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[en Diario de Noticias de Navarra, 26 de noviembre de 2011, por el Foro Er@gin, integrado por Gregorio Monreal, Fernando Mikelarena, Álvaro Baraibar y Mikel Aramburu Zudaire]

El 20-N puede dar lugar a multitud de análisis y enfoques diferentes, entre otras cosas, porque eran varias las cuestiones que estaban en juego. Han sido las elecciones de la democracia en que el PP ha conseguido su mejor resultado, superando la mayoría absoluta de José María Aznar en 2000, y en las que, al mismo tiempo, el PSOE ha obtenido sus peores resultados, por debajo del suelo de los socialistas liderados por Joaquín Almunia en 2003 (con 125 diputados) o de las elecciones constituyentes de 1977 (con 118 diputados). Más allá de estos resultados, pese a la rotunda mayoría absoluta de los populares y tal vez como una reacción espontánea al esquema bipartidista, en esta XI legislatura van a estar representadas en el Congreso ocho formaciones de implantación regional o de nacionalidades. No es baladí que la suma de los votos obtenidos por PP y PSOE haya pasado de los más de 21,5 millones de 2008 a los 17,8 del pasado 20-N.

Aunque, a la hora de legislar, Mariano Rajoy podrá prescindir del resto del arco parlamentario si así lo quiere, quizás necesite amplios consensos para tomar determinadas decisiones o impulsar ciertas políticas. En este sentido, el líder del PP podría buscar acuerdos por dos vías diferentes, en buena medida excluyentes entre sí. La primera opción le llevaría a apoyarse, como tantas veces han hecho los Gobiernos del Estado, en los partidos nacionalistas de Cataluña y Euskadi y en formaciones regionalistas como Coalición Canaria. Sería más fácil llegar a acuerdos con ellas en lo que concierne a las medidas anticrisis, la gran cuestión de la presente legislatura. Pero no hay que excluir el entendimiento con formaciones de ámbito estatal como UPyD -la fuerza emergente de signo españolista radical- y el propio PSOE. La crisis podría obligar a ello a los socialistas, sin olvidar que cualificados dirigentes del partido comparten el deseo de recentralizar el Estado que han expresado el PP y UPyD. El entendimiento PP-PSOE para la reforma constitucional con que se cerró la legislatura es buena prueba de ello.

Uno de los pilares del pacto constituyente fue la organización territorial y el reconocimiento del hecho diferencial de las nacionalidades, condicionado, sobre todo, por la reivindicación histórica de la diferencialidad vasca y catalana. En las últimas décadas las deficiencias de las fórmulas de integración ofrecidas a esas dos nacionalidades en los acuerdos constitucionales y estatutarios han motivado que desde esos dos ámbitos se haya planteado la necesidad de otros pactos. En este sentido es significativo que PNV y Amaiur hayan obtenido 11 de los 18 diputados en la CAV, o, algo insólito durante la etapa democrática, los 16 escaños de CiU en Cataluña, o los 2 diputados de GeroaBai y Amaiur en Navarra. Se dirá que es un reflejo de autoprotección ante la avalancha del PP, pero en todo caso son datos que expresan el enraizamiento y la operatividad del hecho diferencial de estos territorios y de la necesidad por ello de escuchar y tener en cuenta sus voces a la hora de definir las líneas de actuación de la presente legislatura.

El 20-N era también importante en Navarra y la CAV. Tras años en que la IA no había podido presentarse a unas generales, había llegado el momento de ver cómo se recomponía el espacio nacionalista tras el abandono de las armas por parte de ETA. En la CAV, PNV y Amaiur se disputaban la condición de fuerza mayoritaria. Es cierto que Amaiur, empujada por la gratitud social por el fin de la violencia, ha conseguido 6 diputados frente a los 5 del PNV, pero los jeltzales continúan siendo el partido más votado con casi 40.000 sufragios de ventaja sobre aquélla. Se repite así un resultado casi idéntico al del 22-M, algo muy a tener en cuenta de cara a los comicios de la CAV, se celebren estos en 2013 o antes, en el caso de que PSE y PP no sean capaces de sostener al Gobierno López hasta entonces.

En Navarra, la debacle del PSOE ha coexistido con un relativo fracaso de la coalición UPN-PP que, aunque ganadora, se ha quedado lejos de su techo histórico por no haber podido retener el electorado propio ni atraer el ajeno. Por otra parte, el éxito relativo de I-E queda matizado por su dimensionamiento real, sin capacidad de sumar el voto desencantado del PSOE. También merece ser comentada la subida de UPyD, expresión de que entre nosotros existe un sector social que escucha con agrado un mensaje de patriotismo español o españolista centralizador, enriquecido con ingredientes explícitamente antiforales.

Pero no cabe duda de que aquí la gran incógnita era saber cuál iba a ser el resultado de GeroaBai, después de que, en diferentes momentos de estos últimos años, Batzarre, EA y Aralar abandonaran NaBai. Comentaristas y políticos pensaron que era una pugna desigual decidida a favor de Amaiur, pero las elecciones han mostrado que algo se mueve y está cambiando en el espacio político abertzale y vasquista; que se acentúa la permeabilidad y crece el deseo de propiciar un entendimiento transversal; que se difuminan las fronteras entre el voto nacionalista vasco y el no nacionalista; y que la política de frentes y de enfrentamiento que tantos réditos ha dado a algunos pierde su virtualidad. El éxito de GeroaBai -con una Uxue Barkos que ha representado y ha sabido trasladar la ilusión y la credibilidad del proyecto- acredita la validez de los valores políticos que empezó a defender NaBai en 2004. Hay un sector decidido de la opinión pública navarra que cree que esa vía no debe abandonarse. El camino que lleva al cambio político en esta tierra es largo y difícil pero ya se ha recorrido una etapa y nos vuelve a dirigir la mirada no al pasado, sino al futuro.

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[por Álvaro Baraibar, en Diario de Noticias de Navarra, 7 de noviembre de 2011]

HEMOS superado ya el primer fin de semana de campaña de las elecciones generales, las undécimas de la democracia en este undécimo mes del año 2011. Las papeletas que se depositen en las urnas el próximo 20-N configurarán un Congreso y un Senado en su décima legislatura, undécima si tenemos en cuenta la constituyente de 1977. El destino (en forma de Junta Electoral Provincial) ha querido que en Navarra fueran también once las candidaturas aceptadas, de modo que tenemos un once, del once, del once elevado a la enésima potencia.

A pesar de los grandes pronunciamientos sobre momentos históricos o sobre posibles vuelcos electorales, los comicios suelen mostrar la imagen de una sociedad que cambia lentamente o que, incluso, se resiste a cambiar. Por tanto, ¿qué podemos esperar, qué es distinto en esta ocasión?

Con el permiso del CIS o sin él, el 20-N la ciudadanía dirá cómo de grande es la factura a pagar por el PSOE por su pésima gestión de la crisis económica y cuál será la mayoría con la que el PP podrá contar en los próximos cuatro años. A nivel de Euskal Herria, la cuestión estará en ver cómo se configura el reparto de escaños tras el abandono de la violencia por parte de ETA y ahora que la izquierda abertzale oficial puede presentarse a las elecciones y lo hace en la cresta de la ola gracias a la esperanza de la paz. Será interesante ver si Amaiur (¿o tal vez Sortu?) estará en condiciones o no de pelear con el PNV en las próximas elecciones autonómicas vascas la condición de fuerza nacionalista más votada. Y en cuanto a Navarra, más allá de otras cuestiones (también relevantes), tal vez el aspecto más importante a resolver el 20-N sea ver hasta qué punto la sociedad navarra está harta de una política antigua, una política de bloques como la que hemos vivido en el pasado y decide apostar por nuevas maneras de entender y de actuar en la vida pública, por explorar nuevas vías a la hora de construir un futuro diferente. La gran incógnita en Navarra, el próximo 20-N, es, en definitiva, Geroa Bai. Hamaika galdera, ¿zenbat erantzun?

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Nada cambio si tú no cambiasNavarra vive desde hace ya unas décadas un peculiar sistema político basado en el enfrentamiento y la exclusión de una parte de su ciudadanía. Como si de una reedición del régimen de la Restauración se tratara (salvando ciertas distancias, evidentemente), existen fuerzas perfectamente instaladas en el sistema, que controlan todos los resortes del poder (con su dosis de caciquismo foral), que excluyen a quienes piensan de forma diferente, y que refuerzan su posición gracias también a la acción radical (y violenta en algunas de sus manifestaciones), de determinadas fuerzas políticas antisistema. La necesidad de defender a Navarra que esgrimen unos o la autoidentificación de los otros como vanguardia de la lucha contra el régimen son ideas que les permiten justificar, sin necesidad de más explicación, el papel que desempeñan los primeros (UPN, PP y, desde hace un tiempo, también PSN) y los segundos (Batasuna y ahora Bildu). El resultado de este enfrentamiento no es otro que la perpetuación del sistema, del régimen de exclusión de la Navarra plural, de la Navarra real, cansando, desmovilizando y desilusionando a quienes quieren construir en lugar de destruir, convivir en lugar de convertir.

Dentro de esas reglas de juego, unos y otros quieren perpetuar el status quo para que nada cambie: los primeros porque están muy cómodos gestionando el poder y gobernando desde, por y para su propio espacio político, para sus navarros y navarras de bien; y los segundos porque para defender su propio chiringuito y su propia razón de ser necesitan un enemigo al que enfrentarse, que les responda con dureza y contra el que seguir dirigiendo (en su papel de vanguardia) al “pueblo oprimido”. Lo de siempre, vaya, la ya conocida (y fracasada, por cierto), acción-represión-acción, que tanto daño nos ha hecho.

Unos y otros quieren impedir que la ciudadanía vea como una fuerza útil a quienes trabajan por cambiar realmente la situación. Más de una vez, durante la pasada legislatura, ANV votó junto a UPN en el Ayuntamiento de Pamplona (y lo hemos vuelto a ver en la presente con motivo, por ejemplo, de la dirección del Gayarre). A Bildu no le interesa que se vea que NaBai (buscando el acuerdo con PSN e I-E) es una herramienta útil para un cambio real, para la esperanza en un futuro distinto.

UPN y Bildu se necesitan y darán muestras públicas de su respectivo odio porque es la mejor forma de llamar la atención de los medios de comunicación y del electorado, la mejor manera de lanzar un mensaje sencillo que llegue a las tripas y que oculte a la ciudadanía el hecho de que el cambio no llegará de ese enfrentamiento estéril que cuenta ya con décadas de fracasos para el abertzalismo y el vasquismo navarros, sino del entendimiento y respeto entre diferentes, desde la búsqueda de puntos de encuentro en los problemas reales de la población.

Bildu enarbola ahora el mensaje de la “unidad abertzale” e invita a participar en una nueva coalición a Aralar y PNV (sí, también a ese PNV que si va con otros es despreciable, pero si va con ellos es estupendo). La oferta no se ha dirigido a NaBai porque el objetivo de Bildu en mayo y ahora es destruirla, acabar con la única fuerza que puede hacer que las cosas y la manera de hacer política cambien en Navarra. En mayo Bildu convenció a algunos líderes de EA de Navarra y ahora ha hecho lo mismo con unos pocos (¿dos?) líderes de Aralar de Navarra.

La IAO, Batasuna, representa un proyecto diferente, que responde a una cultura política muy suya (y muy vieja, por cierto), que no está dispuesta a debatir y que simplemente exige a los demás que acepten sus planteamientos y se sumen a su último proyecto con sus condiciones, pasando por el aro. La pregunta es evidente: juntos, ¿para qué? Y la respuesta, aún lo es más. Grandes afirmaciones vacías como las de Urizar de «vamos a ir a Madrid para decirles que queremos dejar de ir» son una muestra clara del para qué de Bildu: para volver a los años 80 y 90 y que nada cambie (salvo quemar a EA y Aralar por el camino); para seguir con políticas antiguas que han dado lugar a muchos momentos históricos, pero sin resultado alguno. Volver a pasar por lo mismo no parece una buena idea, menos aún en esta situación de crisis. Por ello, como decía un amigo hace poco, NaBai (con el nombre que haya que darle ahora) es más necesaria que nunca.

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Quede, en primer lugar, claro el concepto. La izquierda abertzale oficial (en adelante IAO) nunca debió ser ilegalizada. Es un deber democrático que Sortu sea legal, además de una medida absolutamente necesaria para la normalidad política de Euskal Herria.
Y porque además algunos queremos ejercer el derecho a no votarles. Efectivamente, celebraré su legalización y celebraré poder no votarles. Porque tan democrático es que se presenten como no votarles. Puede parecer obvio, pero después de la parafernalia de estos días parece que todos los que nos identificamos como abertzales les debemos pleitesía ya que su presunta opción exclusiva por las vías políticas es el paso definitivo a la independencia, y que quien no les vote impedirá llegar a la tierra prometida del cambio que se está iniciando.
Si el final de todo esto trae como consecuencia la desaparición de ETA, dicho cambio no será pequeño, sobre todo para las víctimas y personas amenazadas. Ahora, si creen que como reconocimiento a “este paso histórico” partidos como UNP, PP y PSOE van a caer del caballo y dejarles paso, pues entonces que esperen sentados. Basta leer las opiniones de algunos de sus portavoces habituales o de articulistas del periódico oficial de la IAO para saber que no pretenden ser uno más sino que vuelven por sus fueros a recuperar un espacio que consideran propio en exclusiva. Aunque sea a pesar de retrasar sine die la posibilidad de impulsar políticas de izquierda respetuosas con la pluralidad política, social, lingüística y cultural de Euskal Herria.
Y quiero ejercer mi derecho a no votarles porque sigue sin gustarme lo que transmiten y porque en casi todo lo que dicen siguen mostrando que lo suyo es aplicar la doble vara de medir.
Si se hace una manifestación en Bilbao en defensa de los derechos de los presos de ETA nos dicen que es justo lo que se denuncia (que lo es), pero si se hace en Madrid convocada por las víctimas del terrorismo entonces oímos que lo que se quiere es boicotear el proceso (que se quiere). Pero se quiere boicotear no porque sean la alternativa que este pueblo abrazará sin duda, sino porque evidenciará las carencias de un Estado que teme más a lo que el pueblo vasco democráticamente pueda decidir que a lo que las pistolas y el asesinato puedan pretender. Y las pistolas han sido mordaza para la expresión popular.
Si un medio de comunicación toma partido por las víctimas de ETA y su línea editorial critica la posible legalización de Sortu, se les acusa de extrema derecha (que muchos lo son) y de utilizar el dolor para entorpecer el proceso. Si un medio de comunicación cuenta la grave situación de los presos de ETA y otras personas detenidas por sus ideas políticas, entonces se está dando voz a los sin voz y se está haciendo justicia.
Si se habla de víctimas, la IAO dice que las dos partes han tenido víctimas. Pero olvidan algo básico. Las personas asesinadas por ETA no han elegido ser de un bando. Alguien les ha acusado y ejecutado sin derecho a juicio y sin posibilidad de vuelta atrás. Y debe quedar bien claro que ese alguien no actuaba en nombre del pueblo vasco. Habrá que perdonar y no imponer castigos añadidos al de los delitos cometidos. Pero alguien deberá reconocer que lo hizo y mostrar su arrepentimiento.
Que el Estado cometa excesos y actuaciones totalmente condenables no convierte en buena la actuación terrorista de ETA. Al igual que el terrorismo de ETA no puede ser excusa para no denunciar esos abusos. Porque para que un país sea democrático debe estar absolutamente excluida toda práctica que no sea democrática. No se pueden cerrar periódicos o detener personas por sus ideas o torturar a los detenidos.
Se dice que los partidos abertzales como PNV, Aralar o EA (aunque éste último ya no, de momento) son colaboradores necesarios en la estrategia de Rubalcaba al sustentar de hecho la Ley de Partidos. Ellos presentan unos estatutos impecables y totalmente ajustados a la Ley de Partidos y dicen que están en contra de la Ley de partidos, como lo estamos los demás. En ellos es coherencia en los demás es traición.
Cuando desde los partidos de Nabai se le dice a EA que decida dónde está se acusa de veto porque Aralar está vendido en Navarra al PNV. Pero cuando ellos vetan a otras personas es por higiene democrática y de izquierdas.
Y hablando del PNV. Hasta hace poco decían que Lokarri, igual que Elkarri en su momento, era una herramienta del PNV para debilitar a la IAO. Pero cuando Lokarri presta su imagen y recursos para presentar a Sortu, nadie se acuerda de esa conexión.
Están cerca los tiempos en que Herri Batasuna, Euskal Herritarrok, Batasuna, Sortu… dejarán de ser tema de conversación y puede que sea objeto de estudio de historiadores. Está cerca la hora en que dejemos de hablar sobre ellos y de que empecemos a hablar con ellos. Se podrá hablar sobre lo que se comparte y sobre lo que se discrepa. Y se llegará a acuerdos en lo que se comparte y se buscarán puntos de encuentro en lo que no se comparte. Ése será el momento de mostrar el verdadero potencial. Ahora bien, el camino hasta ahí es largo y el tiempo que transcurra en recorrerlo dependerá de la disposición para asumir que son uno más y de la capacidad que tengan para respetar sin querer vencer o imponer.

P.S. Si alguien quiere un baño de realidad de la mentalidad que a día de hoy se respira en la IAO, puede leer el artículo de un cualificado intelectual del abertzalismo navarro publicado en Diario de Noticias el 16 de febrero de 2011, titulado Ahí se queda Lerín. Lo malo no está en que alguien exprese como algo actual mensajes del siglo XIX. El problema es que parece estar convencido de que por su pluma habla el pueblo y que expresa una idea compartida por el conjunto de la sociedad, quiera o no. ¿Hay que dejarles que ocupen un espacio que no les corresponde? Evidentemente no. Muchas personas están decepcionadas con la división de Nabai, pero lo que no es posible es que por el desencanto ocupen un espacio político mayor al que les corresponde. Nabai tiene dos responsabilidades ahora, hacer realidad el cambio político en Navarra e impedir que el nacionalismo más sectario consiga engatusarnos.

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Es increíble ver cómo algunos líderes políticos están interpretando lo que ocurre en Euskalherria en estos momentos. Batasuna ha dado un paso adelante al pedir a ETA que abandone las armas. De acuerdo, es un avance, pero ¿y qué? ¿Acaso el respeto de los derechos humanos es algo cualitativamente distinto en Batasuna, un mérito que hay que reconocer y premiar? ¿Acaso tenemos que hacerle la ola a Batasuna por decir lo que otros llevamos tantos años afirmando? ¿Acaso no es Batasuna la que por fin ha visto que durante estos años se ha equivocado y que otros a los que ha estado insultando y amenazando estábamos en lo cierto? Yo lo veo así de claro. Pero los dirigentes políticos de EA y Aralar han decidido, al parecer, ir a donde se encuentra Batasuna para acompañarle en su viaje, en lugar de dejar meridianamente claro que ya era hora y que lo que han hecho no es sino un punto de partida a partir del que empezar a caminar.

Cuando nació Aralar, hubo dos cosas que me parecieron muy atractivas y por las que me he sentido identificado con este partido. La primera, la ruptura con la violencia y la apuesta por vías única y exclusivamente políticas. La segunda, el reconocimiento de la realidad de Navarra como algo distinto de la Comunidad Autónoma Vasca, dentro de un proyecto a futuro común, pero desde ritmos y realidades diferentes. Consideraba que Aralar era la herramienta necesaria tanto para reconstruir el mapa político navarro y democratizar el espacio abertzale en Navarra (llevando a Batasuna a lo que realmente representan en Navarra) como para impulsar un nacionalismo que por fin pensara primero en Navarra y después en Euskalherria y no interpretara lo navarro como algo contradictorio con lo vasco o que debilitaba lo vasco.

Sin embargo, las últimas decisiones de Aralar han ido en un sentido totalmente diferente al que acabo de exponer. En primer lugar, se está permitiendo que el protagonismo de la política en nuestro país lo tenga Batasuna, cuando todavía no hay ninguna garantía de que ETA vaya a dejar realmente las armas y vaya a dejar de tutelar el proceso. Parece como si se volviera a mirar a Batasuna como aquellos que mantuvieron incorruptas las esencias de la patria en tiempos difíciles olvidando que más allá de la violencia de ETA está, como ya dije en otra ocasión, la violencia que ha ejercido y ejerce hoy también Batasuna, especialmente contra Aralar y contra NaBai. Mirar hacia otro lado para no ver esta realidad no ayudará al proceso de paz. Son muchos los pasos que Batasuna tiene que dar para poder contar con ellos a la hora de pensar en un proyecto común y conformarse con que den algunos y no todos no es una buena idea. Pero en segundo lugar, Navarra vuelve a ser la sacrificada en todo este proceso que se está abordando desde una lógica centrada en la CAV. La idea de construir un polo soberanista, una confluencia entre EA, Aralar y Batasuna tal vez tenga interés en la CAV, pero desde luego no lo tiene en Navarra.

El viernes Uxue Barkos afirmaba que estamos hartos de perder y tiene toda la razón del mundo. Yo, desde luego, estoy harto de perder y me gustaría ganar aunque solo fuera una vez. Tengo ganas de que en Navarra dejemos de ser ciudadanos de segunda, porque además, ganando, íbamos a hacer olvidar muchos fantasmas en mucha gente que cree que Navarra desaparecerá el día que el nacionalismo vasco toque poder. Pero más aún, estoy harto de que cada vez que alguien estornuda en la CAV, en Navarra nos cojamos una pulmonía. NaBai puso el acento en Navarra, en Nafarroa, sin cesiones, pero con realismo, sabiendo perfectamente qué y cómo es Navarra, algo que no suele ocurrir cuando se habla desde los partidos políticos (ya sean PNV, EA o Aralar). Una parte del atractivo de NaBai era precisamente ese, el haber fijado Navarra como el objeto y el sujeto de la acción política. Sin embargo, NaBai no ha permanecido al margen de las tensiones que nos han llegado desde la CAV y es muy triste ver cómo partidos con un componente muy navarro en su origen (como EA y Aralar) terminan perdiendo de vista a Navarra a la hora de la verdad.

Tal vez haya llegado el momento de algo distinto. Si la NaBai que se quiere organizar para el 2011 es una NaBai perdedora (casi como si se buscara el fin de un ciclo para pasar a otras cosas, sea el polo soberanista o lo que sea) tal vez haya llegado el momento de pensar en una formación diferente, única y exclusivamente navarra y que se centre en los problemas reales que tenemos los abertzales navarros. ¿Ingenuo? Tal vez sí, o tal vez no.

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En el artículo de Santi Lorente publicado en Diario de Noticias el 18 de septiembre bajo el título PNV y Aralar en la estrategia española conviene precisar lo siguiente:

–         Se afirma que la “izquierda abertzale” dice alto y claro que no quiere ningún protagonismo, ya que es del pueblo y que a cambio lo que quieren son compromisos y hechos fehacientes para abordar de forma seria la puesta en marcha de acuerdos multilaterales. En principio bonito pero ¿quién es el garante de que el pueblo es el protagonista, y sobre todo, quién es su voz? ¿y qué sucedería si a criterio de “alguien” no se producen los compromisos que él considera se deben dar?

–         ¿quién está aportando más a la estrategia española, las opciones políticas que siendo conscientes de la realidad sociopolítica de Euskal Herria intentan construir una alternativa para impulsar un cambio político en Navarra, y en el resto de Euskal Herria, o quien legitimando el terrorismo como herramienta política ha dejado a este pueblo a las pezuñas de los caballos?

–         Ante la convencimiento que el autor tiene de que las personas de base en Aralar y de sus votantes, muchos de ellos antiguos votantes de Herri Batasuna, no ven con buenos ojos el acuerdo Aralar- PNV cabe preguntarse por qué sigue imperando en la izquierda abertzale tradicional la maldita manía de saber lo que los demás quieren. En lugar de preguntarse cuáles han sido las causas de esos votantes para dejar de votarles, da una lección de adivinación. Este tipo de afirmaciones recuerdan a otras no menos gordas como la que dice que no se ha consultado al pueblo sobre el Amejoramiento, cosa que es verdad. Tan cierto como que nadie ha sido consultado sobre la independencia. Eso sí, ellos lo saben y sin que nadie lo haya decidido son la voz del pueblo, y así nos va a todos. Hay que estar muy cegato para no ver que las opciones políticas que defienden el estatus actual de Navarra reciben en torno al 70% de los votos (aunque en privado dicen no están de acuerdo con sus dirigentes, a que sí). Y desde esa realidad sociopolítica es desde la que se tiene que llegar a acuerdos. No desde la construcción de acuerdos sin garantías. Tras el fracaso de Lizarra muchos nacionalistas hicieron la travesía que ahora debe hacer la izquierda abertzale tradicional.

El autor dice que las personas de base de Aralar no ven con buenos ojos el acuerdo con PNV aunque es evidente que han dado su apoyo a mantener Nafarroa Bai como propuesta política y electoral para impulsar el cambio en Navarra. Así que si el PNV es integrante de Nabai, es de suponer que los acuerdos se deban alcanzar entre los integrantes de la coalición. Otra cosa es que para la mayoría de los militantes de Aralar, y de muchos de sus votantes, lo ideal sería la construcción de una izquierda abertzale plural que incluya todos. En eso está Aralar. Pero no parece que esa futura opción pase por acuerdos políticos fundamentados en la necesidad de no desaparecer o en la promesa de escenarios que no sólo están por venir, sino que la experiencia muestra que en cualquier momento puede fracasar. Todos somos necesarios y Aralar ha dejado claro que está implicada en que se alcance ese escenario, pero la izquierda abertzale tradicional debe dejar bien claro que es una opción política más y que juega con una única baraja. Y aún son más las dudas que las certezas.

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Una semana más hemos asistido a un espectáculo lamentable ofrecido por los partidos integrantes de NaBai, especialmente EA y Aralar, ya que Batzarre y PNV al menos saben ser más discretos. Los dos principales partidos de NaBai se están empeñando en demostrar que son los únicos que realmente creen en el proyecto y tienen que pelear por mantener la coalición frente a la deslealtad del resto de compañeros de viaje. Es evidente que si todos los integrantes de NaBai quisieran seguir adelante no habría problema alguno y que si lo hay es porque lo que dicen no es verdad o porque son incapaces de llegar a un punto de entendimiento, lo cual diría muy poco de su capacidad de gestión y de negociación. Lo que se percibe desde fuera de los ámbitos de decisión de los partidos políticos es que el coste personal (ya que no sería cierto hablar en este caso de coste político) es tan alto a la hora de funcionar como un grupo de verdad que quienes dirigen esas fuerzas políticas prefieren tirar la toalla y que cada cual siga por su lado. De ese modo, la gestión política se simplificaría enormemente a la hora de que cada cual defendiera su particular punto de vista sobre la vida (aunque no fuese más allá de posiciones testimoniales sin opción alguna de modular la política navarra). Como resulta muy difícil vender esa realidad a la ciudadanía navarra, el problema se magnifica y se viste de insalvables discrepancias ideológicas.

El problema para los partidos es que el coste político está precisamente en no ir juntos. El coste político está en romper NaBai y concurrir a las elecciones de 2011 con cualquier otra formulación. La pelea de los partidos políticos de NaBai parece estar en ver cómo esquivar la factura que la ciudadanía navarra va a pasar al partido que se vea como responsable de haber destruido la única manera de cambiar Navarra. Aquí las acusaciones que se hacen entre ellos son las acostumbradas. Batzarre estaría por la labor de unirse a IU y a los descontentos del PSN para formar un “bloque de izquierdas” sin tener que ceder en cuestiones identitarias. La acusación en el caso de EA es la de haberse echado en brazos de Batasuna trabajando por la conformación de un “polo soberanista” que le saque del pozo en el que se encuentra en la CAV y de paso hacerle la pinza a Aralar, aunque para ello tenga que sacrificar NaBai. Aralar, tras los excepcionales resultados de la CAV y ante encuestas que le dirían que la mayor parte del voto nacionalista de NaBai se identifica con ellos, estaría tensando la cuerda para poder presentarse en solitario y ser “la fuerza nacionalista por excelencia en Navarra” con hasta 8 parlamentarios. Y en cuanto al PNV, como son pocos y de derechas, casi ni hace falta acusarles de nada.

Poco o nada importará el grado de verdad que exista tras cada una de estas acusaciones. La sensación de decepción instalada en tanta gente que creyó y apostó por NaBai empieza a convertirse en cabreo, un gran enfado para con los responsables de que Nafarroa Bai pueda desaparecer: los dirigentes políticos en su conjunto. Se habla ya desde hace mucho tiempo del distanciamiento de la clase política con respecto a la ciudadanía y la cada vez mayor desconexión existente entre unos líderes metidos en su pequeña burbuja del debate político y la sociedad real. Nunca hubiera creído que eso podía suceder en el nacionalismo vasco en Navarra y, desde luego, no en mi partido.

Tal vez alguien en Aralar, EA, PNV y Batzarre esté haciendo números respecto al coste electoral que pueda tener la ruptura de NaBai. Tal vez alguien esté haciendo encuestas para ver hasta dónde puede llegar la factura política en mayo de 2011. Evidentemente, el coste va a ser mayor para quien peor gestione la responsabilidad del fracaso, pero, ojo, va a ser grande para todos los integrantes de NaBai y va a ser demoledor para el proyecto nacionalista en Navarra y para las esperanzas que tantos teníamos de vivir en una Navarra mejor. Basta con salir a la calle y hablar con la gente para constatar este hecho y para ver que comienza a tomar forma con claridad una idea: que NaBai funciona y lo que no carbura son los partidos políticos.

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