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Posts Tagged ‘Aznar’

Decía Pep Guardiola, entrenador del Barcelona, hace un par de semanas, que cada vez que su equipo no gana le preguntan por Robinho, jugador del Manchester City al que el Barça parece pretender. Y es que es muy propio de nuestra sociedad acordarnos de los que faltan sólo cuando las cosas van mal, mientras que cuando todo funciona no suele haber espacio para la reflexión y la necesaria autocrítica. Más bien, lo que se lleva es la euforia y el “somos los mejores”.

Al hilo de esto, echo de menos una reflexión más profunda cuando oigo, cada vez en más ámbitos, que Rodrigo Rato podría ser la solución para la crisis económica que padecemos, en el contexto español. Cabría recordar que Rato, que fue ministro de Economía y Hacienda en la etapa del “Aznarato”, asumió su mando en una fase del ciclo económico mundial que nada tenía que ver con la actual, puesto que eran años de crecimiento mundial inusitado. Por supuesto, fueron años de bonanza económica para España, pero precisamente el modelo que se estableció en aquella etapa es el que ha resultado ser el auténtico enemigo interno, puesto que la subordinación al ladrillo y la especulación -además de imposibilitar en la práctica un derecho universal como la vivienda a millones de personas y de endeudar hasta extremos vertiginosos a muchas más- dejó la economía española en una situación de fragilidad de la que ahora pagamos las consecuencias. Como ejemplo de la insostenibilidad e injusticia del modelo, cabe recordar que, mientras a finales del año 1995 el beneficio de los promotores rondaba el 8,8% del precio final de un inmueble, en 2004 llegaba al 26,6%. Si tenemos en cuenta que el incremento medio real del precio de la vivienda desde que Aznar llegó a la presidencia del gobierno español hasta que lo dejó (siempre con Rato como ministro de Economía y Hacienda) fue de un 116% (un 156% nominal, es decir, sin tener en cuenta incremento de salarios o IPC), el resultado no es muy alentador para el ciudadano medio.

Esta es, para el resto de sectores de la economía, la propuesta de los “neo-cons” españoles, de los que Rato forma parte destacada. Mercado puro y duro. Oferta y demanda crudas, sin molestos Estados que redistribuyan ingresos entre los ciudadanos. ¿No es ese modelo el que tanto ha contribuido a generar la crisis? ¿No era el denostado George Bush uno de sus más firmes defensores, hasta que empezó a tirar del talonario público para rescatar bancos y empresas privadas que amenazaban con quebrar? Pues ahora, por obra y gracia de unos cuantos medios de comunicación, parece que las personas que nos van a librar de los leones son las mismas que nos metieron en la jaula…

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20091010_RajoyLa trayectoria política de Mariano Rajoy podría describirse de muchas maneras distintas. “A quien cierne y amasa de todo le pasa” es una frase de la sabiduría popular que podría resumirla bastante bien. Sin embargo, hay otra, “hay hombres que nacen con estrella y otros que nacen estrellados” que también podría explicar lo que le ocurre a don Mariano.

En política, una larga trayectoria puede aportar experiencia y recursos a la hora de resolver situaciones difíciles, pero también implica desgaste y, a veces, un lastre importante, sobre todo si no se consiguen buenos resultados en el corto plazo. Mariano Rajoy será recordado por algunos por los hilillos del Prestige, otros lo asociarán al legado de José María Aznar y no faltará algún funcionario que lo tenga como el responsable de haber congelado su sueldo en otros momentos de crisis.

Mariano Rajoy es el cabeza de lista de un PP que se había acostumbrado a ganar tras una larga travesía en el desierto y que ha perdido dos elecciones después de que José María Aznar quisiera retirarse teniendo la mayoría absoluta, tras ocho años de gobierno, en la cresta de la ola pasando a la posteridad como José María I de España.

El Partido Popular, en una soledad ganada a pulso desde la segunda legislatura de Aznar, no hubiera podido gobernar ni aunque hubiera ganado las elecciones, pero es que, en 2008 volvió a perderlas. Rajoy, como Aznar, había caído en manos de ese no poco numeroso sector ultra que “esconde” el PP, pero a diferencia de don José María, don Mariano no se sentía del todo cómodo en esa situación. No sin dificultades consiguió afianzar algo su posición dentro del partido frente a quienes pedían un relevo y una total lealtad a los principios de ultranacionalismo español y neo-liberalismo que había encarnado el Aznataro.

En su pugna con esa derecha ultra que considera lila todo lo que no sea azul Rajoy se apoyó en gentes con sensibilidades distintas a las que primó Aznar. Esto fue notable en el País Vasco (por su valor simbólico), pero la región que hizo que Rajoy siguiera siendo la cabeza visible del PP no fue otra que la Comunidad Valenciana, con Camps como garante fundamental del gallego.

La crisis económica y el desastre de la gestión de Zapatero, que ha conseguido llevarse mal con todo el arco parlamentario parecían augurar a Rajoy un futuro prometedor y, sobre todo, más tranquilo tras haber vencido en su guerra particular con Esperanza Aguirre por controlar el partido. Hasta la crisis en Navarra, tras la ruptura con UPN, parecía empezar a pintar mejor o eso al menos apuntan los sondeos.

Sin embargo, el caso Gürtel parece que puede empañar su futuro, al salpicar profundamente a quienes fueron sus grandes valedores y, sobre todo, porque lejos de aplicar las medidas que defendieron cuando la corrupción afectaba a otros, se dedican a dejar caer el chaparrón en una actitud muy española, donde dimitir, dimitir, no dimite nadie. Esperanza Aguirre ha querido aprovechar la resistencia del PP valenciano a depurar responsabilidades políticas (las judiciales ya se verán donde corresponda) para dejar ver lo que ella haría si estuviera en la situación de Rajoy, pero ni siquiera, ya que lo más que ha logrado es un cese light: paso al grupo mixto, pero los señores en cuestión se quedan con el acta de diputados.

Don Mariano, político al que parece haberle tocado en suerte una estrella fugaz, no va a tener la calma que esperaba para preparar y ganar las próximas elecciones. Veremos qué nos deparan estos dos años y medio de legislatura y veremos hasta dónde llega el caso Gürtel y sus ramificaciones. En este contexto, el Congreso del PP navarro tal vez tenga que esperar o tal vez sirva para darse alguna alegría después de tanto mal trago.

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20090604_Como_Pedro

Da la impresión de que algunos políticos andan por la Administración como Pedro por su casa. En Navarra hace no mucho hubo una cierta polémica a raíz del uso de un helicóptero de emergencias por parte de Juan Ramón Corpas, consejero de Cultura y Turismo del Gobierno de Navarra, para acudir al monte San Donato al rodaje de una película. Se trató, a todas luces, de un exceso, un uso injustificable de un bien público por mucho que se argumentaran cuestiones de agenda, seguridad, etc.

NaBai llegó a solicitar la reprobación del consejero, pero no logró el apoyo suficiente en la cámara (tal vez tampoco habría servido de mucho vista la trayectoria política de José Ignacio Palacios, que sí fue reprobado por el Parlamento, pero siguió como consejero como si nada hubiera ocurrido). Del desarrollo de la sesión se desprende la sensación de que UPN y PSN incluyeron el asunto dentro del pacto al que han llegado. Corpas hizo un leve mea culpa, aceptando las críticas que había recibido y el PSN consideró que aquello era suficiente y se abstuvo. Será por la estabilidad y la gobernabilidad, digo yo.

Esta polémica foral está teniendo su equivalente allende las fronteras navarras en el marco de la campaña de las elecciones europeas. Al bueno de Zapatero le acusaron de haber utilizado un avión del ejército para acudir a un mitin, un acto del Partido sin la más mínima relación con su condición de Presidente del Gobierno. El PSOE se ha debido tomar al pie de la letra aquello de que no hay mejor defensa que un buen ataque y, en lo que ya viene siendo habitual cuando a alguien le pillan en actitudes sospechosas (tanto en PP, como en UPN o PSOE), echó mano de un estudiado, profundo y matizado argumento: “y tú más”. Los dos principales partidos españoles se han enzarzado estos días en un juego dialéctico que me recuerda a aquellos ingeniosas diálogos de cuando éramos niños

— Yo siempre uno más.
— Yo infinito.
— Yo infinito más uno, ¡ala!

Ahora resulta que Zapatero no ha sido el único en utilizar un avión del ejército para desplazarse a un acto de su partido. Y cómo no, Pepe Blanco ha sido el que ha cerrado el diálogo (o no, quién sabe) con “infinito más uno, al cubo”, al desvelar el número de escoltas del ex-presidente Aznar.

El problema de todos estos “escándalos” (que ya no escandalizan) es que transmiten la sensación de que hay políticos que se piensan que España es el patio de su casa. Creo que no es especialmente complicado diferenciar entre los distintos roles que uno desarrolla en su vida y no debería ser difícil saber cuándo uno está actuando como presidente del Gobierno o como dirigente de un partido político o como un ciudadano más, padre, vecino, socio de las piscinas… Sin embargo, parece como si cuando alguien accediera a un cargo de responsabilidad a un cierto nivel las fronteras se diluyeran, eso sí, siempre en favor del rol público (no se suelen equivocar al coger el coche particular para acudir a un acto público).

Lo curioso del asunto es que los políticos, a cierto nivel, deben estar tan acostumbrados a estas prácticas que hasta cuando denuncian en el rival un uso indebido utilizan cauces equivocados. Es cuando menos curioso ver cómo José María Aznar, para hacer pública su indignación por las declaraciones de Pepe Blanco, ha utilizado el correo electrónico a través de la oficina de prensa de la FAES (véase la noticia en La Vanguardia). Y digo yo, ¿no es también un mal uso la utilización de la oficina de prensa de la FAES para defenderse de unas acusaciones recibidas como presidente del Gobierno de España? Muchas veces son los pequeños detalles los que nos indican las pautas de comportamiento generales.

Lo peor de todo es que la imagen de la política que se transmite a la ciudadanía es muy triste y muy poco esperanzadora, echando por tierra el esfuerzo de muchas personas honradas, transparentes y que saben discernir perfectamente qué rol están jugando en cada momento de su vida y actúan en consecuencia. El caso es que el mal hacer de algunos, salpica a todos.

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20090512_AjuriaeneaEl pasado día 5 de mayo Patxi López era elegido Lehendakari con el apoyo de los parlamentarios de PSE, PP y UPyD. 39 parlamentarios que no serían más que 35 si todas las ideas políticas hubieran podido presentarse a las elecciones y que representan a 486.423 votos, frente a los 500.312 votos de apoyo que recibió Juan José Ibarretxe (PNV, Aralar y EA, ya que EB (36.373 votos) decidió abstenerse. PSE, PP y UPyD representan al 42,35% de los votos, frente al 42,55% de PNV, Aralar y EA (46,43%, frente al 47,75% si no tenemos en cuenta los nulos). El porcentaje se eleva hasta el 51,22% si a los partidos nacionalistas les sumáramos a EB.

Las ganas que algunos tienen de dar un cambio de timón en el País Vasco parece que lo justifican todo (aunque nos suenen argumentos de PP y PSOE para defender justo lo contrario de lo que ellos están llevando a cabo en Euskadi). Parece que el placer de mandar a la oposición al nacionalismo es suficiente para restar importancia a estos números y hablar de la victoria de Patxi López. Por ello mismo, creo que es importante volver a insistir en unos dígitos que hablan por sí solos. En política es evidente que la aritmética que vale es la del Parlamento y las mayorías parlamentarias. La mayoría en el legislativo vasco es la que es y por tanto Patxi López será Lehendakari con toda la legitimidad que le da el Parlamento Vasco. Pero no por ello deja de ser una situación forzada, un relevo democrático pero hecho contra el sentir mayoritario de la sociedad vasca.

Y aquí es donde algunos argumentos empiezan a darme miedo. La alternancia de gobierno, dirán algunos, es necesaria y refrescante en democracia. Pero es igualmente necesaria y refrescante en otros lugares (Andalucía, Extremadura, Castilla la Mancha, etc.). El pacto entre PSOE y PP no es frentista, sino algo lógico dada la situación, dirán otros. Pero lo cierto es que es más frentista que el tripartito, que al menos podrá decir que contaba con una fuerza (EB) no nacionalista. Además, curiosamente, el pacto PP-PSOE sólo parece posible en Navarra y la Comunidad Autónoma Vasca: será un elemento más del hecho diferencial vasco, como he dicho en otro lugar.

Sin embargo, todo esto no son sino argumentos formales, para vestir la cruda y desnuda realidad: aunque el País Vasco no lo sepa, necesita un gobierno no nacionalista, ya que esa es la única manera de normalizar la política y la sociedad vascas. Esa decisión, tomada desde fuera del País Vasco, recuerda demasiado (y me van a perdonar algunos amigos por forzar algo el argumento) el lema del despotismo ilustrado: gobernar para el pueblo, por el pueblo, pero sin el pueblo. Parece que algunos, no faltos de ciertas dosis de paternalismo, parecen tener claro qué les conviene a los vascos, a pesar de los vascos. No he olvidado la frase de Aznar, tras perder Mayor Oreja las elecciones de 2001, en la que decía que el País Vasco no “estaba maduro” para el cambio y trataba de explicar los resultados como si el pueblo vasco no hubiera entendido bien su mensaje (ya que de haberlo hecho habría ganado, claro está). Mientras los números no se lo han permitido, nada han podido hacer, pero tras la ilegalización de los que antes (no hablo de 1980, sino de 2005) sí podían presentarse, pero ahora no, los números dan y se han puesto manos a la obra.

PSE+PP+UPyD son lo que son, una minoría en el País Vasco y sería bueno que no lo perdieran de vista. La realidad es tozuda y suele resistirse a manipulaciones tan poco hábiles. A pesar de que Patxi López cosechó unos buenos resultados, no podemos olvidar que no ganó las elecciones, más bien todo lo contrario, las perdió claramente al haber fijado su estrategia en su victoria sobre el PNV.

López no planteó la campaña como un choque entre frentes: españolista y nacionalista. Ese fue probablemente el acierto del socialista que en campaña llegó a negar que pactaría con el PP y habló de transversalidad para terminar conformando un frente con el objetivo de sacar al nacionalismo vasco del poder. “Las circunstancias actuales y las actitudes que manifiestan López y Basagoiti —ha afirmado recientemente un buen amigo mío en su blog— son diferentes a las protagonizadas por Mayor Oreja y Nicolás Redondo en 2001, por más que Ibarretxe pretendiera ayer demostrar lo contrario en su discurso. El cambio fue entonces tan directamente buscado y cantado (haciendo buenas las etiquetas de ‘bloque constitucionalista’ y ‘frente españolista’), fueron tan señaladas las afinidades personales entre los artífices del deseo, que esa posibilidad se desvaneció como por obra de encanto, sin lograrse el resultado electoral apetecido. No ha sido así en esta ocasión”.

Evidentemente, López no cometió el error de Mayor Oreja: no planteó un debate entre nacionalistas y no nacionalistas. El hecho diferencial vasco se manifestó con rotundidad en Euskadi en 2001, dando una patada en las posaderas a Mayor Oreja que lo haría rodar hasta Bruselas. Aquella pintada que decía “A Mayor Oreja, Mayor Sordera” sirvió para que López no cometiera el mismo error. Pero se podría decir que lo que ha hecho Patxi López es peor que lo que hiciera Mayor Oreja, ya que al menos éste fue con la verdad por delante.

El PSE habló en Euskadi de transversalidad, para pactar finalmente con el PP. El PSN habló en Navarra de cambio desde la izquierda, para terminar echándose en brazos de UPN. ¿Quién les creerá en el futuro?

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psoe

Recuerdo todavía con gran viveza la sensación de alivio incluso físico, como si me hubieran quitado un peso de encima, el día de la derrota de Aznar en las elecciones de marzo del año 2004. No sé cómo se habría sentido ese día en otros lugares del Estado, pero esa sensación de haber abierto las ventanas en una habitación cargada de un ambiente opresivo y gris se vivió con fuerza en la CAV y Navarra y no creo equivocarme al afirmar que también, al menos, en Cataluña y Galicia.

Con la derrota de Aznar se ponía fin a un período de gobierno en mayoría absoluta de un ultra nacionalismo español que acosó a cualquiera que tuviera y se atreviera a defender una imagen de España distinta a la enarbolada como un arma por el centralismo aznarista. La presión a la que se sometió al nacionalismo vasco fue tal que a muchos les recordó tiempos pasados que creían olvidados para siempre.

Algo de esto debió ocurrir más allá de apreciaciones personales y subjetivas. El primer Gobierno Zapatero planteó importantes reformas constitucionales y estatutarias para actualizar la España de las Autonomías a las nuevas necesidades del siglo XXI, reforzando el papel de las regiones y de las nacionalidades, de las que incluso se llegó a hablar como naciones. El centralismo y ultra nacionalismo español defendido por el PP no solo había conseguido dejar aislado al partido liderado ya por Mariano Rajoy, sino que además había logrado “manchar” y “contaminar” la defensa de un centralismo español (entendido por el PP de Aznar como una lucha contra los nacionalismos periféricos) como lo hiciera años atrás el franquismo (que contaminó e hizo políticamente incorrectas durante décadas muchas de las señas de identidad del nacionalismo español).

Ese intento de una segunda transición (imagen lanzada por Aznar y de la que se apropió Zapatero dándole un sentido claramente distinto) tuvo un coste político importante para el PSOE que no supo aguantar la presión de la dura oposición del PP y comenzó un giro al centro, alejándose del entendimiento con las fuerzas nacionalistas, ya fuese en el gobierno de Madrid o en las distintas comunidades autónomas. El discurso del PSOE, más motivado por rendimientos electorales que por una convicción sólida acerca de la idea de España y de su relación con las naciones vasca, catalana y gallega, no resistió el envite del nacionalismo español fácil, simplón y populista esgrimido por el PP y resumido en la frase de “España se rompe” (ya saben, España, antes roja que rota).

El caso de Navarra es una clara muestra de ello. Desoyendo la clara voluntad de cambio manifestada en las urnas el 27 de mayo de 2007 en los comicios de mayor participación de la historia de la democracia en Navarra, el PSN, obligado por el PSOE, decidió mantener a UPN en el gobierno foral. La apuesta por defender identidades plurales, la necesidad de airear el cargado ambiente foral, todo quedaba en un segundo plano ante el coste electoral de un posible pacto del PSN con el nacionalismo vasco en Navarra.

Tras la segunda victoria de Zapatero en 2008 las reformas constitucionales y estatutarias pasaron a dormir el sueño de los justos. Al margen de las dificultades generadas por la crisis económica, los resultados de las elecciones gallegas y vascas y la gestión posterior de esas dos derrotas electorales han reducido el margen de maniobra de un PSOE que no hace sino perder apoyos parlamentarios. El Gobierno de Zapatero ha conseguido un récord en su gestión política, pasando de contar con el apoyo o el voto de confianza de todos (menos el PP) a estar prácticamente aislado.

La crisis de Gobierno ha sido un paso más en ese viaje al centro (geográfico y no político en este caso) del PSOE al nombrar a Manuel Chaves Vicepresidente Tercero y Ministro de Política Territorial y encargarle la coordinación autonómica para lograr una mayor cohesión de las regiones de España. Abandonada la segunda transición, habrá que ver si el PSOE no se encamina hacia una segunda LOAPA coordinada por la Vicepresidencia Tercera del Gobierno y con las nacionalidades históricas controladas por primera vez en la historia por partidos de obediencia central.

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