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Archive for 31 mayo 2009

En las actuales sociedades democráticas, construidas sobre la base de estados de derecho y del bienestar, se parte de la premisa de que todos somos iguales ante la Ley, al menos en derechos y obligaciones. Se trata de una convención que nunca responde a la realidad, ya que nadie parte de una situación de igualdad de oportunidades a la hora de desarrollar sus capacidades y potencialidades. A nadie se le escapa que no es lo mismo nacer en un país europeo desarrollado o hacerlo en el Sur, en un estado subdesarrollado. El horizonte de posibilidades es cualitativamente distinto. Pero no hace falta irse tan lejos, ya que no es lo mismo nacer en el seno de una familia con posibles o sin ellos, dentro de la misma Comunidad. Sin embargo, la igualdad, por ficticia que sea, es una premisa necesaria hoy en día.

El Estado es el encargado de corregir esas desigualdades de partida con mayor o menor fortuna o con mayor o menor convicción, dependiendo de la fuerza política que gobierne en cada tiempo y lugar, mediante políticas de discriminación positiva o mediante la aplicación de impuestos que redistribuyan la riqueza y permitan que los menos favorecidos tengan mayores posibilidades.

A la hora de repartir el dinero de todos por medio de subvenciones la Administración está obligada a aplicar los principios de publicidad, competencia y transparencia, de modo que todos tengamos iguales posibilidades de acceder a una distribución justa de los recursos. A la hora de acceder a subvenciones por parte de los entes locales (Ayuntamientos, Concejos, Mancomunidades…), la Administración debería hacer unas convocatorias públicas sobre unas bases iguales para todos. El Gobierno, dependiendo de sus líneas políticas puede decidir dar más puntos por un criterio u otro, de modo que se priorice a poblaciones más pequeñas o más desfavorecidas por un motivo u otro. En dichos casos, todas las poblaciones que compartieran esa característica tendrían las mismas opciones. Se trata de una discriminación positiva, pero en un régimen de concurrencia y libre competencia.

20090531_singularidadesSin embargo, la Administración no siempre cumple con esa norma básica. Uno de los casos más claros en los que esta regla no se cumple no es otro que el de Pamplona, con su flamante Carta de capitalidad (aprobada mediante Ley en 1997), gracias a la que, para compensar por el supuesto sobreesfuerzo que debe suponer tener todos los servicios, a la vieja Iruñea le llegan todos los años por vía especial unos cuantos millones de euros (más de 22 en 2009, es decir, unos 3.700 millones de las antiguas pesetas). Se trata de una “singularidad cualitativa” respecto a otras entidades locales, en palabras de Yolanda Barcina hace algo más de un año en un foro del Partido Popular de Cantabria. Cualitativa sí, desde luego, pero sobre todo cuantitativa, diría yo.

Ese principio de capitalidad podría ser extrapolable, con las diferencias que se estimasen oportunas, a las capitales de merindad e incluso a las cabeceras de comarca que soportan servicios dirigidos no solo a sus habitantes, sino a también a ciudadanos de las localidades vecinas. Es más, se trata de casos en los que en muchas ocasiones no hay otros medios de financiación y los servicios terminan siendo mucho peores que los que podemos encontrar en la sacrificada Capital del Reino.

Sin embargo, no es la única “singularidad cualitativa y cuantitativa” creada por la Administración. En los mismos Presupuestos en los que se fija la cantidad a transferir a cada año a Pamplona por su esforzada capitalidad se establecen también partidas para acometer la construcción de centros de 0-3, pabellones polideportivos, etc., en determinadas localidades que, de esa manera, no tienen que concurrir en igualdad de oportunidades con sus vecinos por el limitado dinero público (más en estos años de crisis). Podríamos pensar que se trata de localidades desfavorecidas, donde tal vez un inexistente tejido industrial puede justificar esa excepcionalidad, pero nos equivocaríamos si así lo hiciéramos, ya que su única excepcionalidad es el signo político de sus dirigentes. El acuerdo entre UPN y PSN ha creado unas cuantas de estas “singularidades cualitativas” que podríamos fácilmente cuantificar y fijar sobre el mapa foral navarro. El resto vemos cómo no queda otra que acudir a unas convocatorias públicas de subvenciones sensiblemente reducidas y escuchar que son malos años para alegrías.

Debo reconocer que estas palabras surgen de quien ve con indignación el agravio comparativo que suponen unas medidas a todas luces injustas, pero también desde la convicción de que estas actuaciones van directamente contra los principios básicos que deberían regir una Administración.

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20090527_izquierda_abertzaleParece que en los últimos días la auto-proclamada Izquierda Abertzale se quiere poner las pilas, después de que su desaparición de las instituciones en Euskadi le haya hecho ver que está perdiendo peso político (y no sólo como consecuencia de una más que triste Ley de Partidos). Y es que lejos quedan los tiempos en que pudieron llegar a pensar que eran insustituibles, irreemplazables y se veían a sí mismos como la vanguardia de la lucha por los derechos del pueblo vasco. No es solo la ilegalización, sino fundamentalmente el hastío general de la sociedad (también de sus propios militantes) ante la justificación de la violencia, lo que les ha relegado a un segundo plano.

Arnaldo Otegi ha sido esta vez el encargado de “volver a sorprendernos” sacando de la chistera la solución a todos nuestros problemas. En realidad lo que Otegi y compañía quieren solucionar no son los problemas de los vascos, sino los suyos propios, la grave crisis en la que la Izquierda Abertzale “Oficial” se encuentra. El papel victimista, perfectamente representado y en algunos momentos incluso buscado, no les ha servido como ellos pensaban.

La solución de Otegi no es nueva. En realidad es más de lo mismo. Como si se tratase de unos iluminados que en pleno éxtasis (más cannábico que religioso) hubieran recibido la revelación de la verdad, se dedican a darnos lecciones de democracia y patriotismo como si fuéramos abertzales de segunda, descafeinados o descarriados, o directamente unos ignorantes. Llevan muchos años lanzando mensajes similares y el resultado ya nos lo conocemos. La incapacidad de la Izquierda Abertzale “Oficial” para negociar es ya legendaria. Primero piden un imposible como si fuera lo más natural y a continuación, cuando se les concede, piden algo más, tensando la cuerda hasta que se rompe. Todo aquel que ha participado en el proceso ha salido malparado porque ha terminado siendo objeto de sus ataques como responsable de la falta de acuerdo. Y es que la Izquierda Abertzale Oficial, con la madurez propia de un niño de 3 años, tras romper el juguete sabe poner una entrañable carita de inocencia al mismo tiempo que acusa a los demás de tener la culpa de todo e imparte su justicia (popular más que divina) y se dedica a amenazar, insultar y atacar sedes de otras opciones políticas.

El ascenso de una fuerza política como Aralar les ha debido poner muy nerviosos. No pueden permitir que Aralar se quede con la iniciativa de la política vasca y se convierta también en la Comunidad Autónoma Vasca en el referente de la izquierda nacionalista.

Para no alargarnos excesivamente en una ya extensa lista de “remedios milagrosos”, me referiré solamente a uno. El 14 de noviembre de 2004, Otegi apareció, en Anoeta en aquella ocasión. Con una escenificación en la que siempre se han mostrado como auténticos genios, imitando al recién fallecido Yaser Arafat en su discurso ante Naciones Unidas, afirmó que “la izquierda abertzale se presenta hoy aquí con una rama de olivo en la mano. Que nadie deje que se caiga al suelo”. Asumiendo como propias ideas ajenas que les habían servido para lanzar violentos ataques contra otras fuerzas nacionalistas, pretendieron tener también la solución a todos nuestros problemas. Les correspondía a los demás lo de siempre, darles la razón. Todos sabemos cómo terminaron las cosas y cómo ellos mismos se encargaron de tirar al suelo la ramita de olivo.

El hecho tuvo también su importancia en el plano simbólico. En 1974, cuando Arafat pidió “No permitan que la rama de olivo caiga de mi mano” lo hizo mientras mostraba a la Asamblea General de Naciones Unidas la funda de su pistola, en un intento por legitimar la lucha palestina. En el año 2004, como ahora, los movimientos de la Izquierda Abertzale “Oficial” han sido secundados por apariciones de ETA: entonces en un marco de tregua, ahora dando su venia al polo soberanista y hablando de una reflexión sobre su futura estrategia “político-militar”, reforzando el rumor de un nuevo proceso de paz.

Sin embargo, lo que esto demuestra es que entonces y ahora la Izquierda Abertzale “Oficial” tiene las manos atadas por un peligroso compañero de viaje y quiere atárnoslas a los demás para que nadie mueva ficha sin contar con ellos y sin que ellos salgan en la foto. Como de costumbre, desde su particular punto de vista, todos tenemos que renunciar a todo lo que sea necesario y ellos a nada.

Pero las cosas ya no son así. Si quieren hablar, podremos hacerlo, pero antes hay que dejar la funda de la pistola para siempre, no mientras se está en la mesa de negociaciones, sino como requisito previo a sentarse. Si no, hablaremos, pero sin ellos. No son imprescindibles, aunque se lo pueda parecer. En el día a día hay mucho trabajo que hacer y ellos son más una fuente de problemas que de soluciones. Son ya demasiadas decepciones, engaños y mentiras. El mundo se mueve, aunque ellos prefieran quedarse quietos.

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Ya en el siglo XIX advertía el político liberal inglés John Stuart Mill (1806-1873) sobre el peligro que podría suponer para el sistema político inglés y los derechos de sus ciudadanos lo que él denominó la “tiranía de la mayoría”, consistente en que la voluntad del pueblo expresada a través de las urnas se convirtiera tan solo en la voluntad del grupo mayoritario, dándose una situación de opresión de las minorías, producto de la escasa calidad democrática de su país por aquel entonces. Esta tiranía de la mayoría puede ser más grave que otros tipos de opresión, puesto que deja menos vías de escape que otras formas de dominio –como las dictaduras- que, si bien menos legítimas, pueden provocar una mayor reacción social en su contra. Por otra parte, Mill aseguraba que la sociedad –especialmente el sector mayoritario, pero también muchos de los oprimidos- no era demasiado dada a la reacción, prefiriendo la homogeneidad a la siempre incómoda disensión. Además, contiene el argumento-trampa (parafraseando al inigualable Mayor Oreja) de la legitimidad de la mayoría que, si bien tiene todo el derecho a gobernar, debe respetar unos derechos mínimos de todos los ciudadanos, incluidos los discrepantes.

Mientras leo su libro titulado “Sobre la libertad”, donde expone sus principales ideas al respecto, no puedo evitar que acudan a mi memoria numerosos ejemplos donde, en nuestra modernísima Navarra y siglo y medio más tarde de las advertencias de Mill, derechos básicos de los ciudadanos no son respetados por los partidos mayoritarios. Así, vivimos diariamente vulneraciones en temas como euskera, marginación sistemática de sindicatos y/o partidos no afines, ley de partidos, legislación en contra de símbolos –como la ikurriña- queridos por una gran cantidad de ciudadanos, intento del PSN de subir el umbral mínimo para obtener representación en el Parlamento del 3 al 5%…

Pero no olvidemos que esos intentos de totalitarismo necesitan de una mayoría que sea, al menos, conformista con la situación. ¿A qué es debido? Desde luego, en muchos casos, a la poca calidad democrática e indiferencia de muchos de nuestros conciudadanos, a los que no preocupa en absoluto la situación del vecino mientras ellos vivan de acuerdo a sus expectativas. Muchas personas tienen un odio tal a la cultura vasca que todo les parece bien con tal de erradicarla de nuestra tierra. Pero también se da una enorme situación de ignorancia respecto del diferente. En el plural entorno que nos rodea no es difícil encontrarnos con personas que, pese a residir en un radio de una decena de kilómetros, pueden estar toda su vida viviendo “realidades paralelas”. A modo de ejemplo, la semana pasada el tema “estrella” para un grupo de amigos fue la huelga general del día 21, sus causas, justificaciones y posibles repercusiones, mientras que el día 20 hablé con otras personas –trabajadores en una empresa industrial de Iruñerria- que ni tan siquiera sabían de su existencia. Y lo mismo sirve para tantos otros aspectos de nuestra vida diaria…

Por ello, no creo que sea imprescindible sentir una gran euskofobia para no sentir nada ante leyes o decretos que, como el del vascuence, provocan ira e impotencia entre los euskaldunes. ¿Cómo van a sentir empatía ante nuestras quejas si ni tan siquiera parecen saber que existimos o qué pensamos? Si a todo este cócktel de ignorancia e indiferencia le añadimos la “mezcla-excusa” de ETA, ¿qué muestras de apoyo esperamos recibir de esa gente? La única solución es visibilizar nuestra situación de un modo crítico pero también racional. Educación, educación y educación, y pedagogía, pedagogía y pedagogía, para convencerles de que no estamos pidiendo la Luna, sólo respeto a unos derechos básicos… Y, sobre todo, más comunicación, que dejen de vernos cuernos y rabo cada vez que oyen hablar euskera o una camiseta de la selección de Euskadi.

Por cierto, Mill también fue el primer parlamentario que llevó la causa de la igualdad real de derechos de la mujer al Parlamento Inglés, logrando –junto a su esposa Harriet Taylor- que paulatinamente se fuera reconociendo su igualdad real y admitiendo que la inferioridad que todo el mundo presuponía a la mujer era consecuencia, principalmente, de una diferente educación. Deseo (esperar se me antoja demasiado optimista) que Barcina, ahora que se encuentra por fin al frente de su partido (me refiero a UPN, aunque se podría pensar en el PPN) y quien tanto tiene que agradecer a políticos audaces como él, lo demuestre desechando la educación segregadora por sexos que ya en el siglo XIX tanto daño hacía a las de su género, al mantenerles en una situación de inferioridad de oportunidades respecto de los varones, y de paso aprenda que no es demócrata quien recibe más votos (Hitler consiguió hasta un 38%) sino quien respeta, al menos, los derechos básicos de las minorías.
Zortzen[1]

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20090519_MayorOreja“Mi bisabuelo se esforzó para que sus hijos no se encerrasen en el granero. Prohibió que hablaran el vasco en casa, para que aprendieran bien el español”. Con esta perla se ha descolgado hace escasos días el cabeza de lista del PP a las elecciones europeas. A pesar de que de alguien como Mayor Oreja uno puede esperar cualquier barbaridad, la verdad de que este señor tiene la capacidad de seguir sorprendiéndome.

Las declaraciones del político guipuzcoano muestran un desprecio total y absoluto por el euskera y las realizó además, en Barcelona, en un contexto de crítica al catalán como lengua vehicular en las escuelas y donde se manifestó contrario a que el catalán pudiera llegar a ser lengua oficial en el Parlamento Europeo. En su opinión habría que defender el español y dejarse de tonterías pueblerinas que no nos llevan a ningún lado.

Esta manera de entender la realidad esconde, tras argumentos de practicidad o interés general, una posición política que es exactamente la que se critica y se niega en el contrario. Mayor Oreja es un nacionalista español que fundamenta su discurso en un esencialismo antidemocrático o tal vez habría que decir predemocrático. A don Jaime seguramente le parecerá aberrante que, por las mismas razones prácticas y de interés general a las que él se refiere, nos dejáramos de pamplinas, nos olvidáramos del castellano y pasáramos a utilizar todos el inglés que, de hecho, es ya la lengua vehicular en Europa y en todo el mundo. O, pensando en Europa, podríamos recuperar el latín como lengua común y oficial y descartar el resto. No, no se rían, que hay quien lo defiende y en serio.

El gran argumento político de Mayor Oreja y de muchos otros como él en el PP es precisamente la existencia de un nacionalismo excluyente (vasco, catalán, da igual, cualquiera que no sea el suyo) que trata de imponer el uso de una lengua y unas señas de identidad sobre el conjunto de una sociedad. Frente a ello lo que hacen no es sino lo que condenan en los demás: defender el español como única lengua útil de comunicación de modo que el euskera, el catalán, el gallego, el valenciano… no sean sino simples anécdotas del paisaje peninsular, curiosidades para que algunos se diviertan en estudios de carácter filológico, etnográfico o antropológico.

El euskerano ha supuesto históricamente ningún problema para la derecha conservadora y para el tradicionalismo siempre y cuando no se utilizara como una seña de identidad política, siempre y cuando se tratase de algo propio del paisaje costumbrista que daba colorido y cierta gracia al folklore local. El euskera era contemplado como una curiosidad de museo, una rareza en esa España (todavía imperial en la imaginación de algunos), algo sobre lo que conversar en las tertulias y los cafés. Se podía hablar sobre el euskera, siempre y cuando no se cometiera la torpeza de hablar en euskera. La lengua culta, honorable, no era otra que el castellano o español (que son y no son lo mismo, aunque a ello tal vez me refiera en otro momento). En otras palabras, había que hablar en cristiano.

Sin embargo, Mayor Oreja sabe, aunque trate de ocultarlo, que el euskera ya no es la lengua rural y despreciada como pueblerina e inculta que su bisabuelo prohibió hablar en su casa. El euskera tampoco es aquella lengua que hace algo menos Francisco Franco prohibió hablar a todos (imagino que a la familia de don Jaime ya no le importaría). El euskera se está convirtiendo, con grandes esfuerzos y a pesar de todas las trabas que algunos quieren poner (UPN, con la connivencia de CDN y PSN, es un ejemplo) en una lengua útil no solo en la esfera privada, sino también en la calle, en el trabajo, en la escuela y en la Universidad.

El euskera es ya una realidad a nivel local, en Euskalherria. Contra eso poco pueden hacer en la CAV. Algo más están haciendo, lamentablemente, en Navarra e Iparralde. Es también una realidad, o al menos saben que existe, en España. La ocupación de Mayor Oreja y otros como él al respecto no es otra que impedir que el euskera (y el catalán, etc…) llegue a las instituciones europeas y pueda tener una presencia internacional normalizada. Sería un reconocimiento de una realidad regional que bien podría llegar a ser nacional, y eso los pone tremendamente nerviosos.

A los nacionalistas españoles se les llena la boca hablando de respeto a la pluralidad cuando, dentro de casa, se trata de defender al español frente a las lenguas minoritarias. Pero nunca defenderán esa misma pluralidad cuando tienen ocasión a nivel internacional, ya sea en el Parlamento Europeo, ya sea impulsando la presencia del euskera, catalán, gallego, etc… en las actividades organizadas desde las Embajadas o desde el Instituto Cervantes. Y luego se preguntarán por qué no nos sentimos españoles ni estamos cómodos en España.

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20090512_AjuriaeneaEl pasado día 5 de mayo Patxi López era elegido Lehendakari con el apoyo de los parlamentarios de PSE, PP y UPyD. 39 parlamentarios que no serían más que 35 si todas las ideas políticas hubieran podido presentarse a las elecciones y que representan a 486.423 votos, frente a los 500.312 votos de apoyo que recibió Juan José Ibarretxe (PNV, Aralar y EA, ya que EB (36.373 votos) decidió abstenerse. PSE, PP y UPyD representan al 42,35% de los votos, frente al 42,55% de PNV, Aralar y EA (46,43%, frente al 47,75% si no tenemos en cuenta los nulos). El porcentaje se eleva hasta el 51,22% si a los partidos nacionalistas les sumáramos a EB.

Las ganas que algunos tienen de dar un cambio de timón en el País Vasco parece que lo justifican todo (aunque nos suenen argumentos de PP y PSOE para defender justo lo contrario de lo que ellos están llevando a cabo en Euskadi). Parece que el placer de mandar a la oposición al nacionalismo es suficiente para restar importancia a estos números y hablar de la victoria de Patxi López. Por ello mismo, creo que es importante volver a insistir en unos dígitos que hablan por sí solos. En política es evidente que la aritmética que vale es la del Parlamento y las mayorías parlamentarias. La mayoría en el legislativo vasco es la que es y por tanto Patxi López será Lehendakari con toda la legitimidad que le da el Parlamento Vasco. Pero no por ello deja de ser una situación forzada, un relevo democrático pero hecho contra el sentir mayoritario de la sociedad vasca.

Y aquí es donde algunos argumentos empiezan a darme miedo. La alternancia de gobierno, dirán algunos, es necesaria y refrescante en democracia. Pero es igualmente necesaria y refrescante en otros lugares (Andalucía, Extremadura, Castilla la Mancha, etc.). El pacto entre PSOE y PP no es frentista, sino algo lógico dada la situación, dirán otros. Pero lo cierto es que es más frentista que el tripartito, que al menos podrá decir que contaba con una fuerza (EB) no nacionalista. Además, curiosamente, el pacto PP-PSOE sólo parece posible en Navarra y la Comunidad Autónoma Vasca: será un elemento más del hecho diferencial vasco, como he dicho en otro lugar.

Sin embargo, todo esto no son sino argumentos formales, para vestir la cruda y desnuda realidad: aunque el País Vasco no lo sepa, necesita un gobierno no nacionalista, ya que esa es la única manera de normalizar la política y la sociedad vascas. Esa decisión, tomada desde fuera del País Vasco, recuerda demasiado (y me van a perdonar algunos amigos por forzar algo el argumento) el lema del despotismo ilustrado: gobernar para el pueblo, por el pueblo, pero sin el pueblo. Parece que algunos, no faltos de ciertas dosis de paternalismo, parecen tener claro qué les conviene a los vascos, a pesar de los vascos. No he olvidado la frase de Aznar, tras perder Mayor Oreja las elecciones de 2001, en la que decía que el País Vasco no “estaba maduro” para el cambio y trataba de explicar los resultados como si el pueblo vasco no hubiera entendido bien su mensaje (ya que de haberlo hecho habría ganado, claro está). Mientras los números no se lo han permitido, nada han podido hacer, pero tras la ilegalización de los que antes (no hablo de 1980, sino de 2005) sí podían presentarse, pero ahora no, los números dan y se han puesto manos a la obra.

PSE+PP+UPyD son lo que son, una minoría en el País Vasco y sería bueno que no lo perdieran de vista. La realidad es tozuda y suele resistirse a manipulaciones tan poco hábiles. A pesar de que Patxi López cosechó unos buenos resultados, no podemos olvidar que no ganó las elecciones, más bien todo lo contrario, las perdió claramente al haber fijado su estrategia en su victoria sobre el PNV.

López no planteó la campaña como un choque entre frentes: españolista y nacionalista. Ese fue probablemente el acierto del socialista que en campaña llegó a negar que pactaría con el PP y habló de transversalidad para terminar conformando un frente con el objetivo de sacar al nacionalismo vasco del poder. “Las circunstancias actuales y las actitudes que manifiestan López y Basagoiti —ha afirmado recientemente un buen amigo mío en su blog— son diferentes a las protagonizadas por Mayor Oreja y Nicolás Redondo en 2001, por más que Ibarretxe pretendiera ayer demostrar lo contrario en su discurso. El cambio fue entonces tan directamente buscado y cantado (haciendo buenas las etiquetas de ‘bloque constitucionalista’ y ‘frente españolista’), fueron tan señaladas las afinidades personales entre los artífices del deseo, que esa posibilidad se desvaneció como por obra de encanto, sin lograrse el resultado electoral apetecido. No ha sido así en esta ocasión”.

Evidentemente, López no cometió el error de Mayor Oreja: no planteó un debate entre nacionalistas y no nacionalistas. El hecho diferencial vasco se manifestó con rotundidad en Euskadi en 2001, dando una patada en las posaderas a Mayor Oreja que lo haría rodar hasta Bruselas. Aquella pintada que decía “A Mayor Oreja, Mayor Sordera” sirvió para que López no cometiera el mismo error. Pero se podría decir que lo que ha hecho Patxi López es peor que lo que hiciera Mayor Oreja, ya que al menos éste fue con la verdad por delante.

El PSE habló en Euskadi de transversalidad, para pactar finalmente con el PP. El PSN habló en Navarra de cambio desde la izquierda, para terminar echándose en brazos de UPN. ¿Quién les creerá en el futuro?

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20090511_menosladrilloHoy podíamos leer en la prensa, cómo el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, había criticado ayer a quienes “se ponen nerviosos” en cuanto aparecen algunos “brotes verdes” en la economía, porque “no quieren ver ni una sola buena noticia” económica, en referencia a la rentabilidad política y electoral, a menos de un mes como estamos de las elecciones europeas, que el PP cree que va a sacar atacando al Gobierno por su gestión de la crisis económica. Zapatero aseguró ayer a quienes llenaban el palacio de Vistalegre en el acto de apertura de la precampaña que España superará la crisis con más políticas sociales, “menos ladrillo y más ordenadores”. Nuevamente la campaña electoral europea se desarrolla en clave de política interna, aunque haya tal vez algún incauto que crea que Zapatero lo que hace es incorporar las recomendaciones europeas de frenar el descontrolado sector de la construcción en España. La comisión de Peticiones del Parlamento Europeo habló hace unos meses de “urbanización masiva”.

A lo largo de la última legislatura se ha hecho más que evidente que Zapatero no hace otra cosa que improvisar en todas las áreas a las que llega su acción de gobierno y, de una forma especialmente sangrante en sus acciones políticas anticrisis. No hace tanto que anunció un plan de choque para frenar el creciente paro en la construcción repartiendo a todos los Ayuntamientos del Estado una buena cantidad de dinero para invertir precisamente en “ladrillo”. No se trataba de que cada municipio estudiara sus necesidades reales y, en base a ellas, priorizara unas actuaciones u otras. La cuestión era que los Ayuntamientos impulsaran obras públicas que dieran trabajo a las empresas de la construcción que estaban viendo cómo se acababan unos años dorados en los que tantos excesos se han cometido.

Al poco tiempo, en Navarra nos enterábamos de una iniciativa impulsada por Unión del Pueblo Navarro y Partido Socialista de Navarra (PSN) que pretendía pagar, con el dinero de todos los contribuyentes, la nada despreciable cifra de 15.000 millones de las antiguas pesetas a la sociedad promotora constructora Desarrollo Sostenible s. l. por hacerse con los derechos de edificación de 3 millones de metros cuadrados rústicos en el término de Guenduláin. El proyecto de construcción de la segunda ciudad navarra donde ahora mismo no hay sino un palacio, impulsada hasta el último momento por el equipo de gobierno (UPN-CDN) la pasada legislatura, se había venido abajo con la crisis económica y había que rescatar a un grupo de promotores que se habían visto perjudicados por la situación. Pobrecillos ellos que, de haber salido bien la operación, seguro que hubieran repartido sus beneficios entre los más necesitados.

La excusa para llevar esa enorme cifra de dinero hacia el sector de la construcción no era otra que sacarlo de la crisis, aunque, curiosamente, en este caso debe ser por vía indirecta, ya que todo ese dinero sirve para que, de momento, no se construya nada. Resultan más que curiosas estas contradicciones entre lo que se dice y lo que se hace. En algunos políticos, la acción  no siempre refrenda la palabra.

No sé si Zapatero tiene mucha información acerca de lo que hacen sus compañeros de partido en Navarra. Han sido varias las ocasiones en que al presidente del Gobierno lo han pillado con el pie cambiado en lo que a la política foral se refiere. Da la impresión, en cambio, de que el pacto entre UPN y PSN es sólido y amplio y que el sector del ladrillo en Navarra puede estar tranquilo, a pesar de lo que diga Zapatero en los Madriles.

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Estos días son varios los temas que me han llamado la atención y aunque todos ellos merecen una reflexión más profunda y detallada que perciban todos los ángulos de cada tema no quiero dejar pasar el citar los que más me han llamado la atención. Más adelante volveré sobre alguno de ellos.
Vuelve el discurso de mejor un médico bueno que un médico que sepa euskera. Resulta curiosa esta comparación en caso del euskera porque resulta que los castellanohablantes no hacen el mismo planteamiento respecto a otros idiomas, esto es, mejor un médico bueno que un médico que hable castellano. Parece ser que en este caso les preocupa que el médico les entienda cuando le cuentan qué síntomas tienen. Y esto nos lleva a hacernos algunas preguntas: ¿si una persona obtiene el título de medicina y obtiene el MIR podremos suponer que está capacitado para ejercer la medicina o si habla euskera tendremos que deducir que es peor profesional que si sólo habla castellano? ¿los médicos son buenos por el mero hecho de hablar castellano?
Y hablando de Medicina, tenemos una noticia esperanzadora. La UPNA está estudiando la implantación de nuevos estudios, entre ellos abrir una Facultad de Medicina. El único nubarrón es el anuncio de UPN de no apoyar esta propuesta porque ya existe una facultad dentro de la Universidad de Navarra y es necesario optimizar los recursos. Curioso este respeto unidireccional, ya que la Universidad de Navarra sí compite con la UPNA (LADE, futuras especialidades de Magisterio). La Administración está obligada a defender el interés general y no el privado (aunque deba ser respetado, evidentemente) y menos aún cuando el sesgo ideológico puede condicionar la formación completa de los profesionales de la Medicina y cuando la falta de médicos requiere ampliar el número de plazas.
La ikurriña es la bandera oficial de la Comunidad Autónoma Vasca. Pero también es algo más, es un símbolo con el que se identifica al menos el 30% de la sociedad navarra. Y esto no significa que se opten por esta bandera en lugar de la bandera de Navarra ya que la inmensa mayoría se siente cómoda con las dos banderas. Pero el Parlamento aprobó una Ley de Símbolos que establece que la ikurriña no puede estar en edificios públicos de Navarra, imponiendo a entidades locales un criterio excluyente. El acuerdo está tomado siguiendo las reglas de la democracia y cuenta con el apoyo de la mayoría política. Pero eso no evita que acabe resultando una imposición. Resulta que Villava también adoptó democráticamente, como otros ayuntamientos de Navarra, y fue sustentado en un referéndum, el acuerdo de poner la ikurriña en el balcón junto con las banderas de Europa, Navarra y la localidad. Pero ahora el gobierno quiere procesar al alcalde. Franco también la persiguió.
El 21 de mayo los sindicatos ELA, LAB, ESK, STEE, han convocado una huelga general para protestar sobre las consecuencias de la crisis económica que como siempre pagan los trabajadores. También hay partidos políticos, de corte nacionalista vasco, que se están adhiriendo a esta convocatoria. Los partidos y sindicatos nacionalistas españoles, y el PNV, son contrarios a la huelga y consideran que dicha huelga es un intento del nacionalismo vasco para deslegitimar el nuevo Gobierno vasco y poner en marcha una estrategia de desgaste. Es evidente que existen razones de peso para convocar una huelga general pero leyendo el planteamiento de Otegi parece que los socialistas vascos no van desencaminados. Otegi ha dicho que el 21 de mayo se validará el planteamiento de la “izquierda abertzale” para iniciar un nuevo camino hacia la soberanía, y remarcó que es necesario hacer un “cambio político y en el modelo social”. ¿es factible hablar de huelga general en Navarra cuando los sindicatos mayoritarios no la convocan? ¿cuáles son los parámetros reales de la huelga, la defensa de los trabajadores ante la brutal crisis que tanto les perjudica o la convocatoria desde una perspectiva de intereses y discrepancia sindical? La crisis es lo suficientemente grave como para generar la acción conjunta de los sindicatos y los trabajadores. Una convocatoria en estos términos confunde a los trabajadores y da fuerza al poderoso ¿qué hacer entonces el 21 de mayo? Yo huelga, pero de mala gana.
“Yo no bajo”. Los niños pequeños resuelven lo que no les gusta diciendo que no a pesar de que la realidad les muestre lo contrario. Soy el primero que no quiero que baje Osasuna y a estas alturas aunque el panorama es realmente negro aún se puede salvar. Los árbitros han perjudicado gravemente al equipo y en algunos partidos ha tenido verdadera mala suerte. Aunque no he seguido los partidos, vi el partido contra el Recreativo de Huelva y el equipo no hizo nada. El árbitro se equivocó, seguramente, pero ¿puede extrañar a alguien que baje el Osasuna? Además no podemos apelar al espíritu del Sadar ya que “el Reyno” se lo ha cargado. Ahora voy a ser un poco niño y que se salve Osasuna, pero a ver si maduramos y la temporada que viene a ganar partidos, que es la manera más segura de no bajar.
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