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[en Diario de Noticias de Navarra, 26 de noviembre de 2011, por el Foro Er@gin, integrado por Gregorio Monreal, Fernando Mikelarena, Álvaro Baraibar y Mikel Aramburu Zudaire]

El 20-N puede dar lugar a multitud de análisis y enfoques diferentes, entre otras cosas, porque eran varias las cuestiones que estaban en juego. Han sido las elecciones de la democracia en que el PP ha conseguido su mejor resultado, superando la mayoría absoluta de José María Aznar en 2000, y en las que, al mismo tiempo, el PSOE ha obtenido sus peores resultados, por debajo del suelo de los socialistas liderados por Joaquín Almunia en 2003 (con 125 diputados) o de las elecciones constituyentes de 1977 (con 118 diputados). Más allá de estos resultados, pese a la rotunda mayoría absoluta de los populares y tal vez como una reacción espontánea al esquema bipartidista, en esta XI legislatura van a estar representadas en el Congreso ocho formaciones de implantación regional o de nacionalidades. No es baladí que la suma de los votos obtenidos por PP y PSOE haya pasado de los más de 21,5 millones de 2008 a los 17,8 del pasado 20-N.

Aunque, a la hora de legislar, Mariano Rajoy podrá prescindir del resto del arco parlamentario si así lo quiere, quizás necesite amplios consensos para tomar determinadas decisiones o impulsar ciertas políticas. En este sentido, el líder del PP podría buscar acuerdos por dos vías diferentes, en buena medida excluyentes entre sí. La primera opción le llevaría a apoyarse, como tantas veces han hecho los Gobiernos del Estado, en los partidos nacionalistas de Cataluña y Euskadi y en formaciones regionalistas como Coalición Canaria. Sería más fácil llegar a acuerdos con ellas en lo que concierne a las medidas anticrisis, la gran cuestión de la presente legislatura. Pero no hay que excluir el entendimiento con formaciones de ámbito estatal como UPyD -la fuerza emergente de signo españolista radical- y el propio PSOE. La crisis podría obligar a ello a los socialistas, sin olvidar que cualificados dirigentes del partido comparten el deseo de recentralizar el Estado que han expresado el PP y UPyD. El entendimiento PP-PSOE para la reforma constitucional con que se cerró la legislatura es buena prueba de ello.

Uno de los pilares del pacto constituyente fue la organización territorial y el reconocimiento del hecho diferencial de las nacionalidades, condicionado, sobre todo, por la reivindicación histórica de la diferencialidad vasca y catalana. En las últimas décadas las deficiencias de las fórmulas de integración ofrecidas a esas dos nacionalidades en los acuerdos constitucionales y estatutarios han motivado que desde esos dos ámbitos se haya planteado la necesidad de otros pactos. En este sentido es significativo que PNV y Amaiur hayan obtenido 11 de los 18 diputados en la CAV, o, algo insólito durante la etapa democrática, los 16 escaños de CiU en Cataluña, o los 2 diputados de GeroaBai y Amaiur en Navarra. Se dirá que es un reflejo de autoprotección ante la avalancha del PP, pero en todo caso son datos que expresan el enraizamiento y la operatividad del hecho diferencial de estos territorios y de la necesidad por ello de escuchar y tener en cuenta sus voces a la hora de definir las líneas de actuación de la presente legislatura.

El 20-N era también importante en Navarra y la CAV. Tras años en que la IA no había podido presentarse a unas generales, había llegado el momento de ver cómo se recomponía el espacio nacionalista tras el abandono de las armas por parte de ETA. En la CAV, PNV y Amaiur se disputaban la condición de fuerza mayoritaria. Es cierto que Amaiur, empujada por la gratitud social por el fin de la violencia, ha conseguido 6 diputados frente a los 5 del PNV, pero los jeltzales continúan siendo el partido más votado con casi 40.000 sufragios de ventaja sobre aquélla. Se repite así un resultado casi idéntico al del 22-M, algo muy a tener en cuenta de cara a los comicios de la CAV, se celebren estos en 2013 o antes, en el caso de que PSE y PP no sean capaces de sostener al Gobierno López hasta entonces.

En Navarra, la debacle del PSOE ha coexistido con un relativo fracaso de la coalición UPN-PP que, aunque ganadora, se ha quedado lejos de su techo histórico por no haber podido retener el electorado propio ni atraer el ajeno. Por otra parte, el éxito relativo de I-E queda matizado por su dimensionamiento real, sin capacidad de sumar el voto desencantado del PSOE. También merece ser comentada la subida de UPyD, expresión de que entre nosotros existe un sector social que escucha con agrado un mensaje de patriotismo español o españolista centralizador, enriquecido con ingredientes explícitamente antiforales.

Pero no cabe duda de que aquí la gran incógnita era saber cuál iba a ser el resultado de GeroaBai, después de que, en diferentes momentos de estos últimos años, Batzarre, EA y Aralar abandonaran NaBai. Comentaristas y políticos pensaron que era una pugna desigual decidida a favor de Amaiur, pero las elecciones han mostrado que algo se mueve y está cambiando en el espacio político abertzale y vasquista; que se acentúa la permeabilidad y crece el deseo de propiciar un entendimiento transversal; que se difuminan las fronteras entre el voto nacionalista vasco y el no nacionalista; y que la política de frentes y de enfrentamiento que tantos réditos ha dado a algunos pierde su virtualidad. El éxito de GeroaBai -con una Uxue Barkos que ha representado y ha sabido trasladar la ilusión y la credibilidad del proyecto- acredita la validez de los valores políticos que empezó a defender NaBai en 2004. Hay un sector decidido de la opinión pública navarra que cree que esa vía no debe abandonarse. El camino que lleva al cambio político en esta tierra es largo y difícil pero ya se ha recorrido una etapa y nos vuelve a dirigir la mirada no al pasado, sino al futuro.

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[por Álvaro Baraibar, en Diario de Noticias de Navarra, 21 de noviembre de 2011]

En estas elecciones generales estaban en juego cuestiones distintas en diferentes planos. En España había que aclarar cómo de amplia iba a ser la mayoría del PP y cómo de grande el castigo al PSOE.

Los datos son rotundos: el peor resultado del PSOE en democracia coincide con los mejores números del PP. Poco ha podido hacer el sprinter Rubalcaba en una carrera en la que partía demasiado lejos de meta y en la que competía con un Mariano Rajoy al que los desaciertos del Gobierno de Zapatero habían colocado a un pasito de la meta. Por si fuera poco, el desempleo, la presión de los mercados y la prima de riesgo de la deuda española han sido obstáculos insalvables para un Rubalcaba que podía aportar al PSOE cualquier cosa menos renovación. La mayoría absoluta del PP es clara, pero no lo es menos que Cataluña y Euskadi no se han sumado a esa ola ganadora de los populares y Rajoy debería tenerlo en cuenta.

Estas elecciones eran, además, las primeras generales después de muchos años en que la IA se podía presentar. En la CAV, las fuerzas nacionalistas han sido las grandes triunfadoras, con Amaiur como coalición más votada, seguida de cerca por el PNV.

Y en cuanto a Navarra, más allá de ver quiénes iban a ser los 5 diputados que fuesen a Madrid, el día de ayer se resolvía también otra cuestión. Lo que estaba en juego en estas elecciones era el futuro y la viabilidad del proyecto de Nafarroa Bai, es decir, Geroa Bai. En este sentido, las elecciones han demostrado que Geroa Bai tiene un espacio electoral consolidado, con más del 12% de los votos. Las elecciones han demostrado que una coalición formada por dos pequeños partidos (PNV y Atarrabia Taldea) y una asociación de independientes (Zabaltzen) a escasos dos meses de la votación ha sido la respuesta que muchos miles de navarros y navarras demandaban. Así pues, Nafarroa Bai tiene futuro: Geroa Bai. Más allá de lo que estos resultados suponen para Navarra, será interesante ver la lectura que hacen de ello los partidos políticos y la sociedad en general. Muchos son los que reclaman un cambio en política. Habrá que estar atentos a lo que nos depare el futuro y la voz de Uxue Barkos, la voz de Geroa Bai en Madrid.

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[por Álvaro Baraibar, en Diario de Noticias de Navarra, 7 de noviembre de 2011]

HEMOS superado ya el primer fin de semana de campaña de las elecciones generales, las undécimas de la democracia en este undécimo mes del año 2011. Las papeletas que se depositen en las urnas el próximo 20-N configurarán un Congreso y un Senado en su décima legislatura, undécima si tenemos en cuenta la constituyente de 1977. El destino (en forma de Junta Electoral Provincial) ha querido que en Navarra fueran también once las candidaturas aceptadas, de modo que tenemos un once, del once, del once elevado a la enésima potencia.

A pesar de los grandes pronunciamientos sobre momentos históricos o sobre posibles vuelcos electorales, los comicios suelen mostrar la imagen de una sociedad que cambia lentamente o que, incluso, se resiste a cambiar. Por tanto, ¿qué podemos esperar, qué es distinto en esta ocasión?

Con el permiso del CIS o sin él, el 20-N la ciudadanía dirá cómo de grande es la factura a pagar por el PSOE por su pésima gestión de la crisis económica y cuál será la mayoría con la que el PP podrá contar en los próximos cuatro años. A nivel de Euskal Herria, la cuestión estará en ver cómo se configura el reparto de escaños tras el abandono de la violencia por parte de ETA y ahora que la izquierda abertzale oficial puede presentarse a las elecciones y lo hace en la cresta de la ola gracias a la esperanza de la paz. Será interesante ver si Amaiur (¿o tal vez Sortu?) estará en condiciones o no de pelear con el PNV en las próximas elecciones autonómicas vascas la condición de fuerza nacionalista más votada. Y en cuanto a Navarra, más allá de otras cuestiones (también relevantes), tal vez el aspecto más importante a resolver el 20-N sea ver hasta qué punto la sociedad navarra está harta de una política antigua, una política de bloques como la que hemos vivido en el pasado y decide apostar por nuevas maneras de entender y de actuar en la vida pública, por explorar nuevas vías a la hora de construir un futuro diferente. La gran incógnita en Navarra, el próximo 20-N, es, en definitiva, Geroa Bai. Hamaika galdera, ¿zenbat erantzun?

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[por Koldo Martínez, miembro de Zabaltzen. Publicado en Diario de Navarra, el 14 de septiembre de 2011]

El argumento esgrimido para impulsar la reforma constitucional ha sido el de la crisis económica y la necesidad de enviar mensajes a los mercados. Sin embargo, a nadie puede escapársele el hecho de que una reforma constitucional, más si cabe en España, trasciende el hecho coyuntural del techo de gasto de las administraciones públicas. Hay otros aspectos de la Carta Magna, y no poco importantes, que deben ser abordados y debatidos y que llevan muchos años de espera por la sencilla razón de que no parecen suscitar, de momento, un nivel de consenso equivalente, en cuanto al número y la representatividad, al de 1978.

Este es el contexto en el que dos partidos, PP y PSOE, han decidido pactar una reforma tramitada por vía de urgencia y sin referéndum, imposibilitando de este modo que la ciudadanía se pronuncie y muestre el grado de apoyo que la misma tiene a nivel de todo el Estado y también, no hay que olvidarlo, en las diferentes Comunidades que componen el Estado español.

Contemplada hacia el exterior, la reforma pactada por PP y PSOE puede transmitir una imagen de firmeza, de un gran pacto entre los dos grandes partidos estatales (siguiendo el ejemplo alemán), representantes de la gran mayoría de los españoles. Sin embargo, contemplada hacia el interior, la reforma supone, como se ha dicho, una quiebra del pacto y consenso constitucionales. Es cierto que PP y PSOE representan sobradamente la mayoría cualificada que legalmente es necesaria para impulsar una reforma constitucional, pero no lo es menos que la configuración territorial y política que estableció la Constitución y que están en la base misma del pacto constitucional reclaman un acuerdo que trascienda Madrid y que integre otras sensibilidades que están presentes y que son mayoritarias en las naciones o nacionalidades que reconoce la propia Carta Magna.

En este sentido, la escenificación del pacto alcanzado por PP y PSOE es muy importante y representa un giro con respecto a la postura mantenida hasta este momento, ya que ellos se han erigido en garantes e intérpretes de la voluntad nacional, excluyendo deliberadamente al resto de fuerzas políticas, emplazándolos a sumarse o no en un segundo momento, una vez que ellos hubieran fijado la ortodoxia del interés general, la voz del sujeto político, del sujeto constitucional. El mensaje a las nacionalidades recogidas en la Constitución, y cuya participación hasta ahora en cualquier reforma constitucional se hacía necesaria, es rotundo.

Siendo así, es importante reflexionar sobre lo ocurrido desde la perspectiva de los territorios forales y, concretamente, desde Navarra, teniendo en cuenta su autonomía fiscal y su régimen foral, ya que, curiosamente, UPN ha sido la única fuerza que se ha sumado al pacto. La postura oficial de Unión del Pueblo Navarro hasta ahora había sido la defensa de la necesidad de pacto entre el Estado y Navarra para cualquier aspecto que afectara a la Comunidad Foral. Sin embargo, este pacto no se ha dado, no ya a nivel jurídico, sino ni tan siquiera a nivel político. Navarra no ha sido ni atendida ni escuchada en ese pacto entre PP y PSOE a pesar de tener un régimen fiscal propio garantizado por el Convenio Económico y el Amejoramiento del Fuero y por la propia Disposición Adicional Primera de la Constitución. El voto favorable de UPN en el Congreso no puede ser entendido como una incorporación voluntaria de Navarra al nuevo pacto constitucional, ni tan siquiera aunque UPN haya cometido la torpeza, como tantas veces, de creer que es la única y verdadera voz de Navarra.

¿Cómo puede, por tanto, entenderse el apoyo de UPN a esta reforma constitucional que, en otras circunstancias, habría sido catalogada como un contrafuero y una injerencia en la autonomía navarra? El apoyo de UPN representa un espaldarazo a la España Uniforme, tan innecesario numéricamente como clarificador de su concepción de la relación de Navarra con el Estado. UPN está preparando el camino de un futuro entendimiento con el PP cuando los populares ganen las elecciones del 20-N y los regionalistas necesiten de Madrid, gobernado no por los socialistas, sino por los populares. UPN, por tanto, ha apoyado una reforma constitucional que afecta seriamente a la autonomía fiscal y foral de Navarra por intereses puramente partidistas. UPN, en definitiva, vuelve a demostrarnos que sigue pensando en Navarra no como sujeto, sino como objeto.

Estatua de los FuerosEs, por otro lado, llamativo el silencio de los regionalistas, populares y socialistas navarros ante una reforma constitucional que afecta seriamente a Navarra y a un régimen foral que afirman defender. Es curioso ver cómo la única voz que se ha podido escuchar en defensa del Convenio Económico y de la autonomía fiscal navarra ha sido la de Uxue Barkos, la de Nafarroa Bai. La única voz que ha reivindicado a Navarra como Sujeto político, y la única voz que ha calificado el proceso como “contrafuero”. Y es curioso precisamente porque el gran argumento regionalista a la hora de justificar el pacto entre UPN y PSN ha sido siempre el de evitar que los nacionalistas llegaran al poder porque ello supondría el final del régimen foral navarro.

UPN, que nació pidiendo el NO a la Constitución, ha sido, sorprendentemente, la única fuerza que ha apoyado una reforma pactada sólo por PSOE y PP, conformando un nuevo consenso constitucional de lo más particular. Y lo ha hecho, olvidándose de defender el Convenio y, en definitiva, el régimen foral navarro.

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Hace unas semanas escuchaba cómo Yolanda Barcina hablaba sobre UPN como un partido progresista, porque era un partido que buscaba el progreso de Navarra. Respondía así a los comentarios de un periodista que la entrevistaba sobre las posibilidades que las elecciones del 22M habían abierto de cara a conformar un gobierno en la Comunidad Foral.

Progresista, según el Diccionario de la Real Academia Española tiene dos significados posibles. El primero alude al Partido Liberal Progresista que “tenía por mira principal el más rápido desenvolvimiento de las libertades públicas”. No creo que UPN pretenda reivindicarse como heredero del legado del partido progresista, del liberalismo progresista de Sagasta, enfrentado al Partido Liberal Conservador de Cánovas y al propio Carlismo y el Tradicionalismo, que tanto recorrido han tenido en Navarra y que tanto han tenido que ver en el nacimiento del partido que preside Yolanda Barcina. No parece que un partido surgido como escisión de la derecha navarra durante la transición, precisamente para pedir el NO a la Constitución de 1978, pueda erigirse como heredero del liberalismo progresista de Sagasta.

El segundo de los significados se refiere a alguien “con ideas avanzadas” y, sinceramente, tampoco sería el caso. Sin embargo, al pensar en ello me surge la duda de si precisamente UPN pueda estar pensando en reivindicar las ideas avanzadas que Sagasta pudo llegar a tener hace siglo y medio como programa y proyecto ideológico válido para este siglo XXI (hamaika ikusteko jaioak gara, que en versión española podría ser algo así como “cosas veredes, amigo Sancho”). Sin embargo, tras un leve momento de duda, he descartado también esta posibilidad.

Progresista es, efectivamente, quien quiere el progreso de una sociedad, pero no un progreso técnico, económico, desde posiciones conservadoras e incluso reaccionarias. El término progresista sigue teniendo el significado que tuvo en el siglo XIX, referido a quien reivindica libertades y derechos todavía no conseguidos y quiere lograrlos por medio de cambios rápidos, profundos y reales. El pacto de UPN con el PSN y la ruptura con el PP han permitido a los regionalistas presentarse como un partido de centro-derecha, otorgando a los populares el papel de derecha-derecha. Sin embargo, esto es algo totalmente falso si tenemos en cuenta el origen, la evolución y las posiciones ideológicas de los líderes y los votantes del partido.

La respuesta de doña Yolanda podría tener su gracia como una idea ocurrente al hilo de una entrevista, como un guiño irónico a las preguntas de un medio de comunicación que, después de ganar las elecciones, le preguntó por la posibilidad de que el PSN optara por un gobierno de progreso. Probablemente no fuera otra cosa que la reacción molesta de alguien que prefería escuchar elogios y no que le recordaran que la derecha volvía a ser minoría en el Parlamento. Sin embargo, tengo la sensación de que son ya varios los casos en los que la derecha española y navarra han pretendido redefinir el significado de alguna palabra.

Algo similar ocurre cada vez que se debate sobre el franquismo o sobre la relación entre historia y memoria y no falta quien, desde las filas del regionalismo navarro, acusa de revisionismo a quienes defienden la recuperación de la memoria de los perdedores en la guerra civil. Y también en la misma línea van los esfuerzos del PP en estos últimos tiempos por travestirse como un partido obrero que defiende los intereses de los trabajadores. Basta un mínimo esfuerzo para poner en evidencia la falsedad y las contradicciones que se ocultan bajo estas burdas operaciones de marketing político.

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Como un buen amigo mío decía hace unos días, la fórmula ideada por Miguel Sanz de romper con el PP como manera de “asegurar con perspectiva de futuro la estabilidad del Gobierno Foral, es más que discutible” a la vista de los resultados de las elecciones de 2011. En realidad, es evidente que el planteamiento de Miguel Sanz iba más allá de la estabilidad de gobierno y pretendía mantener el control de la provincia y blindar una Navarra navarrista donde todo lo que suene a abertzale o, simplemente, a vasquista esté condenado al ostracismo.

Vale hacer unos simples números para ver que la fórmula de UPN+PSN ha pasado de 34 parlamentarios en 2007, a 28. Aunque se quisiera sumar a los 4 parlamentarios del PP, algo imposible a efectos reales, estaríamos hablando de 32 parlamentarios. Así pues, se puede decir que es precisamente este sector navarrista el que ha perdido realmente las elecciones. Joseba Santamaría se ha referido a ello muy gráficamente en un artículo titulado  “Coalición y derrota”.

Los resultados electorales han dejado al PSN en una situación complicada. Le han conferido un papel decisivo a la hora de conformar un gobierno, pero, en realidad, cualquiera de las alternativas que se le ofrecían tenía un claro coste político, sobre todo porque el socialismo navarro carece realmente de principios y convicciones, de modo que las decisiones se ven desde la ciudadanía como carentes de una base sólida y más motivadas por aspectos coyunturales y por intereses de aparato de partido.

El PSN tiene que recuperar la credibilidad y lo tiene complicado porque es más que evidente que ni tan siquiera ellos se creen lo que dicen. Ahora resulta que lo que en 2007 era imposible (un acuerdo de gobierno entre NaBai, PSN e IU) hubiera sido perfectamente factible y hasta deseable en 2011. Sin embargo, todos sabemos que la única razón por la que el PSN hace esta afirmación es precisamente que ahora ya no es posible porque los números no dan para ello. Bildu y la violencia de ETA vuelven a ser la excusa fácil para culpar a otros por no hacer lo que no se quiere hacer.

El PSN parece haber interpretado que su fracaso electoral en 2011 se ha debido no a su deriva ideológica y a su acuerdo para permitir que la derecha más rancia del Estado gobierne en Navarra, sino al hecho de no haber entrado en el gobierno. Al pactar con UPN, el PSN deja claras sus prioridades, abandona un espacio político interesante para quienes estén dispuestos a hacer política de izquierdas realista y se pliega al discurso antivasco del nacionalismo español más trasnochado que representa UPN.

Desde los tiempos de la transición a la democracia, Navarra se ha caracterizado por el enfrentamiento entre dos bloques que afirman lo contrario pero desde las mismas posiciones ideológicas, dos esencialismos representados hoy en día por UPN y Bildu. Ambos se necesitan, se buscan y se retroalimentan. El reto está en construir no desde la negación del que piensa de modo diferente, no en agruparse sobre las propias esencias para contar cuántos somos. Ese no es el camino, al menos no en Navarra. Ese es el mensaje de los resultados electorales. Aunque a corto plazo, la fórmula de Miguel Sanz va a permitir un nuevo gobierno UPN+PSN, a medio plazo es evidente que ha fracasado. Tampoco ha triunfado el polo soberanista de Bildu, convencido como estaba de que se iba a convertir en la segunda fuerza de Navarra pasando por encima de PSN y, sobre todo, de NaBai.

Frente a ellos, NaBai ha consolidado su espacio electoral, un suelo firme a partir del que construir, desde el que tender puentes, desde el que hacer política real. El crecimiento de NaBai no está entre quienes siguen alimentando un esencialismo nacionalista vasco y basan su acción política en la negación y el no por el no. Bildu ha recuperado ese espacio. NaBai es la única respuesta real a otra Navarra posible que supere la actual incomunicación entre navarros y nabarros. Ese discurso político está todavía por construir, pero hay ya muchos elementos para poder hacerlo.

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El 22 de mayo se acerca y ese día elegiremos a nuestros representantes municipales y forales para los próximos cuatro años.
Una vez publicadas las listas del pueblo se apoderó de mí el desconcierto ¿no había nadie mejor para formar las candidaturas? Luego pensé que no puedo juzgar a quien está dispuesto a ir ya que es responsabilidad de todos tomar compromiso con la vida de nuestro pueblo. Pero los días siguientes he podido comprobar que ese desconcierto también lo tiene mucha gente de mi entorno. Desconcierto que supera el ámbito del pueblo. Parece general la opinión de que las candidaturas son pobres. Sí, es verdad, el día 22 votaremos y saldrán los representantes municipales, pero ahora más que nunca creo que, salvo los convencidos o los votantes fieles, votaremos por descarte y no por haber sido seducidos por el programa más atractivo o por los candidatos/as más aglutinadores.
¿Sucede lo mismo en el Parlamento de Navarra? Aunque la oferta es la más numerosa de los últimos años ninguna candidatura despierta pasiones: más de lo mismo y tal y como apuntan las encuestas, pocas posibilidades de cambio, aunque la nueva oferta en la izquierda navarra y la presencia de Bildu puede que faciliten el cambio. Remota posibilidad, pero habrá que intentarlo.
– UPN presenta a una candidata que con un gesto de confianza nos dice que cuenta con nosotros. Y conocemos de qué manera, ya que siempre ha gobernado para sus votantes y no para toda la ciudadanía. UPN es un partido que representa a la derecha, al recorte social y de los servicios públicos y sigue fiel a su negación de la identidad vasca de Navarra. Es una incógnita en qué medida le afectará su ruptura con el PP. Pero la ruptura de Nabai le ha puesto en bandeja ser el partido más votado.
– El PSN nos presenta un candidato triste y con poca fuerza. Transmite poco, pero ese poco que transmite es claro, volverán a entregar el gobierno a la derecha. Afirma que no buscará apoyos de Bildu ni aceptará su abstención, dice que Nabai no es socio fiable. Pero conociendo el percal lo único que falta saber es cuál es el precio que pondrán por su apoyo: cargos, alcaldías, empresas públicas.
– Tras la ruptura de la derecha han surgido PP y Derecha Navarra y Española. El discurso de este último partido es claro, no engañan a nadie: a su derecha no hay nada. Expresan sin disimulo la auténtica identidad del PP y de UPN. Parece que no tienen ninguna opción pero el PP en la práctica aplicará sus planteamientos con cariño. Otra cosa es que los números den para un pacto con la UPN de su alma, cosa que no haría más feliz a la candidata Yolanda.
– CDN tiene un panorama complicado. Las encuestas dicen que no llegarán al 3% y que puede quedar fuera del Parlamento. Han estado buscando acogida en otras listas, pero o Roma no paga traidores o sus peticiones de sillones eran inaceptables
– IU-Ezkerra ha despertado un cierto interés y las encuestas les dan una cierta recuperación, que pueden ser de gran importancia si el PSN tuviese la tentación de facilitar el cambio en Navarra. Posibilidad remota pero cosas más difíciles hemos conocido
– Con Nabai 2011 todo es un mar de dudas. Las encuestas publicadas hasta ahora les dan unos resultados cuando menos sorprendentes. Lo normal es que tras la salida de Batzarre y EA y la legalización de Bildu el reparto de votos traiga una bajada significativa de Nabai. Pero no todo entra dentro de esa lógica ya que lo que puede estar en juego es la correlación de fuerzas dentro del abertzalismo de izquierdas, esto es, si Nabai mantiene unos resultados buenos puede ser el eje sobre el que se construya una izquierda abertzale civil y democrática de referencia. Si los resultados se decantan hacia Bildu puede que algunos entiendan que su forma de hacer política es la que debe ser la referencia. Y el proceso que vaya a llevar la sociedad navarra dependerá de cual de las dos posiciones, esto es, trabajar por conseguir el cambio en Navarra pero partiendo de la realidad o el triunfo de posiciones idealizadas que parten de una realidad que no existe.

– Finalmente tenemos a Bildu. El candidato visible es Maiorga Ramirez. Resulta curioso ver salir de su boca afirmaciones tan batasunas, pero todo el mundo tienen derecho a cambiar. Otra cosa es si ese cambio es por convencimiento o por conveniencia. Ahora mismo la duda es si la EA de Urizar ha hecho como el pájaro cuco, que pone sus huevos en el nido de otro pájaro para que los incube y alimente, o si lo que estamos viendo es el minuto de gloria de políticos profesionales que a cambio de cuatro años de cargo (que no es moco de pavo) facilitan la entrada a las instituciones de la izquierda abertzale. La comentada foto del expreso pidiendo el voto para Bildu parece indicar lo segundo. Y que no se malinterprete el comentario. La izquierda abertzale tiene perfecto derecho a estar en las instituciones y los demás tenemos derecho a manifestar nuestra opinión: votar a Bildu es votar a una IAO que aún no ha cerrado el ciclo y nos preocupa que muchas personas que se han prestado a ir en listas o que vayan a votarles se den cuenta de ello demasiado tarde. Pero también reconozco que si los pasos para hacer política son firmes y sinceros el futuro próximo traerá novedades interesantes que ahora no alcanzamos a imaginar.
– Y queda Sortu y todas las personas que no pueden ser candidatas. Parece ser que nadie se acordará de ellos. Puede que Bildu lo utilice para dejar en evidencia las carencias de las otras ofertas políticas, pero de momento no se ha oído que vayan a retirar sus candidaturas ante una situación antidemocrática. Algo que sí pidieron a los demás partidos en caso de que su coalición hubiera sido ilegalizada.

Y en mi pueblo, ¿qué?. Pues aquí solo se me ocurre lo que José Saramago planteó en Ensayo sobre la lucidez: votar en blanco.

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