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Archive for 29 agosto 2009

20090829_estatut_constituciEn estos inicios del siglo XXI pocos son los que cuestionan públicamente el Estado de derecho y la división de poderes y digo públicamente, porque en privado y en las cocinas de la política ocurre algo muy diferente. Con todo lo que ha llovido últimamente se me escapa una sonrisa cuando alguien me habla de la independencia de los poderes y, sobre todo, si se refieren a la independencia del poder judicial. Visto desde fuera (fuera de la política y fuera de Madrid), todo parece haberse convertido en un equilibrio de poder entre los dos grandes partidos estatales, cada vez más preocupados por la que para ellos es una excesiva influencia de las fuerzas nacionalistas en la política estatal. Resulta curioso que las mismas personas que reclaman solidaridad a los nacionalismos periféricos cuando se trata de financiación de las autonomías miren con desconfianza e incluso con repugnancia a los partidos catalanes y vascos cuando estos, en un ejercicio de solidaridad, quieren participar en la toma de decisiones en Madrid.

Resulta complicado sentirse cómodo en un Estado que siempre encuentra dificultades a la hora de reconocer las distintas realidades que lo integran y que algunos sentimos como nacionales. El empeño de los distintos gobiernos de Madrid, tanto del PSOE como del PP, ha sido el de diluir las diferencias cualitativas que existen entre las comunidades históricas (Euskadi y Navarra, Cataluña, Galicia) y el resto del territorio del Estado. Estas diferencias históricas, culturales, identitarias son las que plasmó la Constitución de 1978 a la hora de establecer dos vías de acceso a la autonomía y a la hora de fijar dos niveles competenciales distintos. Aplicando la estrechez de miras de algunos, no sería descabellado pensar que la reciente reforma del Estatuto Valenciano, en el que una disposición adicional (conocida como cláusula Camps) habla de que será competencia valenciana todo lo que se transfiera a otras comunidades, es también inconstitucional, ya que va contra el espíritu y la letra de la Carta Magna, pero sin embargo Valencia no genera el mismo nivel de polémica que Euskadi o Cataluña.

La propuesta planteada desde el País Vasco no fue ni tan siquiera debatida en las Cortes con la siempre útil excusa de la violencia terrorista. En Cataluña el Estatuto fue debatido y se aprobó un texto. Cuando la propuesta de Estatuto llegó a Madrid fue recortada de forma importante. No se aprobó lo que decidió Cataluña (como dijo Zapatero que haría), pero al menos se acordó una reforma del Estatuto. Un texto, aprobado por 120 miembros del Parlamento de Cataluña (frente a solo 15 votos en contra, del PP), aprobado por el Congreso y el Senado (tan solo con el voto en contra del PP y una errática posición que terminaría en la abstención de ERC), aprobado en referéndum por el pueblo catalán con un 73,90 % de los votos a favor, pero cuestionado en Madrid desde el principio.

Tras tres largos años en los que España no se ha roto, a pesar de los gritos apocalípticos del PP, parece que el Tribunal Constitucional está cerca de emitir una sentencia sobre la inconstitucionalidad del Estatut. Es posible que la sentencia sea negativa, al menos es lo que se deduce de las declaraciones de unos y otros en los últimos días. Si así fuera, estaríamos ante un NO jurídico a un acuerdo político y soberano no solo de una Comunidad, sino de las propias Cortes, representantes de la soberanía popular de todos los españoles. Si llegara el tan temido NO del Constitucional, el Estatuto catalán, tal y como está redactado, no tendría cabida en la actual Constitución, tal y como está redactada. Ya hay quien, empezando por el propio Zapatero, se ha adelantado a advertir que no habrá reforma constitucional, pero lo cierto es que es la única solución posible si es que se quiere respetar un acuerdo adoptado por las Cortes y crear un marco de convivencia en el que no sólo los nacionalistas españoles se sientan cómodos. La lealtad es algo que siempre se reclama a los nacionalismos periféricos, pero que parece que no están dispuestos a cumplir los nacionalismos centralistas: ni el nacionalismo de derechas del PP, ni el de izquierdas del PSOE. De eso en Navarra sabemos mucho.

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20090819_festejos-taurinosCuando hablamos de festejos taurinos, sobre todo si nos referimos a los toros (y no digamos si el acontecimiento al que aludimos son los encierros de Sanfermines) podemos estar seguros de algo: la conversación será apasionada y seguro que encontraremos a fervientes defensores y a no menos convencidos detractores. Unos y otros esgrimirán sus argumentos sin convencer casi nunca al que defiende una opinión diferente.

Los heridos y fallecidos en festejos taurinos en las últimas fechas parecen haber reabierto el debate sobre estos espectáculos, especialmente a raíz de lo ocurrido en los Sanfermines de este año 2009. Cada vez que alguien pierda la vida o sufra una cogida grave volveremos a hablar de la seguridad en los encierros de toros y vacas que cubren buena parte de las horas en las programaciones de las fiestas patronales de los pueblos.

Parece además que este año los medios de comunicación se están haciendo eco más allá de los espacios habitualmente destinados a narrar sucesos acaecidos en el día a día y tal vez pueda tener algo que ver con una mayor sensibilización o preocupación por parte de la opinión pública ante unas muertes que cada vez parecen tener menos sentido en nuestra sociedad.

Los defensores de los festejos taurinos siempre acuden al argumento de la tradición. Los encierros de vacas o de toros son para ellos un valor cultural irrenunciable, tradiciones muy arraigadas en la sociedad (algo que yo cuestiono a pesar de lo que se diga, especialmente en un futuro a corto plazo). Ya he hablado en otro lugar al respecto de la tradición o de las tradiciones. En este caso, el acto tiene un matiz que quiero comentar. A diferencia de otros casos, en éste uno de los argumentos es el éxito, la gran afluencia de gente a las localidades donde se programan encierros. Es cierto que se congrega un buen número de personas, pero también lo es que es un argumento muy endeble. Si se programara un espectáculo porno también acudiría mucha gente. Y es innegable que el sexo cuenta con una gran tradición incluso en nuestras tierras.

Por otro lado, es innegable que la naturaleza humana se siente atraída por la visión del peligro. El morbo que genera contemplar a otras personas jugándose la vida o poniendo en peligro su integridad física está también detrás del éxito de estos espectáculos donde lo de menos es ya la demostración de valor o de virilidad de unos jóvenes al ponerse delante de una vaca o de un toro (sentido que estas tradiciones pudieron tener en un origen). Se trata de actividades altamente peligrosas y difícilmente controlables por los programadores por muchas medidas de seguridad que se quieran implantar.

Pero es que además, hay otro punto de vista que espero que cada vez cobre una mayor relevancia (aunque ante la muerte de un ser humano todo lo demás parezca superfluo). Y es que estos actos, cobrando entrada o sin cobrar, con muerte o sin ella, son espectáculos en los que el sufrimiento del animal es más que evidente (miedo, estrés y dolor son más que claros en las vacas durante los encierros). Se saca a animales fuera de su espacio natural para que a causa del miedo y el sufrimiento ataquen a personas mientras otros se divierten a costa de unos y otros. Una sociedad que se dice avanzada no puede tolerar la diversión, el espectáculo a costa del sufrimiento de un ser vivo, racional o no. Habrá que ir abriendo un debate sobre esta cuestión porque la tradición no puede ser excusa para algo así.

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Entre dos aguas

Así me siento la mayor parte de ocasiones en que leo o escucho hablar de política, y más en concreto de Nafarroa Bai, en la gran mayoría de medios de comunicación.

Para la llamada izquierda abertzale “histórica” resulta que en mi condición de “condenador” de la violencia de ETA soy un vendido, poltronero y lameculos, por emplear sólo alguno de los adjetivos utilizados recientemente. Es decir, que si condeno todos los tipos de violencia no es por defensa ética y moral de todos los derechos humanos para todas las personas y porque crea que también los ex-concejales y empresarios, por poner un par de ejemplos recientes, tienen derecho a la vida, sino por comodidad personal ante la avalancha represora que viene desde Madrid. Lo más fácil, por lo visto, es ceder ante la presión españolista y asimilar y repetir su discurso, y eso es lo que Nafarroa Bai –al parecer– está haciendo.

Por contra, para partidos españolistas como UPN, PP y PSN, hechos como la cesión del txupinazo de Berriozar o no compartir ciertos aspectos de sus notas de condena demuestran la supeditación de NA-BAI ante Batasuna, acusándonos de “estar más cerca de los verdugos que de las víctimas” (García Adanero dixit). Por cobardía, afinidad ideológica abertzale o comodidad, los miembros de Nafarroa Bai preferimos, según estos partidos, no enfrentarnos al verdugo que es ETA, situándonos al margen de los “demócratas”.

Siendo consciente de que, cualquiera que fuera la postura de NA-BAI ante las mociones-trampa (usando la terminología Mayororejiana) presentadas por UPN, CDN y PSN, nos llevaríamos numerosos palos (ya sea en Gara por apoyarlas o en Diario de Navarra por no hacerlo), creo que hay que hacer un esfuerzo por explicar a la sociedad nuestra postura de una forma valiente, y huyendo de estrategias oportunistas. Es decir, decimos no a la violencia de ETA, pero también decimos no a la estrategia vulneradora de derechos que los miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado llevan a cabo con demasiada frecuencia y nos negamos a darles un cheque en blanco en forma de declaración política de apoyo expreso e incondicional. Soy consciente de la censura y manipulación que los medios de comunicación llevan a cabo en cuanto se les presenta la oportunidad, pero también creo que habría que hacer el mayor esfuerzo posible desde NA-BAI para manifestar esa postura con claridad y unidad, algo en lo que se puede y debe mejorar.

Por mi parte, me siento orgulloso de pertenecer, siquiera ideológicamente, a un colectivo que no tiene reparo en defender en todos los foros posibles los derechos humanos para todas las personas, algo de lo que dudo puedan presumir muchos de los que nos señalan con el dedo. Es muy fácil ser el campeón en defender a los tuyos cuando son atacados, pero más lo es todavía caer en ese maniqueísmo que lleva a olvidarte del dolor ajeno porque, sencillamente, no se les considera personas dignas de disponer y disfrutar de todos sus derechos, llámense esas personas guardias civiles, presos o políticos profesionales. Pese a quien pese y al maniqueísmo tradicional encabezado por HB y UPN (las dos “Uniones del Pueblo” de esta tierra), algunos seguiremos reivindicando los derechos humanos universales y, sobre todo, la posibilidad de discrepar sin insultar, haciendo ver los amplios matices de grises que hay entre los blancos y negros que estos partidos encarnan.

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20090810_desvio_atencionNo ha pasado todavía ni tan siquiera un año y medio desde la constitución del actual gobierno socialista pero parece que hubieran pasado años desde las últimas elecciones. Si a nosotros, simples observadores, se nos está haciendo tan larga la legislatura, cómo se lo estará pareciendo a ZP y compañía.

La crisis económica está pasando factura a Zapatero hasta tal punto que los números ya no le salen ni a él ni al CIS. El Centro de Investigaciones Sociológicas daba en el último sondeo una ventaja de 1,2 puntos al PP sobre el PSOE en intención de voto, además de un soberano suspenso al Gobierno en todas las áreas.

Se está afirmando en varios foros que algunas de las polémicas suscitadas en los últimos tiempos podrían tener mucho que ver con esta pérdida de posiciones del PSOE frente al PP. Tanto el proyecto de reforma de la Ley del aborto como las sucesivas entregas del culebrón del caso Gürtel y la supuesta trama de corrupción del PP serían para algunos simples cortinas de humo para desviar la atención del ciudadano de sus preocupaciones más inmediatas. Según esta hipótesis, la crisis económica y los crecientes números del paro habrían cobrado un excesivo protagonismo en los medios de comunicación y había que crear nuevos titulares, nuevas noticias que abrieran los informativos de prensa escrita, radio y televisión.

En un primer momento, el PP se defendió de las acusaciones negando la mayor: sus cargos y, mucho menos, el Partido nada tenían que ver con esas acusaciones de corrupción. Pero los jueces algo habían visto en algunos de los casos como para querer investigarlos en profundidad y visto que el asunto iba a cobrarse su precio los dirigentes populares decidieron, al parecer, cambiar de táctica y, llegado un determinado momento, salvar algunos muebles (Camps, por ejemplo, como gran personalidad del PP valenciano y nacional y muy ligado a la figura de Mariano Rajoy). Las noticias se iban escalonando y con negarlo todo no se iba a conseguir casi nada, así que el PP decidió pasar al ataque utilizando la misma táctica del desvío de atención. El problema no era si había o no había casos de corrupción que afectaran a cargos o ex-cargos del PP, sino que el quid de la cuestión era el supuesto uso partidista del Estado de derecho por parte del PSOE para espiar y perseguir a políticos del PP. El PP no era el acusado, sino la víctima. El primer objetivo fue Garzón y ahora parece haberse abierto la veda y se acusa al Gobierno de llevar a cabo escuchas ilegales y detenciones organizadas como auténticos circos. Todo con tal de desviar la atención.

Las supuestas corruptelas de Madrid, Comunidad Valenciana, Baleares… son las noticias que en estos tiempos están abriendo los telediarios, así que el PSOE habría logrado, al menos en parte, su objetivo. Lo preocupante de esta cuestión es que cuando se ataca a un juez (por ser amigo de unos o de otros) o al propio Estado de derecho poniendo en cuestión sus motivaciones a la hora de investigar un posible delito es el propio sistema democrático el que se ve salpicado. El ataque se hace con objetivos partidistas porque se ha perdido de vista cuál es el fin de un político y de un partido político. Es frecuente ver cómo los medios se convierten en fines, cómo los partidos políticos, medios para defender unas ideas en democracia, se convierten en el fin último de un juego en el que se utiliza, se manipula y hasta se ataca los pilares del propio sistema que se dice defender si con ello se consigue un beneficio para el partido. Es fácil caer en ese error, no digo que no (todos creemos que lo nuestro es lo mejor), pero PP y PSOE nos están dando toda una lección de lo que no se debe hacer, porque todo juego tiene unas reglas y unos límites.

Creo que la política tiene su parte de puesta en escena, de representación. La política es también, en cierta medida, un arte. Lo que no debe ser es un circo donde los leones se dediquen a devorarlo todo sin que nada importe. El problema es que el ruido de la bronca política provocado no por problemas generales sino partidistas cansa, aburre y dificulta que el ciudadano valore que no todos son iguales, que en política, como en todo, hay también gente honrada. Tengo la impresión de que la corrupción política ya no castiga al partido acusado como debería porque no son pocos los que piensan que todos, sin excepción, hacen lo mismo. No es verdad, pero PP y PSOE casi consiguen que lo parezca.

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20090804_1512_nuevoComo ocurriera hace un siglo, la cercanía del año 12 mueve los resortes identitarios de Navarra y hace que unos y otros se posicionen ante tan señalada fecha. Hace cien años el centenario celebrado no fue el de 1512, sino en el 1212, la batalla de Las Navas de Tolosa. La Comisión de Monumentos Históricos de Navarra, encabezada por los euskaros Campión, Olóriz y Altadill, quiso rememorar 1212 quién sabe si como forma de diluir el recuerdo de un 1512 no tan memorable para el Viejo Reino.

Los preparativos para el centenario, al igual que hace un siglo, se han iniciado unos años antes y por las manifestaciones de algunos parece como si en el 2012 se fuese a producir una alineación de astros que nos abocase irremediablemente al desenlace final de una profecía milenaria al estilo de las mejores novelas de fantasía. Soy un gran seguidor de escritores como Margaret Weis, Tracy Hickman, George R. R. Martin, David Eddings…, siento una gran pasión por la historia y me interesa sobremanera el debate identitario que vivimos en Navarra, pero creo que cada una de esas aficiones hay que vivirla por separado, sin mezclar unas cosas con otras. Y digo esto porque creo que resulta especialmente preocupante que haya todavía quienes a estas alturas busquen y, lo que es peor, encuentren en la Historia (o mejor dicho en sus historias) profecías y destinos preestablecidos que den respuesta a lo que somos y lo que seremos en el futuro.

Más allá del debate historiográfico, existe en nuestra tierra un debate político sobre el significado de 1512. Para algunos es el momento de la feliz incorporación de Navarra a España, cumpliendo el destino hispánico de Navarra que se va manifestando a lo largo de la Historia en los momentos especialmente dramáticos: lo hizo en 1212 en la gran empresa española de la reconquista, lo hizo en 1512, uniéndose al proyecto de unión nacional de los Reyes Católicos y lo hizo también en 1936 y cada vez que fue necesario. Es la interpretación que hicieron en su momento Víctor Pradera, Eladio Esparza y otros y que hoy es defendida por el navarrismo.

Por contra, hay quienes creen que existe un destino vasco de Navarra que también se ha ido manifestando como una resistencia a los intentos españoles por someter a Navarra: lo hizo en Amaiur y Noáin, frente a la invasión castellana, lo hizo en las carlistadas ya en el siglo XIX y lo hace incluso hoy en día frente a las diferentes fuerzas de la imposición española… Es el discurso tradicional de HB y la izquierda abertzale oficial y que hoy en día es defendido, con la idea del Estado vasco en Europa, por Nabarralde.

Ambos comparten un mismo principio: existe un destino prefijado para Navarra, manifestado a lo largo de los tiempos y ajeno a la voluntad de los navarros, ya que en ningún momento se les ha preguntado su opinión al respecto. En ambos casos, la pregunta acerca de qué queremos ser en el futuro se dirige no a los ciudadanos de hoy sino a lo que, desde planteamientos y preguntas del presente, tal vez pudo significar lo que otros hicieron en el pasado. Somos, como ya he dicho en otro lugar, esclavos de la historia, pues es ella (a través de maestres, magos y adivinos, ya que ¿quién de ellos puede llamarse a sí mismo historiador sin sonrojarse?) la que nos dice qué debemos ser y qué debemos hacer.

Navarra necesita un nuevo discurso que dé respuestas a los problemas del presente y del futuro y está claro que las claves del mañana no las vamos a encontrar en el ayer, sino en nosotros mismos y en quienes viven con nosotros. 1512 pudo significar muchas cosas y la mayor parte de ellas tienen poco que ver con lo que hoy, en el debate político, se pueda decir. Pero es que, además, lo que ocurriera o dejara de ocurrir hace 500 años no tiene por qué obligarnos a nada. Es bueno conocer la historia, pero no lo es someterse a ella. Ese espíritu de rebeldía frente al peso de la historia, frente a un pasado que nos obliga debería estar presente en ese nuevo discurso tan necesario en Navarra. ¿Se animará NaBai a liderar esa nueva Navarra?

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