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Posts Tagged ‘Tradiciones’

Hace unos días, Yolanda Barcina hizo unas declaraciones sobre los festejos taurinos que le han supuesto algún que otro tirón de orejas incluso de medios cercanos como el propio Diario de Navarra. La alcaldesa de Pamplona y líder de UPN se permitió afirmar que quien no defienda la tradición taurina de Navarra “no defiende verdaderamente nuestra tierra”. Creo que puede ser excesivo pensar que se trate de unas declaraciones medidas que pretendan dar a Barcina una mayor notoriedad (por aquello de que una por una que hablen de mí, aunque sea bien) visto que no recupera la ventaja que tiene Uxue Barkos en todas las encuestas del CIS y previendo que tampoco su recorrido por las fiestas patronales de las distintas localidades navarras le vaya a dar demasiados réditos.

Siempre ha creído que la identificación de las corridas de toros con cuestiones identitarias de la idea de España, y de Navarra en este caso (de las “tradiciones de la tierra” como dicen algunos), respondía más a intereses del nacionalismo español que a necesidades del nacionalismo catalán, y es ahí donde hay que ubicar las palabras de Barcina. Ella, como dirigente de UPN, y candidata a ser la Presidenta de la Comunidad tiene claro qué es lo que deben pensar los navarros y navarras de bien y cuáles son las tradiciones buenas y cuáles las no tan buenas o contaminadas. No es algo nuevo en Barcina, sino que responde a una manera de pensar muy propia del navarrismo, muy aficionado desde hace muchas décadas a fijar cuál es el discurso oficial sobre la identidad de Navarra marcando una frontera entre buenos navarros y malos navarros, entre personas de bien y “revolvedores”.

Se trata de una actitud muy propia de viejos nacionalismos y que el navarrismo (como buen nacionalismo español excluyente que es) ha perfeccionado desde sus años de gloria bajo el régimen franquista. Las palabras de Barcina me volvían a traer a la cabeza algo que escribí con motivo de la última reforma del Amejoramiento que se ha llevado a cabo:

“Hoy, como hace 28 años, el navarrismo […] ha escenificado cuál es LA IDENTIDAD de Navarra y quiénes son sus intérpretes, obviando y marginando a quienes piensan diferente y, por si acaso, también a quienes piensan parecido.

El bien de Navarra debe prevalecer incluso contra el criterio de los navarros y navarras. Para evitar que éstos puedan equivocarse el Oráculo foral (el Gobierno de Navarra) debe permanecer a salvo, lejos del nacionalismo vasco. Ésta, y no la libertad, ha sido siempre y desde siempre la regla básica de todo buen navarrista. El respeto a la voluntad de los navarros se puede sacrificar cuando de lo que se habla es del ser de Navarra”.

Estas palabras sirven para explicar las declaraciones de Barcina porque lo que ella ha dicho no es sino un ejemplo más del verdadero sentido que el navarrismo da a la palabra “libertad”: hacer lo que se debe hacer siguiendo las directrices que marca la verdadera y única identidad de Navarra (y/o España). Más vale que les tenemos a ellos para decirnos qué, cómo y cuándo hacer, no fuese que, perdido el rumbo, nos diera por cometer el tremendo pecado de pensar algo distinto.

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Hoy es un día importante para quienes estamos en contra del maltrato de los animales y para quienes creemos que el progreso es o debería ser algo más que un dato económico. Hoy el Parlament catalán ha aprobado la modificación de una Ley que permitía las corridas de toros en Cataluña. Esperemos que el ejemplo dado por Cataluña pueda servir para que algún día algo parecido pueda extenderse a otros lugares. Vista la reacción de algunos líderes políticos hoy mismo parece que ese día es todavía lejano, pero soy optimista por naturaleza y creo que las nuevas generaciones lo harán posible a medio plazo.

Son muchos los argumentos que se han esgrimido en un sentido y otro y lo que está claro es que se trata de un tema que levanta pasiones. Sin embargo, el debate ha ido ganando en matices y significados a lo largo de todo el proceso parlamentario, ayudado probablemente por la especial coyuntura que ha vivido Cataluña estos años, pendiente de una sentencia del Tribunal Constitucional y en plena efervescencia identitaria en algunos momentos. La deriva del debate hacia una disputa entre la cultura catalana y la cultura española ha sido algo que ha ayudado muy poco a los promotores de esta Iniciativa Legislativa Popular, ya que ha hecho que en ocasiones los focos se desviaran del verdadero objeto del debate, que no era otro que acabar con un espectáculo basado en el sufrimiento y muerte de un animal, tal y como se ha hecho en otros casos. Sin embargo, hay que reconocer que era francamente difícil que este debate identitario en torno a las corridas de toros no se diera. Las corridas de toros arrastran una carga simbólica como una de las señas de identidad de España que no han tenido otros casos como las peleas de perros, de gallos, etc., tan “tradicionales” en algunos lugares como perseguir gatos a pedradas hasta matarlos.

En el imaginario colectivo de muchas personas los toros siguen siendo uno de los símbolos de España por antonomasia. Basta con ver el toro de Osborne sobre la bandera española cuando juega “la roja”. No es casual que cuando la Iniciativa Legislativa Popular llegó al Parlament de Cataluña algunas autonomías gobernadas por el PP (o por UPN en el caso de Navarra) se lanzaran a calificar los toros como bien de interés cultural. Y no es casual que haya sido el PP quien haya tomado la bandera de la defensa de los toros como una tradición netamente española. A fin de cuentas fue un nacionalismo español rancio y necesitado de pan y circo el que convirtió a los toros en una especie de esencia de “lo español” y en parte de esa “Spain is different”.

Pero parece que en buena medida ese nacionalismo español (rancio y vergonzante, ya que casi nadie se atreve a reconocer que es un nacionalista español) sigue vivo y no solo en algunos exaltados y radicales. Una de las imágenes más tristes hoy era ver cómo enfocaban la noticia los informativos de algunas cadenas que dedicaban más tiempo a resaltar el coste económico que la medida va a tener para Cataluña o a la pérdida de puestos de trabajo entre quienes se dedican a fabricar capotes que a explicar los argumentos de unos y otros en el debate parlamentario. Y como si quisieran dejar tranquilos a los televidentes españoles de bien, defensores de las corridas de toros, han sido varios los líderes andaluces, madrileños, manchegos… que han tenido la ocasión de dejar claro que esto no ocurrirá en España.

Con todo, y por buscarle un poco de gracia al tema, me quedo con la reivindicación del “prohibido prohibir” que hoy han aireado para este caso algunos de los que disfrutan prohibiendo casi todo lo demás o con el grito de “libertad” de algunos líderes políticos. Me han hecho sonreír, y no es algo que consigan muchas veces.

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20090819_festejos-taurinosCuando hablamos de festejos taurinos, sobre todo si nos referimos a los toros (y no digamos si el acontecimiento al que aludimos son los encierros de Sanfermines) podemos estar seguros de algo: la conversación será apasionada y seguro que encontraremos a fervientes defensores y a no menos convencidos detractores. Unos y otros esgrimirán sus argumentos sin convencer casi nunca al que defiende una opinión diferente.

Los heridos y fallecidos en festejos taurinos en las últimas fechas parecen haber reabierto el debate sobre estos espectáculos, especialmente a raíz de lo ocurrido en los Sanfermines de este año 2009. Cada vez que alguien pierda la vida o sufra una cogida grave volveremos a hablar de la seguridad en los encierros de toros y vacas que cubren buena parte de las horas en las programaciones de las fiestas patronales de los pueblos.

Parece además que este año los medios de comunicación se están haciendo eco más allá de los espacios habitualmente destinados a narrar sucesos acaecidos en el día a día y tal vez pueda tener algo que ver con una mayor sensibilización o preocupación por parte de la opinión pública ante unas muertes que cada vez parecen tener menos sentido en nuestra sociedad.

Los defensores de los festejos taurinos siempre acuden al argumento de la tradición. Los encierros de vacas o de toros son para ellos un valor cultural irrenunciable, tradiciones muy arraigadas en la sociedad (algo que yo cuestiono a pesar de lo que se diga, especialmente en un futuro a corto plazo). Ya he hablado en otro lugar al respecto de la tradición o de las tradiciones. En este caso, el acto tiene un matiz que quiero comentar. A diferencia de otros casos, en éste uno de los argumentos es el éxito, la gran afluencia de gente a las localidades donde se programan encierros. Es cierto que se congrega un buen número de personas, pero también lo es que es un argumento muy endeble. Si se programara un espectáculo porno también acudiría mucha gente. Y es innegable que el sexo cuenta con una gran tradición incluso en nuestras tierras.

Por otro lado, es innegable que la naturaleza humana se siente atraída por la visión del peligro. El morbo que genera contemplar a otras personas jugándose la vida o poniendo en peligro su integridad física está también detrás del éxito de estos espectáculos donde lo de menos es ya la demostración de valor o de virilidad de unos jóvenes al ponerse delante de una vaca o de un toro (sentido que estas tradiciones pudieron tener en un origen). Se trata de actividades altamente peligrosas y difícilmente controlables por los programadores por muchas medidas de seguridad que se quieran implantar.

Pero es que además, hay otro punto de vista que espero que cada vez cobre una mayor relevancia (aunque ante la muerte de un ser humano todo lo demás parezca superfluo). Y es que estos actos, cobrando entrada o sin cobrar, con muerte o sin ella, son espectáculos en los que el sufrimiento del animal es más que evidente (miedo, estrés y dolor son más que claros en las vacas durante los encierros). Se saca a animales fuera de su espacio natural para que a causa del miedo y el sufrimiento ataquen a personas mientras otros se divierten a costa de unos y otros. Una sociedad que se dice avanzada no puede tolerar la diversión, el espectáculo a costa del sufrimiento de un ser vivo, racional o no. Habrá que ir abriendo un debate sobre esta cuestión porque la tradición no puede ser excusa para algo así.

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20090703_tradicionesSomos un pueblo muy aferrado a las tradiciones. Son muchos y muy variados los actos tradicionales que celebramos en todos los rincones de Euskal Herria. Vascos y navarros hemos mirado constantemente al pasado buscando nuestras señas de identidad y hemos sido y somos celosos guardianes de ritos y ceremonias, religiosos y civiles, en los que encontramos elementos simbólicos cargados de significados con los que nos sentimos identificados.

No hay un solo pueblo de toda Euskal Herria donde no se conserve una tradición inmemorial que repetimos año tras año de forma inalterada —o al menos eso creemos o queremos pensar— a lo largo de los siglos. Esas tradiciones incluso se “recuperan”, tras años de abandono y olvido. Este apego al pasado, a las tradiciones (este peso que la historia tiene en el debate político y que nos convierte en ocasiones en esclavos de la historia), no es algo exclusivo del pueblo vasco, pero tiene en nuestras tierras algunas significaciones peculiares.

En más de una ocasión me ha tocado oír con un tono un tanto irónico y despectivo que “todo navarro lleva en el fondo a un tradicionalista” o a un carlista. Y lo cierto es que a pesar de que Navarra ya no es la Navarra mayoritariamente carlista de mediados del siglo XX (y que el carlismo actual tampoco es el de 1936), a la frase no le falta algo de razón.

Las tradiciones no son ni buenas ni malas, son parte de acervo cultural de un pueblo o de un grupo. Se trata, en general, de elementos culturales necesarios que nos dan respuestas acerca de nuestro pasado, un pasado muy rico en nuestro caso. El problema, como en tantas cosas, está en perder el necesario equilibrio entre tradición y renovación, está en dar un excesivo valor a dichas tradiciones, pretendiendo repetirlas como si de un ritual mágico se tratara, gesto a gesto, paso a paso, convencidos de que han permanecido y deben permanecer inalteradas con el paso del tiempo. Las tradiciones surgieron, nacieron o se inventaron de una determinada manera y por una determinada razón en un contexto histórico, social y político. Esas mismas tradiciones cambiaron con el paso de los años o los siglos y han llegado a nosotros con unas formas y una significación distinta de la que pudieron tener en su origen.

Pero, además de lo irreal de creer que una tradición ha podido llegar a nosotros tal y como se llevó a cabo la primera vez, es que, por definición toda tradición es anacrónica y extemporánea y, si lo que pretendemos es repetirla tal y como fue en un origen, dándole el mismo sentido, está fuera de lugar en nuestra actual sociedad porque, entre otras cosas, nos faltarían los códigos para comprender lo que representan.

Las tradiciones son valiosos elementos culturales. Son también, a nadie se le escapa, importantes desde el punto de vista turístico y económico. Qué decir de una fiesta como los Sanfermines. Sin embargo, creer que los Sanfermines de hoy en día (o las fiestas patronales de cualquier localidad) son lo mismo que hace siglos sería algo ridículo. Con forme pasa el tiempo, estas celebraciones cambian, adoptan nuevas formas y nuevos significados.

Es evidente que lo central en las fiestas patronales no es ya la celebración de unos días en homenaje al patrón de la localidad. Pensar que alguna vez han sido sólo eso es un error, ya que todas las celebraciones, además del aspecto religioso, han tenido siempre un componente de fiesta popular (adaptada a cada época y lugar). Pero, al mismo tiempo, querer eliminar de las fiestas el hecho de que sean celebraciones en honor al patrón sería reinventar un acto borrando el pasado y desvirtuándolo en cierta medida.

Otra cosa bien distinta es decidir cómo se actualizan estas tradiciones, cómo se adaptan a nuestra sociedad. Habrá que preguntarse si una Corporación municipal debe acudir o no como tal, en representación del pueblo, a una procesión religiosa en una sociedad laica y no confesional como la nuestra. Habrá que preguntarse si tiene sentido que sea un Ayuntamiento el que designe qué sacerdote oficiará la misa el día del patrón. Y cuando nos preguntemos por estas cuestiones nos llevaremos alguna que otra sorpresa al ver cómo en el fondo de algunos representantes de fuerzas políticas de izquierda o de extrema izquierda se esconde no un defensor de las tradiciones, sino un verdadero tradicionalista.

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