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Archive for 31 enero 2010

Transcurridos casi seis años desde la irrupción de Uxue Barkos en el Parlamento español, y algo menos de tres desde el tremendo éxito electoral que para NaBai supusieron las elecciones forales y municipales de 2007, me gustaría hacer unas reflexiones sobre varios de los acontecimientos que más me han llamado la atención y la evolución que se está dando.

La principal característica y el valor fundamental de Nafarroa Bai no es, en mi opinión, el hecho de que cuatro partidos diferentes y un buen número de personas independientes se unieran en la búsqueda de un proyecto común, mostrando a una sociedad tan fragmentada como la navarra que el acuerdo entre diferentes es posible y deseable (y siendo posteriormente recompensada por ésta). Tampoco su apuesta por esa “poliétika” o forma diferente de hacer política (que no debe quedar sólamente en bonita parte de la campaña electoral). Todo ello contribuyó, y en gran medida, a que los resultados de Nafarroa Bai fueran espectaculares, aupándole hasta la segunda posición del mapa político navarro, algo impensable hace no tanto. Sin embargo, creo que lo que otorgó desde su origen un impulso especial a NaBai fue la ilusión que fue capaz de suscitar en amplios sectores de la sociedad navarra. Estos sectores, entre los que me incluyo, veían con una mezcla de rabia y resignación la hegemonía casi indiscutible de UPN y sus políticas sectarias, retrógadas y anti-vasquistas, y la llegada de NaBai fue sin duda elemento fundamental para el ansiado cambio. Y la mayoría de votantes no estábamos precisamente pensando en “polos soberanistas” que nos acercaran a la ansiada independencia. Para hacer una maratón hay que empezar por correr veinte minutos, y en Navarra de momento ni hemos comprado las playeras…

Tras el fiasco que supuso el “agostazo” perpetrado por José Blanco y sus “compinches” Roberto Jiménez, Samuel Caro y demás estómagos agradecidos (no conviene olvidar a l@s miembr@s del PSN que, no estando de acuerdo con tal decisión, prefirieron callar y seguir bien resguardad@s desde la comodidad de la poltrona…), los sectores más volcados con el cambio político no tuvimos más remedio que guardarnos para otra vez nuestra ilusión y nuestras ganas. Más todavía al comprobar en verano de 2009 que esa decisión tiene visos de continuidad, al romper el PSN oficialmente con NaBai en los pocos ayuntamientos donde todavía había buenas relaciones, tras fiascos como el de Barañain. ¿La razón? Una supuesta ambigüedad en la crítica a la violencia de ETA (argumento que ni ellos mismos creen), el rechazo a apoyar incondicionalmente a las FSE (por cierto, ¿dónde está Ion Anza?), y episodios de tanta trascendencia como el del kiliki beltza de Berriozar. Las excusas no son las mejores, pero viendo el nivel de los implicados no sé hasta qué punto se puede pedir mucho más… Eso sí, el denominador común está claro: la violencia de ETA, que sigue proporcionando excusas inmejorables para los nacionalistas españoles. Preclaras mentes las de nuestros gloriosos gudaris; con estrategas así pronto no habrá ni patria que salvar.

Y, sin embargo, estamos obligados a darle la vuelta a la situación. Los navarros y navarras no somos culpables de que cuatro vividores sin ética ni ideales sean los encargados de manejar los hilos de un partido con tanta historia e importancia social en nuestra comunidad, en procesos más que controlados desde la dirección de Madrid. Sinceramente, no creo que las bases que votan al PSN -y cuyo voto es a pesar de todo mucho menos volátil de lo que podamos pensar- prefieran sentar en el poder a la “cuadrilla” de retrógrados que ahora mismo lo hacen, antes que compartir gobierno con fuerzas muy cercanas en lo ideológico a esas bases. Para ello, debemos ignorar los eternos y tramposos pseudo-debates que desde la derecha y sus medios de comunicación se plantean una y otra vez, como el identitario o los arriba mencionados que sirvieron de excusa para la ruptura oficial por parte del PSN, y tratar de llevar la iniciativa, poniendo encima de la mesa nuestras propuestas progresistas, compartidas mayoritariamente por sus bases, y ponerles frente al espejo de sus propias contradicciones. De este modo, creo que es posible frenar el creciente desapego hacia la política y los políticos que siente la sociedad, y que en mi opinión viene provocado por la cada vez mayor distancia existente entre sus problemas reales y nuestro discurso público. Los sectores progresistas queremos que se discuta de temas que la derecha suele pasar de refilón, como la política económica de hormigón y cemento que se contrapone a nuestros ideales ecologistas y de desarrollo sostenible; o la sistemática aprobación de EREs que casi nunca son inspeccionados, y muchos de los cuales son fraudulentos; pasando por el aborto, la educación, euskera, nefasta política de atención social-empresarial a l@s más necesitad@s… Y no digo que NaBai no proponga sus propias recetas y no proteste contra las medidas de la derecha ultraliberal, pero pienso que entramos con demasiada frecuencia en el terreno de juego enfangado que nos ofrecen…

Siendo doce parlamentari@s sobre cincuenta no se pueden hacer milagros, y menos con la actitud que mantiene el PSN, pero es intolerable la imagen de división y lucha de poder que se da día tras día. En esta legislatura, UPN ha expulsado del Gobierno a CDN (que está desesperadamente tratando de sobrevivir políticamente a costa de aliarse con quien haga falta), y se ha separado del PP, partido cuyas luchas internas por el poder nos dejan boquiabiertos todos los días (ayer mismo un micrófono abierto traicionó a Esperanza Aguirre mientras llamaba “hijo de puta” a su compañero de partido Gallardón). El PSN cada vez está más alejado de sus bases progresistas y la izquierda abertzale está envuelta en un proceso de “reflexión interna” que les llevará a reinventar la rueda una vez más, acercarse un poquito más a los mismos postulados que llevan rechazando desde que se creó Aralar, y decirnos a los demás cuáles son nuestros fallos y cómo tenemos que actuar. Sin embargo, en todo este maremágnum de convulsiones internas en los partidos, al espectador medio la impresión que le queda es que NaBai es el partido del caos interno, donde todos andan a la gresca. Y no todo es culpa del Diario de Navarra, sinceramente hecho en falta bastante más cintura política en más de un portavoz, al que hace falta bien poco para encender y conseguir un titular…

Si queremos recuperar esa ilusión, no será suficiente pero sí necesario cuidar la comunicación exterior de las disputas internas y hacer hincapié en propuestas de izquierdas y cercanas a la ciudadanía, para dejar claro que es posible y necesario un cambio real. No podemos caer en aquello que más rechazamos de nuestros oponentes políticos, y funcionar a base de eslogans y bonitos mensajes. Dejemos eso para Patxi López y Barcina, e impulsemos la esperada poliétika.

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Aunque este artículo está escrito desde el convencimiento de que es muy probable que suceda lo que se expone, vaya por delante que mi capacidad de análisis de la actualidad política es muy personal y que con frecuencia suelo errar en mis vaticinios. Pero considero que no debo dejar de expresarlos tanto por vaciar un tifón de sensaciones que amenazan con arrastrar mi equilibrio como por considerar que le puede resultar de interés a alguien.
La política se está funcionarizando. No en el sentido estricto ya que los funcionarios lo son con carácter vitalicio y los políticos que acceden a cargos públicos someten la renovación de su contrato a un proceso electoral. Pero desde luego así lo percibo en el sentido más negativo que socialmente se atribuye a los funcionarios. Todos sabemos que el funcionario clásico es un ser repleto de derechos y con un nivel inconcreto de responsabilidades, las cuales además se diluyen en un entramado organizativo más cercano al mundo de los espíritus que a las necesidades de la ciudadanía. Vaya por delante que el funcionario no es el principal responsable de esta situación que se origina en unos responsables políticos que se sirven de la administración para defender sus intereses por encima de los intereses generales. Pero al hilo de una frase redonda que escuché hace poco en una película, “aunque no son culpables sí son responsables”.
Desde que en Navarra los parlamentarios se pueden acoger a la dedicación completa, aquello que inicialmente podía ser bueno se está convirtiendo en lo más odioso de la política, la creación de una clase política financiada por todos pero cada vez más alejada de las necesidades reales. Los debates parlamentarios son pobres y previsibles y todos los asuntos están atados de antemano no por los parlamentarios sino por las estructuras de los partidos. Evidentemente, ésta no es la única causa y que contribuye a esta situación la realidad política de Navarra en la que un gobierno de derechas sustentado por el PSN gobierna con la arrogancia de quien se siente seguro y por tanto ningunea tanto al Parlamento como al conjunto de la sociedad. Tampoco espero que los parlamentarios de esos partidos cambien su actitud por iniciativa propia, pero no quisiera que los que yo elegí cayeran en esa dinámica estrictamente institucional.
Y creo que no me equivoco si uno de los elementos que más se valoró por muchas personas a la hora de votar a Nabai en las últimas elecciones fue precisamente esa voluntad de cambio y de suponer una bocanada de aire fresco en unas instituciones cada vez más escleróticas. Pero la situación después de casi tres años de oposición está tomando unos tintes preocupantes. Percibo que ese proyecto ilusionante que fue Nabai en 2007 y que mucha gente sigue demandando a día de hoy se está quedando en agua de borrajas. Todos sabíamos que era complicado gestionar cuatro partidos políticos y un colectivo de independientes, pero algunos confiábamos en la capacidad de algunos líderes de empujar hacia delante y que las diferencias y personalismos, aunque inevitables, pasarían a un segundo plano.
¿Es esa la situación a día de hoy? No lo parece. Parece que cada uno va por su lado y en sus apariciones en los medios parece que es más importante su matiz particular que la visión de conjunto. La voz de los mediocres se está extendiendo cada día más. Y que nadie me interprete mal: no defiendo un gobierno de notables. Toda la ciudadanía debe ser arte y parte de la política y por tanto todo el mundo tiene derecho a liderar partidos y ostentar cargos públicos independiente de su religión, color, sexo o capacidad intelectual, pero creo que se entiende lo que se pretende decir. Los partidos de izquierda cada día funcionan más como una estructura tradicional alejándose de la participación de personas y colectivos. Las ejecutivas de esos partidos no son un hervir de proyectos y de ideas que hacen que esos partidos se conviertan en viveros y motores de cambio. Más bien al contrario, parecen clubes de bien informados, y poco más, que ratifican la actividad de los dirigentes. Y ojo, no cuestiono que estas estructuras no se elijan democráticamente, pero creo que es hora de preguntarnos hacia dónde va la izquierda. Todos sabemos que una izquierda purista no suele conectar con la sociedad y se suele estructurar en lo que le diferencia del de partido de al lado (La vida de Brian refleja magistralmente esta situación) más que en la voluntad de sumar, lo que les convierte en algo marginal, no hay mas que fijarse en Batzarre. También sabemos que un pragmatismo excesivo es la base de partidos como el UPN o el PSN. Pero habrá algo intermedio, no?
Aunque los datos acabaran por demostrar lo contrario a día de hoy creo que la forma correcta de conseguir un cambio de gobernantes es mediante la estructuración de Nabai como una organización integradora, dinámica e ilusionante, alejada del partidismo y cercana a las demandas de la sociedad. Que además esté abierta a estructurar un cambio con el PSN, sí con ese partido tan triste, gris y poco fiable. Esa vía podría iniciar un movimiento que ponga en danza todo el clientelismo existente ahora. Evidentemente costaría poner en marcha ese cambio pero tan pronto como se consiguiera soltar amarras la gente impulsaría esa regeneración tan necesaria en esta Navarra tan acomodada y pagada de sí misma.
Basta ya de pensar en que cada uno por separado tiene la varita mágica y en intentar buscar soluciones cortoplacistas. Recuperemos la cordura que nos llevó a impulsar un proyecto que ha puesto en la foto a la Navarra que se quiere ocultar e ignorar. Que Dios te conserve todos los deditos, querido compañero, pero tú dirás de que te pueden servir si quieres comer sopa y resulta que el cazo sigue en la mano de los caciques de siempre. Algo tendremos que hacer al margen de registros de marcas, querer ser cabeza de ratón o intentar polos soberanistas sin desvinculación de la violencia terrorista. Así que ni plan A ni plan B, lo que hace falta es COMPROMISO y GENEROSIDAD

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Hacer balance de la gestión económica en tiempos de crisis siempre ha sido una misión complicada. Los gobiernos regionales y nacionales son quienes deben rendir cuentas de una acción de gobierno que siempre es ineficaz o insuficiente cuando las economías entran en recesión. En una economía globalizada como la actual poco poder de influencia tienen los gobiernos a la hora de cambiar la realidad económica (a escala mundial, nacional, regional o local). Ni los gobiernos son los responsables de la crisis, ni tienen la solución para llevar a sus respectivos países por la senda de la recuperación. Lo más que pueden hacer (o eso es al menos lo que nos han demostrado) es inyectar dinero público aquí y allá según un sector u otro entra en la UVI.

A ello se han dedicado todos los gobiernos (sean del color que sean y tengan la capacidad o capacitación que tengan). Se trataba de salvar sectores económicos para impulsar el consumo y la demanda y mantener tanto como fuera posible el ritmo de producción, a la espera de que el ciclo económico cambiara de signo.

Siendo así, también es cierto que el electorado (no la ciudadanía, pues el político del siglo XXI no piensa en ciudadanos, sino en electores) no suele conformarse con un “hemos hecho lo que hemos podido”. Algo más hay que decir si uno quiere ser reelegido y a ello se ha puesto el Gobierno de Navarra.

Lleno de orgullo y desparpajo foral, el gobierno navarro ha hecho balance de su gestión económica y ha sacado pecho, reivindicando sus logros o, mejor dicho, anunciando que si no hubiera sido por su “Plan” hubiera sido mucho peor. Lo que no ha sido sino poner parches aquí y allá se convierte, con argumentos virtuales, como por arte de birlibirloque en un Plan económico a exportar. El Consejero de Economía y Hacienda del Gobierno Foral, Álvaro Miranda, en un ejercicio de política ficción, defiende que el resultado de su gestión ha sido la creación, durante 2009, de más de 12.000 puestos de trabajo. Sin embargo, la realidad es bien distinta, ya que el paro ha subido un 23%, llegando en Navarra a las más de 40.000 personas.

No digo que ejercicios de historia ficción como imaginar en qué realidad viviríamos ahora si Franco hubiera perdido la Guerra Civil no tengan su interés y sirvan para entretenerse un rato. Sin embargo, arrogarse el mérito de lo que se ha evitado sabiendo que en cualquier caso nunca se podrá saber realmente cómo hubieran sido “si…” es incluso obsceno.

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Todos sabemos que Francisco Franco murió en la cama siendo un ancianito que había dirigido con mano dura una dictadura durante casi 40 años. Cuando hojeo las memorias de algunas personalidades de los años de la transición o cuando leo algunas declaraciones o entrevistas de políticos de los años 70 y 80 hay ocasiones en que se me escapa una sonrisa al ver lo convencidos que algunos se muestran de su compromiso con la lucha antifranquista y de sus ideales democráticos. Es lo que tiene la memoria, que elige lo que quiere recordar y, consciente o inconscientemente, justifica lo hecho en el pasado con argumentos del presente, de modo que la trayectoria de cada uno de nosotros siempre es coherente a nuestros ojos.

La oposición al franquismo no fue tan significativa como puede parecer de la lectura de estas memorias. Se redujo a unos pocos grupos de la izquierda y los nacionalismos, que sufrieron con dureza la represión franquista. No fueron pocos los que compartieron los fines y los medios del franquismo y no son pocos los que hoy en día siguen justificando no solo el alzamiento militar contra la República, sino los casi 40 años de represión y de dictadura.

Desde 1999, año en que se cumplió el 60 aniversario del final de la Guerra Civil, varias organizaciones han venido trabajando cada vez con mayor eco mediático y social por la recuperación de la memoria de los perdedores de la guerra. Parecía que su labor podía lograr que por fin, 30 años después de la muerte de Franco, se abordara uno de los temas que quedaron pendientes en la Transición. Del mismo modo que el franquismo dejó sin resolver algunos de los principales problemas y debates de la República, la Transición cerró en falso, con un pacto de silencio, la herida abierta en el país por la represión franquista no solo durante la guerra, sino también por la llevada a cabo en los años inmediatamente anteriores (y posteriores) a la muerte del dictador.

El intento de recuperar la memoria de los represaliados por el franquismo ha movilizado a personas encuadradas en grupos de la extrema derecha, como Falange y Tradición, que han atacado monumentos alzados en recuerdo de las víctimas y han amenazado a cargos públicos navarros.

Hace escasos días, conocíamos la noticia de que el Tribunal Supremo había admitido a trámite una querella de Falange Española de las JONS contra el juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón por la decisión de éste de declararse competente para investigar las desapariciones durante la Guerra Civil y el franquismo. La impunidad de organizaciones de extrema derecha que participaron directamente en el régimen franquista y en la violencia de los primeros años de la transición a la democracia nos ha conducido a una especie de mundo al revés, en el que el acusado se convierte en acusador y el juez en juzgado.

Algo ocurre en un país cuando organizaciones que nacieron ensalzando el papel de la violencia política, que participaron activamente en la dictadura y en la represión franquistas, que hicieron lo que hicieron durante los primeros años de la transición y que amenazan y actúan hoy en día como lo están haciendo pueden seguir actuando en política como si nada hubiera ocurrido.

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Siempre ha sido más difícil comunicar y trasmitir matices. Frente a ello, resulta muy sencillo y fácil lanzar ideas planas, sin matiz alguno y en las que la mayor dificultad está en ocultar aquellos aspectos que contradicen en parte o hasta en todo lo que uno quiere afirmar. Este tipo de mensajes responden a ideas preconcebidas, de consumo fácil por un público fiel y ávido de ideas que refuerzan lo que ellos “ya saben”.

Si hay un espacio en el que esto queda patente es la política. Los mensajes deben ser claros, sencillos y rotundos, luego poco margen queda para el matiz. Sin embargo, la realidad, la vida diaria, está llena de matices y de contradicciones (a las que todos encontramos una explicación, pero que no por ello desaparecen). ¿Por qué le está resultando tan difícil a NaBai explicar a la ciudadanía navarra cuál es su postura respecto a la violencia terrorista y el derecho de unas personas a presentarse a las elecciones? Sencillamente porque hay que matizar, porque hay que explicar que se puede condenar la violencia sin por ello condenar unas ideas o negar unos derechos, porque hay que explicar que no es lo mismo Pamplona que Madrid, etc… Frente a ello, PP, UPN, PSOE y la izquerda abertzale oficial tienen fácil defender una idea plana, el SÍ o el NO, sin más argumentos.

Algo parecido ocurre con otros muchos temas. Uno de ellos, presente constantemente en el debate político, es el de lo público y lo privado. Parece que defender lo público es muy de izquierdas y que por tanto hay que atacar lo privado. Cualquier afirmación que vaya contra la educación privada, la sanidad privada u otros aspectos será jaleada por quienes se autodefinen como de izquierdas. Sin embargo, esto no está exento de contradicciones, como es fácil comprobar. Cada vez que llega un Oinez, podremos leer en la prensa a los defensores de lo público criticando la fiesta por ser una manera de apoyar a la educación privada (sin matices). Muchas personas utilizan este argumento para defender el modelo D, pero se olvidan de ello cuando lo que se trata es de apoyar la Korrika y a AEK. En ese caso, no son tan partidarios de lo público y que yo sepa, AEK no pertenece al Gobierno de Navarra, sino que es privado y bien privado.

Hoy en un periódico navarro se habla de cómo “estudiar la misma carrera cuesta entre seis y once veces más en la UN que en la UPNA”. El titular responde evidentemente a una intencionalidad (supuestamente de izquierdas) de defender la educación pública frente a la privada, de respaldar la labor de la Universidad Pública en detrimento de la Universidad Privada. La noticia es una de esas ideas planas, sin matices y que creo que ayudan muy poco a la hora de informar y de conocer mejor los problemas, pero es que además no responde a la realidad porque lo cierto es que estudiar en la Universidad Pública cuesta más que estudiar en la Universidad Privada y nos cuesta a todos, ya que es con nuestros impuestos con los que se está financiando. La noticia cita a la UN como fuente cuando se informa de ello, de modo que parece que puede ser falso ya que es una parte interesada. Lo preocupante de la noticia para mí es precisamente que una plaza en la Pública cueste más que en la Privada. Cada cual sabrá si quiere ir a un centro privado y pagar de su bolsillo más del 90% del coste de la plaza de estudio o si prefiere que el Gobierno le pague ese 90% yendo a un centro público.

Creo que como contribuyentes y especialmente quienes nos consideramos de izquierdas debemos defender la educación pública, pero habrá que exigir también resultados y habrá que plantear los debates donde corresponde. Ni todo lo público es bueno por el simple hecho de ser público, ni todo lo privado es malo. No podemos quedarnos en afirmaciones fáciles que no conducen a nada. Si queremos cambiar las cosas habrá que hacerlo con seriedad, entrando en los problemas a fondo y mostrando la complejidad que tienen. Nada es tan fácil.

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