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Posts Tagged ‘Política’

Deleznable

Ayer, por segunda vez en menos de un mes, el coordinador de un partido político con el norte perdido, procedió a utilizar las formas más rastreras de la política más cicatera que se puede aplicar. En un intento de descalificar a oponentes políticos, aunque para llegar a su escaño le ofrecieron una cobertura muy generosa, se aferra a un artículo de prensa dando por bueno todo lo que se dice y sin contrastar absolutamente nada con las personas afectadas, compañeras de viaje hasta el 20 de noviembre. Y lo más indignante de todo ello es pretender encubrir con un aire de dignidad y coherencia política lo que no es mas que una venganza fruto de la frustración que ha producido un muy mal resultado de su estrategia política.
Confío, aunque cada vez menos, que recapacite y vuelva al camino de la razón. No puede ser que unas actuaciones sean juzgadas sin ser comprobadas y no resulta aceptable pedir a otras personas por posibles errores cuando este político justificó para sí mismo un error suyo real y públicamente conocido.
En política no todo vale y pretender igualar la actuación de gobernantes corruptos con otras situaciones o caer en la estrategia de que todos los políticos son iguales solo traerá como resultado el populismo y la frustración.

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Tras varias décadas de conflicto, con cientos de muertes, personas encarceladas, torturadas, miles de kilómetros recorridos inútilmente por culpa de la dispersión, miles de personas amenazadas de muerte por el terrible delito de pensar diferente, y en definitiva mucho odio esparcido a lo largo y ancho de Euskal Herria, parece ser que el actual momento, éste y no otro, es el más adecuado para optar, definitivamente y sin vuelta atrás, por las vías exclusivamente políticas para resolverlo.

Leo textualmente en el comunidado de la izquierda abertzale oficial: “El análisis de los últimos 30 años y de la actual situación nos permite afirmar con contundencia que gracias a nuestro esfuerzo y lucha hemos creado las condiciones objetivas para abordar con garantías una apuesta decidida por el cambio político y social, lo que instala el proceso de liberación nacional y social en una nueva fase política a la que los y las independentistas de izquierda debemos hacer frente, otra vez, con responsabilidad histórica.” “El instrumento para este cambio de fase es el Proceso Democrático. La lucha y acumulación de fuerzas, la negociación y el acuerdo son los ejes sobre los que se debe afianzar, desarrollar y concluir el Proceso Democrático”

Como es habitual, una sincera autocrítica –“gracias a nuestro esfuerzo y lucha”- precede a unas conclusiones tremendamente novedosas, como es la revolucionaria idea de “negociación y acuerdo, en una fase de proceso democrático”. Gracias por enseñarnos el camino, nunca se nos hubiera ocurrido. De haber llegado a esas conclusiones unos años antes, nos hubiéramos ahorrado mucho sufrimiento, pero claro, todavía no se daban las “condiciones objetivas”. Por eso, cuando hace ya unos cuantos años otros partidos tomaron el mismo camino que ell@s ahora “eligen” eran unos “traidores” y “poltroneros”, mientras que ell@s siguen siendo referentes en la lucha nacional hacia la libertad gracias a su novedosa y valiente iniciativa.

Pero: ¿cuáles son esas “condiciones objetivas”, que gracias a su esfuerzo y lucha posibilitan que ahora –y no antes- se den esas garantías por el cambio político y social?

¿Quizás un nacionalismo vasco excluido del poder en los dos principales órganos de gobierno de Hego Euskal Herria, por primera vez en la reciente historia parlamentaria, y amenazado en otros tantos ámbitos de poder, por mor de las ilegalizaciones?

¿Puede ser la evidente desunión de las fuerzas nacionalistas vascas, con constantes enfrentamientos internos y entre sí? ¿Será su atomización, quizás? (salvo en Nafarroa, con una Nafarroa Bai constantemente criticada por Batasuna, por cierto) ¿O a lo mejor la sólida unión del frente españolista es una de las “condiciones objetivas”?

¿Tal vez un euskara amenazado ante políticas lingüísticas cuya prioridad es asegurar exclusivamente el conocimiento del castellano y, aquí en Nafarroa, del inglés?

¿Es posible que sea la situación económica, con constantes pérdidas de derechos por parte de los y las trabajadoras a cambio de concesiones al gran capital multinacional?

¿Una ETA en condiciones de exigir tremendas contrapartidas al Gobierno Español, debido a su situación de fortaleza? No lo acabo de ver…

¿Una ilegalización que está llevando a Batasuna a la marginalidad, por muchos esfuerzos que hagan por evitarlo? ¿La reacción de la inmensa mayoría de la sociedad vasca, que mira las barbaridades y atropellos que Batasuna está sufriendo por parte del gobierno español como las vacas al tren? ¿A qué es debida esta pasividad social? ¿Hubiera pasado lo mismo hace venticinco años?

Me inclino por esta última, aunque comprendo que los y las responsables de la izquierda abertzale oficial no puedan admitirlo, porque significaría reconocer la victoria de la estrategia –tan injusta y antidemocrática como eficaz- del PSOE y PP. Pero –aun comprendiendo esta negativa- lo que me parece más indignante es comprobar cómo siguen dando lecciones al resto… Que lo tengan en cuenta en EA (y allí donde estén interesados en llegar a acuerdos a corto plazo), porque en cuanto se sientan con fortaleza volverán a erigirse en genuinos representantes de la “lucha” o “movimiento independentista”, y los demás pasaremos a ser de nuevo “traidores”, “poltroneros” o “tibios”. ¿La izquierda abertzale no tiene ninguna responsabilidad en la actual situación? Sé que nunca hablan de ETA, con el argumento de no formar parte de la misma (aunque tampoco lo hacen del gobierno español o del PNV, Aralar, etc, y está constantemente en su boca) pero, ¿qué responsabilidad tiene ETA en esta situación? ¿Únicamente el “esfuerzo y lucha que ha creado las condiciones objetivas”?

Sin un cambio nítido de actitud ante el pensamiento divergente, y algo de autocrítica, no les veo compartiendo ningún tren con nadie, salvo con aquellos que necesiten imperiosamente a gente para echar leña al fuego porque se van quedando sin brazos…

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Por fin lo he entendido. Llevaba desde abril con la mosca detrás de la oreja, y no había manera de descubrir dónde estaba el truco. Cuando oí al inefable Miguel Sanz decir lo mucho que se alegraba por el pacto PSE-PP que colocaba a Patxi López en la Lehendakaritza, las cuentas no me cuadraban.

“¿Por qué dice eso Miguelico?”, me preguntaba una y otra vez, y por más vueltas que le diera al asunto, no había forma de encontrar una respuesta satisfactoria. Primero pensé mal y dije: “Sanz, como les tiene manía a los vascos, quiere que llegue el PP al poder. Él, que no es tonto, se acaba de deshacer de su compañía en Navarra, y está seguro de que llevarán a las Vascongadas a la ruina.” Todo encajaba. Así, la reivindicación de los malos navarros que propugnan la unión con Euskadi perdería fuerza, porque: ¿para qué queremos unirnos a un territorio empobrecido que nos va a sangrar? Sin embargo, este argumento tiene un punto débil. Si el PSN es un excelente aliado para llevar a Navarra a las “más altas cotas de bienestar imaginables”, el PSE no podrá hacerlo tan-tan mal… (aquí fui ingenuo, no me acordaba de Rodolfo Ares y Pilar Unzalu)

Por tanto, tras mucho devanarme los sesos se me ocurrió que podía haber otra razón. Miguelico pretendería demostrar a los navarros y navarras que él no era un euskófobo paranoico, sino que sólo respondía a las provocaciones y pretensiones anexionistas que llegaban desde los inhóspitos territorios vascos, gobernados por el malvado Ibarretxe. Por desgracia, el tiempo me ha vuelto a demostrar que me equivocaba. Los recortes al euskera, el “affaire ETB” o su postura ante la zonificación lingüística me han vuelto a poner frente a frente a lo que es este hombre: una mente enfermiza obsesionada con la territorialidad. La última ha sido “de traca”: negarse a configurar la eurorregión junto a Aquitania y la CAV que él mismo promovió hace pocos años (es decir, aún es más facha que entonces) y, con ello, negarse a recibir ayudas europeas en –entre otros ámbitos- proyectos de investigación o concentración de sectores empresariales.

Como suele suceder, cuando más perdido estaba apareció la solución. Este mediodía, cuando he conectado la radio y he escuchado los resultados del Euskobarómetro, se ha hecho la luz. Por supuesto, suspenden todos, con una nota históricamente baja para Patxi López. ¡CLARO! Después de tantos años siendo el presidente de comunidad autónoma peor valorado, Miguelico lo ha visto claro: sólo “Patxi el usurpador” –gracias a un pucherazo histórico- es capaz de batirle. Para ello, previamente él se borró del Navarrómetro (gracias a la ayuda de los pardillos oficiales del “Reyno”, Roberto Jiménez, Samuel Caro y compañía), aunque vista la nota obtenida por el gran Patxi (sólo comparable a las que sacó en sus años de universidad) igual no hubiera hecho falta.

Al fin, puedo dormir tranquilo. Otro enigma más resuelto.

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Garzón

garzonAnda la progresía oficial española indignada con la imputación de Garzón. El sindicato Manos Limpias, el mismo que llevó al banquillo hace escasos meses a varios políticos vascos (Ibarretxe, Patxi López, Arnaldo Otegi, entre otros) por tener la ocurrencia de… ¡DIALOGAR!, ha conseguido que el juez estrella tenga que pasar por el trance de acudir como imputado al Tribunal Supremo. ¿La causa? Pretender investigar los crímenes del bando franquista.

Sin negar que resulta obsceno que la única persona que, hasta la fecha, haya tenido que pasar por el juzgado por los miles de sanguinarios crímenes cometidos durante esos oscuros años sea el juez que pretendía investigarlos, sí me parece llamativa la doble vara de medir de los medios que ahora se muestran tan indignados. Estoy cansado de oír hablar de respeto a las decisiones de los jueces cuando los implicados son otros, para comprobar que, cuando los suyos son los afectados por esta “justicia” de pandereta, el enfado salta hasta extremos insospechados. Por poner un ejemplo reciente, ningún gran medio de comunicación español ha mostrado la más mínima indignación ante los cuatro años de prisión preventiva que se ha tenido que tragar Rufi Etxeberria acusado de nada (y su caso es sólo un botón de muestra), pero los supuestos garantes del Estado de Derecho se rasgan las vestiduras cuando les toca a ellos sufrir el acoso del poder judicial. Los “otros” –especialmente si son vascos- son siempre presuntos culpables, pero ellos deben ser merecedores del más exquisito trato y la presunción de inocencia tiene que predominar.

No voy a descubrir nada nuevo si afirmo que, en España, la independencia judicial se queda en una bonita idea para que los alumnos la lean en los libros de texto, pero que no va más allá de eso, una bonita idea. Sin embargo, asumiendo (por la fuerza de los hechos) que la propia forma de elección del Tribunal Constitucional o el Consejo General del Poder Judicial lleva a una división tácita entre jueces “progresistas” y “conservadores” (y ya es duro tener que asumir el hecho de que los ciudadanos sepamos qué va a votar cada juez, en función de quién le puso en su puesto), me resulta de un cinismo insoportable que aquellos que, como Garzón, estén jugando con la vida y la libertad de los demás con absoluta impunidad (basándose en impresiones o indicios más que en pruebas), pretendan ampararse en el Estado de Derecho y lloren amargamente cuando gente que, como Manos Limpias, tampoco cree en el sistema democrático, la pluralidad de ideas ni la independencia judicial, se lleva el gato al agua. ¡Ellos están contribuyendo, cuando les interesa, a alimentar a ese monstruo, así que no se deben extrañar cuando les muerda!

¿Dónde estaba Garzón cuando la sala de la Audiencia Nacional que venía varios años echando por tierra sus disparatadas teorías sobre el “entorno” de ETA, fue renovada y sus jueces trasladados? (creo que era la número 3) Sinceramente, creo que dirigiendo los hilos de la trampa judicial-mediática que se les tendió y, posteriormente, celebrándolo. Lo cierto es que esos jueces dejaron en libertad a un narcotraficante, basándose en los informes psicológicos sobre éste que llegaron a sus manos. Tras el correspondiente escándalo mediático –por supuesto, preparado de antemano- se apartó a esos jueces de esa sala, para no volver allí. No recibieron mayor castigo, al igual que no lo ha hecho el propio Garzón cuando, por sus errores, delincuentes quedaron en libertad, pero el mal ya estaba hecho y el camino a la impunidad y arbitrariedad judicial despejado. Desde entonces, la realidad es que ni esa sala -que sistemáticamente desestimaba los argumentos de Garzón al exigirle algo más que “convicciones morales” para encarcelar a diestro y siniestro- ni ninguna otra sala de la Audiencia Nacional, han puesto impedimento alguno a sus cacerías.

Nunca estaré con gente como los que forman Manos Limpias, que repudian, como he dicho, el sistema democrático en el que realmente creo, pero todavía me fastidia más el cinismo de esos supuestos defensores del Estado de Derecho, las libertades públicas y la independencia de los tres poderes, que sólo lo hacen cuando les interesa. Estos últimos hacen más daño que los primeros a aquello que dicen defender, ya que –mientras que actuaciones como la de Manos Limpias hacen que la mayoría de los ciudadanos nos mostremos alerta ante este tipo de actitudes anti-democráticas- lo que en la práctica los cínicos que escriben bonitas editoriales en El País o hablan de libertad en la Ser están haciendo es pervertir el sistema democrático, de modo más sibilino y disimulado, pero precisamente por ello más eficaz y difícil de detectar.

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En este mundo donde cada vez es más importante la imagen para vender toda clase de productos, la clase política ha sido –hace ya muchos años- una de las primeras en darse cuenta de la importancia que aquélla tiene. Claro que la mayoría de empresas y entidades financieras les llevan mucha ventaja (impagable fue la campaña de Caja Navarra presentando la nueva “revolución”), pero -sin llegar a los shows que organizan en Estados Unidos, donde cualquier campaña se asemeja a un gran espectáculo o un macroconcierto- en nuestro entorno se cuidan cada vez más esos detalles de marketing que, según los expertos, pueden llevar a ganar o perder elecciones. Me parece bien que los principales políticos cuiden su imagen pública, aunque a veces no sean muy creíbles (sobre todo cuando tratan de hacerse los graciosos, ahí la sensación de vergüenza ajena es irremediable). También es legítimo que se recurra a todo tipo de “trucos”, como el de ser avisados en los mítines del momento en que las televisiones conectan en directo, para llevar el discurso a puntos preestablecidos, de forma que los minutos estrella coincidan con el mensaje que más se quiere publicitar (si bien además de legítimo, también me parece bastante superficial y frívolo). De igual modo, cada vez se potencia más el marketing a través de los nuevos medios de comunicación (y de hecho éste parece ser uno de los principales tantos que se anotó Obama en su campaña presidencial, al inundar a los estadounidenses mediante correos electrónicos). Todo esto, con sus matices, está muy bien si va respaldado por verdaderas y oportunas propuestas, y las campañas electorales no se convierten en meros escaparates donde los consumidores nos deleitamos con los “preciosos” modelos y embalajes que nos ofrecen, al igual que sucede con el resto de productos cotidianos de consumo.

Sin embargo, el hecho de vivir hoy en día en una permanente pre-campaña electoral, además de provocar el hartazgo y cansancio de los ciudadanos ante la saturación a la que nos someten los políticos, hace que nuestras autoridades se empeñen constantemente en aparecer ante la opinión pública como adalides de cualquier-cosa-que-esté-de-moda-o-nos-pueda-hacer-quedar-bien, olvidándose a menudo del verdadero (o teórico) fin para el que han sido elegidos, esto es, dedicarse a solucionar los problemas de los ciudadanos, y no sólo fingir que lo hacen y publicitarlo. Más pronto que tarde, aquél que sólo busca aparecer en la foto sin tratar de resolver los problemas de modo sincero y duradero queda en evidencia.

En las últimas semanas, me han llamado la atención tres hechos que vienen a confirmar mis sospechas de que muchos políticos no se creen del todo sus propias actuaciones, pero que cualquier cosa es bienvenida si les lleva a protagonizar una primera página:

La semana pasada, un potente medio de comunicación español lanzaba una campaña alertando de la situación de cierto barrio de Barcelona, donde la prostitución sin control ni pudor traía de cabeza a los vecinos. Como anteriormente se ha hecho en otras ciudades, a los dos días una macro-redada policial “solucionaba” el problema (como siempre, poniendo el foco en la parte más siniestra y poderosa, como son las pobres inmigrantes sin papeles que ejercen la prostitución), y las autoridades lucían cara dura en televisión anunciando su fin. Problema que, por supuesto, se reproducirá en otro barrio más temprano que tarde, tal y como ha sucedido en otras tantas ciudades.

Qué decir de la enorme campaña mediática, según la cual el nuevo Gobierno Vasco, en su empeño por achicar “espacios de impunidad” a los amigos de los terroristas, ha dado un paso más hacia el recorte de libertades y el establecimiento de un pensamiento único. Lo cierto es que se han exhibido más fotos de presos y pancartas que nunca (y cientos de personas identificadas o peligrosos actos como partidas de mus o triki-poteos prohibidos) pero la sensación que queda en España es la de que “a estos abertzales se les ha acabado el chollo”.

Lo del carril-bici en Pamplona sería de risa, si no fuera porque afecta a decenas de cicloturistas que ven con impotencia cómo sus intentos de utilizar el medio de transporte más ecológico existente en la actualidad chocan una y otra vez contra la demagogia y el cinismo de los “responsables” municipales. Con tal de salir en los medios de comunicación publicitando que en Pamplona existen no sé cuántas decenas de kilómetros de carril-bici, no tienen ningún reparo en pintar, en medio de una acera normal y corriente, unas líneas blancas discontinuas que se supone que deben delimitar algo. El resultado: hay zonas donde a uno de los lados de la línea delimitadora no queda espacio ni para un peatón (lógicamente, menos todavía para una bicicleta); supuestos “carriles-bici” que van a morir a un paso de cebra o carretera, sin ningún tipo de continuidad; enfrentamientos entre peatones y ciclistas… A modo de ejemplo, las aceras a ambos lados de la cuesta del Labrit son de traca, dignas de monumento o incluso calificación como ciudad europea de la cultura, a ver si el miedo a la vergüenza ajena remedia lo que la responsabilidad propia no hace…

carril_bici[1]

Una cosa tienen en común las tres actuaciones mencionadas: ninguna de ellas sirve absolutamente de nada para solucionar el problema preexistente. Así, nuestros responsables políticos se empeñan en hacer buena esa máxima de que un político piensa en las próximas elecciones, mientras que un estadista lo hace en la próxima generación. Me parece que si veo un estadista no lo sabré reconocer, por la falta de costumbre y ejemplos donde comparar…

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Entre dos aguas

Así me siento la mayor parte de ocasiones en que leo o escucho hablar de política, y más en concreto de Nafarroa Bai, en la gran mayoría de medios de comunicación.

Para la llamada izquierda abertzale “histórica” resulta que en mi condición de “condenador” de la violencia de ETA soy un vendido, poltronero y lameculos, por emplear sólo alguno de los adjetivos utilizados recientemente. Es decir, que si condeno todos los tipos de violencia no es por defensa ética y moral de todos los derechos humanos para todas las personas y porque crea que también los ex-concejales y empresarios, por poner un par de ejemplos recientes, tienen derecho a la vida, sino por comodidad personal ante la avalancha represora que viene desde Madrid. Lo más fácil, por lo visto, es ceder ante la presión españolista y asimilar y repetir su discurso, y eso es lo que Nafarroa Bai –al parecer– está haciendo.

Por contra, para partidos españolistas como UPN, PP y PSN, hechos como la cesión del txupinazo de Berriozar o no compartir ciertos aspectos de sus notas de condena demuestran la supeditación de NA-BAI ante Batasuna, acusándonos de “estar más cerca de los verdugos que de las víctimas” (García Adanero dixit). Por cobardía, afinidad ideológica abertzale o comodidad, los miembros de Nafarroa Bai preferimos, según estos partidos, no enfrentarnos al verdugo que es ETA, situándonos al margen de los “demócratas”.

Siendo consciente de que, cualquiera que fuera la postura de NA-BAI ante las mociones-trampa (usando la terminología Mayororejiana) presentadas por UPN, CDN y PSN, nos llevaríamos numerosos palos (ya sea en Gara por apoyarlas o en Diario de Navarra por no hacerlo), creo que hay que hacer un esfuerzo por explicar a la sociedad nuestra postura de una forma valiente, y huyendo de estrategias oportunistas. Es decir, decimos no a la violencia de ETA, pero también decimos no a la estrategia vulneradora de derechos que los miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado llevan a cabo con demasiada frecuencia y nos negamos a darles un cheque en blanco en forma de declaración política de apoyo expreso e incondicional. Soy consciente de la censura y manipulación que los medios de comunicación llevan a cabo en cuanto se les presenta la oportunidad, pero también creo que habría que hacer el mayor esfuerzo posible desde NA-BAI para manifestar esa postura con claridad y unidad, algo en lo que se puede y debe mejorar.

Por mi parte, me siento orgulloso de pertenecer, siquiera ideológicamente, a un colectivo que no tiene reparo en defender en todos los foros posibles los derechos humanos para todas las personas, algo de lo que dudo puedan presumir muchos de los que nos señalan con el dedo. Es muy fácil ser el campeón en defender a los tuyos cuando son atacados, pero más lo es todavía caer en ese maniqueísmo que lleva a olvidarte del dolor ajeno porque, sencillamente, no se les considera personas dignas de disponer y disfrutar de todos sus derechos, llámense esas personas guardias civiles, presos o políticos profesionales. Pese a quien pese y al maniqueísmo tradicional encabezado por HB y UPN (las dos “Uniones del Pueblo” de esta tierra), algunos seguiremos reivindicando los derechos humanos universales y, sobre todo, la posibilidad de discrepar sin insultar, haciendo ver los amplios matices de grises que hay entre los blancos y negros que estos partidos encarnan.

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