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Posts Tagged ‘Miguel Sanz’

Hoy hemos conocido por la prensa la expulsión de Nieves Ciprés y otros 11 militantes del recién refundado PP navarro. Algunos de los expulsados son personas conocidas por su acción política o por su reciente protagonismo en el controvertido congreso fundacional del PPN. La verdad es que a los populares navarros no les está resultando sencilla la organización del partido, pero no es menos cierto que en ello ha tenido mucho que ver el interés que la estructura del partido ha tenido en tener todo atado y bien atado antes de llegar al Congreso, de manera que los cargos fueran ocupados por quienes parecían (a ojos del Partido en Madrid) los más adecuados.

Tal y como están las cosas, con un Partido Socialista y un Zapatero en horas bajas, la colaboración de UPN con el PSN está siendo vista cada vez por más personas de la derecha navarra como un problema y no como una solución para el Viejo Reyno. En estos tiempos de crisis económica el problema de la posible desaparición de la identidad foral y española de Navarra parece menos problema que hace unos años y, desde luego, menos que en el verano de 2007. La desastrosa gestión llevada a cabo por Zapatero hace que a UPN le esté resultando realmente costoso mantener la colaboración con los socialistas navarros. La abstención de UPN en la votación del decretazo, permitiendo que fuera aprobado, ha sido un pequeño terremoto entre los regionalistas y no lo ha sido menos la aparición de encuestas en las que el voto de la derecha navarra se dividía casi a partes iguales entre UPN y PPN. El bipartidismo imperante en la política española hacía presagiar un difícil futuro para UPN a medio-largo plazo, pero de ser ciertas estas encuestas los problemas llegarían demasiado pronto como para tratar de recomponer nada, con las heridas demasiado abiertas.

El diferente punto de vista de Miguel Sanz y Yolanda Barcina al respecto de futuras colaboraciones, con el PSN o con el PPN, se puso de manifiesto desde un primer momento, pero parece que vuelve a rebrotar y no creo que sea casual. Está claro que Miguel Sanz está ya amortizado para los regionalistas y Yolanda Barcina parece que puede marcar una línea política distinta del actual presidente de Navarra. Al margen de que las diferencias entre los dos líderes de UPN sean reales, creídas y sentidas, el juego puede querer beneficiar a los regionalistas tratando de hacer una versión navarra del péndulo y la bicefalia que tan buenos resultados dieran al PNV en tiempos pasados.

Sin embargo, la realidad no está para juegos y lo único que en esta situación puede aportar Barcina a aquellos que rechazan el apoyo de UPN a Zapatero y la estrecha colaboración con el PSN es la esperanza de que hará algo distinto tan pronto como se pueda quitar de en medio a Miguel Sanz. Esa parece que puede ser la idea que impulsa declaraciones de Barcina como las últimas en que afirmaba que apoyaría una moción de censura contra Zapatero. El problema que tiene la alcaldesa de Pamplona es que en ese sector crítico de la derecha navarra que se está distanciando de UPN y viendo con buenos ojos al PP Yolanda Barcina tiene una escasa credibilidad, ya que sus palabras son contempladas como gestos vacíos de cara a la galería.

Va a ser interesante ver cómo evoluciona la división de la derecha navarra en los próximos meses y la capacidad del PPN para presentarse como ese partido serio que afirman ser. Las elecciones están a la vuelta de la esquina.

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Por fin lo he entendido. Llevaba desde abril con la mosca detrás de la oreja, y no había manera de descubrir dónde estaba el truco. Cuando oí al inefable Miguel Sanz decir lo mucho que se alegraba por el pacto PSE-PP que colocaba a Patxi López en la Lehendakaritza, las cuentas no me cuadraban.

“¿Por qué dice eso Miguelico?”, me preguntaba una y otra vez, y por más vueltas que le diera al asunto, no había forma de encontrar una respuesta satisfactoria. Primero pensé mal y dije: “Sanz, como les tiene manía a los vascos, quiere que llegue el PP al poder. Él, que no es tonto, se acaba de deshacer de su compañía en Navarra, y está seguro de que llevarán a las Vascongadas a la ruina.” Todo encajaba. Así, la reivindicación de los malos navarros que propugnan la unión con Euskadi perdería fuerza, porque: ¿para qué queremos unirnos a un territorio empobrecido que nos va a sangrar? Sin embargo, este argumento tiene un punto débil. Si el PSN es un excelente aliado para llevar a Navarra a las “más altas cotas de bienestar imaginables”, el PSE no podrá hacerlo tan-tan mal… (aquí fui ingenuo, no me acordaba de Rodolfo Ares y Pilar Unzalu)

Por tanto, tras mucho devanarme los sesos se me ocurrió que podía haber otra razón. Miguelico pretendería demostrar a los navarros y navarras que él no era un euskófobo paranoico, sino que sólo respondía a las provocaciones y pretensiones anexionistas que llegaban desde los inhóspitos territorios vascos, gobernados por el malvado Ibarretxe. Por desgracia, el tiempo me ha vuelto a demostrar que me equivocaba. Los recortes al euskera, el “affaire ETB” o su postura ante la zonificación lingüística me han vuelto a poner frente a frente a lo que es este hombre: una mente enfermiza obsesionada con la territorialidad. La última ha sido “de traca”: negarse a configurar la eurorregión junto a Aquitania y la CAV que él mismo promovió hace pocos años (es decir, aún es más facha que entonces) y, con ello, negarse a recibir ayudas europeas en –entre otros ámbitos- proyectos de investigación o concentración de sectores empresariales.

Como suele suceder, cuando más perdido estaba apareció la solución. Este mediodía, cuando he conectado la radio y he escuchado los resultados del Euskobarómetro, se ha hecho la luz. Por supuesto, suspenden todos, con una nota históricamente baja para Patxi López. ¡CLARO! Después de tantos años siendo el presidente de comunidad autónoma peor valorado, Miguelico lo ha visto claro: sólo “Patxi el usurpador” –gracias a un pucherazo histórico- es capaz de batirle. Para ello, previamente él se borró del Navarrómetro (gracias a la ayuda de los pardillos oficiales del “Reyno”, Roberto Jiménez, Samuel Caro y compañía), aunque vista la nota obtenida por el gran Patxi (sólo comparable a las que sacó en sus años de universidad) igual no hubiera hecho falta.

Al fin, puedo dormir tranquilo. Otro enigma más resuelto.

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Es bien conocida la obsesión que el navarrismo ha mostrado históricamente por alejar a Navarra todo lo posible de Euskadi. El navarrismo no es sino una versión local del nacionalismo español más rancio e interpreta que cualquier acercamiento de Navarra a Euskadi podría llevar a la desaparición de Navarra, de la Navarra de verdad, la que responde a la esencia del antiguo reino, construida por la historia a lo largo de los siglos. En esa Navarra del navarrismo poco o nada importa la opinión de los navarros, ya que las mayorías también se equivocan si se les deja opinar sobre algo tan trascendente como la identidad y el Ser.

Tercos en sus posiciones, durante años han puesto como excusa para no avanzar en una más estrecha colaboración con la Comunidad Autónoma Vasca el no respeto de los sucesivos gobiernos del PNV para con la realidad y la diferencialidad navarra. Si alguien creía que el cambio de gobierno en la CAV, con un socialista apoyado por los populares como Lehendakari, iba a permitir la normalización de las relaciones entre Euskadi y Navarra se equivocaba de medio medio.

Para UPN, la normalización de las relaciones de vecindad entre Navarra y la CAV se basa en que “los vascos” dejen en paz a “los navarros”, es decir, que no haya relación alguna. De ese modo y sólo de ese modo los navarros de bien podrán descansar y dormir tranquilos sin esas pesadillas colectivas en las que unos seres vestidos con pieles de oveja latxa y txapela, armados con makila de pastor, hablando la lengua del demonio y gritando irrintzis bajan de las montañas para invadir el solar navarro. Por cierto, unos personajes muy parecidos a los que Jaime del Burgo retrató en su novela El valle perdido (1942), como reserva espiritual de Occidente y garantes de los valores patrios que permitieron la resurrección de la patria en 1936. Es curioso cómo cambian las cosas.

Todavía recuerdo la polémica suscitada en 2004 en torno al eje de alta velocidad entre el Cantábrico y el Mediterráneo y la propuesta de Patxi Zabaleta de que la Y vasca de alta velocidad se convirtiera en una X vasco-navarra de modo que la Comunidad Foral no quedara fuera de la red del AVE. En esta cuestión del AVE, como en otras que tienen que ver con infraestructuras (el empeño de crear una nueva vía hacia Francia por Alduides, a pesar de que Francia no quiera, es un ejemplo), la prioridad de UPN se centra en cortar lazos con Euskadi, no en defender el bienestar y las necesidades reales de los navarros. No hace mucho pude asistir a una conversación entre ex-altos cargos de Diputación en la que hablaban de aquel vascófilo de Urmeneta que quiso prolongar la autopista de Navarra llevándola hasta San Sebastián… La cosa no fue tan lejos y todo se quedó en un tramo de autopista entre Pamplona e Irurtzun.

Ahora mismo la cuestión que puede centrar el debate durante un cierto tiempo es la eurorregión impulsada por Euskadi y Aquitania, abierta a la participación de Navarra, un proyecto al que Miguel Sanz se ha apresurado a decir que NO. No se trata de algo nuevo, ya que dicha eurorregión se planteó ya en 1992 entonces sí con la presencia de Navarra, presidida por Juan Cruz Alli, pero en el año 2000, el propio Miguel Sanz fue el que sacó a Navarra de dicho ente. El beneficio para Navarra si participa en la eurorregión es incontestable e incuestionable, pero la presencia en un órgano común con Euskadi es algo a lo que los navarristas siguen oponiéndose.

En su defensa de Navarra, UPN, como otros antes que ella, sigue en la brecha sacrificando todo lo necesario, hasta el bienestar de los propios navarros. Esto, que pudiera parecer una contradicción, no lo es en realidad, porque lo que preocupa a UPN no son los navarros, sino Navarra, el Ser y la esencia de Navarra. Los tics tradicionalistas en UPN siguen muy arraigados y afloran constantemente. Aunque la mona se vista de seda…

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20091005_derecha_centro“Fragmentos del centro-derecha navarro”, es el título de un artículo interesante que publicaba Diario de Navarra el domingo 4 de octubre. Interesante por lo que decía, pero sobre todo por lo que no decía.

La consolidación de UPN desde su aparición en 1978 como gran marca (o coalición) del centro-derecha navarro pudo llevarnos a pensar en algún momento que la derecha no tenía diferencias ideológicas importantes. Sin embargo, se trataba de una burbuja sustentada por el calor del poder. Las familias políticas de tradicionalistas, liberales, demo-cristianos, aderezadas con fuertes dosis de personalismos y de buscadores de favores políticos se ocultaban tras unas siglas que daban cohesión porque se veían firmemente instaladas en el poder a corto, medio y largo plazo, con la inestimable ayuda de los socialistas (salpicados por la corrupción, primero, y apoyando desde la oposición a los gobiernos de UPN, después). La aparición de NaBai removió las bases de la seguridad de la derecha navarra y el susto de 2007 obligó a replantearse muchas cuestiones.

La acusación de artificialidad que desde UPN se lanza a NaBai, “unidos sólo por el nacionalismo”, se podía aplicar perfectamente a UPN, unida exclusivamente por su navarrismo excluyente que no es sino un caso más de nacionalismo español, pero más aún, unida fundamentalmente por su apego al poder. Lo ocurrido esta legislatura no hace sino constatar este aspecto.

Con todo, lo más interesante de este artículo son algunos “olvidos” a la hora de repasar la historia del centro-derecha navarro liderado por UPN. Los regionalistas, obligados a mirar desde su ruptura con el PP en dos caladeros de votos diferentes, parecen querer presentarse como una alternativa moderada, centrista, aunque eso sí, firmemente convencida de la españolidad de Navarra y con un enemigo claro: el nacionalismo vasco. La contradicción es evidente y es que a quien no se cree de verdad lo que dice se le suele terminar viendo el plumero de tanto hacer guiños a un lado y a otro.

El “olvido” de Diario de Navarra está precisamente en el origen de UPN y en lo que es su seña de identidad. No todos saben que UPN nació como reacción contra la Constitución de 1978 y que el nacimiento de la Unión del Pueblo Navarro recogió el aporte de la Alianza Foral Navarra de Javier Nagore Yárnoz. El repaso de nombres y siglas que hace el artículo del rotativo navarro, con una mirada nostálgica a una Edad de Oro de la derecha navarra, pero sobre todo con una memoria muy selectiva, deja fuera de la foto política a aquella formación de tan escaso talante democrático y tantas dosis de tradicionalismo.

UPN nunca ha estado en el centro político navarro y si ha recogido bajo su techo a sensibilidades de centro ha sido temporalmente y con no pocos problemas (que se lo digan si no a Juan Cruz Alli). Los regionalistas se han sentido más cómodos con un discurso de derecha ultramontana con un fuerte componente anti-vasco como todos hemos podido comprobar. Por otro lado, UPN nunca ha condenado la dictadura franquista y su postura al respecto ha sido incluso más beligerante que la adoptada por el propio PP.

Sólo la táctica planteada por Miguel Sanz de colaboración con el PSN ante la constatación de que ese discurso le llevaba a la pérdida del poder ha hecho que UPN emprendiese una operación de maquillaje que puede convertir el famoso giro al centro del PP de Aznar en una excursión mañanera. El problema de Miguel Sanz, al igual que José María Aznar, es que conservan antiguas brújulas con un Norte muy marcado y terminan perdiéndose cuando lo que buscan es el centro.

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20091003_hojaderuta_navarri

Como se suele decir, en esta vida más que casualidades lo que hay son causalidades y en política especialmente. En lo que llevamos de legislatura estamos asistiendo a lo que podría considerarse como la hoja de ruta del navarrismo o del regionalismo navarrista para blindar a Navarra o más bien para blindarse a sí mismos. En estos dos años se han ido sucediendo una serie de acontecimientos que nos llevan a pensar en una perfecta puesta en escena de un amplio acuerdo entre UPN y PSN.

El primer encargado de generar ese nuevo escenario político en Navarra fue UPN. Primero llegó la ruptura con el PP, hace escasos días la expulsión de CDN del Gobierno Foral y, al mismo tiempo, pudimos oír cómo UPN acusaba a NaBai de una supuesta radicalización, utilizando nuevamente la excusa de la violencia terrorista. En el segundo acto de esta tragi-comedia el papel protagonista le correspondió al PSN, fiel cumplidor de ese seguidismo que le ha caracterizado desde hace muchos años. Así, en un intento de marcar distancias con NaBai, lanzó la misma acusación de radicalismo y advirtió de que la actitud de la coalición traería consecuencias.

No soy de los que creen en las teorías de la conspiración porque no suelen ser sino explicaciones simplistas y facilonas de realidades siempre mucho más complejas. Por otro lado, dudo mucho de la capacidad de los dirigentes de UPN y PSN para trazar un plan de este tipo a medio y largo plazo. Sin embargo, da la sensación de que todo esto lleva a un tercer acto, un desenlace trágico (o cómico, según se mire) en el que, tras una ruptura formal del PSN con NaBai en los Ayuntamientos en que todavía no se ha producido el divorcio, UPN y PSN se prometan amor eterno y fidelidad, en lo bueno y en lo malo, siempre y cuando los próximos resultados electorales no tengan nada que decir.

Parece claro que la ruptura de UPN con PP y CDN no se debe a ningún calentón de nuestro Presi ni son tampoco medidas suicidas dirigidas a descomponer la derecha navarra. Se trata más bien de daños colaterales en una estrategia dirigida a seguir en el poder y a impedir que los nacionalistas lleguen al Gobierno de Navarra. A Miguel Sanz la suma de UPN+PP+CDN no le daba para seguir gobernando y no le quedaba otra que buscar al PSN para, al mismo tiempo, evitar que éste pudiera tener la tentación de acceder al Palacio de Diputación apoyándose en NaBai.

El mapa político en Navarra ha cambiado completamente con respecto a lo que cada cual defendió en 2007 (salvo en los casos de NaBai e IU) y tanto cambio exige que cada partido explique a su electorado la nueva situación. UPN tiene que reafirmar a sus votantes con la mirada puesta en dos rivales. Por un lado, debe cuidar a la derecha antinacionalista, anti-Zapatero y anti-todo lo que no sea lo que ellos afirman. Se trata de un sector que no ve con buenos ojos la colaboración con los socialistas. Pero, por otro lado, debe cuidar a un electorado de centro que puede verse atraído por un PSN alejado de tentaciones filo-nacionalistas. Un excesivo cuidado de UPN para con unos puede debilitarle en el otro flanco.

Al PSN, por su parte, le ocurre algo similar. Toda su apuesta parecía basarse en debilitar a UPN para pasar a ser la primera fuerza forzando la ruptura de la derecha navarra y ganándose al sector moderado y de centro que pudiera quedar en CDN y UPN. Sin embargo, un giro al centro y, sobre todo, el seguidismo de las políticas de la derecha pueden reactivar a los socialistas descontentos que habían iniciado un movimiento de regeneración del socialismo.

PSN necesita, en este escenario, argumentos para defender la imposibilidad de llegar a acuerdos con NaBai, única alternativa real para un gobierno sin los regionalistas. El guión se lo ha escrito una vez más UPN y de ahí las acusaciones de radicalización de NaBai, tal y como ya dijeron hace un tiempo Sayas y compañía.

Habría que pedirle a Miguel Sanz que volviera a darnos una clase magistral sobre el reparto del pastel navarrista ahora que las fuerzas que se lo disputan son 4, más aún, teniendo en cuenta que dos de ellas eran hasta hace poco sus compañeras de viaje y tal vez estén un tanto molestas por haber sido borradas de la foto de los elegidos.

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20090925_UPN_CDN

No sabría cómo calificar la reciente decisión de CDN de distanciarse de UPN en un tema tan sensible para los navarristas como el euskera. Dos son las posibilidades que se me ocurren para explicar la abstención de Juan Cruz Alli y José Andrés Burguete en la votación sobre la admisión a trámite de la reforma de la Ley del euskera. La primera es que se trate de una equivocación al no medir las consecuencias de su postura. La segunda, que estemos ante una espantada de Convergencia de Demócratas Navarros perfectamente medida e intencionada.

Si la respuesta correcta a lo ocurrido es la primera alternativa, la situación diría muy poco de los políticos convergentes ya que se habrían puesto ellos solitos en una coyuntura en la que hagan lo hagan lo tienen mal o muy mal. Si ceden a las amenazas de Miguel Sanz y dan marcha atrás estarán protagonizando una bajada de pantalones que ni tan siquiera el socorrido comodín de la gobernabilidad podría ocultar ni justificar. Quedaría más que claro que son capaces de renunciar a cualquier principio o ideal político con tal de mantener las dos consejerías que Sanz, graciosamente, les dio en 2007. Si no ceden y se mantienen firmes en la abstención (que en un principio iba a ser voto a favor) parece que José Carlos Esparza y Carlos Pérez-Nievas van a tener que buscarse trabajo.

Si la respuesta correcta es la segunda de las opciones habría que pensar que se trata de una huida hacia adelante, una salida a la desesperada ante la más que posible desaparición del partido como consecuencia de no alcanzar representación en el Parlamento en las próximas elecciones de 2011 (según indican todos los sondeos). Tal vez Burguete, Pérez-Nievas y compañía vean más posibilidades de sobrevivir si estos dos próximos años se dejan oír de vez en cuando desde la oposición. Su situación actual no es nada fácil como socios de un Gobierno junto a un partido que los desprecia y ningunea y viendo cómo el ritmo político se marca en virtud de un pacto entre UPN y PSN en el que nada han podido decir salvo dar algún que otro saltito para hacerse notar y protestar de vez en cuando, de forma un tanto lastimosa, porque no les tenían en cuenta.

De todos modos, la amenaza de Miguel Sanz tiene otra lectura que me parece interesante. El Presidente de esta nuestra comunidad ha aprovechado la primera ocasión que ha tenido para tratar de desembarazarse de su actual socio de gobierno. Los dos parlamentarios de CDN no le dan la necesaria tranquilidad de la mayoría absoluta y el precio que pagó en su momento tal vez se le haga excesivo ahora que tiene al PSN comiendo de la palma de su mano. Tal vez lo que busque sea simplemente dos consejerías más para dos personas de su partido (no parece que el recorte de jefaturas vaya a afectar a direcciones generales ni consejerías) o tal vez haya llegado el momento de presionar a los socialistas para entrar en el gobierno. Ya se sabe que en política, casi todo es posible.

Una cosa sí está clara. Todos hemos podido ver cómo UPN se rasgaba las vestiduras ante la politización del euskera que supuestamente hacía el nacionalismo vasco en Navarra. Habría que preguntar al señor Sanz ahora mismo si lo que ha hecho no es sino una burda, interesada y partidista politización de la lengua. Lo que se estaba debatiendo en el Parlamento era la extensión de la zona mixta para integrar en ella a una serie de pueblos cuya realidad sociológica y lingüística había cambiado en los últimos años. Se trataba de adecuar la Ley a la realidad social, pero UPN ha hecho nuevamente un uso político de esta situación para obtener un beneficio partidista. Los regionalistas, siguiendo su modo de proceder habitual, han vuelto a confundir su propio interés con el interés general.

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20090905_no_adscritosYolanda Barcina se ha tomado su tiempo, pero finalmente ha aceptado la decisión de Miguel Sanz de expulsar del grupo municipal de UPN a Cristina Sanz, concejala de Pamplona que se pasó al PP. La alcaldesa de Pamplona y Presidenta de UPN ha dejado que pasara el verano para que la decisión se distanciara en el tiempo de aquellas rotundas declaraciones de Miguel Sanz y del malestar mostrado por un sector de miembros de su partido con el goteo de bajas de cargos públicos regionalistas que se estaban pasando al PP.

Desde el primer momento de la ruptura de UPN con el PP Yolanda Barcina se ha mostrado dialogante y cercana a los populares. Sin embargo, parece que en UPN se ha impuesto finalmente la opinión de quienes creían que había que dar un golpe encima de la mesa marcando distancias con el partido de Mariano Rajoy. La expulsión de la edil pamplonesa hace pensar en lo que pueda ocurrir en el resto de ayuntamientos navarros en los que también hay concejales que fueron en su día de UPN y que están hoy en el PP. No parece que las mayorías en estos ayuntamientos vayan a sufrir grandes cambios. En Egüés UPN seguiría teniendo mayoría absoluta incluso sin los dos ediles del PP. En Barañáin (al igual que en Pamplona) el PSN está más que dispuesto a apoyar a UPN, con o sin la concejal del PP, aunque de vez en cuando los socialistas lancen alguna advertencia a UPN para que se aleje del PP. Sin embargo, aunque en la práctica nada cambie, las disputas entre regionalistas y populares pueden endurecerse si dejan de compartir grupo municipal y tienen que pelear por un mismo espacio político desde el gobierno y la oposición dentro de un mismo municipio.

Sea como fuere, el caso es que a Cristina Sanz la han puesto en una situación un tanto comprometida, ya que tras ser expulsada del grupo municipal de UPN pasa a ser concejal no adscrito, compartiendo condición con los dos ediles de ANV. Son 3, pues, los concejales no adscritos en el Ayuntamiento de la capital navarra y seguro que es algo que no ha sentado nada bien en el PP.

Diario de Navarra en la edición de hoy se esfuerza por mostrar cómo se trata de una expulsión bastante llevadera, ya que la concejala del PP mantendrá “su asignación de 1.750 euros netos mensuales”, seguirá asistiendo como “miembro de pleno derecho a la comisión de Presidencia y Cuentas”, y en los Plenos podrá intervenir, “además de presentar mociones y enmiendas”. Probablemente la preocupación de este rotativo no sea la situación en que queda Cristina Sanz. La noticia parece querer mostrar más bien a una Yolanda Barcina amable y generosa incluso cuando expulsa de la casa de Gran Hermano a una antigua compañera (y paisana, por añadidura). Pero por muchos paños calientes que se quieran poner sobre lo sucedido, lo cierto es que Cristina Sanz va a compartir condición con los concejales de ANV y no creo que sea plato de su gusto. Veremos cómo van quedado las relaciones entre los dos partidos de la derecha navarra, ya que no parece que la propuesta de los convergentes de unir a UPN-PP-CDN vaya a ir más allá de alguna que otra carcajada.

Mientras, el PSN, cómodamente instalado en el gobierno desde la oposición, colgándose medallas o lanzando dardos a la acción de gobierno de UPN según le conviene, quiere aprovechar esta disputa en la derecha para postularse como gran partido de centro, convencido al parecer de que eso lo convertirá nuevamente en la segunda fuerza en Navarra (aunque tal vez haya algún infeliz que crea que pueden volver a ser la primera). Sin embargo, con frases como que el PSN pretende liderar “un bloque social progresista, una alternativa a la derecha que gobierna en la Comunidad Foral”, siendo precisamente el PSN el partido que permite ese gobierno de la derecha, la credibilidad de los socialistas es inexistente.

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