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Posts Tagged ‘Ética’

Deleznable

Ayer, por segunda vez en menos de un mes, el coordinador de un partido político con el norte perdido, procedió a utilizar las formas más rastreras de la política más cicatera que se puede aplicar. En un intento de descalificar a oponentes políticos, aunque para llegar a su escaño le ofrecieron una cobertura muy generosa, se aferra a un artículo de prensa dando por bueno todo lo que se dice y sin contrastar absolutamente nada con las personas afectadas, compañeras de viaje hasta el 20 de noviembre. Y lo más indignante de todo ello es pretender encubrir con un aire de dignidad y coherencia política lo que no es mas que una venganza fruto de la frustración que ha producido un muy mal resultado de su estrategia política.
Confío, aunque cada vez menos, que recapacite y vuelva al camino de la razón. No puede ser que unas actuaciones sean juzgadas sin ser comprobadas y no resulta aceptable pedir a otras personas por posibles errores cuando este político justificó para sí mismo un error suyo real y públicamente conocido.
En política no todo vale y pretender igualar la actuación de gobernantes corruptos con otras situaciones o caer en la estrategia de que todos los políticos son iguales solo traerá como resultado el populismo y la frustración.

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No se han podido resistir. Es cierto que el dulce era muy goloso, pero la verdad es que creía que, al menos en esto, iban a poder reprimir el deseo irrefrenable de castigar al rival político. Además, tras un par de patinazos en sus críticas –la portavoz del PSE Idoia Mendia se cubrió de gloria en sus comentarios sobre el museo Guggenheim, demostrando que le sobran ganas de airear “trapos sucios” y le faltan datos para ello– podría parecer que iban a levantar un poco el pie del acelerador. Pero no. Ha tenido que llegar el primer mazazo de ETA para tener que soportar su falta de ética y comprobar, una vez más y a pesar de que ya han llegado a su ansiado poder, que el dolor de las víctimas sigue siendo un flujo de votos demasiado importante como para dejarlo correr sin más.

Y eso que mientras los partidos nacionalistas –especialmente el PNV– han tenido que soportar durante años injustas críticas ante la gestión de la violencia, y poco menos que acusaciones de complicidad o connivencia (la famosa “ambigüedad”), sólo por abogar por un final dialogado de la violencia y el respeto de los derechos humanos de todas las personas, no ha habido afán de revancha sino solidaridad en los días posteriores al asesinato de Eduardo Puelles.

Y eso que el asesinado no llevaba escolta ni servicio de contravigilancia, a pesar de que –como ellos mismos afirman– era un miembro destacado de la lucha antiterrorista (¿qué habríamos tenido que oír si Ibarretxe fuera el Lehendakari?).

Y eso que las medidas de autoprotección dictadas por el Ministerio del Interior han fallado.

En la reacción posterior al asesinato, han destacado los elogios hacia EITB y el nuevo Gobierno Vasco por su reacción ante el atentado, cuando los propios miembros de EITB han reconocido que su respuesta ha sido similar a la demostrada en ocasiones anteriores y el nuevo director apenas llevaba un día en el cargo. Mientras que antes se criticaban las “erróneas directrices” en la lucha antiterrorista dictadas desde Ajuria Enea, ahora se alaban, sin que se nos hayan explicado cuáles son las diferencias, aparte de unos discursos quizás más contundentes y agresivos pero con las mismas consecuencias prácticas… ninguna. Por si esto fuera poco, desde todo tipo de ámbitos, incluidas las víctimas, se dice cómo tienen que actuar los futuros gobiernos (emulando a éste, claro), aunque no se sabe qué ha variado respecto de la reacción al asesinato, por ejemplo, de Inaxio Uría, cuando Ibarretxe era el Lehendakari.

Todo esto, al fin y al cabo, entra dentro del juego político, pero lo que me parece indignante son las constantes referencias a la supuesta permisividad hacia la violencia de los anteriores gobiernos vascos. Frases como “ahora se les ha acabado la impunidad”, además de indignar a gente que incluso ha estado en el punto de mira (hasta cinco intentos de atentado tuvo que sufrir Juan Mari Atutxa), dan a entender una resolución inmediata del conflicto armado, permitiéndose incluso el lujo de poner fecha al final de la violencia.

La hemeroteca está llena de declaraciones más o menos ampulosas, haciendo referencia a la inminencia del final de ETA. Una de las más sonadas, aquella del entonces ministro de Interior Mayor Oreja asegurando que, en cuatro años, acabaría con ETA. Trece años después, seguimos igual, y mucho me temo que mientras la clase política dominante en España esté formada por irresponsables que anteponen su afán de protagonismo, el titular pomposo y la foto impactante a la resolución de los problemas, tendremos violencia para rato.

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