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Posts Tagged ‘Franquismo’

Todos sabemos que Francisco Franco murió en la cama siendo un ancianito que había dirigido con mano dura una dictadura durante casi 40 años. Cuando hojeo las memorias de algunas personalidades de los años de la transición o cuando leo algunas declaraciones o entrevistas de políticos de los años 70 y 80 hay ocasiones en que se me escapa una sonrisa al ver lo convencidos que algunos se muestran de su compromiso con la lucha antifranquista y de sus ideales democráticos. Es lo que tiene la memoria, que elige lo que quiere recordar y, consciente o inconscientemente, justifica lo hecho en el pasado con argumentos del presente, de modo que la trayectoria de cada uno de nosotros siempre es coherente a nuestros ojos.

La oposición al franquismo no fue tan significativa como puede parecer de la lectura de estas memorias. Se redujo a unos pocos grupos de la izquierda y los nacionalismos, que sufrieron con dureza la represión franquista. No fueron pocos los que compartieron los fines y los medios del franquismo y no son pocos los que hoy en día siguen justificando no solo el alzamiento militar contra la República, sino los casi 40 años de represión y de dictadura.

Desde 1999, año en que se cumplió el 60 aniversario del final de la Guerra Civil, varias organizaciones han venido trabajando cada vez con mayor eco mediático y social por la recuperación de la memoria de los perdedores de la guerra. Parecía que su labor podía lograr que por fin, 30 años después de la muerte de Franco, se abordara uno de los temas que quedaron pendientes en la Transición. Del mismo modo que el franquismo dejó sin resolver algunos de los principales problemas y debates de la República, la Transición cerró en falso, con un pacto de silencio, la herida abierta en el país por la represión franquista no solo durante la guerra, sino también por la llevada a cabo en los años inmediatamente anteriores (y posteriores) a la muerte del dictador.

El intento de recuperar la memoria de los represaliados por el franquismo ha movilizado a personas encuadradas en grupos de la extrema derecha, como Falange y Tradición, que han atacado monumentos alzados en recuerdo de las víctimas y han amenazado a cargos públicos navarros.

Hace escasos días, conocíamos la noticia de que el Tribunal Supremo había admitido a trámite una querella de Falange Española de las JONS contra el juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón por la decisión de éste de declararse competente para investigar las desapariciones durante la Guerra Civil y el franquismo. La impunidad de organizaciones de extrema derecha que participaron directamente en el régimen franquista y en la violencia de los primeros años de la transición a la democracia nos ha conducido a una especie de mundo al revés, en el que el acusado se convierte en acusador y el juez en juzgado.

Algo ocurre en un país cuando organizaciones que nacieron ensalzando el papel de la violencia política, que participaron activamente en la dictadura y en la represión franquistas, que hicieron lo que hicieron durante los primeros años de la transición y que amenazan y actúan hoy en día como lo están haciendo pueden seguir actuando en política como si nada hubiera ocurrido.

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conde_rodeznoHoy hemos tenido noticia de la sentencia del TAN en que se desestiman los recursos interpuestos por tres fuerzas políticas contra la decisión de la alcaldesa de Pamplona de llamar Plaza Conde de Rodezno a la Plaza del Conde de Rodezno. En marzo de 2009 NaBai, PSN y los ediles no adscritos elegidos por ANV votaron a favor del cambio de nombre de la Plaza de Pamplona que homenajeaba a Tomás Domínguez Arévalo. Ante esta situación, Yolanda Barcina decidió ese pequeño cambio de nombre argumentando que la plaza recordaría en adelante no a un conde en particular, sino al título nobiliario en general. Este argumento ha sido refrendado, por tanto, por el Tribunal Administrativo de Navarra.

El Tribunal no ha considerado que se trate de un fraude de Ley y la jugada le ha salido “bien” a la señora Barcina. Puedo imaginarme perfectamente la sonrisa de algunos al pensar en lo ocurrido y hasta la risa socarrona de otros, acompañada por algún chiste sobre los rojos durante la guerra. Podríamos considerar que se trata de una cuestión anecdótica. Sin embargo, se trata de algo que tiene un fondo más que preocupante.

La triquiñuela es en realidad una típica alcaldada que dice mucho del respeto que ella parece sentir por la opinión de los demás, incluso cuando es una opinión mayoritaria. De todos es conocido lo poco que le gusta que le lleven la contraria, incluso dentro de sus propias filas (la decisión de cuándo y cómo expulsar a Cristina Sanz del grupo municipal de UPN frente a las declaraciones de sus compañeros de partido es otro ejemplo reciente).

Pero en el caso de la denominación de la plaza Conde de Rodezno, más allá de una decisión que podría interpretarse como una afirmación de autoridad, lo preocupante de la cuestión es que el gesto en sí simboliza a la perfección precisamente lo que la mayoría del Ayuntamiento quiso eliminar del callejero pamplonés: el autoritarismo de un régimen recordado y homenajeado en la figura de uno de sus ministros. Aunque puedan argumentarse cuestiones competenciales o de otra índole la decisión de la alcaldesa es un tic autoritario y va contra el sentir mayoritario de la población de Pamplona, expresada en el Pleno de la Corporación.

No quiero repetir lo que en su momento ya dije sobre la cuestión de la memoria histórica o sobre la diferencia que existe entre la historia y la memoria. Sin embargo, considero que es más que preocupante esa suerte de franquismo vergonzante que se puede vislumbrar tras algunas decisiones de formaciones políticas que pretenden dar lecciones de democracia. Desde que a finales del siglo XX se comenzara a hablar sobre la recuperación de la memoria de los perdedores de la guerra civil y sobre la manera de resarcir a los represaliados durante la guerra y la dictadura franquista, ha habido varias ocasiones en que este debate ha llegado a las instituciones. En todos los casos UPN ha evitado apoyar acciones o textos que condenaran la dictadura del general Franco, absteniéndose o negándose a participar en la votación. En algunos casos incluso se ha llegado a poner como excusa la violencia terrorista.

La plaza seguirá llamándose Plaza Conde de Rodezno. Oficialmente será un recuerdo al título nobiliario y no a Tomás Domínguez Arévalo, aunque en todos nosotros la denominación siga simbolizando y representando lo mismo que hasta ahora. Formalmente se habrán cubierto los requisitos legales y habrá que respetar la decisión del Tribunal, pero en el fondo no se trata sino de una burla con unos tintes autoritarios que lo dicen todo.

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Garzón

garzonAnda la progresía oficial española indignada con la imputación de Garzón. El sindicato Manos Limpias, el mismo que llevó al banquillo hace escasos meses a varios políticos vascos (Ibarretxe, Patxi López, Arnaldo Otegi, entre otros) por tener la ocurrencia de… ¡DIALOGAR!, ha conseguido que el juez estrella tenga que pasar por el trance de acudir como imputado al Tribunal Supremo. ¿La causa? Pretender investigar los crímenes del bando franquista.

Sin negar que resulta obsceno que la única persona que, hasta la fecha, haya tenido que pasar por el juzgado por los miles de sanguinarios crímenes cometidos durante esos oscuros años sea el juez que pretendía investigarlos, sí me parece llamativa la doble vara de medir de los medios que ahora se muestran tan indignados. Estoy cansado de oír hablar de respeto a las decisiones de los jueces cuando los implicados son otros, para comprobar que, cuando los suyos son los afectados por esta “justicia” de pandereta, el enfado salta hasta extremos insospechados. Por poner un ejemplo reciente, ningún gran medio de comunicación español ha mostrado la más mínima indignación ante los cuatro años de prisión preventiva que se ha tenido que tragar Rufi Etxeberria acusado de nada (y su caso es sólo un botón de muestra), pero los supuestos garantes del Estado de Derecho se rasgan las vestiduras cuando les toca a ellos sufrir el acoso del poder judicial. Los “otros” –especialmente si son vascos- son siempre presuntos culpables, pero ellos deben ser merecedores del más exquisito trato y la presunción de inocencia tiene que predominar.

No voy a descubrir nada nuevo si afirmo que, en España, la independencia judicial se queda en una bonita idea para que los alumnos la lean en los libros de texto, pero que no va más allá de eso, una bonita idea. Sin embargo, asumiendo (por la fuerza de los hechos) que la propia forma de elección del Tribunal Constitucional o el Consejo General del Poder Judicial lleva a una división tácita entre jueces “progresistas” y “conservadores” (y ya es duro tener que asumir el hecho de que los ciudadanos sepamos qué va a votar cada juez, en función de quién le puso en su puesto), me resulta de un cinismo insoportable que aquellos que, como Garzón, estén jugando con la vida y la libertad de los demás con absoluta impunidad (basándose en impresiones o indicios más que en pruebas), pretendan ampararse en el Estado de Derecho y lloren amargamente cuando gente que, como Manos Limpias, tampoco cree en el sistema democrático, la pluralidad de ideas ni la independencia judicial, se lleva el gato al agua. ¡Ellos están contribuyendo, cuando les interesa, a alimentar a ese monstruo, así que no se deben extrañar cuando les muerda!

¿Dónde estaba Garzón cuando la sala de la Audiencia Nacional que venía varios años echando por tierra sus disparatadas teorías sobre el “entorno” de ETA, fue renovada y sus jueces trasladados? (creo que era la número 3) Sinceramente, creo que dirigiendo los hilos de la trampa judicial-mediática que se les tendió y, posteriormente, celebrándolo. Lo cierto es que esos jueces dejaron en libertad a un narcotraficante, basándose en los informes psicológicos sobre éste que llegaron a sus manos. Tras el correspondiente escándalo mediático –por supuesto, preparado de antemano- se apartó a esos jueces de esa sala, para no volver allí. No recibieron mayor castigo, al igual que no lo ha hecho el propio Garzón cuando, por sus errores, delincuentes quedaron en libertad, pero el mal ya estaba hecho y el camino a la impunidad y arbitrariedad judicial despejado. Desde entonces, la realidad es que ni esa sala -que sistemáticamente desestimaba los argumentos de Garzón al exigirle algo más que “convicciones morales” para encarcelar a diestro y siniestro- ni ninguna otra sala de la Audiencia Nacional, han puesto impedimento alguno a sus cacerías.

Nunca estaré con gente como los que forman Manos Limpias, que repudian, como he dicho, el sistema democrático en el que realmente creo, pero todavía me fastidia más el cinismo de esos supuestos defensores del Estado de Derecho, las libertades públicas y la independencia de los tres poderes, que sólo lo hacen cuando les interesa. Estos últimos hacen más daño que los primeros a aquello que dicen defender, ya que –mientras que actuaciones como la de Manos Limpias hacen que la mayoría de los ciudadanos nos mostremos alerta ante este tipo de actitudes anti-democráticas- lo que en la práctica los cínicos que escriben bonitas editoriales en El País o hablan de libertad en la Ser están haciendo es pervertir el sistema democrático, de modo más sibilino y disimulado, pero precisamente por ello más eficaz y difícil de detectar.

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El pasado 1 de abril se cumplieron 70 años del final de la Guerra Civil. Como ya ocurrió con el 60 aniversario, la historia y la memoria de aquella guerra y de la dictadura que vivió el país durante casi 40 años han vuelto a ser noticia: reportajes en Televisión, entrevistas a historiadores en la radio, artículos de opinión en la prensa…

En Pamplona el aniversario vino precedido por un intento del grupo municipal de NaBai de retirar del espacio público pamplonés el homenaje que la ciudad hacía a Tomás Domínguez Arévalo, Conde de Rodezno, al mantener una plaza con su nombre. El argumento para la retirada se basaba en la prohibición que establece la Ley para la Memoria Histórica de exaltar cualquier símbolo del franquismo. A pesar de que la moción fue aprobada, la alcaldesa de Pamplona, Yolanda Barcina, decidió no cambiar el nombre explicando que éste no hacía referencia al antiguo Ministro de Justicia de Franco, sino que tenía un sentido genérico, aludiendo al título nobiliario, que de por sí no tenía esa connotación, ya que el primer conde de Rodezno fue un noble de Fustiñana en 1690 (así se expresó el concejal de UPN, Sánchez de Muniáin).

A nadie se le escapa el cinismo de esa decisión. La Plaza Conde de Rodezno pasó a llamarse así en un Pleno extraordinario del Ayuntamiento de Pamplona celebrado el 15 de noviembre de 1952, poco después de la muerte de Tomás Domínguez Arévalo. La plaza, que se encuentra justo delante del Monumento a los Caídos, es un lugar de gran valor simbólico. En el Pleno algunos quisieron que se llamara Plaza de la Cruzada, pero la opción de Conde de Rodezno obtuvo más votos y sirvió de homenaje al recién fallecido Conde.

La decisión de Yolanda Barcina no hace sino confirmar una vez más la actitud mantenida por UPN cada vez que se ha hablado del franquismo y la guerra civil en las instituciones, absteniéndose o negándose a participar en la votación cuando se trataba de condenar la dictadura. UPN nació durante la transición a la democracia como reacción contra la Constitución y nutrió sus filas con un importante aporte franquista tras la desaparición de la Alianza Foral Navarra. No dudó en defender la laureada en el escudo de Navarra y hoy en día sigue sin desmarcarse de esa herencia pre-democrática que en demasiadas ocasiones se deja ver en su discurso político.

Cuando otros argumentos resultan insuficientes, UPN suele recurrir a aquello de “mejor no remover la historia” o “hay que asumir la historia en su totalidad”. Ya lo hizo en 1979 para defender la Laureada. Sin embargo, habrá que explicar a algunos líderes navarristas que no es la historia lo que se pretende eliminar de los espacios públicos de Navarra. Los navarros asumimos nuestra historia, poco podemos hacer al respecto. Sin embargo, somos muchos los que no estamos de acuerdo con que calles, plazas o edificios públicos sirvan para homenajear a personas que representan momentos, actitudes y comportamientos con los que no estamos de acuerdo y que incluso hacen mucho daño a quienes padecieron la dureza de la represión franquista y a sus descendientes. El espacio público debe quedar reservado para aquellos personajes, lugares o momentos de la historia de los que nos sentimos orgullosos hoy, a partir de los valores de nuestra sociedad actual. Los nombres de calles, plazas y lugares públicos deben ser revisados y actualizados porque de lo contrario seguiremos honrando la memoria del dolor que unos navarros infringieron a otros navarros por el simple hecho de pensar de una forma diferente.

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