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Posts Tagged ‘Patxi López’

Por fin lo he entendido. Llevaba desde abril con la mosca detrás de la oreja, y no había manera de descubrir dónde estaba el truco. Cuando oí al inefable Miguel Sanz decir lo mucho que se alegraba por el pacto PSE-PP que colocaba a Patxi López en la Lehendakaritza, las cuentas no me cuadraban.

“¿Por qué dice eso Miguelico?”, me preguntaba una y otra vez, y por más vueltas que le diera al asunto, no había forma de encontrar una respuesta satisfactoria. Primero pensé mal y dije: “Sanz, como les tiene manía a los vascos, quiere que llegue el PP al poder. Él, que no es tonto, se acaba de deshacer de su compañía en Navarra, y está seguro de que llevarán a las Vascongadas a la ruina.” Todo encajaba. Así, la reivindicación de los malos navarros que propugnan la unión con Euskadi perdería fuerza, porque: ¿para qué queremos unirnos a un territorio empobrecido que nos va a sangrar? Sin embargo, este argumento tiene un punto débil. Si el PSN es un excelente aliado para llevar a Navarra a las “más altas cotas de bienestar imaginables”, el PSE no podrá hacerlo tan-tan mal… (aquí fui ingenuo, no me acordaba de Rodolfo Ares y Pilar Unzalu)

Por tanto, tras mucho devanarme los sesos se me ocurrió que podía haber otra razón. Miguelico pretendería demostrar a los navarros y navarras que él no era un euskófobo paranoico, sino que sólo respondía a las provocaciones y pretensiones anexionistas que llegaban desde los inhóspitos territorios vascos, gobernados por el malvado Ibarretxe. Por desgracia, el tiempo me ha vuelto a demostrar que me equivocaba. Los recortes al euskera, el “affaire ETB” o su postura ante la zonificación lingüística me han vuelto a poner frente a frente a lo que es este hombre: una mente enfermiza obsesionada con la territorialidad. La última ha sido “de traca”: negarse a configurar la eurorregión junto a Aquitania y la CAV que él mismo promovió hace pocos años (es decir, aún es más facha que entonces) y, con ello, negarse a recibir ayudas europeas en –entre otros ámbitos- proyectos de investigación o concentración de sectores empresariales.

Como suele suceder, cuando más perdido estaba apareció la solución. Este mediodía, cuando he conectado la radio y he escuchado los resultados del Euskobarómetro, se ha hecho la luz. Por supuesto, suspenden todos, con una nota históricamente baja para Patxi López. ¡CLARO! Después de tantos años siendo el presidente de comunidad autónoma peor valorado, Miguelico lo ha visto claro: sólo “Patxi el usurpador” –gracias a un pucherazo histórico- es capaz de batirle. Para ello, previamente él se borró del Navarrómetro (gracias a la ayuda de los pardillos oficiales del “Reyno”, Roberto Jiménez, Samuel Caro y compañía), aunque vista la nota obtenida por el gran Patxi (sólo comparable a las que sacó en sus años de universidad) igual no hubiera hecho falta.

Al fin, puedo dormir tranquilo. Otro enigma más resuelto.

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Es bien conocida la obsesión que el navarrismo ha mostrado históricamente por alejar a Navarra todo lo posible de Euskadi. El navarrismo no es sino una versión local del nacionalismo español más rancio e interpreta que cualquier acercamiento de Navarra a Euskadi podría llevar a la desaparición de Navarra, de la Navarra de verdad, la que responde a la esencia del antiguo reino, construida por la historia a lo largo de los siglos. En esa Navarra del navarrismo poco o nada importa la opinión de los navarros, ya que las mayorías también se equivocan si se les deja opinar sobre algo tan trascendente como la identidad y el Ser.

Tercos en sus posiciones, durante años han puesto como excusa para no avanzar en una más estrecha colaboración con la Comunidad Autónoma Vasca el no respeto de los sucesivos gobiernos del PNV para con la realidad y la diferencialidad navarra. Si alguien creía que el cambio de gobierno en la CAV, con un socialista apoyado por los populares como Lehendakari, iba a permitir la normalización de las relaciones entre Euskadi y Navarra se equivocaba de medio medio.

Para UPN, la normalización de las relaciones de vecindad entre Navarra y la CAV se basa en que “los vascos” dejen en paz a “los navarros”, es decir, que no haya relación alguna. De ese modo y sólo de ese modo los navarros de bien podrán descansar y dormir tranquilos sin esas pesadillas colectivas en las que unos seres vestidos con pieles de oveja latxa y txapela, armados con makila de pastor, hablando la lengua del demonio y gritando irrintzis bajan de las montañas para invadir el solar navarro. Por cierto, unos personajes muy parecidos a los que Jaime del Burgo retrató en su novela El valle perdido (1942), como reserva espiritual de Occidente y garantes de los valores patrios que permitieron la resurrección de la patria en 1936. Es curioso cómo cambian las cosas.

Todavía recuerdo la polémica suscitada en 2004 en torno al eje de alta velocidad entre el Cantábrico y el Mediterráneo y la propuesta de Patxi Zabaleta de que la Y vasca de alta velocidad se convirtiera en una X vasco-navarra de modo que la Comunidad Foral no quedara fuera de la red del AVE. En esta cuestión del AVE, como en otras que tienen que ver con infraestructuras (el empeño de crear una nueva vía hacia Francia por Alduides, a pesar de que Francia no quiera, es un ejemplo), la prioridad de UPN se centra en cortar lazos con Euskadi, no en defender el bienestar y las necesidades reales de los navarros. No hace mucho pude asistir a una conversación entre ex-altos cargos de Diputación en la que hablaban de aquel vascófilo de Urmeneta que quiso prolongar la autopista de Navarra llevándola hasta San Sebastián… La cosa no fue tan lejos y todo se quedó en un tramo de autopista entre Pamplona e Irurtzun.

Ahora mismo la cuestión que puede centrar el debate durante un cierto tiempo es la eurorregión impulsada por Euskadi y Aquitania, abierta a la participación de Navarra, un proyecto al que Miguel Sanz se ha apresurado a decir que NO. No se trata de algo nuevo, ya que dicha eurorregión se planteó ya en 1992 entonces sí con la presencia de Navarra, presidida por Juan Cruz Alli, pero en el año 2000, el propio Miguel Sanz fue el que sacó a Navarra de dicho ente. El beneficio para Navarra si participa en la eurorregión es incontestable e incuestionable, pero la presencia en un órgano común con Euskadi es algo a lo que los navarristas siguen oponiéndose.

En su defensa de Navarra, UPN, como otros antes que ella, sigue en la brecha sacrificando todo lo necesario, hasta el bienestar de los propios navarros. Esto, que pudiera parecer una contradicción, no lo es en realidad, porque lo que preocupa a UPN no son los navarros, sino Navarra, el Ser y la esencia de Navarra. Los tics tradicionalistas en UPN siguen muy arraigados y afloran constantemente. Aunque la mona se vista de seda…

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La política del Partido Socialista Obrero Español a finales de la pasada legislatura y en lo que llevamos de la actual se está basando fundamentalmente en una política de gestos. Buena parte de la labor legislativa llevada a cabo por el PSOE hoy en día no responde a necesidades reales e inmediatas de la sociedad. Se trata, por el contrario, de iniciativas que en algunos casos ni tan siquiera estaban en el programa con el que los socialistas se presentaron a las elecciones de 2008 y que ellos han llevado al centro del debate político simplemente para desviar la atención de otros problemas más reales y más urgentes.

De igual manera, el Partido Socialista de Euskadi, está cayendo también en esa misma política de gestos. No se trata, sin embargo, de un intento de copiar al hermano mayor, sino que en el caso de Patxi López responde a otras motivaciones y necesidades.

Los socialistas vascos, durante varias décadas, han basado su trabajo en la oposición en una crítica al PNV por lo que ellos consideraban una política de símbolos, centrada en problemas alejados de los intereses reales de la sociedad, preocupada por debates identitarios que dejaban de lado los auténticos problemas de la ciudadanía y que interesaban únicamente a la clase política. Casi 30 años después de ser aprobado el Estatuto de Autonomía del País Vasco, los socialistas han llegado al poder en la CAV y lejos de centrar su labor en políticas sectoriales, en aquellas políticas que la ciudadanía reclamaba, están basando su labor exactamente en lo mismo por lo que criticaban al PNV, pero en sentido contrario: afirmar una identidad española del País Vasco.

Tal vez los socialistas vascos se crean en la obligación de demostrar, con su acción de gobierno, que Euskadi no es lo que se había dicho que era, sino que es otra cosa diferente. Tal vez los socialistas vascos quieran aprovechar la oportunidad que la ilegalización de la izquierda abertzale oficial les ha dado para hacer ver a la sociedad vasca que hay vida más allá del PNV y que no pasa nada por lucir una bandera española en Rentería. Tal vez los socialistas vascos crean que el mayor problema de Euskadi en las últimas décadas ha sido que la selección española (en las distintas modalidades deportivas) no haya jugado en territorio foral. Tal vez los socialistas vascos crean que trayendo la selección española de baloncesto al Buesa Arena, la selección española de fútbol a San Mamés y la vuelta ciclista a España a San Sebastián vayan a convertir en hinchas de “la roja” a estos díscolos norteños, empeñados en extravagancias como tener su propia selección nacional.

Lejos de abandonar el debate identitario, socialistas y populares vascos (con perdón) lo están azuzando. Y no me estoy refiriendo al cambio en la fórmula de jura del cargo de Lehendakari o al mapa del tiempo en EiTB. Tampoco me refiero a la presencia de Patxi López en los actos organizados para la conmemoración del aniversario de la aprobación de la Constitución. De hecho, lo considero coherente con la postura mantenida por los socialistas vascos respecto a la Carta Magna y al propio Estatuto de Autonomía desde la transición, algo que no se puede decir del PP con la misma claridad.

Me estoy refiriendo en este caso a las declaraciones sobre la disputa de partidos de la selección española en la CAV y me estoy refiriendo también a la propuesta hecha por el PP de eliminar el cuartel del escudo de Euskadi que durante un tiempo fue ocupado por las cadenas de Navarra hasta que una sentencia del Constitucional lo prohibió en 1985. Se trata, según a explicado Leopoldo Barreda, de suprimir “toda referencia a Navarra” en el escudo de la Comunidad Autónoma Vasca. No importa que el TC no prohibiera el cuartel, sino la presencia en él de las cadenas navarras.

En fin, ya sabemos que en política aquello de que “donde dije digo, digo Diego” está a la orden del día, pero no por ello vamos a dejar de denunciarlo. De momento, parece que la política de verdad tendrá que esperar en Euskadi, mientras socialistas y populares vascos se centran en debatir, desde el Gobierno y no ya desde la oposición, sobre la identidad vasca.

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Estos días me apetecía escribir sobre algún tema de actualidad, pero lo cierto es que –por más que mirara los telediarios y escuchara la radio– no se me ha ocurrido ninguno bueno sobre el que hacerlo.

En un primer arrebato, pensé tratar la política vasca, pero luego comprendí que sería mejor esperar a que Patxi López se decidiera a ejercer de Lehendakari, pues creo que dará más juego. Lo cierto es que, tras el mes y medio que ha durado la crisis del Alakrana, y en el que no ha habido noticias suyas, su primera intervención ha servido para culpar al PNV por la paralización de la transferencia de políticas de empleo. Teniendo en cuenta que depende de los Gobiernos Central y Vasco, decidí que “gure Francisco” todavía no se ha enterado de que Ibarretxe ya no vive en Ajuria Enea.

Me vino luego a la cabeza la idea de que quizás podía escribir sobre la Justicia, y de las ganas que tengo de que se dejen de disimulos y la privaticen de una vez, para que el monopolio PSOE-PP se haga de modo oficial con sus riendas. Así no tendrán que disimular y podrán colocar al frente de la gerencia a sus marionetas favoritas. Luego me acordé del doloroso “caso Nagore” (y cuántos más escaparán diariamente a nuestros oídos), escuché en la radio la noticia de las detenciones indiscriminadas de jóvenes en Euskal Herria, y leí que ya habían puesto fecha para el juicio de Egunkaria, así que –comprendiendo que en realidad sólo era un formalismo– pense que qué más daba si a los gerentes de las empresas Tribunal Supremo, Tribunal Constitucional o Consejo General del Poder Judicial los nombran de una manera u otra, puesto que el resultado es el mismo.

En un desesperado intento de hablar sobre algo serio, traté de hacer mi propia porra sobre la evolución del desempleo para los próximos meses (¿llegará el 20%?, ¿hasta qué punto nos endeudará?, ¿será efectivo el nuevo plan de Zapatero, que “ya” parece haberse enterado de que la construcción no es la solución?), pero enseguida me di cuenta de que era un tema que ha perdido todo interés para los medios de comunicación. Como los atentados en Irak, Pakistán o Afganistán, la guerra en África o el goteo de asesinatos de inocentes en Palestina, ya sólo se menciona en los telediarios de pasada, como esperando hasta que lleguen los Deportes y el tiempo, únicos argumentos a los que se presta verdadera atención.

Así que me dije: “hay que ir a lo seguro”, y –ya que el “Barça-Madrid” está muy trillado– me hice la gran pregunta: ¿jugará la Roja en Euskadi?

Como durante numerosos días se han afanado en repetir desde los principales programas políticos y deportivos españoles, es un tema que no tiene ninguna importancia, ya que hay que ver con normalidad que la selección de un país juegue en cualquier punto del mismo. Así que –siguiendo esa imagen de normalidad que hace acaparar portadas y cabeceras informativas al alcalde de Barakaldo o al vicepresidente del Athletic– me pregunté: ¿hasta qué punto es legítimo que una minoría significativa no pueda ejercer su derecho a disfrutar de los sentimientos de unión e identificación que su selección nacional les provoca? Creo que esas miles de personas que en Euskadi ven en la española a su selección, y sienten sus colores como propios, tienen derecho a disfrutar de toda la parafernalia (himno, ídolos, banderas…) de cerca, ya que hasta ahora “sólo” pueden hacerlo por televisión. Lo contrario sería ejercer la “tiranía de la mayoría” sobre ell@s, y no podemos caer en eso. Del mismo modo, estoy seguro de que un Estado democrático como el español, que tanto se preocupa de las identidades minoritarias en sitios como Euskadi o Cataluña, ahondará en la democratización de sus realidades nacionales, permitiendo que –si así lo desean sus respectivas poblaciones– los ciudadanos y ciudadanas de esas regiones insertadas dentro de España puedan disfrutar de ese derecho básico que es el disfrutar de sus selecciones nacionales, sin ningún tipo de imposiciones por parte de la mayoría. Como navarro, espero poder disfrutar pronto de la selección vasca de fútbol en el Sadar, perdón, Reyno de Navarra.

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20090610_resaca_electoralParece que a algunas personas el resultado de las elecciones les ha sorprendido, concretamente el número de votos cosechados por la izquierda abertzale oficial. Así es como interpreto yo al menos las palabras de Patxi López cuando ha afirmado que “desgraciadamente, ese mundo del abertzalismo radical sigue teniendo su fuerza”. ¿Y qué se esperaba, que una opción política desapareciera simplemente porque no le gusta? Lo que hay que lamentar no es que sigan teniendo fuerza (aunque no es más de la que ya se había ido manifestando durante las últimas elecciones), sino que sigan sin condenar la violencia y sin desmarcarse de ETA. Mientras continúen en esa posición política seguirán siendo una alternativa irreal y que no lleva a ninguna parte, como ya he dicho en alguna otra ocasión.

Otros, dentro de UPN, discrepan a la hora de valorar los resultados del PPN. Mientras Miguel Sanz (el pasado de UPN) cree que el electorado navarro los ha castigado, Yolanda Barcina (el futuro de UPN) considera que el sector mayoritario de su partido ha optado por el PPN. Y es verdad. La diferencia tal vez estribe en que para Miguel Sanz el PPN es un rival político en futuras citas electorales, mientras que Yolanda Barcina no termina de ver a los populares como rivales, sino como compañeros de viaje.

Las fuerzas políticas integrantes de NaBai también han hecho balance de los resultados y han aceptado, algunos con más claridad que otros, que no eran los deseables. Todos menos Batzarre, siempre especiales ellos, concurrieron a las elecciones y todos han conseguido representación en el Parlamento europeo, pero los votos cosechados en Navarra no han sido lo que hubiera cabido esperar.

Probablemente sea cierto, como ha comentado Maiorga Ramírez, que los resultados en Navarra hubieran sido considerablemente mejores si NaBai hubiera concurrido, pero también lo es (y Maiorga lo sabe) que era imposible que NaBai se presentase como tal a las elecciones. Es más, no eran las elecciones de NaBai y de poco hubiera servido que se presentara sin llegar a acuerdos con otras formaciones más allá de las fronteras de Euskal Herria. Nuestro objetivo no era el de contar votos, como II-SP, sino hacer política real.

Efectivamente, la marca electoral de éxito en Navarra es NaBai, no las siglas políticas de los partidos que la componen. Esa conclusión resulta fácil a la vista de los resultados del 7-J. Si alguien está pensando en medir sus fuerzas por separado ya sabe lo que le espera, además de destruir el proyecto nacionalista vasco en Navarra por lo menos para una generación completa, dejando a nuestra Comunidad en manos del navarrismo.

A Maiorga le parecerá que citar a NaBai y soltar un “ya os lo dije”, como los niños, le da puntos. Es muy fácil decir que uno quiere lo imposible, conformarse con lo que tiene y lamentarse después de que otros no le dejaran hacer lo que no se podía hacer. Es fácil, pero muy triste y hasta patético. Habrá, en otros lugares, quien quiera hacer autocrítica y en un ejercicio muy propio de la izquierda se flagele públicamente durante semanas o meses, hasta encontrar otro motivo para seguir haciéndolo. Tampoco es la vía, me parece a mí.

La política es el arte de lo posible y NaBai no era posible en estas elecciones. Sin embargo, está claro que NaBai es lo posible, lo deseable, lo necesario y lo que demanda una parte muy importante de la sociedad para cambiar las viciadas bases sobre las que el navarrismo ha construido la actual Navarra. Insisto, dejémonos de chiquilladas y pongámonos a ello de verdad. Hay tiempo, pero pasa muy rápido y ya hemos perdido dos años.

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20090607_mapa_tiempoDesde hace ya muchos años el mapa de tiempo de EiTB ha provocado airadas protestas por parte de algunos sectores políticos en Navarra. La polémica no se ha centrado en el punto de vista de las predicciones o en el discurso acerca de la evolución del tiempo, que en ocasiones parece como si se hicieran más pensando en la costa que en el interior, sino que se ha debido a la aparición en dicho mapa de la Comunidad Foral de Navarra.

La presencia de Navarra en los símbolos de Euskadi ha sido una constante histórica desde la transición. Navarra no se integraría finalmente en la CAV pero las puertas permanecerían política, jurídica y simbólicamente abiertas. El navarrismo, más preocupado por afirmar la navarridad frente a y contra lo vasco, ha ido planteando la batalla en los tres frentes. En lo político, el pulso navarrista provocado por el nacimiento de UPN en 1978, así como el giro socialista hacia posiciones navarristas y la reacción de la sociedad navarra frente a la violencia terrorista han tenido mucho que ver (junto a otros muchos factores) en la actual configuración política de Navarra. En lo jurídico, cada vez se oyen más voces, tanto en UPN, como en el PP (y hasta en el PSN), favorables a la eliminación de la Disposición Transitoria Cuarta y a favor de un blindaje foral frente al posible ascenso del nacionalismo vasco y el vasquismo en Navarra. En lo simbólico, el navarrismo forzó la retirada de las cadenas del Laurak bat, el escudo de CAV, en 1985 y ha aprobado una Ley de Símbolos en 2003 cuyo único objetivo era sacar a la ikurriña del espacio público navarro. La llegada a la Lehendakaritza de un socialista hizo creer a los navarristas (acostumbrados a identificar socialista con un dócil navarrista o nacionalista español) que se abría el camino para dar un paso más: la retirada de Navarra del mapa del tiempo de EiTB.

Sin embargo, la perspectiva en la CAV es ligeramente distinta. Parece que la decisión de los socialistas vascos con respecto al mapa del tiempo va a ser la de no quitar a nadie, sino sumar a más Comunidades. Así, el mapa del tiempo incluiría a la CAV, Navarra, La Rioja, Cantabria y Burgos. Podría parecer que se trata del sueño socialista de una Gran Euskadi en la que las reivindicaciones de la territorialidad no se limitasen a Navarra, sino también a otros territorios que pertenecieron en algunos momentos de la historia al antiguo reino de Navarra y a otros, “conquistados” por los vascos en tiempos más recientes (Castro-Urdiales y, por extensión, toda Cantabria).

Pero no, la Lehendakaritza no tiene el efecto de “La máscara” y Patxi López no se ha convertido en un ultranacionalista. El porqué es mucho más prosaico: López está preocupado por informar a sus ciudadanos acerca del tiempo en sus lugares de destino dominguero: “Me preguntan: ¿va a quitar Navarra? No, pues me gustaría poner La Rioja y Cantabria y Burgos, que es donde se van los vascos a pasar el fin de semana, y les gustará saber qué tiempo hace” (El País, 17 de mayo de 2009).

Hay varios temas sensibles en los que parece que Patxi López es consciente de no contar con el apoyo mayoritario de la sociedad vasca (nacionalista o filonacionalista) y no quiere, no puede o no se atreve a tomar decisiones impopulares. Sacar a Navarra del mapa del tiempo de EiTB es, sin lugar a dudas, uno de estos temas sensibles. La decisión de Patxi López es la de tratar de contentar a UPN, PP y PSN diluyendo la trascendencia de la presencia navarra al incluir a otras provincias limítrofes. No es algo nuevo. Durante los debates del Amejoramiento, se utilizó la misma estrategia al redactar el art. 70, que regulaba la posibilidad de establecer convenios y acuerdos con la CAV, añadiendo coletillas como “y con las demás Comunidades Autónomas limítrofes”.

Negar los especiales vínculos que unen a la CAV con Navarra es negar una evidencia. Vínculos de carácter familiar, sociológico, económico, pero también histórico, cultural e identitario son cuantitativa y cualitativamente distintos entre Navarra y la CAV o entre Navarra y cualquier otra comunidad limítrofe. La presencia de Navarra en el mapa del tiempo de EiTB puede ser considerado como una injerencia inadmisible por parte del navarrismo, pero la retirada será tomada como un agravio por una parte de la sociedad navarra (minoritaria, pero real) y por la mayor parte de la sociedad vasca. Habrá otros navarros, además, menos preocupados por cuestiones identitarias y que lamentarían no disponer de esa información para contrastarla con la que dan las televisiones estatales y hacerse una idea más plausible de lo que puede pasar con el tiempo en su lugar de residencia. Y es que para esto es para lo que sirve el mapa del tiempo, ¿no?

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20090512_AjuriaeneaEl pasado día 5 de mayo Patxi López era elegido Lehendakari con el apoyo de los parlamentarios de PSE, PP y UPyD. 39 parlamentarios que no serían más que 35 si todas las ideas políticas hubieran podido presentarse a las elecciones y que representan a 486.423 votos, frente a los 500.312 votos de apoyo que recibió Juan José Ibarretxe (PNV, Aralar y EA, ya que EB (36.373 votos) decidió abstenerse. PSE, PP y UPyD representan al 42,35% de los votos, frente al 42,55% de PNV, Aralar y EA (46,43%, frente al 47,75% si no tenemos en cuenta los nulos). El porcentaje se eleva hasta el 51,22% si a los partidos nacionalistas les sumáramos a EB.

Las ganas que algunos tienen de dar un cambio de timón en el País Vasco parece que lo justifican todo (aunque nos suenen argumentos de PP y PSOE para defender justo lo contrario de lo que ellos están llevando a cabo en Euskadi). Parece que el placer de mandar a la oposición al nacionalismo es suficiente para restar importancia a estos números y hablar de la victoria de Patxi López. Por ello mismo, creo que es importante volver a insistir en unos dígitos que hablan por sí solos. En política es evidente que la aritmética que vale es la del Parlamento y las mayorías parlamentarias. La mayoría en el legislativo vasco es la que es y por tanto Patxi López será Lehendakari con toda la legitimidad que le da el Parlamento Vasco. Pero no por ello deja de ser una situación forzada, un relevo democrático pero hecho contra el sentir mayoritario de la sociedad vasca.

Y aquí es donde algunos argumentos empiezan a darme miedo. La alternancia de gobierno, dirán algunos, es necesaria y refrescante en democracia. Pero es igualmente necesaria y refrescante en otros lugares (Andalucía, Extremadura, Castilla la Mancha, etc.). El pacto entre PSOE y PP no es frentista, sino algo lógico dada la situación, dirán otros. Pero lo cierto es que es más frentista que el tripartito, que al menos podrá decir que contaba con una fuerza (EB) no nacionalista. Además, curiosamente, el pacto PP-PSOE sólo parece posible en Navarra y la Comunidad Autónoma Vasca: será un elemento más del hecho diferencial vasco, como he dicho en otro lugar.

Sin embargo, todo esto no son sino argumentos formales, para vestir la cruda y desnuda realidad: aunque el País Vasco no lo sepa, necesita un gobierno no nacionalista, ya que esa es la única manera de normalizar la política y la sociedad vascas. Esa decisión, tomada desde fuera del País Vasco, recuerda demasiado (y me van a perdonar algunos amigos por forzar algo el argumento) el lema del despotismo ilustrado: gobernar para el pueblo, por el pueblo, pero sin el pueblo. Parece que algunos, no faltos de ciertas dosis de paternalismo, parecen tener claro qué les conviene a los vascos, a pesar de los vascos. No he olvidado la frase de Aznar, tras perder Mayor Oreja las elecciones de 2001, en la que decía que el País Vasco no “estaba maduro” para el cambio y trataba de explicar los resultados como si el pueblo vasco no hubiera entendido bien su mensaje (ya que de haberlo hecho habría ganado, claro está). Mientras los números no se lo han permitido, nada han podido hacer, pero tras la ilegalización de los que antes (no hablo de 1980, sino de 2005) sí podían presentarse, pero ahora no, los números dan y se han puesto manos a la obra.

PSE+PP+UPyD son lo que son, una minoría en el País Vasco y sería bueno que no lo perdieran de vista. La realidad es tozuda y suele resistirse a manipulaciones tan poco hábiles. A pesar de que Patxi López cosechó unos buenos resultados, no podemos olvidar que no ganó las elecciones, más bien todo lo contrario, las perdió claramente al haber fijado su estrategia en su victoria sobre el PNV.

López no planteó la campaña como un choque entre frentes: españolista y nacionalista. Ese fue probablemente el acierto del socialista que en campaña llegó a negar que pactaría con el PP y habló de transversalidad para terminar conformando un frente con el objetivo de sacar al nacionalismo vasco del poder. “Las circunstancias actuales y las actitudes que manifiestan López y Basagoiti —ha afirmado recientemente un buen amigo mío en su blog— son diferentes a las protagonizadas por Mayor Oreja y Nicolás Redondo en 2001, por más que Ibarretxe pretendiera ayer demostrar lo contrario en su discurso. El cambio fue entonces tan directamente buscado y cantado (haciendo buenas las etiquetas de ‘bloque constitucionalista’ y ‘frente españolista’), fueron tan señaladas las afinidades personales entre los artífices del deseo, que esa posibilidad se desvaneció como por obra de encanto, sin lograrse el resultado electoral apetecido. No ha sido así en esta ocasión”.

Evidentemente, López no cometió el error de Mayor Oreja: no planteó un debate entre nacionalistas y no nacionalistas. El hecho diferencial vasco se manifestó con rotundidad en Euskadi en 2001, dando una patada en las posaderas a Mayor Oreja que lo haría rodar hasta Bruselas. Aquella pintada que decía “A Mayor Oreja, Mayor Sordera” sirvió para que López no cometiera el mismo error. Pero se podría decir que lo que ha hecho Patxi López es peor que lo que hiciera Mayor Oreja, ya que al menos éste fue con la verdad por delante.

El PSE habló en Euskadi de transversalidad, para pactar finalmente con el PP. El PSN habló en Navarra de cambio desde la izquierda, para terminar echándose en brazos de UPN. ¿Quién les creerá en el futuro?

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