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Posts Tagged ‘Elecciones vascas’

20090512_AjuriaeneaEl pasado día 5 de mayo Patxi López era elegido Lehendakari con el apoyo de los parlamentarios de PSE, PP y UPyD. 39 parlamentarios que no serían más que 35 si todas las ideas políticas hubieran podido presentarse a las elecciones y que representan a 486.423 votos, frente a los 500.312 votos de apoyo que recibió Juan José Ibarretxe (PNV, Aralar y EA, ya que EB (36.373 votos) decidió abstenerse. PSE, PP y UPyD representan al 42,35% de los votos, frente al 42,55% de PNV, Aralar y EA (46,43%, frente al 47,75% si no tenemos en cuenta los nulos). El porcentaje se eleva hasta el 51,22% si a los partidos nacionalistas les sumáramos a EB.

Las ganas que algunos tienen de dar un cambio de timón en el País Vasco parece que lo justifican todo (aunque nos suenen argumentos de PP y PSOE para defender justo lo contrario de lo que ellos están llevando a cabo en Euskadi). Parece que el placer de mandar a la oposición al nacionalismo es suficiente para restar importancia a estos números y hablar de la victoria de Patxi López. Por ello mismo, creo que es importante volver a insistir en unos dígitos que hablan por sí solos. En política es evidente que la aritmética que vale es la del Parlamento y las mayorías parlamentarias. La mayoría en el legislativo vasco es la que es y por tanto Patxi López será Lehendakari con toda la legitimidad que le da el Parlamento Vasco. Pero no por ello deja de ser una situación forzada, un relevo democrático pero hecho contra el sentir mayoritario de la sociedad vasca.

Y aquí es donde algunos argumentos empiezan a darme miedo. La alternancia de gobierno, dirán algunos, es necesaria y refrescante en democracia. Pero es igualmente necesaria y refrescante en otros lugares (Andalucía, Extremadura, Castilla la Mancha, etc.). El pacto entre PSOE y PP no es frentista, sino algo lógico dada la situación, dirán otros. Pero lo cierto es que es más frentista que el tripartito, que al menos podrá decir que contaba con una fuerza (EB) no nacionalista. Además, curiosamente, el pacto PP-PSOE sólo parece posible en Navarra y la Comunidad Autónoma Vasca: será un elemento más del hecho diferencial vasco, como he dicho en otro lugar.

Sin embargo, todo esto no son sino argumentos formales, para vestir la cruda y desnuda realidad: aunque el País Vasco no lo sepa, necesita un gobierno no nacionalista, ya que esa es la única manera de normalizar la política y la sociedad vascas. Esa decisión, tomada desde fuera del País Vasco, recuerda demasiado (y me van a perdonar algunos amigos por forzar algo el argumento) el lema del despotismo ilustrado: gobernar para el pueblo, por el pueblo, pero sin el pueblo. Parece que algunos, no faltos de ciertas dosis de paternalismo, parecen tener claro qué les conviene a los vascos, a pesar de los vascos. No he olvidado la frase de Aznar, tras perder Mayor Oreja las elecciones de 2001, en la que decía que el País Vasco no “estaba maduro” para el cambio y trataba de explicar los resultados como si el pueblo vasco no hubiera entendido bien su mensaje (ya que de haberlo hecho habría ganado, claro está). Mientras los números no se lo han permitido, nada han podido hacer, pero tras la ilegalización de los que antes (no hablo de 1980, sino de 2005) sí podían presentarse, pero ahora no, los números dan y se han puesto manos a la obra.

PSE+PP+UPyD son lo que son, una minoría en el País Vasco y sería bueno que no lo perdieran de vista. La realidad es tozuda y suele resistirse a manipulaciones tan poco hábiles. A pesar de que Patxi López cosechó unos buenos resultados, no podemos olvidar que no ganó las elecciones, más bien todo lo contrario, las perdió claramente al haber fijado su estrategia en su victoria sobre el PNV.

López no planteó la campaña como un choque entre frentes: españolista y nacionalista. Ese fue probablemente el acierto del socialista que en campaña llegó a negar que pactaría con el PP y habló de transversalidad para terminar conformando un frente con el objetivo de sacar al nacionalismo vasco del poder. “Las circunstancias actuales y las actitudes que manifiestan López y Basagoiti —ha afirmado recientemente un buen amigo mío en su blog— son diferentes a las protagonizadas por Mayor Oreja y Nicolás Redondo en 2001, por más que Ibarretxe pretendiera ayer demostrar lo contrario en su discurso. El cambio fue entonces tan directamente buscado y cantado (haciendo buenas las etiquetas de ‘bloque constitucionalista’ y ‘frente españolista’), fueron tan señaladas las afinidades personales entre los artífices del deseo, que esa posibilidad se desvaneció como por obra de encanto, sin lograrse el resultado electoral apetecido. No ha sido así en esta ocasión”.

Evidentemente, López no cometió el error de Mayor Oreja: no planteó un debate entre nacionalistas y no nacionalistas. El hecho diferencial vasco se manifestó con rotundidad en Euskadi en 2001, dando una patada en las posaderas a Mayor Oreja que lo haría rodar hasta Bruselas. Aquella pintada que decía “A Mayor Oreja, Mayor Sordera” sirvió para que López no cometiera el mismo error. Pero se podría decir que lo que ha hecho Patxi López es peor que lo que hiciera Mayor Oreja, ya que al menos éste fue con la verdad por delante.

El PSE habló en Euskadi de transversalidad, para pactar finalmente con el PP. El PSN habló en Navarra de cambio desde la izquierda, para terminar echándose en brazos de UPN. ¿Quién les creerá en el futuro?

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Como asiduo oyente de las cadenas de radio pertenecientes al grupo EITB, especialmente Radio Euskadi y Euskadi Irratia, así como espectador de ETB1 y ETB2, confieso estar preocupado por el previsible cambio de orientación que el nuevo Gobierno Vasco va a dar a dicho grupo de información. Si atendemos a las palabras de Antonio Basagoiti –que hasta la fecha ha demostrado ser un perfecto portavoz del Gobierno Vasco, por lo acertado de sus profecías- una de las actuaciones más relevantes del futuro Ejecutivo vasco será la reestructuración de los medios de comunicación públicos, en una línea marcadamente restrictiva de la pluralidad. Dejando a un lado el omnipresente tema del mapa del tiempo (a pesar de su importancia simbólica), lo que más me preocupa de sus manifestaciones es la intención de restringir la posibilidad de expresarse a distintos sectores de la sociedad. Así, ya han anunciado que las personas cercanas a la izquierda abertzale histórica no deberían ser entrevistadas, porque “dan publicidad y legitiman a ETA”, y supongo que a continuación vendrán los tertulianos de similar tendencia ideológica. Lo que no sabemos es dónde acabaría esta línea de recortes. ¿Se quedará en los tradicionales líderes de Batasuna? ¿Incluirá a los miembros del sindicato LAB, autoincluidos en la izquierda abertzale desde hace años? ¿Quizás en la censura a aquellos que promueven la “subversión del orden constitucional”? Viniendo de un partido que aprobó una ley para que quien promoviera referéndums “ilegales” acabara en la cárcel ó que cerró varios medios de comunicación sin que hasta la fecha se haya demostrado motivo alguno, cualquier cosa es posible…

Uno de los aspectos que más he valorado tradicionalmente del grupo EITB, en relación a la información y análisis políticos, ha sido precisamente el de la pluralidad que ofrecen, en contraste con otros medios de comunicación públicos, para los que a menudo no existe más realidad social y política que la de los dos grandes partidos españoles, PSOE y PP, incluso cuando se tratan temas y espacios en los que estos partidos son minoritarios, como Cataluña y Euskadi. En mi opinión, tanto en las entrevistas a líderes políticos, sindicales ó empresariales como en los posteriores espacios de opinión y análisis, el grupo EITB muestra un respeto a la diversidad de Euskadi, estando normalmente representados todos los espectros ideológicos existentes. Naturalmente, cada cual podrá pensar que la “línea editorial” de este medio de comunicación no coincide con la suya, ó que ésta está infrarrepresentada, y probablemente tendrá gran parte de razón, pero el señor Basagoiti no va en esa línea de ampliación de derechos informativos, sino en la contraria de restricción. En lugar de traer dos sillas más, quitamos una.

Dicen que la calidad de una democracia se mide en función de cómo las mayorías traten a las minorías, y en el caso de Navarra salta a la vista que no sacaríamos muy buena nota. Ahora falta ver cómo, en la CAV, las minorías sociales que ocasionalmente se han hecho con el poder tratan a las mayorías. Por eso es tan importante el trato que los nuevos regidores de Euskadi vayan a dar, desde EITB, a sus oyentes y espectadores. Como navarro gobernado desde hace muchos años por un gobierno UPN-PP-PSOE, me temo conocer las consecuencias de una mayoría parlamentaria de estos partidos: si atendemos a la marginación que sufren los sindicatos nacionalistas en Navarra en sus tratos con el Gobierno (a pesar de que, no lo olvidemos, representan a uno de cada tres trabajadores, siendo su implantación mayoritaria en numerosas empresas), la prohibición de la adquisición en diversas bibliotecas públicas de determinados medios de comunicación no afines a los mencionados partidos (Gara y Berria) ó la gestión excluyente de Yolanda Barcina, podemos observar que el fomento de la pluralidad no es uno de sus principales objetivos. Esperemos que, en Euskadi, la realidad social del país les impida ver realizado su indisimulado deseo de privar a una parte sustancial del mismo de su derecho a una información libre y veraz.

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           Decía Patxi López, escasos minutos después de saberse los resultados de las elecciones del uno de marzo, que se sentía “legitimado” para postularse como Lehendakari de la CAV. En mi opinión, este es un concepto clave, y no es casualidad que fuera una de las primeras ideas que introdujera en su discurso, sonando esta frase a aquel dicho latino de: “excusatio non petita, accusatio manifesta”. Legitimidad no es sólo cumplir con la legalidad vigente a la hora de acceder al Gobierno, sino que los gobernados acepten esa situación. Veamos si el acceso de Patxi López a la Lehendakaritza es legítimo:

           Los partidos que le apoyan (incluyendo a UPyD) suman la mayoría de los escaños del Parlamento Vasco, pero apenas superan el 43% de los votos emitidos. Incluso si no se cuentan los votos nulos, algo en lo que insisten los partidos españolistas, los votos totales obtenidos por los partidos que apoyan al candidato Patxi López suman casi 50.000 menos que los conseguidos por PNV, Aralar, EA y EB. Sólo el peculiar sistema electoral de la CAV, con 25 parlamentarios por territorio histórico independientemente de su tamaño, y la dispersión bajo la cual se presentaron los nacionalistas vascos, permitió a los españolistas obtener más escaños. Por tanto, es obvio que el frente españolista, con poco más del 43% de apoyos, está a punto de iniciar su gobierno frente a ese 57% de rechazo. Por otra parte, es curioso que haya fuerzas políticas que –aunque sin llegar a decir en público aquello de que son “potenciales etarras”, como hizo Miguel Sanz- desprecien esos más de 100.000 votos, como si no fueran personas con derechos y obligaciones, y no tengan ningún empacho en comportarse como si no existieran. Esa deshumanización del enemigo, que a la inversa también se plantea desde la izquierda abertzale histórica cuando la víctima es otra, es muy peligrosa, y nos está llevando a una situación de odio mutuo y cruzado muy difícil de desactivar, creando una auténtica frontera más que ideológica entre españolistas y abertzales, e incluso en el seno de estos últimos.

           En relación con esto, el candidato Patxi López basó su mensaje de campaña en criticar la división que las políticas de Juan José Ibarretxe habían causado en la sociedad vasca. Así, al “frentismo” supuestamente propugnado por los nacionalistas vascos –y más concretamente por el PNV- el PSE opondría un espíritu más dialogante y con aspiraciones de realizar políticas transversales. Tanto es así que, en más de una ocasión, aseguró en los mítines que no gobernaría con el Partido Popular. Finalmente, hemos podido comprobar que, tal y como se presentía, las únicas diferencias entre la entente López-Basagoiti y la ya conocida Major Oreja-Redondo han sido el discurso pre-electoral, destinado a no movilizar en exceso al electorado nacionalista vasco, y la eliminación del mapa político de un claro adversario, como ha venido a ser tradicionalmente la izquierda abertzale histórica.

           No dudo de que el Gobierno de Patxi López tratará de hacerlo lo mejor posible y de conseguir mejoras en la calidad de vida de los vascos, entre otras cosas porque les va el futuro político en Euskadi en ello. Incluso es posible que logre formar un gobierno que gestione bien los recursos públicos vascos, pero es indudable que adolece de una falta de apoyo popular y, por tanto, de democracia. Como recientemente ha admitido Zapatero, el acuerdo de Gobierno en Euskadi se ha tomado teniendo en cuenta el “interes general” de los españoles (por cierto, espero que ZP reciba pronto la fórmula anticrisis del PSE-PP, porque seguro que si han encontrado la solución en la CAV la pueden aplicar en España, y le aliviaría muchísimo…)

           En una auténtica democracia, la legitimidad la dan los votos, y por supuesto también la coherencia entre las promesas realizadas –y por las cuales han votado los ciudadanos- y las políticas llevadas a cabo, y no parece que el futuro gobierno de Patxi López cumpla ninguna de estas dos condiciones. Sin entrar a los argumentos utilizados por los firmantes del pacto PSE-PP en su “extenso” programa de gobierno (once folios, basta decir que el anterior tripartito llegó a un acuerdo de más de trescientos), queda claro que  –al igual que pasó en Navarra- “EH is different”.

           Por otra parte, la irrupción de ETA la víspera del Aberri Eguna amenazando al futuro Gobierno del PSE (menuda novedad para los parlamentarios socialistas y para la Ertzaintza, viniendo de una banda que hace apenas un año asesinó a una persona por el hecho de ser ex-concejal del PSE) ha sido bien aprovechada por aquellos que, sacando una vergonzosa ventaja política de su situación de amenazados, no han dudado en tratar de menospreciar los razonamientos de sus adversarios políticos con el tantas veces repetido argumento de que coincidir con ETA –ya sea en objetivos, ideas políticas, bandera o equipo de fútbol favorito- es suficiente para ver rechazadas sus ideas. ¡Y yo que pensaba que lo peligroso eran sus métodos!

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lopez_estatuto3Un reciente artículo publicado en la prensa por Pedro Pegenaute, actual Director General de Administración Local del Gobierno de Navarra, me ha llamado la atención y me ha hecho repensar sobre una vieja polémica que creía olvidada y enterrada: la relativa al art. 47.2 del Estatuto Vasco.

Durante la transición a la democracia, a lo largo de 1977 y 1978 se debatió la posible incorporación de Navarra a la naciente Comunidad Autónoma Vasca, entonces todavía CGPV (Consejo General del País Vasco). A la altura de noviembre de 1977 se quería aprobar el preautonómico vasco (y el catalán y gallego) para devolver un cierto autogobierno antes de la aprobación incluso de la Constitución a las regiones que durante la Segunda República habían plebiscitado y aprobado un Estatuto de Autonomía. El Acuerdo al que llegaron el Ministro para las Regiones, Manuel Clavero Arévalo, y la Asamblea de Parlamentarios Vascos (incluidos los navarros, aunque los representantes de la UCD nunca acudieran) recogía el derecho de cada una de las cuatro provincias (Álava, Guipúzcoa, Vizcaya y Navarra) a decidir libremente su plena incorporación al Consejo Vasco.

El Acuerdo provocó reacciones inmediatas y la UCD de Navarra forzó la renegociación del mismo entre el Gobierno de Madrid y la Asamblea de Parlamentarios Navarros. A partir de ese momento, la UCD de Navarra se dedicó a tratar de conseguir que la posible incorporación de Navarra a Euskadi fuese algo más parecido a una carrera de obstáculo que a proceso político.

Las negociaciones entre el Ministerio y la Asamblea de Parlamentarios Navarros dieron como resultado el Real Decreto 2/1978, apoyado por todas las fuerzas navarras con representación en Cortes (UCD, PSOE y PNV). Este Decreto es el que, se convertiría, a la postre, en la Disposición Transitoria Cuarta, fuente de importantes polémicas dentro de la UCD de Navarra. De hecho, la aprobación de dicha Disposición en la Carta Magna sería el motivo del nacimiento de UPN, como escisión de la UCD para pedir el NO a la Constitución de 1978.

Pero la cuestión aún daría lugar a otra nueva polémica, en 1979, no de la misma trascendencia, pero que marcaría la salida de la UCD de un diputado, Pedro Pegenaute, y un senador, José Luis Monge. El desacuerdo se centró en esta ocasión en el artículo 47.2 del Proyecto de Estatuto de Autonomía del País Vasco, que regulaba el referéndum para la modificación del Estatuto en caso de que Navarra se incorporase a Euskadi. El recuento del resultado se haría en una única circunscripción que englobaría a los 4 territorios. La UCD de Navarra quería que el nuevo Estatuto se aprobara en Navarra por separado. En plena recta final de las negociaciones entre Adolfo Suárez y Carlos Garaikoetxea, a finales de noviembre de 1979 la prensa publicaba unas declaraciones de Pedro Pegenaute en este sentido. El entonces diputado fue desautorizado por la dirección nacional de su partido. Poco después Monge y Pegenaute salían de UCD e iniciaban una andadura política de escasos éxitos pasando por Convergencia Navarra, AP-PDP-UL o el Partido Moderado. Pegenaute aún sería rescatado por Miguel Sanz para dirigir la ofensiva navarrista orquestada por el Gobierno de Navarra contra el euskera desde el año 2000.

30 años después de aquellas polémicas de la transición parece que algunos de sus protagonistas quieren aprovechar el inminente cambio de Gobierno en el País Vasco no para pensar en el futuro y posibilitar ese previsible cambio de rumbo que algunos ven con buenos ojos como un modo de consolidar el marco estatutario y constitucional supuestamente desdeñado por el nacionalismo vasco. Hay quien está pensando más bien en saldar viejas cuentas, antiguas anotaciones en la columna del debe que algunos no quieren perdonar al hacer balance de sus trayectorias políticas.

Con todo, la intentona puede tener un cierto interés para el ciudadano preocupado por el devenir de la política en esta tierra nuestra y no carece de una buena dosis de ironía. Tal vez sea interesante contemplar si el cambio de Gobierno en el País Vasco supone un cambio de sentido en las “injerencias políticas” para ser ahora Navarra la que interfiera en cuestiones de la CAV y no al revés. Puede ser un efecto colateral no previsto por el próximo gobierno de Patxi López. El tiempo lo dirá.

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