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Posts Tagged ‘Tradicionalismo’

Es bien conocida la obsesión que el navarrismo ha mostrado históricamente por alejar a Navarra todo lo posible de Euskadi. El navarrismo no es sino una versión local del nacionalismo español más rancio e interpreta que cualquier acercamiento de Navarra a Euskadi podría llevar a la desaparición de Navarra, de la Navarra de verdad, la que responde a la esencia del antiguo reino, construida por la historia a lo largo de los siglos. En esa Navarra del navarrismo poco o nada importa la opinión de los navarros, ya que las mayorías también se equivocan si se les deja opinar sobre algo tan trascendente como la identidad y el Ser.

Tercos en sus posiciones, durante años han puesto como excusa para no avanzar en una más estrecha colaboración con la Comunidad Autónoma Vasca el no respeto de los sucesivos gobiernos del PNV para con la realidad y la diferencialidad navarra. Si alguien creía que el cambio de gobierno en la CAV, con un socialista apoyado por los populares como Lehendakari, iba a permitir la normalización de las relaciones entre Euskadi y Navarra se equivocaba de medio medio.

Para UPN, la normalización de las relaciones de vecindad entre Navarra y la CAV se basa en que “los vascos” dejen en paz a “los navarros”, es decir, que no haya relación alguna. De ese modo y sólo de ese modo los navarros de bien podrán descansar y dormir tranquilos sin esas pesadillas colectivas en las que unos seres vestidos con pieles de oveja latxa y txapela, armados con makila de pastor, hablando la lengua del demonio y gritando irrintzis bajan de las montañas para invadir el solar navarro. Por cierto, unos personajes muy parecidos a los que Jaime del Burgo retrató en su novela El valle perdido (1942), como reserva espiritual de Occidente y garantes de los valores patrios que permitieron la resurrección de la patria en 1936. Es curioso cómo cambian las cosas.

Todavía recuerdo la polémica suscitada en 2004 en torno al eje de alta velocidad entre el Cantábrico y el Mediterráneo y la propuesta de Patxi Zabaleta de que la Y vasca de alta velocidad se convirtiera en una X vasco-navarra de modo que la Comunidad Foral no quedara fuera de la red del AVE. En esta cuestión del AVE, como en otras que tienen que ver con infraestructuras (el empeño de crear una nueva vía hacia Francia por Alduides, a pesar de que Francia no quiera, es un ejemplo), la prioridad de UPN se centra en cortar lazos con Euskadi, no en defender el bienestar y las necesidades reales de los navarros. No hace mucho pude asistir a una conversación entre ex-altos cargos de Diputación en la que hablaban de aquel vascófilo de Urmeneta que quiso prolongar la autopista de Navarra llevándola hasta San Sebastián… La cosa no fue tan lejos y todo se quedó en un tramo de autopista entre Pamplona e Irurtzun.

Ahora mismo la cuestión que puede centrar el debate durante un cierto tiempo es la eurorregión impulsada por Euskadi y Aquitania, abierta a la participación de Navarra, un proyecto al que Miguel Sanz se ha apresurado a decir que NO. No se trata de algo nuevo, ya que dicha eurorregión se planteó ya en 1992 entonces sí con la presencia de Navarra, presidida por Juan Cruz Alli, pero en el año 2000, el propio Miguel Sanz fue el que sacó a Navarra de dicho ente. El beneficio para Navarra si participa en la eurorregión es incontestable e incuestionable, pero la presencia en un órgano común con Euskadi es algo a lo que los navarristas siguen oponiéndose.

En su defensa de Navarra, UPN, como otros antes que ella, sigue en la brecha sacrificando todo lo necesario, hasta el bienestar de los propios navarros. Esto, que pudiera parecer una contradicción, no lo es en realidad, porque lo que preocupa a UPN no son los navarros, sino Navarra, el Ser y la esencia de Navarra. Los tics tradicionalistas en UPN siguen muy arraigados y afloran constantemente. Aunque la mona se vista de seda…

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20091005_derecha_centro“Fragmentos del centro-derecha navarro”, es el título de un artículo interesante que publicaba Diario de Navarra el domingo 4 de octubre. Interesante por lo que decía, pero sobre todo por lo que no decía.

La consolidación de UPN desde su aparición en 1978 como gran marca (o coalición) del centro-derecha navarro pudo llevarnos a pensar en algún momento que la derecha no tenía diferencias ideológicas importantes. Sin embargo, se trataba de una burbuja sustentada por el calor del poder. Las familias políticas de tradicionalistas, liberales, demo-cristianos, aderezadas con fuertes dosis de personalismos y de buscadores de favores políticos se ocultaban tras unas siglas que daban cohesión porque se veían firmemente instaladas en el poder a corto, medio y largo plazo, con la inestimable ayuda de los socialistas (salpicados por la corrupción, primero, y apoyando desde la oposición a los gobiernos de UPN, después). La aparición de NaBai removió las bases de la seguridad de la derecha navarra y el susto de 2007 obligó a replantearse muchas cuestiones.

La acusación de artificialidad que desde UPN se lanza a NaBai, “unidos sólo por el nacionalismo”, se podía aplicar perfectamente a UPN, unida exclusivamente por su navarrismo excluyente que no es sino un caso más de nacionalismo español, pero más aún, unida fundamentalmente por su apego al poder. Lo ocurrido esta legislatura no hace sino constatar este aspecto.

Con todo, lo más interesante de este artículo son algunos “olvidos” a la hora de repasar la historia del centro-derecha navarro liderado por UPN. Los regionalistas, obligados a mirar desde su ruptura con el PP en dos caladeros de votos diferentes, parecen querer presentarse como una alternativa moderada, centrista, aunque eso sí, firmemente convencida de la españolidad de Navarra y con un enemigo claro: el nacionalismo vasco. La contradicción es evidente y es que a quien no se cree de verdad lo que dice se le suele terminar viendo el plumero de tanto hacer guiños a un lado y a otro.

El “olvido” de Diario de Navarra está precisamente en el origen de UPN y en lo que es su seña de identidad. No todos saben que UPN nació como reacción contra la Constitución de 1978 y que el nacimiento de la Unión del Pueblo Navarro recogió el aporte de la Alianza Foral Navarra de Javier Nagore Yárnoz. El repaso de nombres y siglas que hace el artículo del rotativo navarro, con una mirada nostálgica a una Edad de Oro de la derecha navarra, pero sobre todo con una memoria muy selectiva, deja fuera de la foto política a aquella formación de tan escaso talante democrático y tantas dosis de tradicionalismo.

UPN nunca ha estado en el centro político navarro y si ha recogido bajo su techo a sensibilidades de centro ha sido temporalmente y con no pocos problemas (que se lo digan si no a Juan Cruz Alli). Los regionalistas se han sentido más cómodos con un discurso de derecha ultramontana con un fuerte componente anti-vasco como todos hemos podido comprobar. Por otro lado, UPN nunca ha condenado la dictadura franquista y su postura al respecto ha sido incluso más beligerante que la adoptada por el propio PP.

Sólo la táctica planteada por Miguel Sanz de colaboración con el PSN ante la constatación de que ese discurso le llevaba a la pérdida del poder ha hecho que UPN emprendiese una operación de maquillaje que puede convertir el famoso giro al centro del PP de Aznar en una excursión mañanera. El problema de Miguel Sanz, al igual que José María Aznar, es que conservan antiguas brújulas con un Norte muy marcado y terminan perdiéndose cuando lo que buscan es el centro.

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20090909_Obama_EducacionQue la educación no lo es todo en la formación de la opinión de las personas es más que evidente. De haber sido así, todos los nacidos antes de la muerte de Franco seríamos unos franquistas convencidos y no habría opiniones críticas con la Iglesia, responsable de la educación de muchos. Son múltiples las variables que influyen en la formación de la personalidad y de las convicciones políticas, éticas, religiosas o del tipo que sean. Evidentemente, las ideas que se comparten en casa, en la familia, explícita o implícitamente son un factor muy importante a ciertas edades. Algo después, la opinión de los amigos y de las parejas es otro elemento a tener en cuenta. Cada persona va consolidando y reforzando sus puntos de vista tomando datos e informaciones de aquí y de allá.

Con todo, la educación es una pieza clave en ese proceso. No es casual el desencuentro entre los dos grandes partidos estatales en esta materia, ni es un capricho que cada vez que hay alternancia en el Gobierno de Madrid se vuelva a reformar la Ley de Educación. Tampoco los programas de la televisión pública se libran de un enfoque u otro dependiendo de esa alternancia en la Moncloa. Es indudable que programas como Cuéntame o incluso Los Lunnis cambiaron algunos matices desde la llegada al poder de Zapatero.

Una de las últimas grandes polémicas se planteó en torno a la asignatura de Educación para la Ciudadanía. La escasa calidad de los valores democráticos y de respeto a lo diferente que podemos ver en un amplio sector de la población española hace más que aconsejable una asignatura en que se eduque a ciudadanos. Al margen de las convicciones que cada cual pueda tener no puede ser interpretado como una imposición o como un lavado de cerebro el enseñar a respetar (no a compartir, sino a respetar) las creencias y opciones de los demás, de otros ciudadanos con los mismos derechos y deberes que nosotros, pero con opiniones, estilos de vida y creencias diferentes.

No soy ningún infeliz y sé también que es innegable el afán ideologizante del PSOE de los últimos tiempos. En realidad los socialistas en ocasiones lo que están haciendo no es sino emular a quienes critican y tratar de imponer una determinada y excluyente manera de entender la vida. Es lo que se desprende de algunas de sus últimas decisiones.

Sin embargo, lo preocupante en estos temas es la irracionalidad y visceralidad con que se acometen algunos debates. Estos días, en Estados Unidos se está generando una importante polémica en torno a la alocución de Obama a los escolares de Estados Unidos en el arranque del presente curso. Recordando en gran medida a la reacción de algunos contra la Educación para la Ciudadanía se ha acusado a Obama de hacer propaganda con los más pequeños y de querer “influir en las opiniones poco formadas de los menores”. Algunos centros ya habían anunciado que no emitirían el discurso del presidente de los Estados Unidos y hay padres y madres que han advertido de que no llevarán al colegio a sus hijos. Objeción de conciencia o boicot, todo con tal de no contaminar unas inocentes mentes con ideas extrañas.

Hay quien, por lo que parece, prefiere que sus hijos sólo oigan una opinión, la suya, la única verdadera, la única posible. Prefieren poner una venda ante los ojos de sus hijos, ponerles unas orejeras de modo que no se salgan de la senda correcta que ellos han decidido y les han marcado previamente. Es más, prefieren, por lo que parece, negarles la evidencia de la existencia de lo diferente, lo distinto para que no se sientan tentados por ello. Ese reduccionismo sólo genera incomprensión, desconocimiento e intolerancia, además de ser profundamente hipócrita, ya que lejos de educar, fomenta la ignorancia. La realidad es tozuda y por mucho que queramos negarla, salvo que nos encerremos en guetos y nos aislemos del mundo, vamos a convivir y entrar en contacto con personas muy diferentes a nosotros. Entender esa realidad plural y diversa y aprender a respetarla se consigue escuchando a los que piensan de un modo diferente, no negándoles la palabra.

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Rouco y compañíaHay una serie de logros sociales, laborales, económicos o políticos que, tras mucho pelear y más sufrir, much@s de nuestr@s antepasad@s obtuvieron y generosamente nos legaron, con el añadido de que la mayoría de ell@s no pudieron disfrutarlos. Curiosamente, hoy es el día en que esas ideas tan combatidas en otro tiempo por los sectores más tradicionalistas de la sociedad son asumidas con normalidad por la inmensa mayoría de la misma, incluyendo los descendientes de sus más funestos perseguidores, e incluso por muchos de ellos. Asumiendo que todos tenemos nuestras contradicciones, al menos algunos tratamos de afrontarlas sin decir a los demás cómo tienen que vivir su vida. Desde ese punto de vista, gracias a ese esfuerzo generoso se han ido ganando espacios de libertad. A modo de ejemplo, hoy en día la sociedad en su conjunto ve con normalidad el hecho de que exista el sufragio universal o la democracia como forma de gobierno (rechazando al menos de modo teórico los sistemas totalitaristas que se ensalzaban anteriormente), cuando a principios del siglo XX los agoreros de turno pronosticaban el caos y desastre más absoluto si eso se producía. También la libertad de prensa e información, así como la educación universal, estuvieron hasta hace bien poco en el punto de mira de estos demagogos de la libertad, mientras que en la actualidad pretenden erigirse en sus más firmes defensores, con una hipocresía infinita. Qué decir de la pena de muerte, la aceptación de la pluralidad política o sindical o de las diferentes expresiones artísticas. Por otra parte, la influencia de la Iglesia Católica ha quedado patente en el rechazo tradicional, incluso a nivel social, de temas como el divorcio, homosexualidad, métodos anticonceptivos o liberación sexual de las mujeres, entre otros asuntos que la sociedad ha ido aceptando con mayor o menor normalidad.

Igualmente, hoy es el día en que numerosos sectores de la sociedad tratamos de remar contracorriente y a pesar de los descendientes de ese pensamiento tradicionalista-conservador, que trata de imponer en todo tipo de ámbitos su ideología totalitaria. Sin rencores, les dedico desde aquí un “ez horregatik” sincero. Sin ánimo de desanimar, les diré que -por mucho que dediquen sus vidas a evitarlo- estoy seguro de que en apenas una o dos generaciones la mayoría de sus descendientes hablará la “lingua navarrorum”, y la valorarán como el principal valor cultural navarro que es, pues no todos los pueblos pueden disfrutar de la lengua más antigua de Europa. Tampoco tengo muchas dudas de que juzgarán la vida como un derecho, no una obligación, y el propio cuerpo como un medio para disfrutarla, independientemente de si creen que esa vida ha sido concedida por Dios, Alá, Buda, la energía que fluye del vacío infinito o la casualidad evolutiva, y por lo tanto verán en el aborto y la eutanasia, por poner dos ejemplos, sendos medios para disfrutar de una vida digna, sin imposiciones religiosas. Igualmente, espero que temas que actualmente se abordan con una absoluta hipocresía, como la prostitución o la existencia pseudo-legal de drogas más o menos blandas, por fin se regulen sin desfasadas cortapisas morales, que no hacen más que permitir que los necesarios debates en torno a esos temas languidezcan sin encontrar ninguna solución satisfactoria para las principales interesadas. Muchas más son las cuestiones que me vienen a la cabeza (transexualidad, derecho de autodeterminación de los pueblos, respeto a TODOS los derechos humanos para TOD@S), y pese a la dificultad aparente que conlleva el afrontarlos, no puedo más que pensar cuánto más duro era el camino que iniciaron otr@s, y que muchos de los privilegios de los que actualmente disfrutamos sin plantearnos siquiera su existencia para ell@s no pasaban de ser sueños. A ell@s les debo un eskerrik asko, y a nuestr@s actuales oponentes político-ideológicos (y a sus hijos y nietos, que son quienes lo disfrutarán a pesar de ellos), les diré: ez horregatik.

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20090703_tradicionesSomos un pueblo muy aferrado a las tradiciones. Son muchos y muy variados los actos tradicionales que celebramos en todos los rincones de Euskal Herria. Vascos y navarros hemos mirado constantemente al pasado buscando nuestras señas de identidad y hemos sido y somos celosos guardianes de ritos y ceremonias, religiosos y civiles, en los que encontramos elementos simbólicos cargados de significados con los que nos sentimos identificados.

No hay un solo pueblo de toda Euskal Herria donde no se conserve una tradición inmemorial que repetimos año tras año de forma inalterada —o al menos eso creemos o queremos pensar— a lo largo de los siglos. Esas tradiciones incluso se “recuperan”, tras años de abandono y olvido. Este apego al pasado, a las tradiciones (este peso que la historia tiene en el debate político y que nos convierte en ocasiones en esclavos de la historia), no es algo exclusivo del pueblo vasco, pero tiene en nuestras tierras algunas significaciones peculiares.

En más de una ocasión me ha tocado oír con un tono un tanto irónico y despectivo que “todo navarro lleva en el fondo a un tradicionalista” o a un carlista. Y lo cierto es que a pesar de que Navarra ya no es la Navarra mayoritariamente carlista de mediados del siglo XX (y que el carlismo actual tampoco es el de 1936), a la frase no le falta algo de razón.

Las tradiciones no son ni buenas ni malas, son parte de acervo cultural de un pueblo o de un grupo. Se trata, en general, de elementos culturales necesarios que nos dan respuestas acerca de nuestro pasado, un pasado muy rico en nuestro caso. El problema, como en tantas cosas, está en perder el necesario equilibrio entre tradición y renovación, está en dar un excesivo valor a dichas tradiciones, pretendiendo repetirlas como si de un ritual mágico se tratara, gesto a gesto, paso a paso, convencidos de que han permanecido y deben permanecer inalteradas con el paso del tiempo. Las tradiciones surgieron, nacieron o se inventaron de una determinada manera y por una determinada razón en un contexto histórico, social y político. Esas mismas tradiciones cambiaron con el paso de los años o los siglos y han llegado a nosotros con unas formas y una significación distinta de la que pudieron tener en su origen.

Pero, además de lo irreal de creer que una tradición ha podido llegar a nosotros tal y como se llevó a cabo la primera vez, es que, por definición toda tradición es anacrónica y extemporánea y, si lo que pretendemos es repetirla tal y como fue en un origen, dándole el mismo sentido, está fuera de lugar en nuestra actual sociedad porque, entre otras cosas, nos faltarían los códigos para comprender lo que representan.

Las tradiciones son valiosos elementos culturales. Son también, a nadie se le escapa, importantes desde el punto de vista turístico y económico. Qué decir de una fiesta como los Sanfermines. Sin embargo, creer que los Sanfermines de hoy en día (o las fiestas patronales de cualquier localidad) son lo mismo que hace siglos sería algo ridículo. Con forme pasa el tiempo, estas celebraciones cambian, adoptan nuevas formas y nuevos significados.

Es evidente que lo central en las fiestas patronales no es ya la celebración de unos días en homenaje al patrón de la localidad. Pensar que alguna vez han sido sólo eso es un error, ya que todas las celebraciones, además del aspecto religioso, han tenido siempre un componente de fiesta popular (adaptada a cada época y lugar). Pero, al mismo tiempo, querer eliminar de las fiestas el hecho de que sean celebraciones en honor al patrón sería reinventar un acto borrando el pasado y desvirtuándolo en cierta medida.

Otra cosa bien distinta es decidir cómo se actualizan estas tradiciones, cómo se adaptan a nuestra sociedad. Habrá que preguntarse si una Corporación municipal debe acudir o no como tal, en representación del pueblo, a una procesión religiosa en una sociedad laica y no confesional como la nuestra. Habrá que preguntarse si tiene sentido que sea un Ayuntamiento el que designe qué sacerdote oficiará la misa el día del patrón. Y cuando nos preguntemos por estas cuestiones nos llevaremos alguna que otra sorpresa al ver cómo en el fondo de algunos representantes de fuerzas políticas de izquierda o de extrema izquierda se esconde no un defensor de las tradiciones, sino un verdadero tradicionalista.

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