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Archive for 19 junio 2011

Hace unas semanas escuchaba cómo Yolanda Barcina hablaba sobre UPN como un partido progresista, porque era un partido que buscaba el progreso de Navarra. Respondía así a los comentarios de un periodista que la entrevistaba sobre las posibilidades que las elecciones del 22M habían abierto de cara a conformar un gobierno en la Comunidad Foral.

Progresista, según el Diccionario de la Real Academia Española tiene dos significados posibles. El primero alude al Partido Liberal Progresista que “tenía por mira principal el más rápido desenvolvimiento de las libertades públicas”. No creo que UPN pretenda reivindicarse como heredero del legado del partido progresista, del liberalismo progresista de Sagasta, enfrentado al Partido Liberal Conservador de Cánovas y al propio Carlismo y el Tradicionalismo, que tanto recorrido han tenido en Navarra y que tanto han tenido que ver en el nacimiento del partido que preside Yolanda Barcina. No parece que un partido surgido como escisión de la derecha navarra durante la transición, precisamente para pedir el NO a la Constitución de 1978, pueda erigirse como heredero del liberalismo progresista de Sagasta.

El segundo de los significados se refiere a alguien “con ideas avanzadas” y, sinceramente, tampoco sería el caso. Sin embargo, al pensar en ello me surge la duda de si precisamente UPN pueda estar pensando en reivindicar las ideas avanzadas que Sagasta pudo llegar a tener hace siglo y medio como programa y proyecto ideológico válido para este siglo XXI (hamaika ikusteko jaioak gara, que en versión española podría ser algo así como “cosas veredes, amigo Sancho”). Sin embargo, tras un leve momento de duda, he descartado también esta posibilidad.

Progresista es, efectivamente, quien quiere el progreso de una sociedad, pero no un progreso técnico, económico, desde posiciones conservadoras e incluso reaccionarias. El término progresista sigue teniendo el significado que tuvo en el siglo XIX, referido a quien reivindica libertades y derechos todavía no conseguidos y quiere lograrlos por medio de cambios rápidos, profundos y reales. El pacto de UPN con el PSN y la ruptura con el PP han permitido a los regionalistas presentarse como un partido de centro-derecha, otorgando a los populares el papel de derecha-derecha. Sin embargo, esto es algo totalmente falso si tenemos en cuenta el origen, la evolución y las posiciones ideológicas de los líderes y los votantes del partido.

La respuesta de doña Yolanda podría tener su gracia como una idea ocurrente al hilo de una entrevista, como un guiño irónico a las preguntas de un medio de comunicación que, después de ganar las elecciones, le preguntó por la posibilidad de que el PSN optara por un gobierno de progreso. Probablemente no fuera otra cosa que la reacción molesta de alguien que prefería escuchar elogios y no que le recordaran que la derecha volvía a ser minoría en el Parlamento. Sin embargo, tengo la sensación de que son ya varios los casos en los que la derecha española y navarra han pretendido redefinir el significado de alguna palabra.

Algo similar ocurre cada vez que se debate sobre el franquismo o sobre la relación entre historia y memoria y no falta quien, desde las filas del regionalismo navarro, acusa de revisionismo a quienes defienden la recuperación de la memoria de los perdedores en la guerra civil. Y también en la misma línea van los esfuerzos del PP en estos últimos tiempos por travestirse como un partido obrero que defiende los intereses de los trabajadores. Basta un mínimo esfuerzo para poner en evidencia la falsedad y las contradicciones que se ocultan bajo estas burdas operaciones de marketing político.

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Como un buen amigo mío decía hace unos días, la fórmula ideada por Miguel Sanz de romper con el PP como manera de “asegurar con perspectiva de futuro la estabilidad del Gobierno Foral, es más que discutible” a la vista de los resultados de las elecciones de 2011. En realidad, es evidente que el planteamiento de Miguel Sanz iba más allá de la estabilidad de gobierno y pretendía mantener el control de la provincia y blindar una Navarra navarrista donde todo lo que suene a abertzale o, simplemente, a vasquista esté condenado al ostracismo.

Vale hacer unos simples números para ver que la fórmula de UPN+PSN ha pasado de 34 parlamentarios en 2007, a 28. Aunque se quisiera sumar a los 4 parlamentarios del PP, algo imposible a efectos reales, estaríamos hablando de 32 parlamentarios. Así pues, se puede decir que es precisamente este sector navarrista el que ha perdido realmente las elecciones. Joseba Santamaría se ha referido a ello muy gráficamente en un artículo titulado  “Coalición y derrota”.

Los resultados electorales han dejado al PSN en una situación complicada. Le han conferido un papel decisivo a la hora de conformar un gobierno, pero, en realidad, cualquiera de las alternativas que se le ofrecían tenía un claro coste político, sobre todo porque el socialismo navarro carece realmente de principios y convicciones, de modo que las decisiones se ven desde la ciudadanía como carentes de una base sólida y más motivadas por aspectos coyunturales y por intereses de aparato de partido.

El PSN tiene que recuperar la credibilidad y lo tiene complicado porque es más que evidente que ni tan siquiera ellos se creen lo que dicen. Ahora resulta que lo que en 2007 era imposible (un acuerdo de gobierno entre NaBai, PSN e IU) hubiera sido perfectamente factible y hasta deseable en 2011. Sin embargo, todos sabemos que la única razón por la que el PSN hace esta afirmación es precisamente que ahora ya no es posible porque los números no dan para ello. Bildu y la violencia de ETA vuelven a ser la excusa fácil para culpar a otros por no hacer lo que no se quiere hacer.

El PSN parece haber interpretado que su fracaso electoral en 2011 se ha debido no a su deriva ideológica y a su acuerdo para permitir que la derecha más rancia del Estado gobierne en Navarra, sino al hecho de no haber entrado en el gobierno. Al pactar con UPN, el PSN deja claras sus prioridades, abandona un espacio político interesante para quienes estén dispuestos a hacer política de izquierdas realista y se pliega al discurso antivasco del nacionalismo español más trasnochado que representa UPN.

Desde los tiempos de la transición a la democracia, Navarra se ha caracterizado por el enfrentamiento entre dos bloques que afirman lo contrario pero desde las mismas posiciones ideológicas, dos esencialismos representados hoy en día por UPN y Bildu. Ambos se necesitan, se buscan y se retroalimentan. El reto está en construir no desde la negación del que piensa de modo diferente, no en agruparse sobre las propias esencias para contar cuántos somos. Ese no es el camino, al menos no en Navarra. Ese es el mensaje de los resultados electorales. Aunque a corto plazo, la fórmula de Miguel Sanz va a permitir un nuevo gobierno UPN+PSN, a medio plazo es evidente que ha fracasado. Tampoco ha triunfado el polo soberanista de Bildu, convencido como estaba de que se iba a convertir en la segunda fuerza de Navarra pasando por encima de PSN y, sobre todo, de NaBai.

Frente a ellos, NaBai ha consolidado su espacio electoral, un suelo firme a partir del que construir, desde el que tender puentes, desde el que hacer política real. El crecimiento de NaBai no está entre quienes siguen alimentando un esencialismo nacionalista vasco y basan su acción política en la negación y el no por el no. Bildu ha recuperado ese espacio. NaBai es la única respuesta real a otra Navarra posible que supere la actual incomunicación entre navarros y nabarros. Ese discurso político está todavía por construir, pero hay ya muchos elementos para poder hacerlo.

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La actualidad política está centrada en estos últimos días en la decisión que pueda adoptar el PSN de cara a la conformación del próximo Gobierno de Navarra. Es normal que así sea, ya que de ello dependerá quiénes entrarán en el Gobierno y quiénes dirigirán la política navarra. Sin embargo, a pesar de ello, me da la sensación de que las cosas no van a cambiar tanto, ¿no?

Hay otro aspecto que, ante el deshojar de la margarita del PSN, está pasando más desapercibido y que a mí, sinceramente, me preocupa más. El problema no es otro que saber qué va a pasar con NaBai de cara al 2012 y de cara al futuro. Comentaba en un post anterior cómo los resultados de las elecciones permitían hacer una lectura más en negativo, sobre todo por la pérdida de votos de cara al Parlamento de Navarra, y otra más en positivo: el hecho de que NaBai hubiera resistido contra viento y marea y se hubiera mostrado como la fuerza nacionalista mayoritaria en Navarra y con unos resultados excepcionales en Pamplona.

La reconstrucción del espacio nacionalista en Navarra se presenta como una cuestión importante en los próximos años. Tras varios años de ilegalización, la Izquierda Abertzale Oficial no había podido concurrir a unas elecciones. Ahora sí lo ha hecho y ya saben cuál ha sido la respuesta de la población. También la sabemos los demás y es a partir de esa situación desde donde debemos comenzar a trabajar.

La irrupción de Bildu en el Parlamento hace que las cosas no sean como hace 4 años. Para Bildu se abre una prueba importante a partir de este momento y será a partir del arranque del trabajo en el Parlamento de Navarra cuando veamos a qué van a jugar. Hay algo que habrá que tener en cuenta y es que dentro de la coalición hay maneras muy diferentes de entender las cosas y la propia vida. Algunas de las declaraciones que hemos podido oír en las últimas semanas apuntan hacia un escenario difícil de gestionar por parte de Bildu, salvo que un golpe sobre la mesa de alguno de los comisarios políticos haga callar a los hasta ahora primeras espadas de EA. No sé qué cara habrán puesto los militantes de Batasuna más puros al oír hablar sobre la postura de Bildu respecto al Tren de Alta Velocidad, pero me lo puedo imaginar. Tal vez alguno haya sentido un poco de vergüenza después de lo que han estado diciendo al respecto de la postura de otras personas sobre este tema.

Bildu tendrá que resolver sus contradicciones internas y tendrá que definir cuál es el camino que quiere seguir y la manera de hacer política por la que vaya a optar. Desde NaBai no deberíamos perder tiempo ni esperar a ver qué pasa. Deberíamos aprender de lo que ha ocurrido en la CAV y leer correctamente el mensaje de la ciudadanía navarra y la peculiaridad de los resultados electorales en Navarra.

Hubo un tiempo en que un partido político pudo haber construido una manera diferente de hacer política, una manera distinta incluso de hacer un partido político. Así lo creí durante un tiempo, pero eso pasó. Cada cosa tiene su momento y su lugar y hay ocasiones en que surgen segundas oportunidades y otras no. Ahora mismo, existe una segunda oportunidad, pero la fórmula no pasa por seguir siendo un partido a la vieja usanza, ni por reconstruir viejas fórmulas que ya hace 10 años se abandonaron. Las cosas no han cambiado tanto como para pensar que esa vía vaya a conducir a nadie a buen puerto, salvo a los de siempre y, por mucho que algunos se empeñen, el futuro nunca está en el pasado. La segunda oportunidad pasa por una NaBai de verdad, la que la ciudadanía quiso construir, pero no pudo ser. Esa oportunidad sigue existiendo si hay voluntad para intentarlo.

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