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Presentación de Geroa Bai

Uxue Barkos en el acto de presentación de Geroa Bai

[por Álvaro Baraibar, miembro de Zabaltzen, publicado en Diario de Noticias, 9 de octubre de 2011]

 

Desde hace unos años ha habido una importante discusión acerca de qué era o qué representaba NaBai. Las voces que se han dejado oír sobre esta cuestión han sido muchas, pero en realidad se podrían resumir en dos líneas de argumentación diferentes.

La primera afirmaba que NaBai no era sino una unión temporal de partidos políticos. Según ellos, NaBai era la suma de los partidos políticos que la integraban y perduraría en la medida en que a esos partidos les interesara. Se trataba de una apuesta táctica para afrontar una situación coyuntural a la espera de que los tiempos y las alianzas pudieran cambiar.

La segunda, por el contrario, defendía que NaBai era una apuesta estratégica, construida para dar respuesta al que era (y sigue siendo) el sector mayoritario del abertzalismo y el vasquismo en Navarra: el de quienes ya no se sentían cómodos ni representados por un partido y querían una nueva manera de actuar en política. El de quienes estaban cansados del enfrentamiento constante, del ruido y la bronca que caracterizaban a la política vasca en general, y a la navarra en particular. El de quienes querían construir a partir del respeto y del reconocimiento de la pluralidad y la complejidad de una sociedad como la navarra, en pleno siglo XXI. El de quienes apostaban de verdad por una nueva cultura política que debíamos construir en el día a día entre todos y todas, con la colaboración de la ciudadanía, pero demostrando que éramos nosotros y nosotras los que podíamos cambiar en primer lugar.

La ilusión que consiguió generar NaBai en tantos miles de navarros y navarras demostró que NaBai era mucho más que una unión temporal de partidos. NaBai se había convertido en un movimiento social que reclamaba nuevas soluciones y nuevas formas de hacer política. Algunos dirigentes de los partidos de NaBai, conscientes de que eran el sector minoritario de la nueva criatura y de que podían perder el control de lo que habían ayudado a crear, se asustaron. A partir de ese momento, los problemas derivaron en una bronca constante para tristeza, desilusión y desánimo de muchos de quienes habían confiado en la nueva fórmula. Algunos de los dirigentes que habían propugnado el cambio se mostraban, a la hora de la verdad, incapaces de cambiar ellos mismos.

En esta coyuntura nace Geroa Bai, recogiendo el guante de la NaBai que pudo ser y no fue, libre ya del peso de quienes querían una simple unión táctica y no dejaron que NaBai creciera y desarrollara toda su potencialidad. Geroa Bai tiene el reto y al mismo tiempo la gran oportunidad de recuperar la confianza de quienes una vez se ilusionaron con el proyecto pero se sintieron defraudados con el resultado. Geroa Bai tiene la oportunidad de impulsar una nueva forma de hacer política, propia del siglo XXI, tal y como quiso hacer la primera NaBai. Porque todas las sensibilidades políticas que estuvieron presentes en el nacimiento de NaBai lo están también en Geroa Bai.

Geroa Bai se presenta a las elecciones del próximo 20-N con renovada esperanza. Nos gustaría transmitiros la ilusión con la que estamos trabajando en Geroa Bai porque la alegría ha regresado otra vez a muchos rostros que habían perdido la sonrisa en los últimos tiempos. El objetivo de Geroa Bai no es otro que consolidar las bases de un futuro diferente para Navarra, pero queremos hacerlo desde nuevas maneras políticas y para ello es necesaria la participación de todos aquellos que crean que ese futuro es posible, porque el trabajo no termina el 20-N, pero es mucho lo que los abertzales y vasquistas de Navarra nos jugamos en las próximas elecciones.

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Hace ya más de un año (concretamente el 26 de septiembre de 2010) publiqué un texto en el que me refería al Acuerdo de Gernika y la oportunidad o no de buscar atajos en la resolución del problema de la violencia. Aunque el texto se centra en aquel momento y el tiempo pasa muy rápido, más en política, creo que lo fundamental del texto sigue teniendo vigencia. Por ello, he querido rescatarlo y volverlo a traer aquí, en este nuevo contexto político.

Parece que el movimiento iniciado por Batasuna sigue avanzando y hace pensar en que esta vez sí puede ser la de verdad. Ayer Aralar se sumaba al acuerdo entre EA y Batasuna y fijaban un texto por un “Escenario de paz y soluciones democráticas”.

Entiendo los esfuerzos que se quieren hacer para que esta sea la definitiva y dejemos atrás la época en la que había unos iluminados que creían tener licencia para matar en nombre de unas ideas y de un pueblo. También entiendo que hay que estar en la foto, si esta vez es la de verdad, para no quedarse relegado en el nuevo escenario que se abra tras el abandono de las armas por parte de ETA. Sin embargo, no me gusta ver cómo nuevamente es la Izquierda Abertzale Oficial la que marca el ritmo, el contexto y hasta los términos empleados en un Acuerdo.

Intuyo que lo que se ha valorado es que para animar a la banda terrorista a dar el paso que todo el mundo espera había que hacer alguna concesión o dar algún paso desde las fuerzas nacionalistas. El texto acordado recoge un timing muy claro, en el que un gesto de ETA es seguido por otro del Estado. Puede parecer razonable y hasta puedo compartir el hecho de que habría que derogar la Ley de Partidos y que el trato a algunos presos condenados por delitos de terrorismo roza situaciones de escasa humanidad. Sin embargo, creo que hemos vuelto a caer en la trampa de admitir que existen violencias y violencias y que abandonada la Violencia con mayúsculas, los asesinatos, se puede avanzar en una primera concesión (la derogación de la Ley de Partidos para que Batasuna pueda presentarse a las elecciones de 2011), y eso es un error. No me parece que acordar algo con Batasuna simplemente con la esperanza de que el proceso vaya a salir bien sea un acierto. Porque, ¿qué pasaría si el Estado no entra al trapo y no legaliza a Batasuna? ¿Mantendría ETA la “tregua”? ¿Seguiría el proceso adelante? ¿Y qué haría Batasuna si ETA abandonara la “tregua”?

“La desaparición de todo tipo de amenazas, presiones, persecuciones, detenciones, y torturas contra toda persona por razón de su actividad o ideología política” y hablar de presos y exiliados de un “conflicto político” son expresiones e ideas, a mi modo de ver, que suponen una excesiva concesión a ETA. El texto está redactado de modo que las acciones violentas de ETA y las acciones del Estado se ponen al mismo nivel, como parte de un conflicto en el que hay dos bandos enfrentados en una lucha ya histórica. Se trata de la fantasía del conflicto vasco elaborada por Batasuna y que ha sido refrendada por EA y Aralar en el presente Acuerdo. Analizar el problema de la violencia de ETA desde posiciones de conflicto político entre dos pueblos es algo que está totalmente fuera de la realidad hoy en día.

ETA considera, afirma hoy la prensa, que el “escenario básico para que el proceso sea viable” es “que se tomen las medidas necesarias para que todos los agentes puedan actuar en igualdad de condiciones, que se establezcan los derechos civiles y políticos, que se desactiven los castigos añadidos impuestos a los presos políticos vascos y que, en general, se desactive toda situación de presión, injerencia y violencia”. ETA se retira, pero sigue ahí hasta que se den las condiciones que ellos estiman “básicas” para que el proceso siga adelante. Por tanto, ¿qué ha cambiado, me pregunto yo, salvo la urgencia de Batasuna por concurrir a las elecciones de 2011?

Hace no mucho escuchaba a un líder político de Aralar hablar de que ETA debía anunciar un cese de la violencia, de manera unilateral y “sin contrapartidas”. Sin embargo, el texto acordado con Batasuna contempla importantes contrapartidas al abandono de la violencia por parte de ETA, algunas de las cuales no esperan siquiera al cese de todo tipo de violencia. Me ilusiona pensar que el fin del terrorismo está cerca porque el fin de la violencia permitirá que podamos expresar libremente nuestras opiniones y nuestros proyectos de futuro, pero creo que acordar algo antes de tener ningún tipo de garantía ha sido un error.

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Nada cambio si tú no cambiasNavarra vive desde hace ya unas décadas un peculiar sistema político basado en el enfrentamiento y la exclusión de una parte de su ciudadanía. Como si de una reedición del régimen de la Restauración se tratara (salvando ciertas distancias, evidentemente), existen fuerzas perfectamente instaladas en el sistema, que controlan todos los resortes del poder (con su dosis de caciquismo foral), que excluyen a quienes piensan de forma diferente, y que refuerzan su posición gracias también a la acción radical (y violenta en algunas de sus manifestaciones), de determinadas fuerzas políticas antisistema. La necesidad de defender a Navarra que esgrimen unos o la autoidentificación de los otros como vanguardia de la lucha contra el régimen son ideas que les permiten justificar, sin necesidad de más explicación, el papel que desempeñan los primeros (UPN, PP y, desde hace un tiempo, también PSN) y los segundos (Batasuna y ahora Bildu). El resultado de este enfrentamiento no es otro que la perpetuación del sistema, del régimen de exclusión de la Navarra plural, de la Navarra real, cansando, desmovilizando y desilusionando a quienes quieren construir en lugar de destruir, convivir en lugar de convertir.

Dentro de esas reglas de juego, unos y otros quieren perpetuar el status quo para que nada cambie: los primeros porque están muy cómodos gestionando el poder y gobernando desde, por y para su propio espacio político, para sus navarros y navarras de bien; y los segundos porque para defender su propio chiringuito y su propia razón de ser necesitan un enemigo al que enfrentarse, que les responda con dureza y contra el que seguir dirigiendo (en su papel de vanguardia) al “pueblo oprimido”. Lo de siempre, vaya, la ya conocida (y fracasada, por cierto), acción-represión-acción, que tanto daño nos ha hecho.

Unos y otros quieren impedir que la ciudadanía vea como una fuerza útil a quienes trabajan por cambiar realmente la situación. Más de una vez, durante la pasada legislatura, ANV votó junto a UPN en el Ayuntamiento de Pamplona (y lo hemos vuelto a ver en la presente con motivo, por ejemplo, de la dirección del Gayarre). A Bildu no le interesa que se vea que NaBai (buscando el acuerdo con PSN e I-E) es una herramienta útil para un cambio real, para la esperanza en un futuro distinto.

UPN y Bildu se necesitan y darán muestras públicas de su respectivo odio porque es la mejor forma de llamar la atención de los medios de comunicación y del electorado, la mejor manera de lanzar un mensaje sencillo que llegue a las tripas y que oculte a la ciudadanía el hecho de que el cambio no llegará de ese enfrentamiento estéril que cuenta ya con décadas de fracasos para el abertzalismo y el vasquismo navarros, sino del entendimiento y respeto entre diferentes, desde la búsqueda de puntos de encuentro en los problemas reales de la población.

Bildu enarbola ahora el mensaje de la “unidad abertzale” e invita a participar en una nueva coalición a Aralar y PNV (sí, también a ese PNV que si va con otros es despreciable, pero si va con ellos es estupendo). La oferta no se ha dirigido a NaBai porque el objetivo de Bildu en mayo y ahora es destruirla, acabar con la única fuerza que puede hacer que las cosas y la manera de hacer política cambien en Navarra. En mayo Bildu convenció a algunos líderes de EA de Navarra y ahora ha hecho lo mismo con unos pocos (¿dos?) líderes de Aralar de Navarra.

La IAO, Batasuna, representa un proyecto diferente, que responde a una cultura política muy suya (y muy vieja, por cierto), que no está dispuesta a debatir y que simplemente exige a los demás que acepten sus planteamientos y se sumen a su último proyecto con sus condiciones, pasando por el aro. La pregunta es evidente: juntos, ¿para qué? Y la respuesta, aún lo es más. Grandes afirmaciones vacías como las de Urizar de «vamos a ir a Madrid para decirles que queremos dejar de ir» son una muestra clara del para qué de Bildu: para volver a los años 80 y 90 y que nada cambie (salvo quemar a EA y Aralar por el camino); para seguir con políticas antiguas que han dado lugar a muchos momentos históricos, pero sin resultado alguno. Volver a pasar por lo mismo no parece una buena idea, menos aún en esta situación de crisis. Por ello, como decía un amigo hace poco, NaBai (con el nombre que haya que darle ahora) es más necesaria que nunca.

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Antes del 22 de mayo comentaba la necesidad de apoyar NaBai, desde mi punto de vista, como única manera de construir algo que nos permitiera tener esperanzas de un futuro mejor. Desde este mismo punto de vista, me gustaría comentar algunas ideas acerca de los resultados del pasado domingo.

Debo reconocer que los resultados generales en el Estado no son muy alagüeños, pero tampoco podíamos esperar otra cosa. En la CAV está claro que el PSE ha pagado no solo el desgaste de Zapatero, sino también su pacto con el PP, fórmula de gobierno que no hace sino demostrar un estado de excepcionalidad en la política vasca (y navarra, con su versión UPN-PSN). Se trata de una peculiar concreción del hecho diferencial de nuestra tierra. Pero lo que muestran con rotundidad las elecciones en la CAV es qué ocurre cuando determinadas fuerzas deciden hacer seguidismo a Batasuna (con acuerdos como el de Gernika), en lugar de apostar por marcar un discurso propio, nuevo y alejado de las posiciones tradicionales de la Izquierda Abertzale Oficial. Cuando se deja que Batasuna esté en el centro del debate, poco importa que no tengan mucho más que ofrecer que una vaga promesa del fin de la violencia, porque pasan por encima de todo. El efecto de la legalización, el voto útil al que se percibe como fuerza en ascenso o incluso el voto de castigo al sistema tal vez se hubiera llevado por delante a todos de todos modos, pero al menos se hubiera podido intentar algo. Se hubiera podido sentar las bases de algo necesario como la construcción de un nuevo referente para quienes, incluso aunque hayan votado Bildu, no quieren ir de la mano de Batasuna.

La situación en Navarra es algo diferente. Mi primera reacción no fue precisamente de alegría, debo reconocerlo, ya que esperaba un mejor resultado de NaBai en el Parlamento. Sinceramente, había apostado por un 10 para NaBai y un 5 para Bildu. No soy de los que cree que en estos momentos 8+7 sea igual a 15. Lo que hay ahora mismo son 8 parlamentarios con ganas de trabajar por Navarra en positivo y otros 7 que tendrán que demostrar qué quieren hacer.

De todos modos, a pesar de ello, hay una lectura positiva, no sólo por los resultados de Pamplona, de los que alguno tendrá que sacar evidentes consecuencias. Más allá de Pamplona, NaBai puede haber dado un paso importante en su consolidación. NaBai ha resistido contra viento y marea, a pesar de todas las decepciones de los últimos meses y de las maniobras de Batasuna con el apoyo de EA. NaBai ha sacado un resultado importante, por delante de Bildu, para cabreo de los dirigentes de Batasuna, dejando claro que el futuro del nacionalismo en Navarra pasa claramente por Nafarroa Bai. Es triste y hasta duele ver cómo hemos perdido una oportunidad inigualable y ni siquiera por razones que respondan a problemas o realidades de Navarra. Habrá que curar heridas y reconstruir la confianza entre sus integrantes, pero quizás el hecho de que fuera de NaBai haga tanto frío ayudará a los partidos políticos a concentrarse en esta tarea.

Los integrantes de NaBai, en mi humilde opinión, debieran centrarse en una buena labor de oposición, en consolidar el consenso interno y en construir una NaBai como pieza clave en lo estratégico, no solo como un acuerdo táctico provisional. Tenemos 4 años para avanzar en este camino si hay voluntad para ello.

¡Ah!, y simplemente por preguntar. ¿Renunciarán los cargos electos de Bildu a aquellos puestos que hubieran correspondido a Sortu si hubiera sido legalizada? Pueden utilizar como cifra a tener en cuenta los votos nulos de hace 4 años o los que respaldaron a ANV allí donde fue legalizada…

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El 22 de mayo se acerca y ese día elegiremos a nuestros representantes municipales y forales para los próximos cuatro años.
Una vez publicadas las listas del pueblo se apoderó de mí el desconcierto ¿no había nadie mejor para formar las candidaturas? Luego pensé que no puedo juzgar a quien está dispuesto a ir ya que es responsabilidad de todos tomar compromiso con la vida de nuestro pueblo. Pero los días siguientes he podido comprobar que ese desconcierto también lo tiene mucha gente de mi entorno. Desconcierto que supera el ámbito del pueblo. Parece general la opinión de que las candidaturas son pobres. Sí, es verdad, el día 22 votaremos y saldrán los representantes municipales, pero ahora más que nunca creo que, salvo los convencidos o los votantes fieles, votaremos por descarte y no por haber sido seducidos por el programa más atractivo o por los candidatos/as más aglutinadores.
¿Sucede lo mismo en el Parlamento de Navarra? Aunque la oferta es la más numerosa de los últimos años ninguna candidatura despierta pasiones: más de lo mismo y tal y como apuntan las encuestas, pocas posibilidades de cambio, aunque la nueva oferta en la izquierda navarra y la presencia de Bildu puede que faciliten el cambio. Remota posibilidad, pero habrá que intentarlo.
– UPN presenta a una candidata que con un gesto de confianza nos dice que cuenta con nosotros. Y conocemos de qué manera, ya que siempre ha gobernado para sus votantes y no para toda la ciudadanía. UPN es un partido que representa a la derecha, al recorte social y de los servicios públicos y sigue fiel a su negación de la identidad vasca de Navarra. Es una incógnita en qué medida le afectará su ruptura con el PP. Pero la ruptura de Nabai le ha puesto en bandeja ser el partido más votado.
– El PSN nos presenta un candidato triste y con poca fuerza. Transmite poco, pero ese poco que transmite es claro, volverán a entregar el gobierno a la derecha. Afirma que no buscará apoyos de Bildu ni aceptará su abstención, dice que Nabai no es socio fiable. Pero conociendo el percal lo único que falta saber es cuál es el precio que pondrán por su apoyo: cargos, alcaldías, empresas públicas.
– Tras la ruptura de la derecha han surgido PP y Derecha Navarra y Española. El discurso de este último partido es claro, no engañan a nadie: a su derecha no hay nada. Expresan sin disimulo la auténtica identidad del PP y de UPN. Parece que no tienen ninguna opción pero el PP en la práctica aplicará sus planteamientos con cariño. Otra cosa es que los números den para un pacto con la UPN de su alma, cosa que no haría más feliz a la candidata Yolanda.
– CDN tiene un panorama complicado. Las encuestas dicen que no llegarán al 3% y que puede quedar fuera del Parlamento. Han estado buscando acogida en otras listas, pero o Roma no paga traidores o sus peticiones de sillones eran inaceptables
– IU-Ezkerra ha despertado un cierto interés y las encuestas les dan una cierta recuperación, que pueden ser de gran importancia si el PSN tuviese la tentación de facilitar el cambio en Navarra. Posibilidad remota pero cosas más difíciles hemos conocido
– Con Nabai 2011 todo es un mar de dudas. Las encuestas publicadas hasta ahora les dan unos resultados cuando menos sorprendentes. Lo normal es que tras la salida de Batzarre y EA y la legalización de Bildu el reparto de votos traiga una bajada significativa de Nabai. Pero no todo entra dentro de esa lógica ya que lo que puede estar en juego es la correlación de fuerzas dentro del abertzalismo de izquierdas, esto es, si Nabai mantiene unos resultados buenos puede ser el eje sobre el que se construya una izquierda abertzale civil y democrática de referencia. Si los resultados se decantan hacia Bildu puede que algunos entiendan que su forma de hacer política es la que debe ser la referencia. Y el proceso que vaya a llevar la sociedad navarra dependerá de cual de las dos posiciones, esto es, trabajar por conseguir el cambio en Navarra pero partiendo de la realidad o el triunfo de posiciones idealizadas que parten de una realidad que no existe.

– Finalmente tenemos a Bildu. El candidato visible es Maiorga Ramirez. Resulta curioso ver salir de su boca afirmaciones tan batasunas, pero todo el mundo tienen derecho a cambiar. Otra cosa es si ese cambio es por convencimiento o por conveniencia. Ahora mismo la duda es si la EA de Urizar ha hecho como el pájaro cuco, que pone sus huevos en el nido de otro pájaro para que los incube y alimente, o si lo que estamos viendo es el minuto de gloria de políticos profesionales que a cambio de cuatro años de cargo (que no es moco de pavo) facilitan la entrada a las instituciones de la izquierda abertzale. La comentada foto del expreso pidiendo el voto para Bildu parece indicar lo segundo. Y que no se malinterprete el comentario. La izquierda abertzale tiene perfecto derecho a estar en las instituciones y los demás tenemos derecho a manifestar nuestra opinión: votar a Bildu es votar a una IAO que aún no ha cerrado el ciclo y nos preocupa que muchas personas que se han prestado a ir en listas o que vayan a votarles se den cuenta de ello demasiado tarde. Pero también reconozco que si los pasos para hacer política son firmes y sinceros el futuro próximo traerá novedades interesantes que ahora no alcanzamos a imaginar.
– Y queda Sortu y todas las personas que no pueden ser candidatas. Parece ser que nadie se acordará de ellos. Puede que Bildu lo utilice para dejar en evidencia las carencias de las otras ofertas políticas, pero de momento no se ha oído que vayan a retirar sus candidaturas ante una situación antidemocrática. Algo que sí pidieron a los demás partidos en caso de que su coalición hubiera sido ilegalizada.

Y en mi pueblo, ¿qué?. Pues aquí solo se me ocurre lo que José Saramago planteó en Ensayo sobre la lucidez: votar en blanco.

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Tras el tiroteo entre gendarmes franceses y presuntos miembros de ETA hace unos días, todas las miradas se dirigieron a la Izquierda Abertzale Oficial. Había que ver cuál iba a ser la respuesta y las palabras de la IAO. Había que ver que decían, al menos, la tradicional Batasuna, la naciente Sortu y la coalición Bildu. Es curioso comprobar cómo a nadie le interesan ya las opiniones de ANV ni de quienes se presentaron (o, mejor dicho, no pudieron presentarse) por medio de Agrupaciones Electorales en 2007.

No es nueva la capacidad camaleónica de la IAO para presentarse con unas siglas u otras y para aprovechar y sacar réditos de los diferentes roles y discursos que cada una de esas siglas le puedan reportar. Sí es nuevo, sin embargo, o al menos a mí me lo parece, que Sortu y hasta la propia IAO (la tradicional, la que aparece como IA y no le importa que la identifiquen con Batasuna) utilicen en sus declaraciones términos que (sin llegar a la, por lo que parece, todavía imposible condena) rechacen una acción de ETA y la califiquen como “incompresible e inaceptable”. Y es nuevo, además, porque mientras, la supuesta marca blanca, en forma de coalición en este caso con EA y Alternatiba, se queda en un simple rechazo utilizando calificativos como “incidente” al referirse al tiroteo y que, al mejor estilo de Batasuna y de algunos comunicados de ETA, hablen de la “responsabilidad de todos los agentes dar pasos decididos y firmes hacia la normalización y pacificación de Euskal Herria” o de “la necesidad de que los Estados español y francés atiendan a las demandas establecidas en el Acuerdo de Gernika y colaboren activamente, de esta forma, en el proceso abierto”.

Me resulta imposible creer que EA y Alternatiba no hubieran pactado con Batasuna cuál tenía que ser la respuesta a un hipotético atentado de ETA o a cualquier tipo de acto violento. No creo que nadie sea tan ingenuo ni tan poco previsor. Así pues, creo que el texto publicado fue una respuesta pactada en la que EA y Alternatiba aceptaron utilizar una terminología ajena a ellos (totalmente ajena a su cultura política) y propia de tiempos pasados, incluso para Batasuna. La duda que surge inmediatamente es ¿por qué lo hicieron? ¿Por qué renunciar a condenar que alguien haya intentado matar a otra persona?

La primera posibilidad que se me ocurre es que fuese un acto de autocensura, un texto redactado por quien cree que puede perder atractivo en un sector social que no es el propio, sino el que espera conseguir. Tal vez EA y Alternatiba pudieron temer que condenar lo ocurrido les alejara del caladero de votos de la IAO. Si este fuera el caso, no sé qué me preocuparía más, si comprobar la desesperación de dos fuerzas sin proyección ni futuro capaces de renunciar a algo elemental y tan interiorizado hasta ahora o la percepción que estas dos fuerzas tienen de cuáles siguen siendo las coordenadas políticas, ideológicas y morales de sus compañeros de aventura. La consecuencia es la misma en ambos casos.

Sin embargo, cabe una segunda posibilidad (y varias más, seguramente). Puede ocurrir que la respuesta se deba a un ejercicio de escenificación en el que la tibia respuesta de Bildu fuera sobrepasada claramente por Sortu y por la IAO. Sin embargo, no entiendo las razones que pudiera haber para ello, salvo un frío y simple cálculo electoral. Tal vez estos días encontremos una respuesta…

Más allá de las consecuencias que esta actitud pueda tener (no parece probable que se llegue a una ilegalización de Bildu), parece lamentable que algunos piensen que la manera de atraer a la IAO a la política y alejarla de la violencia de ETA (que es la excusa que se suele poner en estos casos) sea precisamente dejar de condenar la violencia de ETA. Justificar la violencia o justificar la no condena de la violencia como medio para acabar con la violencia es un camino equivocado y peligroso. Más aún si el objetivo real es sobrevivir como partido una legislatura más.

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Con motivo de la presentación de la coalición formada por Batasuna, EA y Alternatiba, Pello Urizar ha hecho unas declaraciones que me han hecho sonreír. Urizar ha afirmado respecto a la ilegalización de Sortu que considera que le va a ser “muy difícil” al Tribunal Constitucional emitir un voto contrario a la legalización del “nuevo” partido, y ha lamentado que si “no responde en tiempo, Sortu no pueda tener su propia candidatura para presentarse a las elecciones”.

Imaginemos, aunque solo sea un momento en un ejercicio de política ficción, que el Tribunal Constitucional permitiera que Sortu fuera inscrito en el Registro de Partidos Políticos y, en consecuencia, concurriera a las elecciones del próximo 22 de mayo. Desconozco el articulado concreto de los acuerdos firmados por EA con Batasuna, pero de lo que sí estoy convencido (porque es lo que todos estos años nos han enseñado y demostrado a sangre y fuego) es que Batasuna hará lo que más le interese y lo que más daño haga a los que la rodean. Siendo así, ¿sería descabellado pensar que Sortu decidiera presentarse en solitario a las elecciones? Y si esto llegara a suceder, ¿en qué posición quedaría EA?

En el caso de que Sortu fuera legalizado Batasuna podría jugar el doble papel de cosechar los votos por medio de un partido legalizado y denunciar al mismo tiempo un sistema que no le permite presentarse a las elecciones, mostrando con pruebas para ellos irrefutables la ausencia real de democracia (a la que ellos parecen no estar obligados) y la verdad absoluta de su mensaje. Mantendrían su pureza ideológica y su coherencia de pensamiento y acción desde su origen en 1979 o incluso más allá, conectando con los diferentes agentes que han prefigurado a la Izquierda Abertzale a lo largo de la historia del pueblo vasco. Y harían todo ello tratando de ocultar que en realidad participan de ese sistema, de sus lados oscuros y de sus muchos tonos de grises, como ya lo hicieron hace cuatro años cuando en muchos municipios, en una estrategia pensada, buscada y rentabilizada, presentaron dos listas (legal e ilegalizada) y las mismas personas lanzaron los dos discursos (victorioso y victimista) sin ver, ninguno de ellos, contradicción alguna en semejante actitud.

Si Sortu fuera legalizado podría sumarse al acuerdo firmado entre Batasuna, EA y Alternatiba, dice Urizar. No sé si es una afirmación que se hace a partir de la letra pequeña de los acuerdos, si se hace porque es lo que hay que decir para atraer votos y quedar bien o si se hace poniéndole una velita a Maritxu Kajoi. Es lo que tiene la política, que salvo que uno sea el dirigente mismo del partido no se sabe muy bien cuáles son las verdaderas razones de las decisiones.

Si Sortu se presentara en solitario a las elecciones EA habría hecho una jugada magistral rompiendo su acuerdo con NaBai para, finalmente, desaparecer de la vida pública en unas elecciones en las que más que probablemente no habría de conseguir un solo representante en ninguno de los cuatro Herrialdes. Así pues, EA necesita que Sortu no sea legalizado o que, de serlo, Batasuna cumpla sus acuerdos y sea leal con quienes hasta hace nada eran despreciados por ser de derechas y autonomistas. Sinceramente, no me gustaría estar en la piel de Urizar.

Sería interesante poder ver qué ocurriría en realidad si Sortu fuera legalizada: ver si el acuerdo con EA y Alternatiba se mantiene o si Batasuna decide ir por su cuenta, saber cuál es a día de hoy de verdad el peso de Batasuna y saber cuál es el peso real de EA. Como ya he dicho, Batasuna puede jugar, si los resultados no son los que les hubiera gustado, con el victimismo de que se ha legalizado a Sortu, pero no a Batasuna, pero ¿cuál iba a ser la excusa de EA?

Sin embargo, esto no era sino un ejercicio de política ficción, un entretenimiento de una mañana de domingo, entre el desayuno y la lectura de la prensa…

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