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Archive for 29 junio 2009

20090629_PSNTras la muerte de Franco y con la llegada de la transición a la democracia, en Navarra como en otros lugares se comenzó a hablar sobre el problema de la identidad y sobre la manera en que quedaría Navarra en el marco de la nueva España de las autonomías. El socialismo navarro, entonces en el Partido Socialista de Euskadi, llegó a un acuerdo con el PNV y otras fuerzas como ESEI en torno a la cuestión autonómica.

Al margen de la formulación concreta de los acuerdos (lista conjunta al Senado en las elecciones de 1977 con Manuel de Irujo a la cabeza, acuerdo autonómico…), lo que resulta realmente importante es que los socialistas, fruto de la convivencia en el exilio con fuerzas nacionalistas y de izquierdas, perseguidas por el franquismo, creyeron que ese era su espacio político natural a la hora de llegar a acuerdos.

Los dos años siguientes fueron claves para la configuración de un nuevo espacio político navarro. Por un lado, fruto del desacuerdo sobre el consenso alcanzado por UCD, PSOE y PNV acerca de la inclusión de la Disposición Transitoria Cuarta en la Constitución, en 1978 nació UPN, recogiendo el sector político más tradicionalista, agrupado hasta entonces en torno a Alianza Foral Navarra. UPN se haría con el espacio y el discurso dejado por la saliente Diputación Foral de Navarra de Amadeo Marco, democratizada en las elecciones de abril de 1979. Por otro lado, el socialismo navarro inició en 1978 y 1979 un giro hacia posiciones bien distintas de las defendidas hasta ese momento llegando al consenso en torno al Amejoramiento del Fuero y, poco después, acordando con UPN y UCD la retirada de la ikurriña del balcón de los ayuntamientos navarros. El giro concluiría con el nacimiento del PSN, desligado ya del PSE.

En este giro fue importante la llegada al partido de personas como Gabriel Urralburu o Víctor Manuel Arbeloa. Sin embargo, más allá de la apuesta de unos líderes políticos, el PSN buscó ya entonces el reparto del pastel del navarrismo, patrimonio casi exclusivo de UPN gracias a la crisis cada vez más profunda de la UCD que terminaría con su desaparición a principios de los 80.

Desde finales de los 70, el PSN ha preferido apostar por el espacio político del navarrismo, alejándose de la posibilidad de acuerdos con los nacionalistas, lejos ya los años de entendimiento en el exilio. Cuando en el PSN estallaron los casos de corrupción que todos recordamos y llegaron los años de retroceso elección tras elección, el PSN decidió seguirle el juego a UPN con acuerdos presupuestarios hasta que los regionalistas lograron la mayoría absoluta. El PSN, en su apuesta por el navarrismo y el voto de centro se había convertido en una mala copia de UPN y el electorado de izquierdas y republicano, importante en muchos lugares de la Ribera, no logró entender que el partido de sus padres y abuelos estuviera apoyando a quienes ellos veían como los representantes de los vencedores en la guerra civil.

En las elecciones de 2007 pareció que había llegado nuevamente el momento del entendimiento entre socialistas y nacionalistas, recomponiendo aquel primer pacto de la transición en Navarra, pero PSN y PSOE no se atrevieron y prefirieron volver a apoyar a UPN, excusándose en la supuesta excepcionalidad navarra, aquello que algunos llaman “cuestión de Estado” y que visto lo ocurrido casi pudieran llegar a tener razón.

Sin embargo, el dilema del PSN no ha concluido y es que no tiene fácil solución. Se ha hablado mucho de las dos almas del PNV, pero bien podría afirmarse algo parecido del PSN (más escorado en este caso hacia su alma navarrista, bien es cierto).

Parece que el socialismo navarro estaba convencido de que jugando la carta de la gobernabilidad y forzando la ruptura de UPN y PP se les ponía en bandeja el papel de primera fuerza en Navarra en las elecciones europeas del 7-J. El resultado ha supuesto un duro golpe para un PSN que sigue perdiendo espacio político y que ve cómo se acercan las elecciones forales de 2011 en una posición de debilidad y teniéndose que enfrentar a una candidata regionalista, Yolanda Barcina, con un importante tirón electoral y más partidaria de llegar a acuerdos con el PPN que con el PSN.

El PSN no resulta un partido creíble en Navarra y no son pocos los que, tras votar PSOE en las generales, eligen otras opciones en las forales: NaBai quienes están cansados de tantos años de gobierno del rancio nacionalismo español y del antivasquismo de los regionalistas, y UPN quienes no se fían de lo que pueda hacer el PSN en su nerviosismo y urgencia por volver a gobernar con el liderazgo de personas de escaso curriculum, por así decir. El ridículo que están haciendo en Pamplona con la amenaza de reprobación a la alcaldesa lo único que está consiguiendo es reforzar la imagen de Yolanda Barcina y demostrar la falta de discurso propio de los socialistas.

Una cosa está clara: el PSN tiene poco que hacer mientras siga por la senda de la colaboración con UPN. Los resultados electorales son más que evidentes. Todos nos hemos dado cuenta, salvo el PSN, al parecer.

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No se han podido resistir. Es cierto que el dulce era muy goloso, pero la verdad es que creía que, al menos en esto, iban a poder reprimir el deseo irrefrenable de castigar al rival político. Además, tras un par de patinazos en sus críticas –la portavoz del PSE Idoia Mendia se cubrió de gloria en sus comentarios sobre el museo Guggenheim, demostrando que le sobran ganas de airear “trapos sucios” y le faltan datos para ello– podría parecer que iban a levantar un poco el pie del acelerador. Pero no. Ha tenido que llegar el primer mazazo de ETA para tener que soportar su falta de ética y comprobar, una vez más y a pesar de que ya han llegado a su ansiado poder, que el dolor de las víctimas sigue siendo un flujo de votos demasiado importante como para dejarlo correr sin más.

Y eso que mientras los partidos nacionalistas –especialmente el PNV– han tenido que soportar durante años injustas críticas ante la gestión de la violencia, y poco menos que acusaciones de complicidad o connivencia (la famosa “ambigüedad”), sólo por abogar por un final dialogado de la violencia y el respeto de los derechos humanos de todas las personas, no ha habido afán de revancha sino solidaridad en los días posteriores al asesinato de Eduardo Puelles.

Y eso que el asesinado no llevaba escolta ni servicio de contravigilancia, a pesar de que –como ellos mismos afirman– era un miembro destacado de la lucha antiterrorista (¿qué habríamos tenido que oír si Ibarretxe fuera el Lehendakari?).

Y eso que las medidas de autoprotección dictadas por el Ministerio del Interior han fallado.

En la reacción posterior al asesinato, han destacado los elogios hacia EITB y el nuevo Gobierno Vasco por su reacción ante el atentado, cuando los propios miembros de EITB han reconocido que su respuesta ha sido similar a la demostrada en ocasiones anteriores y el nuevo director apenas llevaba un día en el cargo. Mientras que antes se criticaban las “erróneas directrices” en la lucha antiterrorista dictadas desde Ajuria Enea, ahora se alaban, sin que se nos hayan explicado cuáles son las diferencias, aparte de unos discursos quizás más contundentes y agresivos pero con las mismas consecuencias prácticas… ninguna. Por si esto fuera poco, desde todo tipo de ámbitos, incluidas las víctimas, se dice cómo tienen que actuar los futuros gobiernos (emulando a éste, claro), aunque no se sabe qué ha variado respecto de la reacción al asesinato, por ejemplo, de Inaxio Uría, cuando Ibarretxe era el Lehendakari.

Todo esto, al fin y al cabo, entra dentro del juego político, pero lo que me parece indignante son las constantes referencias a la supuesta permisividad hacia la violencia de los anteriores gobiernos vascos. Frases como “ahora se les ha acabado la impunidad”, además de indignar a gente que incluso ha estado en el punto de mira (hasta cinco intentos de atentado tuvo que sufrir Juan Mari Atutxa), dan a entender una resolución inmediata del conflicto armado, permitiéndose incluso el lujo de poner fecha al final de la violencia.

La hemeroteca está llena de declaraciones más o menos ampulosas, haciendo referencia a la inminencia del final de ETA. Una de las más sonadas, aquella del entonces ministro de Interior Mayor Oreja asegurando que, en cuatro años, acabaría con ETA. Trece años después, seguimos igual, y mucho me temo que mientras la clase política dominante en España esté formada por irresponsables que anteponen su afán de protagonismo, el titular pomposo y la foto impactante a la resolución de los problemas, tendremos violencia para rato.

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20090622_violenciaEste pasado viernes 19 de junio tenía pensado haber escrito algo sobre el cruce de acusaciones entre UPN y PSN en el Ayuntamiento de Pamplona, sobre la amenaza del PSN de recusar a Yolanda Barcina si no destituía en el plazo de dos meses a Simón Santamaría.

Tenía pensado haber escrito algo sobre la indecencia de ciertos argumentos de UPN que insiste en utilizar la excusa violencia terrorista para atacar en este caso a los socialistas (y a todo el que pase por ahí) por haber cometido el pecado mortal de votar o estar pensando en votar algo en el mismo sentido que ANV (curiosamente cuando ANV vota con UPN no hay problema alguno o cuando Yolanda Barcina es elegida alcaldesa con la excusa de que los votos de ANV están contaminados tampoco hay ningún tipo de problema).

Tenía pensado haber escrito algo haciendo constar los usos de la violencia en algunos argumentos de los regionalistas cuando parecen defender no sé si un mayor grado de profesionalidad de una persona por el simple hecho de estar amenazado: como si el ser sujeto de amenazas terroristas le diera a uno un label de calidad.

Tenía pensado haber escrito algo para mostrar mi desacuerdo con el hecho de que un partido político se esconda tras burdas excusas de alineamientos con estrategias dirigidas por partidos que no condenan la violencia cuando lo que hace no es sino defender la alcaldía de una de sus militantes en el Ayuntamiento de Pamplona.

Sin embargo, el viernes 19 de junio ETA volvió a matar a una persona y todo lo que tenía pensado se me caía de las manos. ¿Qué importaba la mayor o menor altura de unos argumentos en el debate político? ¿Cómo defender la necesidad de desterrar del espacio público argumentos que llevan la violencia al centro del debate político? Qué poco sentido tenían todas las ideas que habían ido tomando cuerpo mientras leía las noticias en uno y otro periódico, ante un nuevo asesinato de ETA, ante el dolor de unos hijos y una mujer a los que habían destrozado la vida.

Cada vez que ETA comete un asesinato lo que consigue en el plano personal es muerte, dolor, indignación, rabia… Pero los atentados terroristas tienen también un efecto evidente sobre el debate político, al llenar de argumentos a quienes, de una manera fácil y simple, descalifican y meten en el mismo saco a todos los nacionalistas, a todos los que defienden una idea cultural o política de lo vasco por el simple hecho de coincidir en algunos aspectos con aquello por lo que dicen estar luchando los terroristas. Pero, es que además, un asesinato de ETA deja sin argumentos y sin fuerza a todos los abertzales que trabajan de verdad en el día a día, en la política y en los movimientos sociales y culturales, por construir cada día un país mejor. Son tantas las explicaciones que hay que dar, tanto el esfuerzo que hay que hacer para marcar distancias con la sinrazón del terrorismo que para cuando uno llega a defender las ideas propias lo hace agotado y casi sin la convicción necesaria.

Cada vez que ETA actúa la causa del nacionalismo vasco es más difícil. ETA lo sabe pero le da igual porque a estas alturas, cuando ni tan siquiera muchos de los suyos le apoyan, ya nada tiene sentido. Parece que el período “reflexivo y asambleario” previo al verano que anunciaron recientemente ha concluido y ETA vuelve a dejar la reflexión en el cajón. Y mientras, habrá quien insista en sus remedios milagrosos. Triste, muy triste.

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20090619_UPN_PPN_PSN

Parece que los resultados de las elecciones europeas en Navarra siguen teniendo sus secuelas. El apoyo mayoritario de los votantes de UPN a la lista del PP no ha sentado nada bien en el seno del partido regionalista. Mientras Miguel Sanz trataba de hacer un análisis peculiar del castigo navarro al PP, Yolanda Barcina debía estar pensando que se había equivado al optar por UPN como caballo ganador en la carrera hacia la presidencia del Gobierno de Navarra.

Era difícil calcular la fuerza que podía tener un partido como el Popular en Navarra disputándose un espacio con una fuerza consolidada como UPN. Sigue siéndolo, pues no está nada claro cuántos de los votos cosechados el 7-J mantendrá el PPN en unas elecciones locales y forales donde el componente identitario de la navarridad y la foralidad promete ser protagonista de primer orden.

Tras muchos años de entendimiento entre regionalistas y populares, UPN decidió romper con el PP y pactar con el PSN. Todo con tal de mantenerse en el poder. Tal vez pensaron que controlaban Navarra de tal modo que un partido como el PP tenía escaso recorrido. Tal vez se sintieron seguros visto el ascenso de UPN desde 1978, frente al estancamiento de la antigua AP, así como el fracaso de otros intentos como la UDF… Lo que está claro es que no valoraron suficientemente los peligros de no presentarse a unas elecciones dejando huérfano a su electorado y no se dieron cuenta del todo de la capacidad de arrastre del bipartidismo, del enfrentamiento entre derechas e izquierdas, entre PP y PSOE a nivel del Estado.

En esta situación, la actual directiva del PSN ha visto la oportunidad de ganar protagonismo. Ante el estancamiento de los socialistas, incapaces de crecer y atraerse a más votantes hacia sus siglas (por culpa en buena medida del entreguismo a la derecha en la presente legislatura así como en las anteriores), el PSN confía en parecer más grande a base de debilitar a UPN. Posiblemente esperen que la división del centro-derecha navarro genere un escenario en el que el PSN supere en votos a UPN y que sean los regionalistas los que les devuelvan el favor colocando a un socialista como presidente del Gobierno de Navarra.

Sin embargo, los resultados de las elecciones europeas y las declaraciones de Yolanda Barcina hacían pensar en que los regionalistas podían estar replanteándose la recomposición del pacto con los populares. Es la lectura que parecía hacer Yolanda Barcina, aunque la interpretación de Miguel Sanz fuese distinta.

Por ello, para los socialistas, el rival a batir es Yolanda Barcina, y no solo en las elecciones, sino también en la disyuntiva interna que pueda plantearse en UPN entre los que sean más partidarios de recomponer el pacto con el PP y no arriesgarse a ver la fuerza que puedan tener regionalistas y populares presentándose por separado y quienes quieran romper definitivamente con la formación dirigida por Rajoy y jugar el partido en casa, entre regionalistas y socialistas, confiando en que el PP no sea más de lo que han sido otras formaciones como AP, UCD, CDS o CDN.

En ese contexto es donde hay que interpretar el acuerdo al que han llegado NaBai y PSN para reprobar a Yolanda Barcina si en el plazo de dos meses no destituye al jefe de la policía local, Simón Santamaría. A lo largo de los últimos días ha habido varias comparecencias de cargos del PSN advirtiendo a Barcina de que si seguía haciendo guiños al PP estaría poniendo en serio peligro el acuerdo UPN-PSN. Veremos hacia dónde nos conducen estos movimientos de unos y otros a la hora de marcar terreno en el reparto del voto navarrista. De momento todo indica que no son sino avisos para que nada cambie y todo siga igual. No parece que el acuerdo de gobierno corra peligro, el margen de maniobra de Yolanda Barcina en UPN ya es otra cosa.

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20090615_polo_congeladoLa política, como es bien sabido, tiene mucho de representación, de gestos, símbolos e imágenes. Un buen político no puede basar únicamente su actividad en la palabra y en la acción, tiene que cuidar también la escenificación de sus mensajes. En sí mismo, no se trata de algo necesariamente negativo: un buen envoltorio puede ayudar a transmitir un buen mensaje, puede ayudar a hacer que llegue mejor a sus destinatarios. El peligro está en que el continente sustituya al contenido, la forma al fondo, de modo que el mensaje político se convierta en algo vacío, estéril, en simples fuegos artificiales que no contienen nada más allá de una bonita puesta en escena. En política, palabra, acción y escenificación tienen cada una su función y su peso, pero deben ir siempre en consonancia, deben responder a una coherencia interna.

Tradicionalmente, la izquierda abertzale oficial ha cuidado mucho la escenificación de sus mensajes con toda la simbología nacional y revolucionaria. Esto no es algo que haya cambiado sustancialmente con el paso de los años (aunque sí han cambiado algunos de los símbolos). La escenificación y el control del timing político han sido lo fundamental en el anuncio de la izquierda abertzale oficial de una “nueva” estrategia de futuro, el “polo soberanista”, una estrategia que, al parecer, contaba con el visto bueno de ETA, eso sí con condiciones.

Las expectativas generadas por el anuncio de Otegi y compañía tuvieron su efecto sobre la campaña de las elecciones vascas (algo de ello hay en la ruptura de EA con el PNV). Tampoco es ajeno a ello el estallido final de Eusko Alkartasuna en las semanas anteriores al congreso de los días 20 y 21 de junio. El “polo soberanista”, “nuevo remedio milagroso” para los problemas del pueblo vasco, es también la reacción de la izquierda abertzale oficial ante el importante ascenso de Aralar en la CAV y la irrupción de NaBai como segunda fuerza en Navarra.

La esperada rueda de prensa de Otegi el pasado 11 de junio se convirtió en un bluf al retrasar la fecha de constitución de su “polo soberanista”. Poco antes de las elecciones europeas puso las pilas a sus votantes poniendo fecha a la criatura. Pasadas las elecciones, el “polo soberanista” ha regresado al congelador. La culpa, como siempre, de los demás. En la rueda de prensa, Otegi, en la retórica antigua que le caracteriza, focalizó sus críticas en Aralar (tal vez por no hacerse el harakiri como EA). Aralar había querido “sustituir a la izquierda abertzale con el beneplácito del Estado, el Ministerio del Interior y los medios de comunicación del Estado”. “Parece que el enemigo a batir por parte de Aralar no es el Estado español, sino la izquierda abertzale”. Curiosas palabras, cuando las sedes de Aralar han recibido ataques reiterados de personajes de la izquierda abertzale oficial.

Siempre es complicado tratar de descubrir las razones por las que se mueve Batasuna. Tal vez el retraso sine die del polo soberanista se deba a que ya no hace falta movilizar al electorado, una vez pasadas las elecciones europeas y hecho el recuento de sus huestes (recuento que, además, les va a dar unos minutos de publicidad extra gracias a los errores cometidos). Tal vez lo que ocurra es que hayan pensado que conviene dar otra vuelta de tuerca a la crisis de Eusko Alkartasuna dejando a los pies de los caballos a aquellos incautos que volvieron a creer en la palabra de la izquieda abertzale oficial. O tal vez los garantes de la pureza abertzale del proceso les han dicho que no toca y que esperen.

Hay una cosa que sí está clara. El anuncio de un “polo soberanista” es pura escenificación: invitar al otro a hacer lo que uno sabe que no puede hacer y que, además, no quiere que haga para, a continuación, culparle del fracaso. Se trata de simples fuegos artificiales buscando unos segundos de gloria en los titulares y una foto en la prensa del día. Continente sin contenido. Forma sin fondo. O tal vez sea peor, ya que no resulta descabellado pensar que la propuesta tenga un fondo: el de perjudicar y debilitar a aquellos a los que invita a acompañarle en un “nuevo remedio milagroso” para salvarnos a todos. Gracias, pero no, va a ser que no.

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20090610_resaca_electoralParece que a algunas personas el resultado de las elecciones les ha sorprendido, concretamente el número de votos cosechados por la izquierda abertzale oficial. Así es como interpreto yo al menos las palabras de Patxi López cuando ha afirmado que “desgraciadamente, ese mundo del abertzalismo radical sigue teniendo su fuerza”. ¿Y qué se esperaba, que una opción política desapareciera simplemente porque no le gusta? Lo que hay que lamentar no es que sigan teniendo fuerza (aunque no es más de la que ya se había ido manifestando durante las últimas elecciones), sino que sigan sin condenar la violencia y sin desmarcarse de ETA. Mientras continúen en esa posición política seguirán siendo una alternativa irreal y que no lleva a ninguna parte, como ya he dicho en alguna otra ocasión.

Otros, dentro de UPN, discrepan a la hora de valorar los resultados del PPN. Mientras Miguel Sanz (el pasado de UPN) cree que el electorado navarro los ha castigado, Yolanda Barcina (el futuro de UPN) considera que el sector mayoritario de su partido ha optado por el PPN. Y es verdad. La diferencia tal vez estribe en que para Miguel Sanz el PPN es un rival político en futuras citas electorales, mientras que Yolanda Barcina no termina de ver a los populares como rivales, sino como compañeros de viaje.

Las fuerzas políticas integrantes de NaBai también han hecho balance de los resultados y han aceptado, algunos con más claridad que otros, que no eran los deseables. Todos menos Batzarre, siempre especiales ellos, concurrieron a las elecciones y todos han conseguido representación en el Parlamento europeo, pero los votos cosechados en Navarra no han sido lo que hubiera cabido esperar.

Probablemente sea cierto, como ha comentado Maiorga Ramírez, que los resultados en Navarra hubieran sido considerablemente mejores si NaBai hubiera concurrido, pero también lo es (y Maiorga lo sabe) que era imposible que NaBai se presentase como tal a las elecciones. Es más, no eran las elecciones de NaBai y de poco hubiera servido que se presentara sin llegar a acuerdos con otras formaciones más allá de las fronteras de Euskal Herria. Nuestro objetivo no era el de contar votos, como II-SP, sino hacer política real.

Efectivamente, la marca electoral de éxito en Navarra es NaBai, no las siglas políticas de los partidos que la componen. Esa conclusión resulta fácil a la vista de los resultados del 7-J. Si alguien está pensando en medir sus fuerzas por separado ya sabe lo que le espera, además de destruir el proyecto nacionalista vasco en Navarra por lo menos para una generación completa, dejando a nuestra Comunidad en manos del navarrismo.

A Maiorga le parecerá que citar a NaBai y soltar un “ya os lo dije”, como los niños, le da puntos. Es muy fácil decir que uno quiere lo imposible, conformarse con lo que tiene y lamentarse después de que otros no le dejaran hacer lo que no se podía hacer. Es fácil, pero muy triste y hasta patético. Habrá, en otros lugares, quien quiera hacer autocrítica y en un ejercicio muy propio de la izquierda se flagele públicamente durante semanas o meses, hasta encontrar otro motivo para seguir haciéndolo. Tampoco es la vía, me parece a mí.

La política es el arte de lo posible y NaBai no era posible en estas elecciones. Sin embargo, está claro que NaBai es lo posible, lo deseable, lo necesario y lo que demanda una parte muy importante de la sociedad para cambiar las viciadas bases sobre las que el navarrismo ha construido la actual Navarra. Insisto, dejémonos de chiquilladas y pongámonos a ello de verdad. Hay tiempo, pero pasa muy rápido y ya hemos perdido dos años.

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20090609_elec_europeasLas elecciones del 7-J han dado unos resultados esperados tanto en el Estado como en Euskal Herria. La desmovilización general ha posibilitado que la movilización de la izquierda abertzale oficial les dé la oportunidad de sacar pecho. Necesitaban hacer caja y ver cuál era su fuerza de cara al proceso que quieren liderar en otoño y las europeas eran la mejor de las oportunidades para hacerlo. Eran los comicios en los que mejor podían salir en la foto.

En Navarra II-SP ha sido la tercera fuerza, con casi 23.000 votos, por delante de Europa de los Pueblos (donde estaban integradas Aralar y EA). Los resultados ya los han aprovechado algunos para soltar perlas como que “Nafarroa vuelve a su ser tras la distorsión del apartheid y NaBai”. En pleno subidón de adrenalina hay quien ya ve temblar las estructuras del poder navarro e interpreta el resultado de II-SP como “un claro motivo de alarma para UPN y PSN”. Seguro que socialistas y regionalistas se partieron de la risa al leerlo. Pero aún hay más. El autor del análisis publicado en Gara directamente se alegra de la supuesta derrota de las fuerzas integrantes de NaBai y de la victoria de Barcina y de la izquierda abertzale oficial: “El paso por las urnas deja dos ganadores rotundos —Yolanda Barcina y la izquierda abertzale— y un derrotado que en realidad son cuatro —los partidos que integran Nafarroa Bai—” . Que yo recuerde UPN no se presentaba a las elecciones y la izquierda abertzale oficial no ha conseguido europarlamentario, pero ya se sabe que en unas elecciones todos ganan. No es sino otro ejemplo más de cómo los extremos se tocan y se retroalimentan. ¿Y estos son los “amigos” que nos proponen un polo soberanista?

Es más que evidente, por otro lado, que los resultados cosechados por Aralar, EA y PNV no han sido los deseables ni en la CAV ni en Navarra. No eran nuestras elecciones, dirán algunos. Entre unos y otros hemos conseguido 3 eurodiputados, dirán otros. Y ambas afirmaciones son verdad. Pero lo que es cierto, por encima de todo, es que NaBai se ha convertido ya en una marca electoral de éxito, mientras que acudir a una contienda electoral como partidos, por separado, es la mejor garantía de llevarse un buen revolcón.

La izquierda abertzale oficial sabe lo que hace. Para abordar el próximo curso político, una vez pasado el verano y completado el proceso de reflexión irreflexiva de algunos, necesitaban saber cuál era su peso. Las elecciones europeas eran el mejor escenario posible. Unos comicios en los que el resto de fuerzas iban a tener unos resultados muy por debajo de los habituales por la escasa movilización de sus votantes y, frente a ello, la posibilidad para la izquierda abertzale oficial, tras varios años, de acudir a las urnas para algo que no fuese el voto nulo. Hay quien incluso soñó con lograr un europarlamentario…

Extrapolar los resultados de unas elecciones europeas a otros escenarios es un ejercicio falso, vacío y, sobre todo, muy interesado. La izquierda abertzale oficial sabe perfectamente que han movilizado lo que hay y lo que son (incluso más de lo que son). Ha votado menos del 45% de la población y saben que del 30 o 35% más que suele votar en unas elecciones locales o forales, ninguno es suyo. Estas elecciones han demostrado también que Navarra es lo que es y que la izquierda abertzale oficial ya no es lo que era. El referente del abertzalismo en Navarra no es otro que NaBai, un proyecto ilusionante que Aralar, EA, PNV y Batzarre tienen menos de dos años para estructurar como es debido. A ver si no nos perdemos en discusiones de patio de colegio.

La izquierda abertzale oficial sigue siendo una alternativa irreal y estéril que utiliza las citas electorales no para hacer política de verdad, para solucionar los problemas concretos y reales de la población, sino para solucionar sus propios problemas. Estas elecciones son otro ejemplo. Poco les importaba lo que pudiera estar en juego el 7-J porque su objetivo era otro: contar. A ver si esta vez no se pierden en el recuento y no pretenden erigirse en representantes del pueblo vasco, sino tan solo de los que les han votado.

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