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El control de NaBai

En el ya largo periodo de tiempo que llevamos d polémicas en torno a la continuidad de NaBai en 2011, parece que tras la escenificación de un desencuentro ideológico, hemos llegado al verdadero debate, a lo que realmente preocupa a los partidos políticos. Las diferencias ideológicas pueden ser entendidas y hasta compartidas por la ciudadanía, por lo que era el momento de mostrarse contundente y crítico con el funcionamiento de NaBai. Sin embargo, los partidos saben que los votantes de NaBai no tolerarían que la coalición pudiera romperse por algo tan escasamente ideológico como la cuota de poder que cada partido pueda tener en NaBai, Sin embargo, la dura, fría y poco glamourosa realidad es que la distancia que separa a los partidos radica en cuánto va a representar cada cual y en qué medida van a poder controlar la coalición.

Hasta ahora la formación política más crítica con el presente de NaBai ha sido Aralar. Sin embargo, en la Asamblea celebrada el pasado sábado Aralar aprobó un documento que ciertamente cambia al menos el discurso de la formación abertzale con respecto a NaBai. De dicho documento parece desprenderse que Aralar abandona esa actitud crítica y escéptica que ha mantenido en los últimos meses, se olvida del ultimatum que dio en su momento y se muestra a favor de la continuidad de NaBai (cosa que siempre ha dicho, cierto, pero en un contexto y con unas condiciones diferentes y no podemos olvidar que el contexto ayuda a entender el texto).

Tal vez todo haya sido una puesta en escena de una posición negociadora para cuando llegase el momento de la verdad. El problema es que en la calle la percepción que se tiene de Aralar no es la misma que era. La dureza de algunas declaraciones de sus líderes, las acusaciones al resto de compañeros de viaje de tener la culpa de las dificultades que atraviesa la coalición y el haber dado un ultimatum son aspectos que hacen que haya quien de aquí en adelante mire con recelo a Aralar. Es cierto que sus pretensiones son legítimas y que los dirigentes de la formación abertzale creen ser la fuerza mayoritaria de NaBai. Es, desde luego, normal defender los propios intereses. Lo que ocurre es que es realmente difícil transmitir a la ciudadanía que todo se pueda ir al garete por algo tan legítimo pero tan poco importante para el ciudadano medio como el porcentaje de representación de cada partido en los órganos de Nafarroa Bai.

Mientras tanto EA ha adoptado una posición mucho más práctica. Tal vez su punto de partida sea más cómodo, dado que el actual reparto de poder le beneficia siendo como es un partido a la baja. Sus últimos resultados electorales en la CAV así como la escisión que ha sufrido hacen que dejar las cosas como están no le vaya tan mal. Mientras, se deja querer por Batasuna a la espera de que estos hagan lo que nunca antes han hecho: condenar la violencia. Si finalmente Batasuna da el paso EA tendría que posicionarse claramente sobre su apuesta en Navarra más allá de bonitas palabras. Sin embargo, una vez más, el último anuncio de Batasuna parece enfriar un poco las cosas, de modo que el polo soberanista puede volver al congelador.

Así pues, seguiremos deshojando la margarita a la espera de nuevos anuncios. Algunos sugieren que la cosa podría estar resuelta para los Sanfermines. Habrá que ver.

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Una semana más hemos asistido a un espectáculo lamentable ofrecido por los partidos integrantes de NaBai, especialmente EA y Aralar, ya que Batzarre y PNV al menos saben ser más discretos. Los dos principales partidos de NaBai se están empeñando en demostrar que son los únicos que realmente creen en el proyecto y tienen que pelear por mantener la coalición frente a la deslealtad del resto de compañeros de viaje. Es evidente que si todos los integrantes de NaBai quisieran seguir adelante no habría problema alguno y que si lo hay es porque lo que dicen no es verdad o porque son incapaces de llegar a un punto de entendimiento, lo cual diría muy poco de su capacidad de gestión y de negociación. Lo que se percibe desde fuera de los ámbitos de decisión de los partidos políticos es que el coste personal (ya que no sería cierto hablar en este caso de coste político) es tan alto a la hora de funcionar como un grupo de verdad que quienes dirigen esas fuerzas políticas prefieren tirar la toalla y que cada cual siga por su lado. De ese modo, la gestión política se simplificaría enormemente a la hora de que cada cual defendiera su particular punto de vista sobre la vida (aunque no fuese más allá de posiciones testimoniales sin opción alguna de modular la política navarra). Como resulta muy difícil vender esa realidad a la ciudadanía navarra, el problema se magnifica y se viste de insalvables discrepancias ideológicas.

El problema para los partidos es que el coste político está precisamente en no ir juntos. El coste político está en romper NaBai y concurrir a las elecciones de 2011 con cualquier otra formulación. La pelea de los partidos políticos de NaBai parece estar en ver cómo esquivar la factura que la ciudadanía navarra va a pasar al partido que se vea como responsable de haber destruido la única manera de cambiar Navarra. Aquí las acusaciones que se hacen entre ellos son las acostumbradas. Batzarre estaría por la labor de unirse a IU y a los descontentos del PSN para formar un “bloque de izquierdas” sin tener que ceder en cuestiones identitarias. La acusación en el caso de EA es la de haberse echado en brazos de Batasuna trabajando por la conformación de un “polo soberanista” que le saque del pozo en el que se encuentra en la CAV y de paso hacerle la pinza a Aralar, aunque para ello tenga que sacrificar NaBai. Aralar, tras los excepcionales resultados de la CAV y ante encuestas que le dirían que la mayor parte del voto nacionalista de NaBai se identifica con ellos, estaría tensando la cuerda para poder presentarse en solitario y ser “la fuerza nacionalista por excelencia en Navarra” con hasta 8 parlamentarios. Y en cuanto al PNV, como son pocos y de derechas, casi ni hace falta acusarles de nada.

Poco o nada importará el grado de verdad que exista tras cada una de estas acusaciones. La sensación de decepción instalada en tanta gente que creyó y apostó por NaBai empieza a convertirse en cabreo, un gran enfado para con los responsables de que Nafarroa Bai pueda desaparecer: los dirigentes políticos en su conjunto. Se habla ya desde hace mucho tiempo del distanciamiento de la clase política con respecto a la ciudadanía y la cada vez mayor desconexión existente entre unos líderes metidos en su pequeña burbuja del debate político y la sociedad real. Nunca hubiera creído que eso podía suceder en el nacionalismo vasco en Navarra y, desde luego, no en mi partido.

Tal vez alguien en Aralar, EA, PNV y Batzarre esté haciendo números respecto al coste electoral que pueda tener la ruptura de NaBai. Tal vez alguien esté haciendo encuestas para ver hasta dónde puede llegar la factura política en mayo de 2011. Evidentemente, el coste va a ser mayor para quien peor gestione la responsabilidad del fracaso, pero, ojo, va a ser grande para todos los integrantes de NaBai y va a ser demoledor para el proyecto nacionalista en Navarra y para las esperanzas que tantos teníamos de vivir en una Navarra mejor. Basta con salir a la calle y hablar con la gente para constatar este hecho y para ver que comienza a tomar forma con claridad una idea: que NaBai funciona y lo que no carbura son los partidos políticos.

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Al hilo de lo que Txikitxu y Argututz han escrito estos días pasado, quería añadir una idea que creo que puede ser interesante al respecto del presente y el futuro de NaBai. Cuando surgió Nafarroa Bai hubo personas, líderes de partidos políticos, que sintieron cierto vértigo ante la idea de crear finalmente la tantas veces soñada coalición de partidos. Vértigo ante lo que podía convertirse en un movimiento en el que los partidos políticos se vieran arrastrados por una fuerza que los anulara en cierta medida o que, al menos, los relegara a un segundo plano.

Esto es exactamente lo que ocurrió en las elecciones de 2007. Un total de 77.893 votos, frente a los 57.659 conseguidos por Aralar, EA-PNV y Batzarre por separado en 2003 daban un fuerte respaldo a NaBai. En Navarra, de 8 parlamentarios se pasaba a 12; de 4ª, 6ª y 7ª fuerzas se pasaba a ser la segunda. En Pamplona, de 4 concejales se pasaba a 8; y de 4ª y 5ª fuerzas, se pasaba a ser la 2ª. Y podríamos seguir con un largo etcétera de ejemplos.

El éxito de NaBai es, por tanto, indiscutible y aunque parezca que son datos conocidos, creo importante volver a recordarlos. La inmensa mayoría de quienes votamos NaBai en 2007 seguimos creyendo que la mejor de las opciones para 2011 es NaBai. Es más, vistos los sondeos, hay quien en 2007 no votó a NaBai y sí lo hará el año que viene si se le da la oportunidad. Nafarroa Bai responde, por tanto, a una demanda social y política de primer orden y cuenta con un respaldo que ilusiona a quienes queremos cambiar Navarra y asusta a quienes se sienten muy cómodos en el status actual. Sin embargo, frente a toda lógica, son los propios partidos políticos de la coalición (los que deberían estar más interesados en impulsar NaBai) los que están poniendo más pegas.

Ante esta situación las preguntas que creo que nos podemos hacer y que ayudarán a entender el porqué de las dificultades internas a la hora de mantener y reforzar NaBai son: ¿a quién representan los partidos políticos? y ¿ante quién deben rendir cuentas? Si la respuesta fuese, ante sus votantes y ante lo que estos desean, el 80% (si no más) de los hipotéticos problemas a la hora de consolidar NaBai quedarían inmediatamente resueltos, ya que está claro que ese deseo es seguir adelante, crecer y forzar el cambio en Navarra desde las posiciones defendidas por NaBai en 2007. El problema estriba en que los partidos políticos no responden ante sus votantes, sino ante sus pocos cientos de militantes o, incluso, ante sus dirigentes y liberados, quienes transmiten después la información (la que consideran oportuno transmitir) a sus militantes.

Está claro que NaBai da miedo a algunas estructuras de partido porque es un movimiento que escapa al control del aparato y ante esa situación parece haber quien prefiere volver a presentarse a unas elecciones siendo un partido político sin ninguna posibilidad de llegar al Gobierno ni de influir realmente en él, pero manteniendo su espacio ordenado y controlado. Se argumentan diferencias en aspectos ideológicos irrenunciables, pero que luego no lo son tanto en la vida diaria y real de cada cual; o simplemente se acusa al vecino de hacer algo indebido, en lugar de centrarse en lo que nos une, que es lo que los votantes de NaBai ven como realmente importante.

Sería realmente descorazonador ver cómo la oportunidad por tantos ansiada de que Navarra sea un lugar donde también los que nos sentimos vascos podamos vivir dignamente (sin que las políticas de nuestro Gobierno se diseñen en contra nuestra) pasa ante nosotros y fracasa por la incapacidad de unos pocos. Poco importará de quién sea la culpa de que NaBai no se presente a las elecciones de 2011. Si eso llega a ocurrir no creo que seamos pocos los votantes de NaBai que nos quedemos en casa.

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Navarra 2011

20090923_NaBaiA diferencia de lo que podría parecer, en el futuro cercano de Navarra el escenario que importan realmente a la ciudadanía navarra no es el que se dé en 2012, centenario de la conquista de Navarra por Castilla y de la batalla de Las Navas de Tolosa. 2012 dará para que unos y otros digan lo de siempre sobre lo que somos o dejamos de ser, tan seguros como están de ello sin preocuparse por preguntarnos al respecto. Algo hablé ya sobre este tema hace unos meses: “1512: un nuevo discurso”.

Lo que realmente la importará a la ciudadanía navarra será quién, cómo y en qué condiciones gobernará nuestra comunidad tras las elecciones de mayo de 2011. Por primera vez después de muchos años de gobierno de la derecha donde la duda era si se conseguiría o no la mayoría absoluta por parte de UPN, nos acercamos a una cita electoral donde existen varias incertidumbres.

El crecimiento espectacular de NaBai en 2007 se debió a la participación de muchas personas desencantadas de la dinámica de los partidos políticos y también, qué duda cabe, al hecho de que la coalición se hizo atractiva para un importante número de votantes de centro-izquierda que en otras circunstancias habrían optado por el PSN o por IUN, pero que decidieron apostar por un proyecto novedoso e ilusionante que hablaba de una nueva manera de hacer política. El atractivo de NaBai sigue intacto a pesar de todo, como se puede comprobar en los sondeos publicados recientemente, donde se nos daba hasta 14 parlamentarios.

Sé que no estoy diciendo nada que no haya sido dicho con anterioridad, pero creo que es importante recordar estas cosas cuando se oye y se lee cómo uno de los partidos de la coalición parece estar convencido de sacar 8 ó 9 parlamentarios si fuera en solitario a las elecciones en 2011, mientras otro de los partidos se siente tentado por los cantos de sirena de Batasuna y valora la posibilidad de coaligarse con quienes todavía no han condenado la violencia y siguen con las manos atadas por una organización terrorista a la hora de hacer política.

No sé cuánto habrá de real en todo ello y tal vez tanto los unos como los otros puedan esgrimir cuestiones ideológicas irrenunciables a la hora de defender ambas posiciones. Lo que parece seguro es que ambos saben que públicamente lo único que pueden hacer es presentarse como grandes defensores de NaBai. Ambos saben que salirse de NaBai y negar el futuro a NaBai tiene un coste político muy importante. Si Nafarroa Bai no se presenta a las siguientes elecciones forales habrá un castigo social y político (ojala no haga falta ver de qué alcance) que afectará a todas las fuerzas nacionalistas. Tendríamos que olvidarnos, no sólo de los 14 posibles parlamentarios, sino también de los 12 y los 10 y volveríamos a los tiempos en que podíamos presumir de llevar al Parlamento 8 flamantes representantes que eran ninguneados y olvidados por quienes gobernaban y trazaban las líneas políticas de Navarra.

Frente a ello, Nafarroa Bai nos da la posibilidad, difícil, pero no imposible, de acercarnos a la primera fuerza de Navarra. Mientras NaBai se mantenga en el escenario político navarro el PSN tendrá realmente difícil recuperar el espacio de la izquierda, absolutamente desilusionado con su apoyo a UPN. En cuanto a los regionalistas, habrá que ver en qué medida ven reducida su representatividad como consecuencia de la aparición del PP en escena. Si NaBai se presenta en 2011 se puede dar la circunstancia de que UPN no tenga mayoría absoluta ni con los votos del PP, ni con los del PSN y sería realmente complicado ver un gobierno de UPN, PSN y PP.  Tal vez se podría dar un gobierno de UPN y PSN con el apoyo externo del PP, pero ¿cuál sería el coste político de esa fórmula para los socialistas?

En definitiva, jugar con NaBai es jugar en primera división, es influir de verdad en la política de Navarra. Ir por separado nos vuelve a convertir en una minoría que da color al arco parlamentario pero poco más.

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