahora Navarra la que interfiera en cuestiones de la CAV y no al revés. Puede ser un efecto colateral no previsto por el próximo gobierno de Patxi López. El tiempo lo dirá.

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El pasado 1 de abril se cumplieron 70 años del final de la Guerra Civil. Como ya ocurrió con el 60 aniversario, la historia y la memoria de aquella guerra y de la dictadura que vivió el país durante casi 40 años han vuelto a ser noticia: reportajes en Televisión, entrevistas a historiadores en la radio, artículos de opinión en la prensa…

En Pamplona el aniversario vino precedido por un intento del grupo municipal de NaBai de retirar del espacio público pamplonés el homenaje que la ciudad hacía a Tomás Domínguez Arévalo, Conde de Rodezno, al mantener una plaza con su nombre. El argumento para la retirada se basaba en la prohibición que establece la Ley para la Memoria Histórica de exaltar cualquier símbolo del franquismo. A pesar de que la moción fue aprobada, la alcaldesa de Pamplona, Yolanda Barcina, decidió no cambiar el nombre explicando que éste no hacía referencia al antiguo Ministro de Justicia de Franco, sino que tenía un sentido genérico, aludiendo al título nobiliario, que de por sí no tenía esa connotación, ya que el primer conde de Rodezno fue un noble de Fustiñana en 1690 (así se expresó el concejal de UPN, Sánchez de Muniáin).

A nadie se le escapa el cinismo de esa decisión. La Plaza Conde de Rodezno pasó a llamarse así en un Pleno extraordinario del Ayuntamiento de Pamplona celebrado el 15 de noviembre de 1952, poco después de la muerte de Tomás Domínguez Arévalo. La plaza, que se encuentra justo delante del Monumento a los Caídos, es un lugar de gran valor simbólico. En el Pleno algunos quisieron que se llamara Plaza de la Cruzada, pero la opción de Conde de Rodezno obtuvo más votos y sirvió de homenaje al recién fallecido Conde.

La decisión de Yolanda Barcina no hace sino confirmar una vez más la actitud mantenida por UPN cada vez que se ha hablado del franquismo y la guerra civil en las instituciones, absteniéndose o negándose a participar en la votación cuando se trataba de condenar la dictadura. UPN nació durante la transición a la democracia como reacción contra la Constitución y nutrió sus filas con un importante aporte franquista tras la desaparición de la Alianza Foral Navarra. No dudó en defender la laureada en el escudo de Navarra y hoy en día sigue sin desmarcarse de esa herencia pre-democrática que en demasiadas ocasiones se deja ver en su discurso político.

Cuando otros argumentos resultan insuficientes, UPN suele recurrir a aquello de “mejor no remover la historia” o “hay que asumir la historia en su totalidad”. Ya lo hizo en 1979 para defender la Laureada. Sin embargo, habrá que explicar a algunos líderes navarristas que no es la historia lo que se pretende eliminar de los espacios públicos de Navarra. Los navarros asumimos nuestra historia, poco podemos hacer al respecto. Sin embargo, somos muchos los que no estamos de acuerdo con que calles, plazas o edificios públicos sirvan para homenajear a personas que representan momentos, actitudes y comportamientos con los que no estamos de acuerdo y que incluso hacen mucho daño a quienes padecieron la dureza de la represión franquista y a sus descendientes. El espacio público debe quedar reservado para aquellos personajes, lugares o momentos de la historia de los que nos sentimos orgullosos hoy, a partir de los valores de nuestra sociedad actual. Los nombres de calles, plazas y lugares públicos deben ser revisados y actualizados porque de lo contrario seguiremos honrando la memoria del dolor que unos navarros infringieron a otros navarros por el simple hecho de pensar de una forma diferente.

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