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Posts Tagged ‘Elecciones 2011’

Los resultados de las últimas elecciones han colocado a Aralar en una situación difícil. Es, a mi entender, una situación injusta con un partido político que ha aportado muchas cosas positivas en sus menos de 10 años de vida y que tiene mucho que ver en los pasos dados por Batasuna en los últimos tiempos. Sin embargo, como alguien me dijo una vez, la política no suele ser justa con sus protagonistas ni acostumbra conceder la razón a quien la tiene.

Batasuna ha jugado muy bien sus cartas y ha aprovechado una vaga promesa de paz junto a un discurso victimista para conseguir una vez más que una parte importante de la ciudadanía de este país (más en la CAV que en Navarra) volviera a confiar en ellos y sienta una cierta borrachera con el triunfalismo que transmiten (como si hubieran llegado a la meta y no a la línea de salida). Ante esta situación, a Aralar le quedan dos alternativas.

La primera de ellas supone, en realidad, echarse en brazos de Batasuna. Esta es, al parecer, la postura defendida mayoritariamente por los dirigentes de Aralar. La decisión se basaría, en realidad, en la prevalencia de la CAV en la toma de decisiones políticas del partido y sacrificaría, una vez más (como antes lo hicieron otras formaciones políticas) a Navarra y al abertzalismo navarro. A cambio de un pequeño espacio en esa Izquierda Abertzale dirigida por los de siempre (un espacio demasiado pequeño como para ser digno siquiera), Batasuna ha exigido a Aralar, como antes lo hiciera con EA, dinamitar NaBai.

En mi opinión, es más que evidente que si Aralar decide ir con Bildu quedará a los pies de los caballos, sin la ayuda de nadie y totalmente expuesto al momento en que Batasuna decida dar la puntilla final a su gran enemigo, una vez lo haya laminado y exprimido definitivamente y ya no le sea útil. La división de la militancia al respecto debe ser importante cuando la Ejecutiva de Aralar de Navarra, en una actitud sectaria más propia de Batasuna que de un partido democrático, una semana antes de celebrarse la Asamblea ha aparecido en prensa con un comunicado en el que se adelanta y arrebata a la militancia la decisión sobre estrategias y pactos electorales. Dando por rota NaBai, la Ejecutiva de Aralar de Navarra (no su militancia, sino su Ejecutiva) habla de buscar “otras fórmulas de colaboración con Bildu para comparecer de forma conjunta” y no parece que contemple la posibilidad de comparecer a las elecciones generales en Navarra como NaBai, sin Bildu, ni parece que vayan a preguntar a la militancia a este respecto.

¿Acaso hemos olvidado lo que Batasuna piensa de Aralar?

La segunda alternativa a la que me refería es volver al origen, regresar a una situación que ya se dio en el nacimiento de Aralar, con una importante implantación en Navarra y escasa en la CAV. Esta decisión sería coherente con los principios que impulsaron Aralar (y que nos sedujeron a muchos), con el respeto a la especificidad y la voz de Navarra (que nunca se dará en Batasuna, como queda claro en la última entrevista realizada a Txelui Moreno el grupo Noticias) y con la necesidad de una nueva cultura política que cambie de verdad, y no con un mero maquillaje de conveniencia, la Izquierda Abertzale. Aralar puede seguir jugando un papel importante en NaBai siempre y cuando no decida abandonar ese espacio para regresar a un lugar al que, en realidad, ya no pertenece, olvidando y despreciando, además, el dolor que Batasuna ha provocado en tantos y tantos aralarkides durante los últimos años.

Como dice Macaco, “volver al origen no es retroceder, quizás sea andar hacia el saber”.

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Hace unas semanas escuchaba cómo Yolanda Barcina hablaba sobre UPN como un partido progresista, porque era un partido que buscaba el progreso de Navarra. Respondía así a los comentarios de un periodista que la entrevistaba sobre las posibilidades que las elecciones del 22M habían abierto de cara a conformar un gobierno en la Comunidad Foral.

Progresista, según el Diccionario de la Real Academia Española tiene dos significados posibles. El primero alude al Partido Liberal Progresista que “tenía por mira principal el más rápido desenvolvimiento de las libertades públicas”. No creo que UPN pretenda reivindicarse como heredero del legado del partido progresista, del liberalismo progresista de Sagasta, enfrentado al Partido Liberal Conservador de Cánovas y al propio Carlismo y el Tradicionalismo, que tanto recorrido han tenido en Navarra y que tanto han tenido que ver en el nacimiento del partido que preside Yolanda Barcina. No parece que un partido surgido como escisión de la derecha navarra durante la transición, precisamente para pedir el NO a la Constitución de 1978, pueda erigirse como heredero del liberalismo progresista de Sagasta.

El segundo de los significados se refiere a alguien “con ideas avanzadas” y, sinceramente, tampoco sería el caso. Sin embargo, al pensar en ello me surge la duda de si precisamente UPN pueda estar pensando en reivindicar las ideas avanzadas que Sagasta pudo llegar a tener hace siglo y medio como programa y proyecto ideológico válido para este siglo XXI (hamaika ikusteko jaioak gara, que en versión española podría ser algo así como “cosas veredes, amigo Sancho”). Sin embargo, tras un leve momento de duda, he descartado también esta posibilidad.

Progresista es, efectivamente, quien quiere el progreso de una sociedad, pero no un progreso técnico, económico, desde posiciones conservadoras e incluso reaccionarias. El término progresista sigue teniendo el significado que tuvo en el siglo XIX, referido a quien reivindica libertades y derechos todavía no conseguidos y quiere lograrlos por medio de cambios rápidos, profundos y reales. El pacto de UPN con el PSN y la ruptura con el PP han permitido a los regionalistas presentarse como un partido de centro-derecha, otorgando a los populares el papel de derecha-derecha. Sin embargo, esto es algo totalmente falso si tenemos en cuenta el origen, la evolución y las posiciones ideológicas de los líderes y los votantes del partido.

La respuesta de doña Yolanda podría tener su gracia como una idea ocurrente al hilo de una entrevista, como un guiño irónico a las preguntas de un medio de comunicación que, después de ganar las elecciones, le preguntó por la posibilidad de que el PSN optara por un gobierno de progreso. Probablemente no fuera otra cosa que la reacción molesta de alguien que prefería escuchar elogios y no que le recordaran que la derecha volvía a ser minoría en el Parlamento. Sin embargo, tengo la sensación de que son ya varios los casos en los que la derecha española y navarra han pretendido redefinir el significado de alguna palabra.

Algo similar ocurre cada vez que se debate sobre el franquismo o sobre la relación entre historia y memoria y no falta quien, desde las filas del regionalismo navarro, acusa de revisionismo a quienes defienden la recuperación de la memoria de los perdedores en la guerra civil. Y también en la misma línea van los esfuerzos del PP en estos últimos tiempos por travestirse como un partido obrero que defiende los intereses de los trabajadores. Basta un mínimo esfuerzo para poner en evidencia la falsedad y las contradicciones que se ocultan bajo estas burdas operaciones de marketing político.

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Como un buen amigo mío decía hace unos días, la fórmula ideada por Miguel Sanz de romper con el PP como manera de “asegurar con perspectiva de futuro la estabilidad del Gobierno Foral, es más que discutible” a la vista de los resultados de las elecciones de 2011. En realidad, es evidente que el planteamiento de Miguel Sanz iba más allá de la estabilidad de gobierno y pretendía mantener el control de la provincia y blindar una Navarra navarrista donde todo lo que suene a abertzale o, simplemente, a vasquista esté condenado al ostracismo.

Vale hacer unos simples números para ver que la fórmula de UPN+PSN ha pasado de 34 parlamentarios en 2007, a 28. Aunque se quisiera sumar a los 4 parlamentarios del PP, algo imposible a efectos reales, estaríamos hablando de 32 parlamentarios. Así pues, se puede decir que es precisamente este sector navarrista el que ha perdido realmente las elecciones. Joseba Santamaría se ha referido a ello muy gráficamente en un artículo titulado  “Coalición y derrota”.

Los resultados electorales han dejado al PSN en una situación complicada. Le han conferido un papel decisivo a la hora de conformar un gobierno, pero, en realidad, cualquiera de las alternativas que se le ofrecían tenía un claro coste político, sobre todo porque el socialismo navarro carece realmente de principios y convicciones, de modo que las decisiones se ven desde la ciudadanía como carentes de una base sólida y más motivadas por aspectos coyunturales y por intereses de aparato de partido.

El PSN tiene que recuperar la credibilidad y lo tiene complicado porque es más que evidente que ni tan siquiera ellos se creen lo que dicen. Ahora resulta que lo que en 2007 era imposible (un acuerdo de gobierno entre NaBai, PSN e IU) hubiera sido perfectamente factible y hasta deseable en 2011. Sin embargo, todos sabemos que la única razón por la que el PSN hace esta afirmación es precisamente que ahora ya no es posible porque los números no dan para ello. Bildu y la violencia de ETA vuelven a ser la excusa fácil para culpar a otros por no hacer lo que no se quiere hacer.

El PSN parece haber interpretado que su fracaso electoral en 2011 se ha debido no a su deriva ideológica y a su acuerdo para permitir que la derecha más rancia del Estado gobierne en Navarra, sino al hecho de no haber entrado en el gobierno. Al pactar con UPN, el PSN deja claras sus prioridades, abandona un espacio político interesante para quienes estén dispuestos a hacer política de izquierdas realista y se pliega al discurso antivasco del nacionalismo español más trasnochado que representa UPN.

Desde los tiempos de la transición a la democracia, Navarra se ha caracterizado por el enfrentamiento entre dos bloques que afirman lo contrario pero desde las mismas posiciones ideológicas, dos esencialismos representados hoy en día por UPN y Bildu. Ambos se necesitan, se buscan y se retroalimentan. El reto está en construir no desde la negación del que piensa de modo diferente, no en agruparse sobre las propias esencias para contar cuántos somos. Ese no es el camino, al menos no en Navarra. Ese es el mensaje de los resultados electorales. Aunque a corto plazo, la fórmula de Miguel Sanz va a permitir un nuevo gobierno UPN+PSN, a medio plazo es evidente que ha fracasado. Tampoco ha triunfado el polo soberanista de Bildu, convencido como estaba de que se iba a convertir en la segunda fuerza de Navarra pasando por encima de PSN y, sobre todo, de NaBai.

Frente a ellos, NaBai ha consolidado su espacio electoral, un suelo firme a partir del que construir, desde el que tender puentes, desde el que hacer política real. El crecimiento de NaBai no está entre quienes siguen alimentando un esencialismo nacionalista vasco y basan su acción política en la negación y el no por el no. Bildu ha recuperado ese espacio. NaBai es la única respuesta real a otra Navarra posible que supere la actual incomunicación entre navarros y nabarros. Ese discurso político está todavía por construir, pero hay ya muchos elementos para poder hacerlo.

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La actualidad política está centrada en estos últimos días en la decisión que pueda adoptar el PSN de cara a la conformación del próximo Gobierno de Navarra. Es normal que así sea, ya que de ello dependerá quiénes entrarán en el Gobierno y quiénes dirigirán la política navarra. Sin embargo, a pesar de ello, me da la sensación de que las cosas no van a cambiar tanto, ¿no?

Hay otro aspecto que, ante el deshojar de la margarita del PSN, está pasando más desapercibido y que a mí, sinceramente, me preocupa más. El problema no es otro que saber qué va a pasar con NaBai de cara al 2012 y de cara al futuro. Comentaba en un post anterior cómo los resultados de las elecciones permitían hacer una lectura más en negativo, sobre todo por la pérdida de votos de cara al Parlamento de Navarra, y otra más en positivo: el hecho de que NaBai hubiera resistido contra viento y marea y se hubiera mostrado como la fuerza nacionalista mayoritaria en Navarra y con unos resultados excepcionales en Pamplona.

La reconstrucción del espacio nacionalista en Navarra se presenta como una cuestión importante en los próximos años. Tras varios años de ilegalización, la Izquierda Abertzale Oficial no había podido concurrir a unas elecciones. Ahora sí lo ha hecho y ya saben cuál ha sido la respuesta de la población. También la sabemos los demás y es a partir de esa situación desde donde debemos comenzar a trabajar.

La irrupción de Bildu en el Parlamento hace que las cosas no sean como hace 4 años. Para Bildu se abre una prueba importante a partir de este momento y será a partir del arranque del trabajo en el Parlamento de Navarra cuando veamos a qué van a jugar. Hay algo que habrá que tener en cuenta y es que dentro de la coalición hay maneras muy diferentes de entender las cosas y la propia vida. Algunas de las declaraciones que hemos podido oír en las últimas semanas apuntan hacia un escenario difícil de gestionar por parte de Bildu, salvo que un golpe sobre la mesa de alguno de los comisarios políticos haga callar a los hasta ahora primeras espadas de EA. No sé qué cara habrán puesto los militantes de Batasuna más puros al oír hablar sobre la postura de Bildu respecto al Tren de Alta Velocidad, pero me lo puedo imaginar. Tal vez alguno haya sentido un poco de vergüenza después de lo que han estado diciendo al respecto de la postura de otras personas sobre este tema.

Bildu tendrá que resolver sus contradicciones internas y tendrá que definir cuál es el camino que quiere seguir y la manera de hacer política por la que vaya a optar. Desde NaBai no deberíamos perder tiempo ni esperar a ver qué pasa. Deberíamos aprender de lo que ha ocurrido en la CAV y leer correctamente el mensaje de la ciudadanía navarra y la peculiaridad de los resultados electorales en Navarra.

Hubo un tiempo en que un partido político pudo haber construido una manera diferente de hacer política, una manera distinta incluso de hacer un partido político. Así lo creí durante un tiempo, pero eso pasó. Cada cosa tiene su momento y su lugar y hay ocasiones en que surgen segundas oportunidades y otras no. Ahora mismo, existe una segunda oportunidad, pero la fórmula no pasa por seguir siendo un partido a la vieja usanza, ni por reconstruir viejas fórmulas que ya hace 10 años se abandonaron. Las cosas no han cambiado tanto como para pensar que esa vía vaya a conducir a nadie a buen puerto, salvo a los de siempre y, por mucho que algunos se empeñen, el futuro nunca está en el pasado. La segunda oportunidad pasa por una NaBai de verdad, la que la ciudadanía quiso construir, pero no pudo ser. Esa oportunidad sigue existiendo si hay voluntad para intentarlo.

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Antes del 22 de mayo comentaba la necesidad de apoyar NaBai, desde mi punto de vista, como única manera de construir algo que nos permitiera tener esperanzas de un futuro mejor. Desde este mismo punto de vista, me gustaría comentar algunas ideas acerca de los resultados del pasado domingo.

Debo reconocer que los resultados generales en el Estado no son muy alagüeños, pero tampoco podíamos esperar otra cosa. En la CAV está claro que el PSE ha pagado no solo el desgaste de Zapatero, sino también su pacto con el PP, fórmula de gobierno que no hace sino demostrar un estado de excepcionalidad en la política vasca (y navarra, con su versión UPN-PSN). Se trata de una peculiar concreción del hecho diferencial de nuestra tierra. Pero lo que muestran con rotundidad las elecciones en la CAV es qué ocurre cuando determinadas fuerzas deciden hacer seguidismo a Batasuna (con acuerdos como el de Gernika), en lugar de apostar por marcar un discurso propio, nuevo y alejado de las posiciones tradicionales de la Izquierda Abertzale Oficial. Cuando se deja que Batasuna esté en el centro del debate, poco importa que no tengan mucho más que ofrecer que una vaga promesa del fin de la violencia, porque pasan por encima de todo. El efecto de la legalización, el voto útil al que se percibe como fuerza en ascenso o incluso el voto de castigo al sistema tal vez se hubiera llevado por delante a todos de todos modos, pero al menos se hubiera podido intentar algo. Se hubiera podido sentar las bases de algo necesario como la construcción de un nuevo referente para quienes, incluso aunque hayan votado Bildu, no quieren ir de la mano de Batasuna.

La situación en Navarra es algo diferente. Mi primera reacción no fue precisamente de alegría, debo reconocerlo, ya que esperaba un mejor resultado de NaBai en el Parlamento. Sinceramente, había apostado por un 10 para NaBai y un 5 para Bildu. No soy de los que cree que en estos momentos 8+7 sea igual a 15. Lo que hay ahora mismo son 8 parlamentarios con ganas de trabajar por Navarra en positivo y otros 7 que tendrán que demostrar qué quieren hacer.

De todos modos, a pesar de ello, hay una lectura positiva, no sólo por los resultados de Pamplona, de los que alguno tendrá que sacar evidentes consecuencias. Más allá de Pamplona, NaBai puede haber dado un paso importante en su consolidación. NaBai ha resistido contra viento y marea, a pesar de todas las decepciones de los últimos meses y de las maniobras de Batasuna con el apoyo de EA. NaBai ha sacado un resultado importante, por delante de Bildu, para cabreo de los dirigentes de Batasuna, dejando claro que el futuro del nacionalismo en Navarra pasa claramente por Nafarroa Bai. Es triste y hasta duele ver cómo hemos perdido una oportunidad inigualable y ni siquiera por razones que respondan a problemas o realidades de Navarra. Habrá que curar heridas y reconstruir la confianza entre sus integrantes, pero quizás el hecho de que fuera de NaBai haga tanto frío ayudará a los partidos políticos a concentrarse en esta tarea.

Los integrantes de NaBai, en mi humilde opinión, debieran centrarse en una buena labor de oposición, en consolidar el consenso interno y en construir una NaBai como pieza clave en lo estratégico, no solo como un acuerdo táctico provisional. Tenemos 4 años para avanzar en este camino si hay voluntad para ello.

¡Ah!, y simplemente por preguntar. ¿Renunciarán los cargos electos de Bildu a aquellos puestos que hubieran correspondido a Sortu si hubiera sido legalizada? Pueden utilizar como cifra a tener en cuenta los votos nulos de hace 4 años o los que respaldaron a ANV allí donde fue legalizada…

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Estoy siguiendo, más o menos, la campaña, tanto en prensa escrita como en televisión, más que nada por curiosidad a la hora de ver qué mensaje iba a transmitir Bildu en Navarra. No cabe duda de que la Izquierda Abertzale Oficial sigue siendo una gran especialista en situarse en el centro de la campaña, legalizada o ilegalizada, yendo sola o, como en esta ocasión, en compañía. Sin embargo, ¿qué ocurre cuando tienen el micrófono ante ellos y se les da la oportunidad de transmitir su mensaje? Pues, sinceramente, nada, no pasa nada o, por lo menos, a mí me dejan frío.

Da la sensación de que ahora que ha llegado el momento de hacer propuestas de cara a las elecciones y que pueden tratar de plantear un programa político y una serie de actuaciones, no saben qué hacer ni qué decir. Da la sensación de que se les hubiera agotado la gasolina en toda la escenificación de la ilegalización que se convirtió finalmente en legalización y que, pasada, agotada y rentabilizada esa fase, no tuvieran ni energías ni materiales para el día después. Reconozco que la impresión es totalmente subjetiva, pero parece como si no hubiera programa y eso de lanzar propuestas en positivo, de las de verdad, de las que se pueden, se quieren y se deben llevar a cabo, no fuera con ellos o no se creyeran el papel.

Resulta llamativo, eso sí, escuchar y ver a personas como Maiorga Ramírez, Fermín Ciáurriz y otros, utilizando una terminología y un discurso que hasta hace escasas semanas (ni siquiera meses) les hubieran hecho no sé si enrojecer o incluso palidecer. Es como si un alien o un espíritu se hubiera apropiado de sus cuerpos y les obligara a decir cosas y hablar en idiomas que hasta entonces ni tan siquiera imaginaban.

Parece, en todo caso, como si Bildu hubiera llegado a la campaña electoral con los deberes hechos o, más bien, con la campaña hecha. Y es que todo el proceso de ilegalización/legalización ha llevado a Bildu en volandas hasta la campaña electoral, pero una vez en ella y acabada la mecha del proceso judicial, se hubieran acabado los argumentos. Por ahí anda Sortu, tratando de que las aguas no se calmen demasiado y se pueda seguir tirando de la madeja que tantos réditos les está dando.

La Izquierda Abertzale Oficial y, en definitiva, Bildu está viviendo de las rentas, del pasado, de lo que ha sido el conflicto, del victimismo de haber sido perseguidos por quienes, en realidad, les han dado toda la publicidad posible y más. Bildu vive con la esperanza de ser una vez más el centro de todas las miradas, pero no tiene un mensaje como mantener la atención.

Navarra necesita acabar con esa centralidad de un discurso político caduco, de tiempos pasados y que carece de propuestas de futuro. Que busca salir lo menos mal posible de un callejón sin salida en el que ellos mismos han querido ponerse por haber quemado todas las naves que han ido pasando todos estos años.

Está claro que en la CAV los resultados de Bildu van a ser buenos, pero que en Navarra las cosas son distintas. Las cosas tiene un ritmo diferente y una realidad distinta en la CAV y en Navarra. Esperemos que los partidos políticos tomen nota de ello. Eso es lo que nos jugamos en estas elecciones, la verdadera normalización política, construir un escenario en el que NaBai, que quiere trabajar de verdad por el futuro de la ciudadanía navarra, tenga durante los próximos años el protagonismo político que ha tenido durante la pasada legislatura y que ha permitido otear un horizonte diferente para Navarra. No es poco.

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Las encuestas que se han ido publicando estos días muestran más o menos una realidad similar a la de hace cuatro años, con no demasiadas variaciones. Los cambios, por parte de los electores, no se dan con tanta rapidez como por parte de los políticos y los partidos. Dependiendo del medio para el que estuvieran hechas las encuestas, éstas mostraban la posibilidad de una mayoría conformada por UPN+PP o la viabilidad de un cambio, al menos en el Ayuntamiento de Pamplona. Se trata, en definitiva, de movilizar al electorado propio, de modo que no se relaje y decida quedarse en casa o irse al campo si sale un bonito día de sol.

Como muchos (imagino) he pasado por momentos de alegría, decepción, tristeza y apatía durante estos cuatro años, especialmente en los últimos meses. Sin embargo, al margen de todo y a pesar de todo, sigo curiosamente ilusionado y esperanzado. Hay quien me dice que siempre encuentro una razón fundamental y trascendental que hace de cada cita con las urnas un momento clave para el futuro de Navarra. Y debo reconocer que así es. Por difícil y frustrante que haya sido una situación, siempre hay algo por lo que seguir peleando, algo que merece la pena y que nos debe llevar a las urnas el día de las elecciones. A veces, cuando no se puede estar mejor, al menos hay que intentar no ir a peor.

A pesar de que la situación no sea la ideal (por otro lado, nunca lo es) y de que las cosas hubieran podido salir de otro modo, está claro que lo que no podemos permitir es perder todo lo que se ha logrado en Navarra en estos últimos 10 años. NaBai (2004, 2007, 2008 o 2011) ha supuesto un salto cualitativo para quienes creemos en otra Navarra más allá de la oficial, consensuada por UPN y PSN desde los años finales de la transición y construida precisamente contra quienes pensamos de un modo diferente.

Son muchas las razones. Por primera vez las fuerzas nacionalistas en Navarra han tenido que ser escuchadas y tenidas en cuenta. Hasta ahora eran poco más que un simple elemento decorativo en el arco parlamentario que daba un toque verde o rojo (o rojo, verde y blanco, si se quiere), pero que simplemente podía ser obviado con total tranquilidad. Por primera vez después de muchos años unos resultados electorales posibilitaron un cambio de gobierno y a raíz de ello no han sido pocos los cambios que se han producido. El PSN, que tuvo en sus manos esta posibilidad, no quiso dar el paso. Este año 2011 esta posibilidad tal vez se vuelva a dar y si es así probablemente el PSN se volverá a negar y apoyará a UPN otros cuatro años más. No está en nuestras manos decidir por el PSN, pero es una situación en la que los socialistas difícilmente podrán ser una alternativa de gobierno y dudo que se pueda mantener mucho tiempo más.

Hay otras razones, y no es la menor de todas el hecho de que con NaBai se ha comenzado a hacer política real desde las fuerzas nacionalistas en Navarra y se ha dejado de hacer política ficción o simplemente política de oposición antisistema, que es a lo que se dedicó durante muchos años HB, Batasuna. Nos parece que los debates de los años 80 y 90, las políticas del todo o nada (y por tanto nada, siendo como somos minoría), las posturas maximalistas defendidas a gritos porque se estaba en posesión de la Verdad Absoluta quedan muy lejos, pero podríamos volver rápidamente a ellos y a la frustración que representan. La normalización democrática de la que tanto hablan algunos pasa también por hacer política real y por aceptar el papel que a cada cual le adjudica la soberana decisión de los ciudadanos, pero eso es algo que algunos nunca han querido hacer.

NaBai es más necesario que nunca porque si queremos construir en el futuro algo mejor no podemos tirar por la borda y echar a perder lo conseguido estos años.

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