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Posts Tagged ‘Violencia’

Hace ya más de un año (concretamente el 26 de septiembre de 2010) publiqué un texto en el que me refería al Acuerdo de Gernika y la oportunidad o no de buscar atajos en la resolución del problema de la violencia. Aunque el texto se centra en aquel momento y el tiempo pasa muy rápido, más en política, creo que lo fundamental del texto sigue teniendo vigencia. Por ello, he querido rescatarlo y volverlo a traer aquí, en este nuevo contexto político.

Parece que el movimiento iniciado por Batasuna sigue avanzando y hace pensar en que esta vez sí puede ser la de verdad. Ayer Aralar se sumaba al acuerdo entre EA y Batasuna y fijaban un texto por un “Escenario de paz y soluciones democráticas”.

Entiendo los esfuerzos que se quieren hacer para que esta sea la definitiva y dejemos atrás la época en la que había unos iluminados que creían tener licencia para matar en nombre de unas ideas y de un pueblo. También entiendo que hay que estar en la foto, si esta vez es la de verdad, para no quedarse relegado en el nuevo escenario que se abra tras el abandono de las armas por parte de ETA. Sin embargo, no me gusta ver cómo nuevamente es la Izquierda Abertzale Oficial la que marca el ritmo, el contexto y hasta los términos empleados en un Acuerdo.

Intuyo que lo que se ha valorado es que para animar a la banda terrorista a dar el paso que todo el mundo espera había que hacer alguna concesión o dar algún paso desde las fuerzas nacionalistas. El texto acordado recoge un timing muy claro, en el que un gesto de ETA es seguido por otro del Estado. Puede parecer razonable y hasta puedo compartir el hecho de que habría que derogar la Ley de Partidos y que el trato a algunos presos condenados por delitos de terrorismo roza situaciones de escasa humanidad. Sin embargo, creo que hemos vuelto a caer en la trampa de admitir que existen violencias y violencias y que abandonada la Violencia con mayúsculas, los asesinatos, se puede avanzar en una primera concesión (la derogación de la Ley de Partidos para que Batasuna pueda presentarse a las elecciones de 2011), y eso es un error. No me parece que acordar algo con Batasuna simplemente con la esperanza de que el proceso vaya a salir bien sea un acierto. Porque, ¿qué pasaría si el Estado no entra al trapo y no legaliza a Batasuna? ¿Mantendría ETA la “tregua”? ¿Seguiría el proceso adelante? ¿Y qué haría Batasuna si ETA abandonara la “tregua”?

“La desaparición de todo tipo de amenazas, presiones, persecuciones, detenciones, y torturas contra toda persona por razón de su actividad o ideología política” y hablar de presos y exiliados de un “conflicto político” son expresiones e ideas, a mi modo de ver, que suponen una excesiva concesión a ETA. El texto está redactado de modo que las acciones violentas de ETA y las acciones del Estado se ponen al mismo nivel, como parte de un conflicto en el que hay dos bandos enfrentados en una lucha ya histórica. Se trata de la fantasía del conflicto vasco elaborada por Batasuna y que ha sido refrendada por EA y Aralar en el presente Acuerdo. Analizar el problema de la violencia de ETA desde posiciones de conflicto político entre dos pueblos es algo que está totalmente fuera de la realidad hoy en día.

ETA considera, afirma hoy la prensa, que el “escenario básico para que el proceso sea viable” es “que se tomen las medidas necesarias para que todos los agentes puedan actuar en igualdad de condiciones, que se establezcan los derechos civiles y políticos, que se desactiven los castigos añadidos impuestos a los presos políticos vascos y que, en general, se desactive toda situación de presión, injerencia y violencia”. ETA se retira, pero sigue ahí hasta que se den las condiciones que ellos estiman “básicas” para que el proceso siga adelante. Por tanto, ¿qué ha cambiado, me pregunto yo, salvo la urgencia de Batasuna por concurrir a las elecciones de 2011?

Hace no mucho escuchaba a un líder político de Aralar hablar de que ETA debía anunciar un cese de la violencia, de manera unilateral y “sin contrapartidas”. Sin embargo, el texto acordado con Batasuna contempla importantes contrapartidas al abandono de la violencia por parte de ETA, algunas de las cuales no esperan siquiera al cese de todo tipo de violencia. Me ilusiona pensar que el fin del terrorismo está cerca porque el fin de la violencia permitirá que podamos expresar libremente nuestras opiniones y nuestros proyectos de futuro, pero creo que acordar algo antes de tener ningún tipo de garantía ha sido un error.

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En más de una ocasión me he referido —más allá de lo que diga, haga y decida ETA— a mi particular decepción por la actitud que ha exhibido la Izquierda Abertzale Oficial sobre la cuestión de la violencia. Y no estoy hablando de la Izquierda Abertzale de los años 80 ó 90, sino a la propia Bildu en este año 2011. La violencia ha impregnado de tal manera las actitudes, las ideas, las posiciones ideológicas, las acciones tácticas, las maneras, las formas y el día a día de la Izquierda Abertzale Oficial que se niegan a aceptar que las cosas pueden no ser como ellos las quieren ver.

Más allá de ETA, la violencia o una cultura de la violencia está muy presente en la IAO. La violencia está, por ejemplo, en no aceptar la legitimidad de los planteamientos de los demás, en descalificar o insultar al que simplemente piensa de manera distinta. Desde el punto de vista de la IAO el sistema, las instituciones y las organizaciones que en él participan son, por naturaleza, impuestas y adolecen de una manifiesta falta de legitimidad. Absolutamente nada en este planeta es democrático y popular hasta que son ellos quienes lo controlan (puede verse ). Es una constante con todo tipo de organizaciones y lo hemos visto en movimientos sociales y también en celebraciones de carácter cultural, político y social a lo largo y ancho de la geografía de nuestro país. Son ellos los que, con su gloriosa presencia, reparten valores democráticos allí por donde pasan, aunque los demás no quieran.

La violencia está también en los insultos, la presión amenazante o las amenazas explícitas a quienes piensan de otro modo o militan en otras organizaciones. Somos muchos los que hemos visto a compañeros y amigos en carteles con el calificativo de “robasillas”, “buitres” y otras lindezas mucho peores, o quienes hemos recibido directamente esas amenazas, en el pasado y hace tan solo unos días.

La violencia está presente en las reiteradas descalificaciones lanzadas en muchos pueblos contra cargos municipales navarros por ser unos “traidores”, “vendidos” y “cobardes” al no “atreverse” a poner la ikurriña en el balcón del Ayuntamiento. ¿Alguien ha notado un cambio real sobre esta cuestión cuando han gobernado ANV o Bildu, más allá de actos de su particular precampaña como los de Leiza, Alsasua, etc…? Han estado exigiendo a otras fuerzas políticas con dureza y contundencia gestos simbólicos y actitudes de democracia radical y de transparencia a la hora de facilitar información al “pueblo” y ahora, allí donde gobiernan todo lo que era imprescindible para otros ha dejado de ser necesario para ellos.

Pero la violencia está también, desde luego, en pretender obtener algo a cambio de decir que ahora sí, ahora se va a apostar por vías única y exclusivamente políticas. ¿Acaso no es este el punto de partida exigible a todos? La violencia está en exigir a los demás que para que la paz sea posible en nuestra tierra hay que seguir el camino que ellos nos trazan. Cuando la Izquierda Abertzale Oficial decida que quiere hacer política, única y exclusivamente política, sin esas otras violencias que existen más allá de lo que haga ETA, le daremos la bienvenida y buscaremos los puntos que podamos compartir, pero en tanto en cuanto siga actuando de la misma forma que en los años 80 y 90, será difícil colaborar, porque eso ya lo hemos vivido y sabemos a dónde conduce. La cultura de la violencia, de la imposición y la confrontación, del conmigo o contra mí, está muy lejos de la convivencia y el respeto que siempre ha defendido y representado NaBai (en el pasado y también en el futuro).

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Tras el tiroteo entre gendarmes franceses y presuntos miembros de ETA hace unos días, todas las miradas se dirigieron a la Izquierda Abertzale Oficial. Había que ver cuál iba a ser la respuesta y las palabras de la IAO. Había que ver que decían, al menos, la tradicional Batasuna, la naciente Sortu y la coalición Bildu. Es curioso comprobar cómo a nadie le interesan ya las opiniones de ANV ni de quienes se presentaron (o, mejor dicho, no pudieron presentarse) por medio de Agrupaciones Electorales en 2007.

No es nueva la capacidad camaleónica de la IAO para presentarse con unas siglas u otras y para aprovechar y sacar réditos de los diferentes roles y discursos que cada una de esas siglas le puedan reportar. Sí es nuevo, sin embargo, o al menos a mí me lo parece, que Sortu y hasta la propia IAO (la tradicional, la que aparece como IA y no le importa que la identifiquen con Batasuna) utilicen en sus declaraciones términos que (sin llegar a la, por lo que parece, todavía imposible condena) rechacen una acción de ETA y la califiquen como “incompresible e inaceptable”. Y es nuevo, además, porque mientras, la supuesta marca blanca, en forma de coalición en este caso con EA y Alternatiba, se queda en un simple rechazo utilizando calificativos como “incidente” al referirse al tiroteo y que, al mejor estilo de Batasuna y de algunos comunicados de ETA, hablen de la “responsabilidad de todos los agentes dar pasos decididos y firmes hacia la normalización y pacificación de Euskal Herria” o de “la necesidad de que los Estados español y francés atiendan a las demandas establecidas en el Acuerdo de Gernika y colaboren activamente, de esta forma, en el proceso abierto”.

Me resulta imposible creer que EA y Alternatiba no hubieran pactado con Batasuna cuál tenía que ser la respuesta a un hipotético atentado de ETA o a cualquier tipo de acto violento. No creo que nadie sea tan ingenuo ni tan poco previsor. Así pues, creo que el texto publicado fue una respuesta pactada en la que EA y Alternatiba aceptaron utilizar una terminología ajena a ellos (totalmente ajena a su cultura política) y propia de tiempos pasados, incluso para Batasuna. La duda que surge inmediatamente es ¿por qué lo hicieron? ¿Por qué renunciar a condenar que alguien haya intentado matar a otra persona?

La primera posibilidad que se me ocurre es que fuese un acto de autocensura, un texto redactado por quien cree que puede perder atractivo en un sector social que no es el propio, sino el que espera conseguir. Tal vez EA y Alternatiba pudieron temer que condenar lo ocurrido les alejara del caladero de votos de la IAO. Si este fuera el caso, no sé qué me preocuparía más, si comprobar la desesperación de dos fuerzas sin proyección ni futuro capaces de renunciar a algo elemental y tan interiorizado hasta ahora o la percepción que estas dos fuerzas tienen de cuáles siguen siendo las coordenadas políticas, ideológicas y morales de sus compañeros de aventura. La consecuencia es la misma en ambos casos.

Sin embargo, cabe una segunda posibilidad (y varias más, seguramente). Puede ocurrir que la respuesta se deba a un ejercicio de escenificación en el que la tibia respuesta de Bildu fuera sobrepasada claramente por Sortu y por la IAO. Sin embargo, no entiendo las razones que pudiera haber para ello, salvo un frío y simple cálculo electoral. Tal vez estos días encontremos una respuesta…

Más allá de las consecuencias que esta actitud pueda tener (no parece probable que se llegue a una ilegalización de Bildu), parece lamentable que algunos piensen que la manera de atraer a la IAO a la política y alejarla de la violencia de ETA (que es la excusa que se suele poner en estos casos) sea precisamente dejar de condenar la violencia de ETA. Justificar la violencia o justificar la no condena de la violencia como medio para acabar con la violencia es un camino equivocado y peligroso. Más aún si el objetivo real es sobrevivir como partido una legislatura más.

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Hace unos días podíamos leer en Diario de Noticias un artículo que no tiene desperdicio, como muestra del pensamiento y la reflexión de Batasuna sobre la realidad actual y sobre el papel que ha jugado la violencia en la historia de este país.

El autor pretende hacernos creer a quienes no pensamos como él que el rechazo de la violencia plasmado en los estatutos de Sortu no es lo que el sector duro de los batasunos dice (es decir, una bajada de pantalones) ni rompe con lo que Izquierda Abertzale Oficial ha defendido desde su nacimiento. En realidad, en opinión del autor del texto, Sortu no representa una contradicción para la Izquierda Abertzale Oficial, ni es una rendición ni un reconocimiento de los errores cometidos durante tantos años en los que la violencia ha sido comprendida, justificada y legitimada. Se trata de cambiar para que nada cambie.

La Izquierda Abertzale Oficial siempre tiene razón, eso es algo de lo que nunca se duda. Por tanto, quienes nunca apostaron por la violencia a la hora de hacer política o quienes hace ya 10 años reconocieron el error de haber creído que la violencia podía solucionar algún problema se equivocaron. No era ni el tiempo ni la forma correctas de dar el paso. Había que esperar a que a los dirigentes de la Izquierda Abertzale Oficial, Zumalacárreguis del presente, dieran la orden de dejar las armas. Mientras eso no llegara, el que rompiera la disciplina cometiendo el terrible pecado de pensar por sí mismo, era un traidor, un buitre, un vendido al poder, un mal patriota que se humilla ante la injusticia del Estado opresor, un cómplice de torturadores y represores que en lugar de luchar acepta leyes injustas, un aliado de Rubalcaba, y tantas y tantas lindezas como hemos podido escuchar en los últimos años.

La IAO pretende tener razón incluso cuando de la noche a la mañana pasa a decir lo contrario de lo que ha dicho siempre. Somos los demás los que, como de costumbre, estamos equivocados. Su mensaje tiene, además, la capacidad de dar forma e insuflar vida a las ideas en el momento en el que son verbalizadas por los profetas de la Izquierda Abertzale Oficial. Poco importa que alguien antes que ellos ya haya dicho que la violencia no conduce a nada o que alguien haya creado una alternativa política de izquierdas y abertzale (es decir, NaBai). Para un verdadero batasuno todas las ideas son falsas o carecen de utilidad hasta que son ellos quienes las proponen. A partir de ese momento se convierten en una verdad absoluta e incuestionable que todos debemos aplaudir, haciendo palmas con las orejas y agradeciendo el esfuerzo y la generosidad de la Izquierda Abertzale, frente al partidismo y el sucio interés del resto del mundo.

Batasuna no escucha la opinión de los demás, no piensa en llegar a acuerdos con los demás, no reconoce que haya nadie aparte de ellos porque no son capaces de respetar al diferente. La IAO carece de verdaderos principios democráticos y se dedica a hacer política desde el ejercicio de su particular violencia y eso es algo que no ha cambiado ni tiene pintas de que vaya a cambiar, pase lo que pase con ETA. Esa es la Izquierda Abertzale Oficial con la que algunos han pactado y a la que otros creen estar obligados a escuchar y mirar de reojo, dándole un protagonismo que ni tienen ni merecen.

Estoy convencido de que a medio plazo, tras la desaparición de la violencia terrorista, habrá un pequeño partido antisistema (como en todos los países del mundo occidental). Eso y no otra cosa es lo que representa Batasuna, distorsionado, cómo no, por la violencia terrorista (y todo lo que esa violencia ha provocado). El gran error que algunos están cometiendo y al que otros se ven impulsados por inercias o viejas querencias es pensar que el camino de la supervivencia está en Batasuna, sin darse cuenta de que Batasuna (o Sortu) son el pasado y no el futuro, sin comprender que la cultura política a la que responde Batasuna no tiene recorrido en la Europa del siglo XXI, sin comprender que Batasuna no es sino un callejón sin salida.

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Quede, en primer lugar, claro el concepto. La izquierda abertzale oficial (en adelante IAO) nunca debió ser ilegalizada. Es un deber democrático que Sortu sea legal, además de una medida absolutamente necesaria para la normalidad política de Euskal Herria.
Y porque además algunos queremos ejercer el derecho a no votarles. Efectivamente, celebraré su legalización y celebraré poder no votarles. Porque tan democrático es que se presenten como no votarles. Puede parecer obvio, pero después de la parafernalia de estos días parece que todos los que nos identificamos como abertzales les debemos pleitesía ya que su presunta opción exclusiva por las vías políticas es el paso definitivo a la independencia, y que quien no les vote impedirá llegar a la tierra prometida del cambio que se está iniciando.
Si el final de todo esto trae como consecuencia la desaparición de ETA, dicho cambio no será pequeño, sobre todo para las víctimas y personas amenazadas. Ahora, si creen que como reconocimiento a “este paso histórico” partidos como UNP, PP y PSOE van a caer del caballo y dejarles paso, pues entonces que esperen sentados. Basta leer las opiniones de algunos de sus portavoces habituales o de articulistas del periódico oficial de la IAO para saber que no pretenden ser uno más sino que vuelven por sus fueros a recuperar un espacio que consideran propio en exclusiva. Aunque sea a pesar de retrasar sine die la posibilidad de impulsar políticas de izquierda respetuosas con la pluralidad política, social, lingüística y cultural de Euskal Herria.
Y quiero ejercer mi derecho a no votarles porque sigue sin gustarme lo que transmiten y porque en casi todo lo que dicen siguen mostrando que lo suyo es aplicar la doble vara de medir.
Si se hace una manifestación en Bilbao en defensa de los derechos de los presos de ETA nos dicen que es justo lo que se denuncia (que lo es), pero si se hace en Madrid convocada por las víctimas del terrorismo entonces oímos que lo que se quiere es boicotear el proceso (que se quiere). Pero se quiere boicotear no porque sean la alternativa que este pueblo abrazará sin duda, sino porque evidenciará las carencias de un Estado que teme más a lo que el pueblo vasco democráticamente pueda decidir que a lo que las pistolas y el asesinato puedan pretender. Y las pistolas han sido mordaza para la expresión popular.
Si un medio de comunicación toma partido por las víctimas de ETA y su línea editorial critica la posible legalización de Sortu, se les acusa de extrema derecha (que muchos lo son) y de utilizar el dolor para entorpecer el proceso. Si un medio de comunicación cuenta la grave situación de los presos de ETA y otras personas detenidas por sus ideas políticas, entonces se está dando voz a los sin voz y se está haciendo justicia.
Si se habla de víctimas, la IAO dice que las dos partes han tenido víctimas. Pero olvidan algo básico. Las personas asesinadas por ETA no han elegido ser de un bando. Alguien les ha acusado y ejecutado sin derecho a juicio y sin posibilidad de vuelta atrás. Y debe quedar bien claro que ese alguien no actuaba en nombre del pueblo vasco. Habrá que perdonar y no imponer castigos añadidos al de los delitos cometidos. Pero alguien deberá reconocer que lo hizo y mostrar su arrepentimiento.
Que el Estado cometa excesos y actuaciones totalmente condenables no convierte en buena la actuación terrorista de ETA. Al igual que el terrorismo de ETA no puede ser excusa para no denunciar esos abusos. Porque para que un país sea democrático debe estar absolutamente excluida toda práctica que no sea democrática. No se pueden cerrar periódicos o detener personas por sus ideas o torturar a los detenidos.
Se dice que los partidos abertzales como PNV, Aralar o EA (aunque éste último ya no, de momento) son colaboradores necesarios en la estrategia de Rubalcaba al sustentar de hecho la Ley de Partidos. Ellos presentan unos estatutos impecables y totalmente ajustados a la Ley de Partidos y dicen que están en contra de la Ley de partidos, como lo estamos los demás. En ellos es coherencia en los demás es traición.
Cuando desde los partidos de Nabai se le dice a EA que decida dónde está se acusa de veto porque Aralar está vendido en Navarra al PNV. Pero cuando ellos vetan a otras personas es por higiene democrática y de izquierdas.
Y hablando del PNV. Hasta hace poco decían que Lokarri, igual que Elkarri en su momento, era una herramienta del PNV para debilitar a la IAO. Pero cuando Lokarri presta su imagen y recursos para presentar a Sortu, nadie se acuerda de esa conexión.
Están cerca los tiempos en que Herri Batasuna, Euskal Herritarrok, Batasuna, Sortu… dejarán de ser tema de conversación y puede que sea objeto de estudio de historiadores. Está cerca la hora en que dejemos de hablar sobre ellos y de que empecemos a hablar con ellos. Se podrá hablar sobre lo que se comparte y sobre lo que se discrepa. Y se llegará a acuerdos en lo que se comparte y se buscarán puntos de encuentro en lo que no se comparte. Ése será el momento de mostrar el verdadero potencial. Ahora bien, el camino hasta ahí es largo y el tiempo que transcurra en recorrerlo dependerá de la disposición para asumir que son uno más y de la capacidad que tengan para respetar sin querer vencer o imponer.

P.S. Si alguien quiere un baño de realidad de la mentalidad que a día de hoy se respira en la IAO, puede leer el artículo de un cualificado intelectual del abertzalismo navarro publicado en Diario de Noticias el 16 de febrero de 2011, titulado Ahí se queda Lerín. Lo malo no está en que alguien exprese como algo actual mensajes del siglo XIX. El problema es que parece estar convencido de que por su pluma habla el pueblo y que expresa una idea compartida por el conjunto de la sociedad, quiera o no. ¿Hay que dejarles que ocupen un espacio que no les corresponde? Evidentemente no. Muchas personas están decepcionadas con la división de Nabai, pero lo que no es posible es que por el desencanto ocupen un espacio político mayor al que les corresponde. Nabai tiene dos responsabilidades ahora, hacer realidad el cambio político en Navarra e impedir que el nacionalismo más sectario consiga engatusarnos.

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ETA por medio de un vídeo nos ha comunicado hoy un alto el fuego permanente, general y verificable. Es, desde luego, una buena noticia y supone un avance, un pasito más en un camino que muchos desearíamos que se recorriera con más rapidez. Si la lentitud es fruto de unos tiempos pensados o si se debe a otras razones sólo ellos lo saben, pero se trata, como decía de una buena noticia.

Sin embargo, el comunicado tiene un problema, a mi modo de ver, y es que el alto el fuego no es permanente en el sentido que nos gustaría, sino más bien indefinido. Permanecer tiene dos significados en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua: 1. Mantenerse sin mutación en un mismo lugar, estado o calidad; y 2. Estar en algún sitio durante cierto tiempo. ETA por lo que parece ha leído con atención el Diccionario y ha optado por el segundo significado, cuando todos desearíamos que optara por el primero.

Por lo que se deduce de lo que nos dicen en el comunicado, el alto el fuego pretende abrir un “proceso democrático” que “debe superar todo tipo de negación y vulneración de derechos y debe resolver las claves de la territorialidad y el derecho de autodeterminación, que son el núcleo del conflicto político”. La pregunta es evidente: ¿qué ocurrirá si el Estado no está dispuesto a resolver el problema de la territorialidad y el derecho a la autodeterminación en el sentido que ETA quiere? Y qué hará Batasuna. De momento, las solicitudes de la Izquierda Abertzale Oficial no han llegado a ese punto, pero si queremos ser serios no podemos obviar estas preguntas. Fueron precisamente éstas, sin ir más lejos, algunas de las claves en la ruptura del proceso anterior.

El editorial de Gara nos advierte de que el alto el fuego es un gesto positivo que debería ser seguido de otro por parte del Gobierno. “En este momento es el Gobierno y la clase política española la que debe decir si responde ‘de manera positiva’ a los pasos dados de manera unilateral por ETA”, dice el editorial. El paso que ahora mismo reclaman no es otro que gestos para con los presos de ETA. No es casual, en este sentido, que el comunicado llegue después de la manifestación del sábado, que se escenificó como una muestra de fuerza.

Sin embargo, de cara a valorar el avance que pueda suponer este comunicado hay que preguntarse hasta qué punto representa un abandono definitivo de las armas, única condición a partir de la que la IAO podrá ser un interlocutor válido no supeditado al visto bueno de ETA. Y el comunicado no supone un anuncio definitivo, no al menos el necesario como para poder avanzar, ya que ETA, en la medida en que asocia el proceso que se abra a la resolución de cuestiones como la territorialidad y el derecho a la autodeterminación, queda vigilante y sigue supervisando lo que ocurra. “ETA —nos dicen— no cejará en su esfuerzo y lucha por impulsar y llevar a término el proceso democrático, hasta alcanzar una verdadera situación democrática en Euskal Herria”. El problema es que por “verdadera situación democrática” hasta ahora han entendido que se les dé la razón.

Esperemos que se trate simplemente de la retórica necesaria para sacar pecho y tratar de que las cosas suenen mejor para sus propios intereses. Esperemos que ETA por fin acepte el veredicto de ese pueblo al que dice representar y cuya voluntad ha estado obviando durante todos estos años. Y esperemos que las ganas de que todo esto termine lo antes posible no nos lleve a buscar atajos (acuerdo abertzale de Gernika).

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Es increíble ver cómo algunos líderes políticos están interpretando lo que ocurre en Euskalherria en estos momentos. Batasuna ha dado un paso adelante al pedir a ETA que abandone las armas. De acuerdo, es un avance, pero ¿y qué? ¿Acaso el respeto de los derechos humanos es algo cualitativamente distinto en Batasuna, un mérito que hay que reconocer y premiar? ¿Acaso tenemos que hacerle la ola a Batasuna por decir lo que otros llevamos tantos años afirmando? ¿Acaso no es Batasuna la que por fin ha visto que durante estos años se ha equivocado y que otros a los que ha estado insultando y amenazando estábamos en lo cierto? Yo lo veo así de claro. Pero los dirigentes políticos de EA y Aralar han decidido, al parecer, ir a donde se encuentra Batasuna para acompañarle en su viaje, en lugar de dejar meridianamente claro que ya era hora y que lo que han hecho no es sino un punto de partida a partir del que empezar a caminar.

Cuando nació Aralar, hubo dos cosas que me parecieron muy atractivas y por las que me he sentido identificado con este partido. La primera, la ruptura con la violencia y la apuesta por vías única y exclusivamente políticas. La segunda, el reconocimiento de la realidad de Navarra como algo distinto de la Comunidad Autónoma Vasca, dentro de un proyecto a futuro común, pero desde ritmos y realidades diferentes. Consideraba que Aralar era la herramienta necesaria tanto para reconstruir el mapa político navarro y democratizar el espacio abertzale en Navarra (llevando a Batasuna a lo que realmente representan en Navarra) como para impulsar un nacionalismo que por fin pensara primero en Navarra y después en Euskalherria y no interpretara lo navarro como algo contradictorio con lo vasco o que debilitaba lo vasco.

Sin embargo, las últimas decisiones de Aralar han ido en un sentido totalmente diferente al que acabo de exponer. En primer lugar, se está permitiendo que el protagonismo de la política en nuestro país lo tenga Batasuna, cuando todavía no hay ninguna garantía de que ETA vaya a dejar realmente las armas y vaya a dejar de tutelar el proceso. Parece como si se volviera a mirar a Batasuna como aquellos que mantuvieron incorruptas las esencias de la patria en tiempos difíciles olvidando que más allá de la violencia de ETA está, como ya dije en otra ocasión, la violencia que ha ejercido y ejerce hoy también Batasuna, especialmente contra Aralar y contra NaBai. Mirar hacia otro lado para no ver esta realidad no ayudará al proceso de paz. Son muchos los pasos que Batasuna tiene que dar para poder contar con ellos a la hora de pensar en un proyecto común y conformarse con que den algunos y no todos no es una buena idea. Pero en segundo lugar, Navarra vuelve a ser la sacrificada en todo este proceso que se está abordando desde una lógica centrada en la CAV. La idea de construir un polo soberanista, una confluencia entre EA, Aralar y Batasuna tal vez tenga interés en la CAV, pero desde luego no lo tiene en Navarra.

El viernes Uxue Barkos afirmaba que estamos hartos de perder y tiene toda la razón del mundo. Yo, desde luego, estoy harto de perder y me gustaría ganar aunque solo fuera una vez. Tengo ganas de que en Navarra dejemos de ser ciudadanos de segunda, porque además, ganando, íbamos a hacer olvidar muchos fantasmas en mucha gente que cree que Navarra desaparecerá el día que el nacionalismo vasco toque poder. Pero más aún, estoy harto de que cada vez que alguien estornuda en la CAV, en Navarra nos cojamos una pulmonía. NaBai puso el acento en Navarra, en Nafarroa, sin cesiones, pero con realismo, sabiendo perfectamente qué y cómo es Navarra, algo que no suele ocurrir cuando se habla desde los partidos políticos (ya sean PNV, EA o Aralar). Una parte del atractivo de NaBai era precisamente ese, el haber fijado Navarra como el objeto y el sujeto de la acción política. Sin embargo, NaBai no ha permanecido al margen de las tensiones que nos han llegado desde la CAV y es muy triste ver cómo partidos con un componente muy navarro en su origen (como EA y Aralar) terminan perdiendo de vista a Navarra a la hora de la verdad.

Tal vez haya llegado el momento de algo distinto. Si la NaBai que se quiere organizar para el 2011 es una NaBai perdedora (casi como si se buscara el fin de un ciclo para pasar a otras cosas, sea el polo soberanista o lo que sea) tal vez haya llegado el momento de pensar en una formación diferente, única y exclusivamente navarra y que se centre en los problemas reales que tenemos los abertzales navarros. ¿Ingenuo? Tal vez sí, o tal vez no.

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