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Archive for 23 diciembre 2009

Tengo la sensación de que en los últimos años se han ido incrementando las partidas que quedan reflejadas en los Presupuestos con nombre y apellidos. Son cada vez más las partidas recogidas en los Presupuestos que quedan asociadas al desarrollo de una acción concreta en una localidad determinada. No es algo que ocurra única y exclusivamente en Navarra, sino que es un fenómeno frecuente también en los Presupuestos Generales del Estado e, imagino, también en otras Comunidades Autónomas (aunque confieso que no he tenido tanta curiosidad como para comprobarlo).

No niego que haya ocasiones en las que el interés general pueda tener nombre y apellidos, momentos o coyunturas en las que solucionar el problema de alguien o de alguna localidad ayude al bien común. Es hasta comprensible que una intervención en un punto negro de la red de carreteras se sufrague con una partida presupuestaria concreta, fuera del Plan Director de Carreteras.

Sin embargo, lo que está ocurriendo en los últimos años es que los Presupuestos se están convirtiendo en objeto de mercadeo para cerrar acuerdos por parte de fuerzas políticas que gobiernan en minoría, tanto en Madrid como en Pamplona. En estos casos, el criterio para decidir a quién se le da el dinero y a quién no no es técnico ni se basa en el interés general, sino que sigue criterios de interés particular, de un partido político o de un ente local o de una asociación cultural o de otro tipo.

Ayer se aprobaron en Navarra unos Presupuestos para el 2010 en los que el dinero de todos no se reparte entre todos por igual, sino que reserva un buen número de millones en partidas que van a quedar al margen de los criterios de concurrencia y competitividad que deben regir, legal y moralmente, la labor de la Administración. Con estos presupuestos, pactados y escenificados por UPN y PSN, va a haber ayuntamientos, por ejemplo, que van a recibir dinero por dos vías:

  • las convocatorias de subvenciones o planes de infraestructuras (como el Plan Cuatrienal del Departamento de Administración Local de Gobierno de Navarra) a las que todos podrán concurrir en igualdad de condiciones,
  • y, además, una partida presupuestaria creada ex profeso para ellos (y no para otros con las mismas o mayores necesidades) por el simple hecho de tener una alcaldía de un determinado signo político.

Mientras unos ayuntamientos tienen que ponerse a la cola cuando solicitan una subvención para un centro de 0-3 o mejoras en las infraestructuras, otros ven cómo, graciosamente, merced a un acuerdo entre UPN y PSN logran esa dotación sin esperas, ni convocatorias de subvenciones, ni verse sometidos a las exigencias y varemos marcados por el propio Gobierno de Navarra con carácter general. ¿No sería más justo incrementar la partida ya existente para esas convocatorias con el dinero dado a una localidad concreta y que pasara el siguiente de la lista? Es evidente que sí, pero también lo es que no es tan política o electoralmente rentable.

Qué pretenden UPN y PSN con estas partidas es evidente. Se trata, como en el peor clientelismo predemocrático, de premiar a los propios. Lo que yo me pregunto es si estamos ante una práctica irregular y hasta inconstitucional. Desde luego, en lo que no albergo duda alguna es en afirmar que si la Ley permite esto, hay que cambiar la Ley.

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Por fin lo he entendido. Llevaba desde abril con la mosca detrás de la oreja, y no había manera de descubrir dónde estaba el truco. Cuando oí al inefable Miguel Sanz decir lo mucho que se alegraba por el pacto PSE-PP que colocaba a Patxi López en la Lehendakaritza, las cuentas no me cuadraban.

“¿Por qué dice eso Miguelico?”, me preguntaba una y otra vez, y por más vueltas que le diera al asunto, no había forma de encontrar una respuesta satisfactoria. Primero pensé mal y dije: “Sanz, como les tiene manía a los vascos, quiere que llegue el PP al poder. Él, que no es tonto, se acaba de deshacer de su compañía en Navarra, y está seguro de que llevarán a las Vascongadas a la ruina.” Todo encajaba. Así, la reivindicación de los malos navarros que propugnan la unión con Euskadi perdería fuerza, porque: ¿para qué queremos unirnos a un territorio empobrecido que nos va a sangrar? Sin embargo, este argumento tiene un punto débil. Si el PSN es un excelente aliado para llevar a Navarra a las “más altas cotas de bienestar imaginables”, el PSE no podrá hacerlo tan-tan mal… (aquí fui ingenuo, no me acordaba de Rodolfo Ares y Pilar Unzalu)

Por tanto, tras mucho devanarme los sesos se me ocurrió que podía haber otra razón. Miguelico pretendería demostrar a los navarros y navarras que él no era un euskófobo paranoico, sino que sólo respondía a las provocaciones y pretensiones anexionistas que llegaban desde los inhóspitos territorios vascos, gobernados por el malvado Ibarretxe. Por desgracia, el tiempo me ha vuelto a demostrar que me equivocaba. Los recortes al euskera, el “affaire ETB” o su postura ante la zonificación lingüística me han vuelto a poner frente a frente a lo que es este hombre: una mente enfermiza obsesionada con la territorialidad. La última ha sido “de traca”: negarse a configurar la eurorregión junto a Aquitania y la CAV que él mismo promovió hace pocos años (es decir, aún es más facha que entonces) y, con ello, negarse a recibir ayudas europeas en –entre otros ámbitos- proyectos de investigación o concentración de sectores empresariales.

Como suele suceder, cuando más perdido estaba apareció la solución. Este mediodía, cuando he conectado la radio y he escuchado los resultados del Euskobarómetro, se ha hecho la luz. Por supuesto, suspenden todos, con una nota históricamente baja para Patxi López. ¡CLARO! Después de tantos años siendo el presidente de comunidad autónoma peor valorado, Miguelico lo ha visto claro: sólo “Patxi el usurpador” –gracias a un pucherazo histórico- es capaz de batirle. Para ello, previamente él se borró del Navarrómetro (gracias a la ayuda de los pardillos oficiales del “Reyno”, Roberto Jiménez, Samuel Caro y compañía), aunque vista la nota obtenida por el gran Patxi (sólo comparable a las que sacó en sus años de universidad) igual no hubiera hecho falta.

Al fin, puedo dormir tranquilo. Otro enigma más resuelto.

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Pasa den igandean, programazioaren aldetik desastre hutsa izatearen abantailaz profitatu nuen. Lagun batek hamaika aldiz gogoratu arren, azkenean ahaztu zitzaidan Barakaldoko Bertsolaritzako finalerako sarrera erostea eta –TDT madarikatua oraindik ez dudanez erosi- ETB 1en programazioa disfrutatu ahal izan nuen. Boikota egitearen alde nago, baina salbuespen batzuk ere egon behar dira: Irujoren partiduak eta bertsolaritza, momentuz, salbuespenak dira.

Nahiz eta saio osoa ez nuen ikusi, asko gozatu nuen. Bertso ederrak entzun ziren, emozio ez zitzaion falta txapelketari eta momentu hunkigarri eta gogoangarriak bizi ginen guztiok. BECen zegoen giroa izugarria zen, eta jende askok ongi egindako lanaren emaitza ikusten zen. Bertsolaritzak indar handia dauka, eta espero dezagun horrela jarraitzea urte askoz.

Maialen Lujambio txapeldun berria zela entzutean, zirrara berezi bat sentitu nuen. Egia esan, ez naiz gai esateko bere lana Amets Arzalluzena baino hobea izan zenik, baina argi dago –emakumea izateagatik- mugarri bat markatu zuela berdintasuna duen helmuga bidean.

Bukaeran, aldiz, beste urte batzutan gertatu den bezala, txistuak entzun ziren sari banaketan. Eta ez sailkapenarekin batzuk ez zeudelako konforme. Izan ere, txistuak entzuten ziren aldika, saria nork emango zuenaren arabera. Agertokira igotzen zena jatorra baldin bazen, txalo zaparrada (Martxelo Otamendiren kasua, merezimenduz eramandakoa) Baina, batzuen iritziz horren merezimendua irabazita ez baldin badaukazu… kontuz, denetarik esango dizute eta.

Hori bai, bertsolariek agurrean Euskal Herriko jendearen “batasuna” edo “abertzaleen indarra” aipatzen zutenean, txalo zaparradak entzuten ahal ziren. Batasuna edo Askatasuna hitz ederrak dira. Alderdi politiko guztiek diskurtsoetan behin eta berriro aipatzen direnetakoak. Soilik detaile txiki bat falta zaigu: denon artean esanahia aztertzea proposatzen dut, nik behintzat ez dudalako ulertzen nola txalotu ahal den “abertzaleen batasunaren” aldeko bertso polit bat, eta handik bost segundura denetarik esan beste alderdi abertzaleko kide bati (Diputazioen izenean sari bat ematean, hain zuzen ere). Nire ustez, gaur egun jende gehiegik ulertzen du batasuna imposaketa bat bezala, hau da, nik nahi dudana egiten den bitartean, horren alde eginen dut, baina ezberdintasunak azaleratzen hasten direnean… akabo! Orduan, nire indar guztiarekin irainduko zaitut. Eta ez dut esaten gure desadostasunak estali behar ditugunik, baina beti berberak dira modu honetan jokatzen dutenak, eta iada aspertzen naute.

Benetan galdetzen diot nire buruari: nora goaz jende honekin?

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Este fin de semana casi el 30% de la población de 167 municipios catalanes se ha mostrado a favor de la independencia de Cataluña, cortando amarras con España. Se trataba de una consulta impulsada por una organización privada y sin carácter vinculante, a pesar de lo cual, el 30% de la ciudadanía convocada acudió a votar.

La consulta tiene un evidente valor simbólico y político y muestra una tendencia en aumento dentro de Cataluña, de la sociedad catalana, cada vez más cansada del trato recibido por sectores importantes de la sociedad española. El movimiento nacionalista catalán no es un “constructo” artificial y forzado de una elite política y sin un respaldo social real como algunos creen o quieren hacernos creer.

El sentimiento identitario catalán está presente en la inmensa mayoría de la sociedad catalana aunque en grados distintos y con proyectos políticos diferentes. Pero parece claro que entre ellos, el proyecto independentista tiene un peso importante. No me parece en absoluto un fracaso que el 30% de la población de esos 167 municipios catalanes (200.000 personas) se acercara a las urnas y depositara su voto por la independencia. “Total, es gratis”, pensarán algunos y, evidentemente, no podemos extrapolar directamente ese 30% a un referéndum donde el resultado fuese vinculante, pero tampoco el porcentaje de participación sería el mismo si de la consulta dependiera el futuro jurídico-político de Cataluña. La consulta es lo que es, y no es poco.

El nacionalismo español, el que no se avergüenza de definirse como tal y el que sí, ha reaccionado como siempre, recordando el viejo fantasma de la guerra civil, un conflicto al que “siempre nos han conducido las frívolas aventuras secesionistas de los nacionalismos periféricos”, escuchaba ayer en un debate televisivo. Curiosa manera de explicar y justificar sucesos históricos de la España contemporánea como el alzamiento militar de Franco o incluso (seguro que alguno lo ha pensado) el golpe de Estado de Tejero. En la mente de un “facha”, que es la palabra que mejor define a esta manera de pensar, quienes se cuestionan el orden establecido sólo quieren revolver, provocar y causar problemas. Ellos, hombres de bien, simplemente reaccionan desde la posesión de la verdad absoluta, defendiendo a España, único “Ser nacional”, de quienes se inventan naciones inexistentes con argumentos ridículos.

El nacionalismo español no acepta que haya quien pueda no estar cómodo en una España autonómica de café para todos. El proyecto de la transición donde se marcaba con claridad dos niveles autonómicos ha quedado olvidado porque la clase política española no se cree una descentralización de verdad y porque esta segunda ola de reformas estatutarias no ha servido más que para incidir más aún en esa uniformización. No hay más que pensar en la fórmula Camps. El nacionalismo, sea catalán, vasco o gallego, nunca podrá estar cómodo en esa imagen de España, nación única e indivisible.

Las identidades nacionales no son seres eternos e incuestionables ni verdades absolutas objeto de fe y veneración por parte de las personas. Las naciones pueden y deben ser objeto de debate político y opinión, pues no serán sino lo que la ciudadanía mayoritariamente decida que sean. En este sentido, lo importante de la consulta de este fin de semana es que se ha podido ejercer la libertad de expresión opinando sobre el proyecto nacional de Cataluña: la ciudadanía de 167 municipios ha podido opinar, con normalidad, sobre la independencia de su nación, con normalidad, sin que por ello se caiga el cielo o se abran los infiernos.

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No hubo sorpresas en la ceremonia de entrega del Nóbel de la Paz en Oslo. Barack Obama acudió, aceptó el premio, reconoció sus escasos méritos para tan alto galardón y habló del papel de la guerra a la hora de mantener la paz.

El Nóbel de la Paz no siempre se han entregado a activistas del pacifismo. No todos los galardonados son la madre Teresa de Calcuta (1979), el Dalai Lama (1989) o Médicos Sin Fronteras (1999). Podría pensarse que en el 2009 también le tocaba a alguien con estas señas de identidad, pero no. Con todo, entre los Nóbel de la Paz hay también personas y personajes muy diferentes. No pocos son políticos y hay casos en los que el perfil del premiado era o terminó siendo más que cuestionable, más, desde luego, que Obama. Piénsese, si no, en Henry Alfred Kissinger (1973). Sin embargo, puede que esta sea la primera ocasión en que el galardón se entrega a alguien que todavía lo tiene todo o casi todo por hacer. Puede que esta sea la primera ocasión en que el Nóbel, más que un reconocimiento a una trayectoria de vida o de trabajo en favor de la paz, es un premio a una prometedora carrera de futuro, un premio a la esperanza del mundo de que por fin un Presidente de los Estados Unidos de América sea merecedor de un premio Nóbel de la Paz.

Habrá quien diga que no es poco lo que ya ha conseguido Obama y no le faltará parte de razón. El actual Presidente de los Estados Unidos puede ser contemplado como el resultado de decenios de lucha de las minorías, sobre todo de los afroamericanos, por romper la hegemonía de los W.A.S.P. (White Anglo-Saxon and Protestant), los Blancos, Anglo-Sajones y Protestantes, a la hora de dirigir el país. Sin embargo, no me parece motivo suficiente como para ser merecedor de todo un premio Nóbel de la Paz.

Es evidente que Obama ha cambiado las posibilidades, los futuros posibles, en las relaciones internacionales y que ha iniciado cambios sustanciales en la política exterior estadounidense. Sin embargo, no ha hecho sino comenzar. Veremos hacia dónde, cómo y hasta qué punto dan fruto los caminos trazados por Obama y que hasta ahora no son sino primeros bocetos. Yo, desde luego, pienso seguir sus decisiones con interés, optimismo e ilusión, pero veremos qué puede llegar a hacer.

Que Obama no es Bush es algo evidente. Sin embargo, quien pierda de vista que Barack Obama sigue siendo un Presidente de los Estados Unidos de América, con todo lo que ello supone, se engaña. El providencialismo americano es algo demasiado arraigado en todo estadounidense como para que las cosas vayan a cambiar tanto.

Un amigo me dijo cuando se supo la noticia de la concesión del Nóbel a Obama, “vaya faena le acaban de hacer, a ver cómo invade ahora un país”. No parece que esto sea algo que entre en los planes de Obama, pero ya hemos podido ver cómo no ha tenido el más mínimo problema para anunciar el envío de 30.000 soldados americanos a Afganistán pocos días antes de la ceremonia de los Nóbel.

No sé exactamente cuál habrá sido el motivo que ha hecho creer a algunos que la concesión del Nóbel de la Paz a Obama era una buena idea, pero espero y deseo que el Presidente de los EE.UU. sea de los que demuestre con sus acciones que ha llegado a merecérselo. Sería una buena noticia para él y, sobre todo, para el mundo.

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Es bien conocida la obsesión que el navarrismo ha mostrado históricamente por alejar a Navarra todo lo posible de Euskadi. El navarrismo no es sino una versión local del nacionalismo español más rancio e interpreta que cualquier acercamiento de Navarra a Euskadi podría llevar a la desaparición de Navarra, de la Navarra de verdad, la que responde a la esencia del antiguo reino, construida por la historia a lo largo de los siglos. En esa Navarra del navarrismo poco o nada importa la opinión de los navarros, ya que las mayorías también se equivocan si se les deja opinar sobre algo tan trascendente como la identidad y el Ser.

Tercos en sus posiciones, durante años han puesto como excusa para no avanzar en una más estrecha colaboración con la Comunidad Autónoma Vasca el no respeto de los sucesivos gobiernos del PNV para con la realidad y la diferencialidad navarra. Si alguien creía que el cambio de gobierno en la CAV, con un socialista apoyado por los populares como Lehendakari, iba a permitir la normalización de las relaciones entre Euskadi y Navarra se equivocaba de medio medio.

Para UPN, la normalización de las relaciones de vecindad entre Navarra y la CAV se basa en que “los vascos” dejen en paz a “los navarros”, es decir, que no haya relación alguna. De ese modo y sólo de ese modo los navarros de bien podrán descansar y dormir tranquilos sin esas pesadillas colectivas en las que unos seres vestidos con pieles de oveja latxa y txapela, armados con makila de pastor, hablando la lengua del demonio y gritando irrintzis bajan de las montañas para invadir el solar navarro. Por cierto, unos personajes muy parecidos a los que Jaime del Burgo retrató en su novela El valle perdido (1942), como reserva espiritual de Occidente y garantes de los valores patrios que permitieron la resurrección de la patria en 1936. Es curioso cómo cambian las cosas.

Todavía recuerdo la polémica suscitada en 2004 en torno al eje de alta velocidad entre el Cantábrico y el Mediterráneo y la propuesta de Patxi Zabaleta de que la Y vasca de alta velocidad se convirtiera en una X vasco-navarra de modo que la Comunidad Foral no quedara fuera de la red del AVE. En esta cuestión del AVE, como en otras que tienen que ver con infraestructuras (el empeño de crear una nueva vía hacia Francia por Alduides, a pesar de que Francia no quiera, es un ejemplo), la prioridad de UPN se centra en cortar lazos con Euskadi, no en defender el bienestar y las necesidades reales de los navarros. No hace mucho pude asistir a una conversación entre ex-altos cargos de Diputación en la que hablaban de aquel vascófilo de Urmeneta que quiso prolongar la autopista de Navarra llevándola hasta San Sebastián… La cosa no fue tan lejos y todo se quedó en un tramo de autopista entre Pamplona e Irurtzun.

Ahora mismo la cuestión que puede centrar el debate durante un cierto tiempo es la eurorregión impulsada por Euskadi y Aquitania, abierta a la participación de Navarra, un proyecto al que Miguel Sanz se ha apresurado a decir que NO. No se trata de algo nuevo, ya que dicha eurorregión se planteó ya en 1992 entonces sí con la presencia de Navarra, presidida por Juan Cruz Alli, pero en el año 2000, el propio Miguel Sanz fue el que sacó a Navarra de dicho ente. El beneficio para Navarra si participa en la eurorregión es incontestable e incuestionable, pero la presencia en un órgano común con Euskadi es algo a lo que los navarristas siguen oponiéndose.

En su defensa de Navarra, UPN, como otros antes que ella, sigue en la brecha sacrificando todo lo necesario, hasta el bienestar de los propios navarros. Esto, que pudiera parecer una contradicción, no lo es en realidad, porque lo que preocupa a UPN no son los navarros, sino Navarra, el Ser y la esencia de Navarra. Los tics tradicionalistas en UPN siguen muy arraigados y afloran constantemente. Aunque la mona se vista de seda…

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La política del Partido Socialista Obrero Español a finales de la pasada legislatura y en lo que llevamos de la actual se está basando fundamentalmente en una política de gestos. Buena parte de la labor legislativa llevada a cabo por el PSOE hoy en día no responde a necesidades reales e inmediatas de la sociedad. Se trata, por el contrario, de iniciativas que en algunos casos ni tan siquiera estaban en el programa con el que los socialistas se presentaron a las elecciones de 2008 y que ellos han llevado al centro del debate político simplemente para desviar la atención de otros problemas más reales y más urgentes.

De igual manera, el Partido Socialista de Euskadi, está cayendo también en esa misma política de gestos. No se trata, sin embargo, de un intento de copiar al hermano mayor, sino que en el caso de Patxi López responde a otras motivaciones y necesidades.

Los socialistas vascos, durante varias décadas, han basado su trabajo en la oposición en una crítica al PNV por lo que ellos consideraban una política de símbolos, centrada en problemas alejados de los intereses reales de la sociedad, preocupada por debates identitarios que dejaban de lado los auténticos problemas de la ciudadanía y que interesaban únicamente a la clase política. Casi 30 años después de ser aprobado el Estatuto de Autonomía del País Vasco, los socialistas han llegado al poder en la CAV y lejos de centrar su labor en políticas sectoriales, en aquellas políticas que la ciudadanía reclamaba, están basando su labor exactamente en lo mismo por lo que criticaban al PNV, pero en sentido contrario: afirmar una identidad española del País Vasco.

Tal vez los socialistas vascos se crean en la obligación de demostrar, con su acción de gobierno, que Euskadi no es lo que se había dicho que era, sino que es otra cosa diferente. Tal vez los socialistas vascos quieran aprovechar la oportunidad que la ilegalización de la izquierda abertzale oficial les ha dado para hacer ver a la sociedad vasca que hay vida más allá del PNV y que no pasa nada por lucir una bandera española en Rentería. Tal vez los socialistas vascos crean que el mayor problema de Euskadi en las últimas décadas ha sido que la selección española (en las distintas modalidades deportivas) no haya jugado en territorio foral. Tal vez los socialistas vascos crean que trayendo la selección española de baloncesto al Buesa Arena, la selección española de fútbol a San Mamés y la vuelta ciclista a España a San Sebastián vayan a convertir en hinchas de “la roja” a estos díscolos norteños, empeñados en extravagancias como tener su propia selección nacional.

Lejos de abandonar el debate identitario, socialistas y populares vascos (con perdón) lo están azuzando. Y no me estoy refiriendo al cambio en la fórmula de jura del cargo de Lehendakari o al mapa del tiempo en EiTB. Tampoco me refiero a la presencia de Patxi López en los actos organizados para la conmemoración del aniversario de la aprobación de la Constitución. De hecho, lo considero coherente con la postura mantenida por los socialistas vascos respecto a la Carta Magna y al propio Estatuto de Autonomía desde la transición, algo que no se puede decir del PP con la misma claridad.

Me estoy refiriendo en este caso a las declaraciones sobre la disputa de partidos de la selección española en la CAV y me estoy refiriendo también a la propuesta hecha por el PP de eliminar el cuartel del escudo de Euskadi que durante un tiempo fue ocupado por las cadenas de Navarra hasta que una sentencia del Constitucional lo prohibió en 1985. Se trata, según a explicado Leopoldo Barreda, de suprimir “toda referencia a Navarra” en el escudo de la Comunidad Autónoma Vasca. No importa que el TC no prohibiera el cuartel, sino la presencia en él de las cadenas navarras.

En fin, ya sabemos que en política aquello de que “donde dije digo, digo Diego” está a la orden del día, pero no por ello vamos a dejar de denunciarlo. De momento, parece que la política de verdad tendrá que esperar en Euskadi, mientras socialistas y populares vascos se centran en debatir, desde el Gobierno y no ya desde la oposición, sobre la identidad vasca.

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