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Posts Tagged ‘Mayor Oreja’

Ya en el siglo XIX advertía el político liberal inglés John Stuart Mill (1806-1873) sobre el peligro que podría suponer para el sistema político inglés y los derechos de sus ciudadanos lo que él denominó la “tiranía de la mayoría”, consistente en que la voluntad del pueblo expresada a través de las urnas se convirtiera tan solo en la voluntad del grupo mayoritario, dándose una situación de opresión de las minorías, producto de la escasa calidad democrática de su país por aquel entonces. Esta tiranía de la mayoría puede ser más grave que otros tipos de opresión, puesto que deja menos vías de escape que otras formas de dominio –como las dictaduras- que, si bien menos legítimas, pueden provocar una mayor reacción social en su contra. Por otra parte, Mill aseguraba que la sociedad –especialmente el sector mayoritario, pero también muchos de los oprimidos- no era demasiado dada a la reacción, prefiriendo la homogeneidad a la siempre incómoda disensión. Además, contiene el argumento-trampa (parafraseando al inigualable Mayor Oreja) de la legitimidad de la mayoría que, si bien tiene todo el derecho a gobernar, debe respetar unos derechos mínimos de todos los ciudadanos, incluidos los discrepantes.

Mientras leo su libro titulado “Sobre la libertad”, donde expone sus principales ideas al respecto, no puedo evitar que acudan a mi memoria numerosos ejemplos donde, en nuestra modernísima Navarra y siglo y medio más tarde de las advertencias de Mill, derechos básicos de los ciudadanos no son respetados por los partidos mayoritarios. Así, vivimos diariamente vulneraciones en temas como euskera, marginación sistemática de sindicatos y/o partidos no afines, ley de partidos, legislación en contra de símbolos –como la ikurriña- queridos por una gran cantidad de ciudadanos, intento del PSN de subir el umbral mínimo para obtener representación en el Parlamento del 3 al 5%…

Pero no olvidemos que esos intentos de totalitarismo necesitan de una mayoría que sea, al menos, conformista con la situación. ¿A qué es debido? Desde luego, en muchos casos, a la poca calidad democrática e indiferencia de muchos de nuestros conciudadanos, a los que no preocupa en absoluto la situación del vecino mientras ellos vivan de acuerdo a sus expectativas. Muchas personas tienen un odio tal a la cultura vasca que todo les parece bien con tal de erradicarla de nuestra tierra. Pero también se da una enorme situación de ignorancia respecto del diferente. En el plural entorno que nos rodea no es difícil encontrarnos con personas que, pese a residir en un radio de una decena de kilómetros, pueden estar toda su vida viviendo “realidades paralelas”. A modo de ejemplo, la semana pasada el tema “estrella” para un grupo de amigos fue la huelga general del día 21, sus causas, justificaciones y posibles repercusiones, mientras que el día 20 hablé con otras personas –trabajadores en una empresa industrial de Iruñerria- que ni tan siquiera sabían de su existencia. Y lo mismo sirve para tantos otros aspectos de nuestra vida diaria…

Por ello, no creo que sea imprescindible sentir una gran euskofobia para no sentir nada ante leyes o decretos que, como el del vascuence, provocan ira e impotencia entre los euskaldunes. ¿Cómo van a sentir empatía ante nuestras quejas si ni tan siquiera parecen saber que existimos o qué pensamos? Si a todo este cócktel de ignorancia e indiferencia le añadimos la “mezcla-excusa” de ETA, ¿qué muestras de apoyo esperamos recibir de esa gente? La única solución es visibilizar nuestra situación de un modo crítico pero también racional. Educación, educación y educación, y pedagogía, pedagogía y pedagogía, para convencerles de que no estamos pidiendo la Luna, sólo respeto a unos derechos básicos… Y, sobre todo, más comunicación, que dejen de vernos cuernos y rabo cada vez que oyen hablar euskera o una camiseta de la selección de Euskadi.

Por cierto, Mill también fue el primer parlamentario que llevó la causa de la igualdad real de derechos de la mujer al Parlamento Inglés, logrando –junto a su esposa Harriet Taylor- que paulatinamente se fuera reconociendo su igualdad real y admitiendo que la inferioridad que todo el mundo presuponía a la mujer era consecuencia, principalmente, de una diferente educación. Deseo (esperar se me antoja demasiado optimista) que Barcina, ahora que se encuentra por fin al frente de su partido (me refiero a UPN, aunque se podría pensar en el PPN) y quien tanto tiene que agradecer a políticos audaces como él, lo demuestre desechando la educación segregadora por sexos que ya en el siglo XIX tanto daño hacía a las de su género, al mantenerles en una situación de inferioridad de oportunidades respecto de los varones, y de paso aprenda que no es demócrata quien recibe más votos (Hitler consiguió hasta un 38%) sino quien respeta, al menos, los derechos básicos de las minorías.
Zortzen[1]

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20090519_MayorOreja“Mi bisabuelo se esforzó para que sus hijos no se encerrasen en el granero. Prohibió que hablaran el vasco en casa, para que aprendieran bien el español”. Con esta perla se ha descolgado hace escasos días el cabeza de lista del PP a las elecciones europeas. A pesar de que de alguien como Mayor Oreja uno puede esperar cualquier barbaridad, la verdad de que este señor tiene la capacidad de seguir sorprendiéndome.

Las declaraciones del político guipuzcoano muestran un desprecio total y absoluto por el euskera y las realizó además, en Barcelona, en un contexto de crítica al catalán como lengua vehicular en las escuelas y donde se manifestó contrario a que el catalán pudiera llegar a ser lengua oficial en el Parlamento Europeo. En su opinión habría que defender el español y dejarse de tonterías pueblerinas que no nos llevan a ningún lado.

Esta manera de entender la realidad esconde, tras argumentos de practicidad o interés general, una posición política que es exactamente la que se critica y se niega en el contrario. Mayor Oreja es un nacionalista español que fundamenta su discurso en un esencialismo antidemocrático o tal vez habría que decir predemocrático. A don Jaime seguramente le parecerá aberrante que, por las mismas razones prácticas y de interés general a las que él se refiere, nos dejáramos de pamplinas, nos olvidáramos del castellano y pasáramos a utilizar todos el inglés que, de hecho, es ya la lengua vehicular en Europa y en todo el mundo. O, pensando en Europa, podríamos recuperar el latín como lengua común y oficial y descartar el resto. No, no se rían, que hay quien lo defiende y en serio.

El gran argumento político de Mayor Oreja y de muchos otros como él en el PP es precisamente la existencia de un nacionalismo excluyente (vasco, catalán, da igual, cualquiera que no sea el suyo) que trata de imponer el uso de una lengua y unas señas de identidad sobre el conjunto de una sociedad. Frente a ello lo que hacen no es sino lo que condenan en los demás: defender el español como única lengua útil de comunicación de modo que el euskera, el catalán, el gallego, el valenciano… no sean sino simples anécdotas del paisaje peninsular, curiosidades para que algunos se diviertan en estudios de carácter filológico, etnográfico o antropológico.

El euskerano ha supuesto históricamente ningún problema para la derecha conservadora y para el tradicionalismo siempre y cuando no se utilizara como una seña de identidad política, siempre y cuando se tratase de algo propio del paisaje costumbrista que daba colorido y cierta gracia al folklore local. El euskera era contemplado como una curiosidad de museo, una rareza en esa España (todavía imperial en la imaginación de algunos), algo sobre lo que conversar en las tertulias y los cafés. Se podía hablar sobre el euskera, siempre y cuando no se cometiera la torpeza de hablar en euskera. La lengua culta, honorable, no era otra que el castellano o español (que son y no son lo mismo, aunque a ello tal vez me refiera en otro momento). En otras palabras, había que hablar en cristiano.

Sin embargo, Mayor Oreja sabe, aunque trate de ocultarlo, que el euskera ya no es la lengua rural y despreciada como pueblerina e inculta que su bisabuelo prohibió hablar en su casa. El euskera tampoco es aquella lengua que hace algo menos Francisco Franco prohibió hablar a todos (imagino que a la familia de don Jaime ya no le importaría). El euskera se está convirtiendo, con grandes esfuerzos y a pesar de todas las trabas que algunos quieren poner (UPN, con la connivencia de CDN y PSN, es un ejemplo) en una lengua útil no solo en la esfera privada, sino también en la calle, en el trabajo, en la escuela y en la Universidad.

El euskera es ya una realidad a nivel local, en Euskalherria. Contra eso poco pueden hacer en la CAV. Algo más están haciendo, lamentablemente, en Navarra e Iparralde. Es también una realidad, o al menos saben que existe, en España. La ocupación de Mayor Oreja y otros como él al respecto no es otra que impedir que el euskera (y el catalán, etc…) llegue a las instituciones europeas y pueda tener una presencia internacional normalizada. Sería un reconocimiento de una realidad regional que bien podría llegar a ser nacional, y eso los pone tremendamente nerviosos.

A los nacionalistas españoles se les llena la boca hablando de respeto a la pluralidad cuando, dentro de casa, se trata de defender al español frente a las lenguas minoritarias. Pero nunca defenderán esa misma pluralidad cuando tienen ocasión a nivel internacional, ya sea en el Parlamento Europeo, ya sea impulsando la presencia del euskera, catalán, gallego, etc… en las actividades organizadas desde las Embajadas o desde el Instituto Cervantes. Y luego se preguntarán por qué no nos sentimos españoles ni estamos cómodos en España.

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20090512_AjuriaeneaEl pasado día 5 de mayo Patxi López era elegido Lehendakari con el apoyo de los parlamentarios de PSE, PP y UPyD. 39 parlamentarios que no serían más que 35 si todas las ideas políticas hubieran podido presentarse a las elecciones y que representan a 486.423 votos, frente a los 500.312 votos de apoyo que recibió Juan José Ibarretxe (PNV, Aralar y EA, ya que EB (36.373 votos) decidió abstenerse. PSE, PP y UPyD representan al 42,35% de los votos, frente al 42,55% de PNV, Aralar y EA (46,43%, frente al 47,75% si no tenemos en cuenta los nulos). El porcentaje se eleva hasta el 51,22% si a los partidos nacionalistas les sumáramos a EB.

Las ganas que algunos tienen de dar un cambio de timón en el País Vasco parece que lo justifican todo (aunque nos suenen argumentos de PP y PSOE para defender justo lo contrario de lo que ellos están llevando a cabo en Euskadi). Parece que el placer de mandar a la oposición al nacionalismo es suficiente para restar importancia a estos números y hablar de la victoria de Patxi López. Por ello mismo, creo que es importante volver a insistir en unos dígitos que hablan por sí solos. En política es evidente que la aritmética que vale es la del Parlamento y las mayorías parlamentarias. La mayoría en el legislativo vasco es la que es y por tanto Patxi López será Lehendakari con toda la legitimidad que le da el Parlamento Vasco. Pero no por ello deja de ser una situación forzada, un relevo democrático pero hecho contra el sentir mayoritario de la sociedad vasca.

Y aquí es donde algunos argumentos empiezan a darme miedo. La alternancia de gobierno, dirán algunos, es necesaria y refrescante en democracia. Pero es igualmente necesaria y refrescante en otros lugares (Andalucía, Extremadura, Castilla la Mancha, etc.). El pacto entre PSOE y PP no es frentista, sino algo lógico dada la situación, dirán otros. Pero lo cierto es que es más frentista que el tripartito, que al menos podrá decir que contaba con una fuerza (EB) no nacionalista. Además, curiosamente, el pacto PP-PSOE sólo parece posible en Navarra y la Comunidad Autónoma Vasca: será un elemento más del hecho diferencial vasco, como he dicho en otro lugar.

Sin embargo, todo esto no son sino argumentos formales, para vestir la cruda y desnuda realidad: aunque el País Vasco no lo sepa, necesita un gobierno no nacionalista, ya que esa es la única manera de normalizar la política y la sociedad vascas. Esa decisión, tomada desde fuera del País Vasco, recuerda demasiado (y me van a perdonar algunos amigos por forzar algo el argumento) el lema del despotismo ilustrado: gobernar para el pueblo, por el pueblo, pero sin el pueblo. Parece que algunos, no faltos de ciertas dosis de paternalismo, parecen tener claro qué les conviene a los vascos, a pesar de los vascos. No he olvidado la frase de Aznar, tras perder Mayor Oreja las elecciones de 2001, en la que decía que el País Vasco no “estaba maduro” para el cambio y trataba de explicar los resultados como si el pueblo vasco no hubiera entendido bien su mensaje (ya que de haberlo hecho habría ganado, claro está). Mientras los números no se lo han permitido, nada han podido hacer, pero tras la ilegalización de los que antes (no hablo de 1980, sino de 2005) sí podían presentarse, pero ahora no, los números dan y se han puesto manos a la obra.

PSE+PP+UPyD son lo que son, una minoría en el País Vasco y sería bueno que no lo perdieran de vista. La realidad es tozuda y suele resistirse a manipulaciones tan poco hábiles. A pesar de que Patxi López cosechó unos buenos resultados, no podemos olvidar que no ganó las elecciones, más bien todo lo contrario, las perdió claramente al haber fijado su estrategia en su victoria sobre el PNV.

López no planteó la campaña como un choque entre frentes: españolista y nacionalista. Ese fue probablemente el acierto del socialista que en campaña llegó a negar que pactaría con el PP y habló de transversalidad para terminar conformando un frente con el objetivo de sacar al nacionalismo vasco del poder. “Las circunstancias actuales y las actitudes que manifiestan López y Basagoiti —ha afirmado recientemente un buen amigo mío en su blog— son diferentes a las protagonizadas por Mayor Oreja y Nicolás Redondo en 2001, por más que Ibarretxe pretendiera ayer demostrar lo contrario en su discurso. El cambio fue entonces tan directamente buscado y cantado (haciendo buenas las etiquetas de ‘bloque constitucionalista’ y ‘frente españolista’), fueron tan señaladas las afinidades personales entre los artífices del deseo, que esa posibilidad se desvaneció como por obra de encanto, sin lograrse el resultado electoral apetecido. No ha sido así en esta ocasión”.

Evidentemente, López no cometió el error de Mayor Oreja: no planteó un debate entre nacionalistas y no nacionalistas. El hecho diferencial vasco se manifestó con rotundidad en Euskadi en 2001, dando una patada en las posaderas a Mayor Oreja que lo haría rodar hasta Bruselas. Aquella pintada que decía “A Mayor Oreja, Mayor Sordera” sirvió para que López no cometiera el mismo error. Pero se podría decir que lo que ha hecho Patxi López es peor que lo que hiciera Mayor Oreja, ya que al menos éste fue con la verdad por delante.

El PSE habló en Euskadi de transversalidad, para pactar finalmente con el PP. El PSN habló en Navarra de cambio desde la izquierda, para terminar echándose en brazos de UPN. ¿Quién les creerá en el futuro?

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