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Posts Tagged ‘terrorismo’

Tras el tiroteo entre gendarmes franceses y presuntos miembros de ETA hace unos días, todas las miradas se dirigieron a la Izquierda Abertzale Oficial. Había que ver cuál iba a ser la respuesta y las palabras de la IAO. Había que ver que decían, al menos, la tradicional Batasuna, la naciente Sortu y la coalición Bildu. Es curioso comprobar cómo a nadie le interesan ya las opiniones de ANV ni de quienes se presentaron (o, mejor dicho, no pudieron presentarse) por medio de Agrupaciones Electorales en 2007.

No es nueva la capacidad camaleónica de la IAO para presentarse con unas siglas u otras y para aprovechar y sacar réditos de los diferentes roles y discursos que cada una de esas siglas le puedan reportar. Sí es nuevo, sin embargo, o al menos a mí me lo parece, que Sortu y hasta la propia IAO (la tradicional, la que aparece como IA y no le importa que la identifiquen con Batasuna) utilicen en sus declaraciones términos que (sin llegar a la, por lo que parece, todavía imposible condena) rechacen una acción de ETA y la califiquen como “incompresible e inaceptable”. Y es nuevo, además, porque mientras, la supuesta marca blanca, en forma de coalición en este caso con EA y Alternatiba, se queda en un simple rechazo utilizando calificativos como “incidente” al referirse al tiroteo y que, al mejor estilo de Batasuna y de algunos comunicados de ETA, hablen de la “responsabilidad de todos los agentes dar pasos decididos y firmes hacia la normalización y pacificación de Euskal Herria” o de “la necesidad de que los Estados español y francés atiendan a las demandas establecidas en el Acuerdo de Gernika y colaboren activamente, de esta forma, en el proceso abierto”.

Me resulta imposible creer que EA y Alternatiba no hubieran pactado con Batasuna cuál tenía que ser la respuesta a un hipotético atentado de ETA o a cualquier tipo de acto violento. No creo que nadie sea tan ingenuo ni tan poco previsor. Así pues, creo que el texto publicado fue una respuesta pactada en la que EA y Alternatiba aceptaron utilizar una terminología ajena a ellos (totalmente ajena a su cultura política) y propia de tiempos pasados, incluso para Batasuna. La duda que surge inmediatamente es ¿por qué lo hicieron? ¿Por qué renunciar a condenar que alguien haya intentado matar a otra persona?

La primera posibilidad que se me ocurre es que fuese un acto de autocensura, un texto redactado por quien cree que puede perder atractivo en un sector social que no es el propio, sino el que espera conseguir. Tal vez EA y Alternatiba pudieron temer que condenar lo ocurrido les alejara del caladero de votos de la IAO. Si este fuera el caso, no sé qué me preocuparía más, si comprobar la desesperación de dos fuerzas sin proyección ni futuro capaces de renunciar a algo elemental y tan interiorizado hasta ahora o la percepción que estas dos fuerzas tienen de cuáles siguen siendo las coordenadas políticas, ideológicas y morales de sus compañeros de aventura. La consecuencia es la misma en ambos casos.

Sin embargo, cabe una segunda posibilidad (y varias más, seguramente). Puede ocurrir que la respuesta se deba a un ejercicio de escenificación en el que la tibia respuesta de Bildu fuera sobrepasada claramente por Sortu y por la IAO. Sin embargo, no entiendo las razones que pudiera haber para ello, salvo un frío y simple cálculo electoral. Tal vez estos días encontremos una respuesta…

Más allá de las consecuencias que esta actitud pueda tener (no parece probable que se llegue a una ilegalización de Bildu), parece lamentable que algunos piensen que la manera de atraer a la IAO a la política y alejarla de la violencia de ETA (que es la excusa que se suele poner en estos casos) sea precisamente dejar de condenar la violencia de ETA. Justificar la violencia o justificar la no condena de la violencia como medio para acabar con la violencia es un camino equivocado y peligroso. Más aún si el objetivo real es sobrevivir como partido una legislatura más.

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Hace unos días se ha celebrado en Pamplona una jornada sobre la tortura. No asistí pero he escuchado a algunos ponentes por Internet y produce escalofrío conocer de mano de expertos y de personas que han sufrido la tortura en sus carnes una realidad que sucede aquí y no solo a miles de kilómetros. Puede que ocurra en nuestra ciudad y que conozcamos a alguien que ha pasado por ese trance.

Amnistía Internacional ha denunciado una situación que la mayoría parlamentaria de Navarra no quiere escuchar. Existen sentencias que condenan a policías, algunas avaladas por el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo. El colectivo Torturaren Aurkako Taldea ha elaborado un decálogo de medidas para acabar con la tortura que se ha presentado en el Parlamento de Navarra y muchos ayuntamientos navarros para su discusión y partidos como UPN, PSN, CDN e IUN han votado en contra o se han abstenido. Resulta que la aplicación de esas medidas acabaría de una parte con la práctica de la tortura ya que al estar implantado un sistema de video-vigilancia impediría las malas prácticas y de otra parte acabaría con las posibles falsas acusaciones que por parte del Gobierno se dice que es una estrategia de desgaste.

Hace poco presencié un debate entre un político de UPN y otro de la izquierda abertzale sobre este tema. Uno defendía que no eran necesarias esas medidas porque cree a la policía y no al detenido. El otro defendía las medidas porque cree que se tortura sistemáticamente. Los dos basaron sus argumentos en la creencia y la propuesta del colectivo TAT parecía más un pretexto que una razón de peso. Me sorprendió que apenas se hablara de que en un estado de derecho es fundamental establecer garantías, no creencias. Y todas las medidas del TAT van en la línea de establecer garantías. Porque si hasta en el país más garantista del mundo se pueden producir abusos no digamos lo fácil que puede darse en el Estado Español con leyes de excepción como la incomunicación del detenido.

Yendo más allá en el análisis de este tema, aún a riesgo de ser acusado de justificar al poder, hay varias cuestiones que llaman la atención y que se deben afrontar con sinceridad y honradez y no desde el prejuicio o como tinta de calamar para esquivar situaciones incómodas:

–          ¿cómo una persona con un mínimo de sensibilidad hacia los derechos humanos es capaz de apoyar que no existan medidas de control para evitar que personas detenidas puedan ser torturadas?

–          ¿cómo una persona que denuncia torturas es capaz de guardar silencio o incluso justificar los asesinatos de ETA?

–          ¿la sociedad es insensible ante la tortura o la saturación ante la violencia de ETA ha llevado a un inmovilismo social ante esta lacra?

Es posible que mucha gente perciba que más que un interés real de acabar con la tortura lo que con este debate se pretendan eludir responsabilidades propias, lo cual puede traer como consecuencia un no querer entrar en el fondo de la cuestión. Y este es que por muy terribles que sean los crímenes cometidos nada justifica la tortura. El terrorismo debe ser perseguido y las personas detenidas deben tener garantizados todos sus derechos y si existen pruebas deben ser juzgados y si queda demostrada su culpabilidad condenados. Y hasta entonces todas las personas son inocentes.

Los atajos no suelen dar resultado y a la larga se vuelven en contra de quien los justifica. El asesinato y la tortura son atajos y aunque el primero es abominable porque no tiene vuelta de hoja, la segunda es injustificable: si permitimos que se pueda justificar la tortura como medio para acabar con el terrorismo estamos dando la razón a quien cree que el fin justifica los medios. Y eso es contrario a la democracia

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ETA por medio de un vídeo nos ha comunicado hoy un alto el fuego permanente, general y verificable. Es, desde luego, una buena noticia y supone un avance, un pasito más en un camino que muchos desearíamos que se recorriera con más rapidez. Si la lentitud es fruto de unos tiempos pensados o si se debe a otras razones sólo ellos lo saben, pero se trata, como decía de una buena noticia.

Sin embargo, el comunicado tiene un problema, a mi modo de ver, y es que el alto el fuego no es permanente en el sentido que nos gustaría, sino más bien indefinido. Permanecer tiene dos significados en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua: 1. Mantenerse sin mutación en un mismo lugar, estado o calidad; y 2. Estar en algún sitio durante cierto tiempo. ETA por lo que parece ha leído con atención el Diccionario y ha optado por el segundo significado, cuando todos desearíamos que optara por el primero.

Por lo que se deduce de lo que nos dicen en el comunicado, el alto el fuego pretende abrir un “proceso democrático” que “debe superar todo tipo de negación y vulneración de derechos y debe resolver las claves de la territorialidad y el derecho de autodeterminación, que son el núcleo del conflicto político”. La pregunta es evidente: ¿qué ocurrirá si el Estado no está dispuesto a resolver el problema de la territorialidad y el derecho a la autodeterminación en el sentido que ETA quiere? Y qué hará Batasuna. De momento, las solicitudes de la Izquierda Abertzale Oficial no han llegado a ese punto, pero si queremos ser serios no podemos obviar estas preguntas. Fueron precisamente éstas, sin ir más lejos, algunas de las claves en la ruptura del proceso anterior.

El editorial de Gara nos advierte de que el alto el fuego es un gesto positivo que debería ser seguido de otro por parte del Gobierno. “En este momento es el Gobierno y la clase política española la que debe decir si responde ‘de manera positiva’ a los pasos dados de manera unilateral por ETA”, dice el editorial. El paso que ahora mismo reclaman no es otro que gestos para con los presos de ETA. No es casual, en este sentido, que el comunicado llegue después de la manifestación del sábado, que se escenificó como una muestra de fuerza.

Sin embargo, de cara a valorar el avance que pueda suponer este comunicado hay que preguntarse hasta qué punto representa un abandono definitivo de las armas, única condición a partir de la que la IAO podrá ser un interlocutor válido no supeditado al visto bueno de ETA. Y el comunicado no supone un anuncio definitivo, no al menos el necesario como para poder avanzar, ya que ETA, en la medida en que asocia el proceso que se abra a la resolución de cuestiones como la territorialidad y el derecho a la autodeterminación, queda vigilante y sigue supervisando lo que ocurra. “ETA —nos dicen— no cejará en su esfuerzo y lucha por impulsar y llevar a término el proceso democrático, hasta alcanzar una verdadera situación democrática en Euskal Herria”. El problema es que por “verdadera situación democrática” hasta ahora han entendido que se les dé la razón.

Esperemos que se trate simplemente de la retórica necesaria para sacar pecho y tratar de que las cosas suenen mejor para sus propios intereses. Esperemos que ETA por fin acepte el veredicto de ese pueblo al que dice representar y cuya voluntad ha estado obviando durante todos estos años. Y esperemos que las ganas de que todo esto termine lo antes posible no nos lleve a buscar atajos (acuerdo abertzale de Gernika).

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La respuesta es NO. Es absolutamente necesario y hasta que no se produzca será muy difícil construir alternativas creibles por la mayoría de la ciudadanía. Y a partir de ese momento se podrán dar los pasos para la construcción del futuro de nuestro pueblo. ¿Eso quiere decir que hay que estar quietos hasta entonces? Evidentemente no. Hay que seguir mostrando el camino a Batasuna y compañía.
Un paso hacia delante se concretó en el Acuerdo de Gernika, tanto por las fuerzas políticas presentes como por el contenido. Aunque dicho acuerdo se ha producido dentro de un contexto de elecciones, lo cual entraña el riesgo de querer darle una escenificación electoral, con el consiguiente peligro de querer servirse de ello para obtener réditos. Dicha situación pude resultar muy tentadora para Batasuna, que está absolutamente necesitada al estar ilegalizada, y para EA que tras sus fracasos electorales no encuentra un discurso propio.
Otro paso hacia delante está siendo la postura de partidos como Aralar. Después de varias escenificaciones de Batasuna y EA, siempre ha dejado claro que el proceso de paz debe estar totalmente desligado del juego electoral. Es una posición difícil por el desgaste que supone. Pero si consigue mantenerse firme a medio plazo puede resultar clave en la construcción de una izquierda abertzale civil y democrática, que haga una oferta que obtenga gran respaldo social.
Otro paso positivo es la escenificación de la izquierda abertzale ortodoxa hace pocos días en el Hotel Tres Reyes. Lo más llamativo fue la mención expresa a la Ley de Partidos, esto es, que a pesar de estar en contra de ella, cumplirán lo que en ella se establece. Para quienes hemos visto carteles por las calles con el nombre de concejales acusados de lapurrak (con lo que eso supone de riesgo al poder ser diana de pistoleros) resulta peculiar, aunque no nos sorprende, ya que siempre han hecho lo mismo: las posiciones políticas correctas son las suyas y todos los demás están equivocados. Que cambian de posición, pues reordenan su discurso y pasan a decir que siempre han dicho lo que nunca habían dicho. La entrevista que hacen a Txelui Moreno en el el periódico Público del domingo suena más a que están diciendo lo que les han pedido que digan para poder estar en las elecciones que en el convencimiento democrático de lo que es la política. No hay mas que ver la frase final, ellos se confrontan al Estado, ya que parece que en esa frase subyace que siguen teniendo la legitimidad de representar a un pueblo vasco que no les ha nombrado con ese objetivo. En fin, habrá que resignarse si esto supone que pasan a hacer política.
Un paso más confuso es lo que se está diciendo en torno a las víctimas. Las víctimas del conflicto son numerosas y han sido producidas por agentes diversos. Pero no debe hacerse tabla rasa, porque sería totalmente injusto. Hay que depurar todas las responsabilidades que correspondan al Estado y al poder, tanto en casos de tortura, como muerte de detenidos, como el GAL o grupos paramilitares. Pero esas responsabilidades no deben servir para hacer borrón y cuenta nueva con el terrorismo de ETA. Puede que en algún momento haya estado justificado el uso de la violencia para responder a la represión que se ha producido en este pueblo, yo no viví durante el franquismo y puede que haya sido así. Pero en estos últimos treinta años, y sobre todo desde estrategias como Oldartzen, el devenir de ETA ha sido cruel, estéril y terrorífico. Asesinatos de políticos, cargos públicos del PSE-PSOE, PP, de empresarios y de ciudanos que pasaban por ahí no tienen ninguna justificación. Si añadimos la crueldad del silencio o justificación (algo habrán hecho), lo cierto es que no resulta fácil ver de qué manera se podrá avanzar una vez que ETA desaparezca.
Un paso difícil es de qué manera resolver el futuro de los activistas de ETA y de los presos políticos. La sociedad deberá ser generosa (dolorosa generosidad) y las víctimas seguramente tendrán que asumir situaciones que ni se me ocurre imaginar. Está claro que dentro de las cárceles hay personas que lo están por su actividad política y es posible su pronta libertad, además de exigible. Como con las personas que tengan cumplidas las penas o que no tengan delitos de sangre. ¿Pero qué hacer con el resto? En una manifestación en Durango han pedido que quieren participar en el “proceso”. Para tranquilidad de todos urge aclarar si se refieren a cómo solucionar su situación. Ya que si además se pretende actuar como agente político las posibilidades de fracaso del proceso se incrementarán. Nadie les ha elegido como agente político y por tanto no representan a nadie más que sí mismos. Confío en que los responsables políticos abertzales de todo color tengan claro este aspecto.
Hace unos días la revista Argia presentaba un reportaje sobre Troitiño y Parot, sobre la situación que viven ellos y sus familias, de cómo fueron detenidos y torturados, de cómo tienen el castigo añadido de la dispersión. Uno de ellos da nombre a una doctrina de la justicia española, cruel con los presos. Pero en ningún lugar del artículo se cita qué posibles delitos habían cometido. En la hemeroteca figura que entre otros atentados el primero está en la carcel por el atentado de Hipercor en Barcelona con 21 muertos, y el otro por el atentado en la Casa Cuartel de Zaragoza con 38 asesinatos. ¿De verdad puede asumir la sociedad que estas personas salgan a la calle como consecuencia de la desaparición de ETA? No debería ser así. Que cumplan sus penas aplicando una legislación más democrática y no excepcional puede que no satisfaga a las víctimas y a sus familiares, pero sería asimilable por la sociedad.
Finalizo con una reflexión más personal y por ello totalmente subjetiva. Las sociedades viven procesos y parece que nuestro pueblo está cerrando un ciclo. El terrorismo ha sido un desastre para este pueblo, al igual que lo fue la Guerra Civil. Parece que la izquierda abertzale tradicional ha iniciado la vía exclusivamente política. Será una gran noticia el día que sea un hecho irrefutable. Es el momento de los grandes líderes y de las personas con capacidad de buscar soluciones y acuerdos. Todos ellos cuentan con mi apoyo. Pero el cansancio y el excepticismo acumulado durante todos estos años me llevan a una posición de defensa. Son muchos los años sufriendo el acoso, la descalificación y el desprecio (gracias a Dios no la amenaza directa que han sufrido muchas oponentes políticos) como para tener lo que hace falta para impulsar proyectos políticos en los que veo más dificultad que ilusión. Quiero una Euskal Herria independiente y solidaria, integrada por una ciudadanía libre y plural, en la que el acuerdo entre distintos sea el eje de la acción política, aunque eso no es una condición sine quanon para vivir en este planeta, es tan solo un proyecto conseguible con el apoyo de la sociedad y no a su pesar. Por lo que he vivido hasta ahora creo que la Batasuna actual, sin ETA y por muy legalizada que esté, no busca eso, sigue pensando que la centralidad de la sociedad (y no solo del espacio de esa futura izquierda abertzale) pasa por sus postulados políticos. Está claro que si aceptan hacer política y solo política irán aprendiendo que las mayorías se construyen sobre acuerdos de contenidos (y de intereses) y no sobre principios inamovibles. Han pedido valentía a Aralar y a EA cuando ellos aún no han demostrado que sean lo suficientemente valientes para mirarse a ese espejo.

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Parece que el movimiento iniciado por Batasuna sigue avanzando y hace pensar en que esta vez sí puede ser la de verdad. Ayer Aralar se sumaba al acuerdo entre EA y Batasuna y fijaban un texto por un “Escenario de paz y soluciones democráticas”.

Entiendo los esfuerzos que se quieren hacer para que esta sea la definitiva y dejemos atrás la época en la que había unos iluminados que creían tener licencia para matar en nombre de unas ideas y de un pueblo. También entiendo que hay que estar en la foto, si esta vez es la de verdad, para no quedarse relegado en el nuevo escenario que se abra tras el abandono de las armas por parte de ETA. Sin embargo, no me gusta ver cómo nuevamente es la Izquierda Abertzale Oficial la que marca el ritmo, el contexto y hasta los términos empleados en un Acuerdo.

Intuyo que lo que se ha valorado es que para animar a la banda terrorista a dar el paso que todo el mundo espera había que hacer alguna concesión o dar algún paso desde las fuerzas nacionalistas. El texto acordado recoge un timing muy claro, en el que un gesto de ETA es seguido por otro del Estado. Puede parecer razonable y hasta puedo compartir el hecho de que habría que derogar la Ley de Partidos y que el trato a algunos presos condenados por delitos de terrorismo roza situaciones de escasa humanidad. Sin embargo, creo que hemos vuelto a caer en la trampa de admitir que existen violencias y violencias y que abandonada la Violencia con mayúsculas, los asesinatos, se puede avanzar en una primera concesión (la derogación de la Ley de Partidos para que Batasuna pueda presentarse a las elecciones de 2011), y eso es un error. No me parece que acordar algo con Batasuna simplemente con la esperanza de que el proceso vaya a salir bien sea un acierto. Porque, ¿qué pasaría si el Estado no entra al trapo y no legaliza a Batasuna? ¿Mantendría ETA la “tregua”? ¿Seguiría el proceso adelante? ¿Y qué haría Batasuna si ETA abandonara la “tregua”?

“La desaparición de todo tipo de amenazas, presiones, persecuciones, detenciones, y torturas contra toda persona por razón de su actividad o ideología política” y hablar de presos y exiliados de un “conflicto político” son expresiones e ideas, a mi modo de ver, que suponen una excesiva concesión a ETA. El texto está redactado de modo que las acciones violentas de ETA y las acciones del Estado se ponen al mismo nivel, como parte de un conflicto en el que hay dos bandos enfrentados en una lucha ya histórica. Se trata de la fantasía del conflicto vasco elaborada por Batasuna y que ha sido refrendada por EA y Aralar en el presente Acuerdo. Analizar el problema de la violencia de ETA desde posiciones de conflicto político entre dos pueblos es algo que está totalmente fuera de la realidad hoy en día.

ETA considera, afirma hoy la prensa, que el “escenario básico para que el proceso sea viable” es “que se tomen las medidas necesarias para que todos los agentes puedan actuar en igualdad de condiciones, que se establezcan los derechos civiles y políticos, que se desactiven los castigos añadidos impuestos a los presos políticos vascos y que, en general, se desactive toda situación de presión, injerencia y violencia”. ETA se retira, pero sigue ahí hasta que se den las condiciones que ellos estiman “básicas” para que el proceso siga adelante. Por tanto, ¿qué ha cambiado, me pregunto yo, salvo la urgencia de Batasuna por concurrir a las elecciones de 2011?

Hace no mucho escuchaba a un líder político de Aralar hablar de que ETA debía anunciar un cese de la violencia, de manera unilateral y “sin contrapartidas”. Sin embargo, el texto acordado con Batasuna contempla importantes contrapartidas al abandono de la violencia por parte de ETA, algunas de las cuales no esperan siquiera al cese de todo tipo de violencia. Me ilusiona pensar que el fin del terrorismo está cerca porque el fin de la violencia permitirá que podamos expresar libremente nuestras opiniones y nuestros proyectos de futuro, pero creo que acordar algo antes de tener ningún tipo de garantía ha sido un error.

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Se había elucubrado mucho con la posibilidad de que ETA emitiera un comunicado histórico (de los que tanto le gustan y que tan poco históricos suelen resultar) coincidiendo con el Aberri eguna, el pasado domingo, 4 de abril. Tal vez a ETA ya no le gustan los simbolismos religiosos tan arraigados en el pueblo vasco, pero el caso es que no quiso que este domingo de resurrección fuera también el día de una posible resurrección de la izquierda abertzale.

Lejos de anunciar el cese de la lucha armada o de comunicar el inicio de una tregua o de aportar algo serio y constructivo al debate, ETA hizo lo que mejor sabe hacer: culpar a los demás de todos los males y exigir que los demás den el primer paso y las garantías necesarias para avanzar. Parece que ETA se resiste a abandonar las armas si antes, no se le da seguridad de que ese acto servirá para conseguir lo que ellos quieren. Mala señal.

La cuestión es que el comunicado, tal y como fue emitido, exigiría un gesto bastante serio, a mi modo de ver, por parte de la izquierda abertzale oficial (IAO) si quiere que alguien se crea que su apuesta esta vez va en serio. Si la IAO pretende caminar por la senda de la política, en un escenario de total ausencia de violencia, ha llegado el momento de emplazar a ETA a algo más que a ser prudente y no meter la pata.

El problema parece estar en la debilidad o, al menos, la escasa fortaleza todavía del sector de la IAO que vería con buenos ojos un cese unilateral y definitivo de la violencia ya. Hay que tener en cuenta que la apuesta por el abandono de la lucha armada no se hace por parte de la IAO por convicciones democráticas y éticas, sino respondiendo a motivaciones de carácter táctico. Así pues, el argumento es débil y cuestionable a nivel interno, ya que se entenderá y será visto por la militancia como positivo en la medida en que también lo sean los resultados obtenidos en una hipotética negociación.

Parece que en la IAO dentro de los que estarían dispuestos a dar ese paso hay quienes quieren ir poco a poco, obteniendo garantías por parte del Gobierno español de que los gestos que se den por un lado serán correspondidos por el otro con acercamiento de presos o moderación de la presión policial tanto para con los miembros de ETA como para con la propia IAO. Si esto fuese finalmente así, poco o nada habría cambiado y quienes condenamos la violencia (todo tipo de violencia, si se quiere) no tendríamos seguridad alguna a la hora de creer que esta vez sí va en serio y se puede avanzar.

El Aberri eguna sirvió para que la IAO y EA escenificaran su acercamiento y voluntad de construir un polo soberanista y el gesto hubiera podido tener una trascendencia mayor si se hubiera llevado a cabo junto a un pronunciamiento de ETA que generase ese escenario de ausencia de violencia que la propia IAO supuestamente reclama. Sin embargo, ese paso no se ha dado. Es más, ETA ha dejado claro que no parece previsible que se dé pronto porque quiere algo a cambio. Mientras la situación sea la que es, la IAO seguirá estando atada y no creo que nadie entre las fuerzas abertzales cometa la estupidez de llegar a acuerdos con quienes no son dueños de sus actos y decisiones. El pasado reciente al menos habrá servido para eso. A ETA le puede parecer que con culpar a los demás cuando se produce una muerte queda libre de toda culpa y responsabilidad, pero todos sabemos que eso no es así.

Mientras la IAO no se desmarque de ETA con rotundidad o ETA no abandone las armas y esto sea verificado y comprobado, dudo mucho de que se pueda avanzar. Hacerlo sería un farol muy arriesgado y no parece que ninguna fuerza política esté tan desesperada.

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Estos días se están produciendo interesantes movimientos políticos en Euskal Herria y aunque la frustración que han generado movimientos anteriores que quedaron truncados pueden hacer dudar a más de uno, y de dos, sobre la credibilidad de esta nueva apuesta de la izquierda abertzale tradicional, nadie puede discutir que es necesario dar la oportunidad a que se integren a la política diaria. Con todas las precauciones que se quiera, pero la sociedad, y la política, está obligada a ello. Lo cual no quiere decir que a cualquier precio.
Algunos de los aspectos interesantes vienen de la situación que originaría la interrupción definitiva del terrorismo por parte de ETA.
Las fuerzas abertzales están tanteando varias posibilidades. Se oye hablar de polos soberanistas, de aglutinar fuerzas, de acuerdo entre todos los independentistas, de la particularidad de Navarra, de la visión de país. Todas son vías que habrá que explorar. Pero será necesario que desaparezca la tutela de los terroristas porque para muchos abertzales resulta incompatible la estructuración a futuro de Euskal Herria con la tutela de las armas.
Las fuerzas nacionalistas españolas se sienten cómodas, políticamente hablando, con la situación actual de exclusión de una parte de los independentistas (con leyes antidemocráticas, pero en su mano está dar pasos para desactivar ese entramado jurídico) que les permite gobernar en Euskadi y Navarra. ¿tiene sentido que quieran cambiar las cosas si ya les va bien así? Eso sí, con la amenaza diaria del terrorismo, que no es algo baladí.
El día a día resulta muy frustrante, pero va siendo hora de hacer política real. Y dentro de esa política real será necesario dar pasos para superar la fractura social existente causada por la represión del Estado, por la negación del derecho a decidir y por la violencia terrorista.
Se ha pasado de una ocultación del sufrimiento de las víctimas del terrorismo a una exaltación que a veces equivoca lo que es reparar el dolor y reconocer la injusticia de esa pérdida de vidas con pretender que sus planteamientos ideológicos sean más legítimos que los de la mayoría de la ciudadanía de este pueblo. Además la brutalidad y el absurdo del terrorismo de ETA ha servido y sirve para justificar un sistema judicial español cada vez más represivo y castigador: intención de implantar de manera encubierta cadenas perpetuas, dispersión de presos que al castigo de la cárcel añade el castigo a las familias, ilegalizaciones, cierres de periódicos…
Tras la aparición del cadáver de Jon Anza se confirmó algo que se sospechaba que iba a suceder. Es necesario que se aclaren todos los hechos y que se depuren responsabilidades, caso de que las haya. Pero aún suponiendo que hubiera sido secuestrado, interrogado, torturado y asesinado, eso no convierte en legítimo el uso de la violencia. Es más, creo que demuestra lo contrario. Porque las posiciones que defienden que ha sido un crimen de Estado y las que defienden que no es así no buscan, en la mayoría de los casos, esclarecer los hechos, sino reforzar sus tesis. Pongo un ejemplo. Hace unos días Berria publicó un reportaje sobre la dura situación que sufren los familiares para visitar a presos de ETA y el otro día un emotivo artículo de opinión mostraba lo injusto de la dispersión y las situaciones que viven familiares y presos en una visita a la cárcel de Murcia. Pero ni el reportaje ni el artículo de opinión hacen una sola referencia a la causa por la que esas personas están en la cárcel. No sabemos si mataron a alguien, o lo secuestraron o lo extorsionaron. No sabemos si quemaron un cajero o insultaron a alguien. No sabemos si pasaban por allí o son víctimas de una acusación injusta. Y conste que la atrocidad del crimen por el que puedan estar en la cárcel no justifica en ningún caso que se deban imponer castigos añadidos al de estar en la cárcel.
Mientras todos sigan viendo la responsabilidad del otro en la situación que toca vivir a cada uno y se nieguen a reconocer las consecuencias, a menudo irreparables, de sus actos, este pueblo seguirá estando preso de estas circunstancias que le impiden avanzar hacia el objetivo común de la mayoría social, esto es, que se reconozca el derecho de la ciudadanía vasca a decidir. La decisión de ETA de abandonar las armas no traerá la independencia a Euskal Herria, pero no cabe duda de que ayudaría a abrir la agenda de las soluciones.

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