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Posts Tagged ‘Zapatero’

20090604_Como_Pedro

Da la impresión de que algunos políticos andan por la Administración como Pedro por su casa. En Navarra hace no mucho hubo una cierta polémica a raíz del uso de un helicóptero de emergencias por parte de Juan Ramón Corpas, consejero de Cultura y Turismo del Gobierno de Navarra, para acudir al monte San Donato al rodaje de una película. Se trató, a todas luces, de un exceso, un uso injustificable de un bien público por mucho que se argumentaran cuestiones de agenda, seguridad, etc.

NaBai llegó a solicitar la reprobación del consejero, pero no logró el apoyo suficiente en la cámara (tal vez tampoco habría servido de mucho vista la trayectoria política de José Ignacio Palacios, que sí fue reprobado por el Parlamento, pero siguió como consejero como si nada hubiera ocurrido). Del desarrollo de la sesión se desprende la sensación de que UPN y PSN incluyeron el asunto dentro del pacto al que han llegado. Corpas hizo un leve mea culpa, aceptando las críticas que había recibido y el PSN consideró que aquello era suficiente y se abstuvo. Será por la estabilidad y la gobernabilidad, digo yo.

Esta polémica foral está teniendo su equivalente allende las fronteras navarras en el marco de la campaña de las elecciones europeas. Al bueno de Zapatero le acusaron de haber utilizado un avión del ejército para acudir a un mitin, un acto del Partido sin la más mínima relación con su condición de Presidente del Gobierno. El PSOE se ha debido tomar al pie de la letra aquello de que no hay mejor defensa que un buen ataque y, en lo que ya viene siendo habitual cuando a alguien le pillan en actitudes sospechosas (tanto en PP, como en UPN o PSOE), echó mano de un estudiado, profundo y matizado argumento: “y tú más”. Los dos principales partidos españoles se han enzarzado estos días en un juego dialéctico que me recuerda a aquellos ingeniosas diálogos de cuando éramos niños

— Yo siempre uno más.
— Yo infinito.
— Yo infinito más uno, ¡ala!

Ahora resulta que Zapatero no ha sido el único en utilizar un avión del ejército para desplazarse a un acto de su partido. Y cómo no, Pepe Blanco ha sido el que ha cerrado el diálogo (o no, quién sabe) con “infinito más uno, al cubo”, al desvelar el número de escoltas del ex-presidente Aznar.

El problema de todos estos “escándalos” (que ya no escandalizan) es que transmiten la sensación de que hay políticos que se piensan que España es el patio de su casa. Creo que no es especialmente complicado diferenciar entre los distintos roles que uno desarrolla en su vida y no debería ser difícil saber cuándo uno está actuando como presidente del Gobierno o como dirigente de un partido político o como un ciudadano más, padre, vecino, socio de las piscinas… Sin embargo, parece como si cuando alguien accediera a un cargo de responsabilidad a un cierto nivel las fronteras se diluyeran, eso sí, siempre en favor del rol público (no se suelen equivocar al coger el coche particular para acudir a un acto público).

Lo curioso del asunto es que los políticos, a cierto nivel, deben estar tan acostumbrados a estas prácticas que hasta cuando denuncian en el rival un uso indebido utilizan cauces equivocados. Es cuando menos curioso ver cómo José María Aznar, para hacer pública su indignación por las declaraciones de Pepe Blanco, ha utilizado el correo electrónico a través de la oficina de prensa de la FAES (véase la noticia en La Vanguardia). Y digo yo, ¿no es también un mal uso la utilización de la oficina de prensa de la FAES para defenderse de unas acusaciones recibidas como presidente del Gobierno de España? Muchas veces son los pequeños detalles los que nos indican las pautas de comportamiento generales.

Lo peor de todo es que la imagen de la política que se transmite a la ciudadanía es muy triste y muy poco esperanzadora, echando por tierra el esfuerzo de muchas personas honradas, transparentes y que saben discernir perfectamente qué rol están jugando en cada momento de su vida y actúan en consecuencia. El caso es que el mal hacer de algunos, salpica a todos.

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20090511_menosladrilloHoy podíamos leer en la prensa, cómo el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, había criticado ayer a quienes “se ponen nerviosos” en cuanto aparecen algunos “brotes verdes” en la economía, porque “no quieren ver ni una sola buena noticia” económica, en referencia a la rentabilidad política y electoral, a menos de un mes como estamos de las elecciones europeas, que el PP cree que va a sacar atacando al Gobierno por su gestión de la crisis económica. Zapatero aseguró ayer a quienes llenaban el palacio de Vistalegre en el acto de apertura de la precampaña que España superará la crisis con más políticas sociales, “menos ladrillo y más ordenadores”. Nuevamente la campaña electoral europea se desarrolla en clave de política interna, aunque haya tal vez algún incauto que crea que Zapatero lo que hace es incorporar las recomendaciones europeas de frenar el descontrolado sector de la construcción en España. La comisión de Peticiones del Parlamento Europeo habló hace unos meses de “urbanización masiva”.

A lo largo de la última legislatura se ha hecho más que evidente que Zapatero no hace otra cosa que improvisar en todas las áreas a las que llega su acción de gobierno y, de una forma especialmente sangrante en sus acciones políticas anticrisis. No hace tanto que anunció un plan de choque para frenar el creciente paro en la construcción repartiendo a todos los Ayuntamientos del Estado una buena cantidad de dinero para invertir precisamente en “ladrillo”. No se trataba de que cada municipio estudiara sus necesidades reales y, en base a ellas, priorizara unas actuaciones u otras. La cuestión era que los Ayuntamientos impulsaran obras públicas que dieran trabajo a las empresas de la construcción que estaban viendo cómo se acababan unos años dorados en los que tantos excesos se han cometido.

Al poco tiempo, en Navarra nos enterábamos de una iniciativa impulsada por Unión del Pueblo Navarro y Partido Socialista de Navarra (PSN) que pretendía pagar, con el dinero de todos los contribuyentes, la nada despreciable cifra de 15.000 millones de las antiguas pesetas a la sociedad promotora constructora Desarrollo Sostenible s. l. por hacerse con los derechos de edificación de 3 millones de metros cuadrados rústicos en el término de Guenduláin. El proyecto de construcción de la segunda ciudad navarra donde ahora mismo no hay sino un palacio, impulsada hasta el último momento por el equipo de gobierno (UPN-CDN) la pasada legislatura, se había venido abajo con la crisis económica y había que rescatar a un grupo de promotores que se habían visto perjudicados por la situación. Pobrecillos ellos que, de haber salido bien la operación, seguro que hubieran repartido sus beneficios entre los más necesitados.

La excusa para llevar esa enorme cifra de dinero hacia el sector de la construcción no era otra que sacarlo de la crisis, aunque, curiosamente, en este caso debe ser por vía indirecta, ya que todo ese dinero sirve para que, de momento, no se construya nada. Resultan más que curiosas estas contradicciones entre lo que se dice y lo que se hace. En algunos políticos, la acción  no siempre refrenda la palabra.

No sé si Zapatero tiene mucha información acerca de lo que hacen sus compañeros de partido en Navarra. Han sido varias las ocasiones en que al presidente del Gobierno lo han pillado con el pie cambiado en lo que a la política foral se refiere. Da la impresión, en cambio, de que el pacto entre UPN y PSN es sólido y amplio y que el sector del ladrillo en Navarra puede estar tranquilo, a pesar de lo que diga Zapatero en los Madriles.

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psoe

Recuerdo todavía con gran viveza la sensación de alivio incluso físico, como si me hubieran quitado un peso de encima, el día de la derrota de Aznar en las elecciones de marzo del año 2004. No sé cómo se habría sentido ese día en otros lugares del Estado, pero esa sensación de haber abierto las ventanas en una habitación cargada de un ambiente opresivo y gris se vivió con fuerza en la CAV y Navarra y no creo equivocarme al afirmar que también, al menos, en Cataluña y Galicia.

Con la derrota de Aznar se ponía fin a un período de gobierno en mayoría absoluta de un ultra nacionalismo español que acosó a cualquiera que tuviera y se atreviera a defender una imagen de España distinta a la enarbolada como un arma por el centralismo aznarista. La presión a la que se sometió al nacionalismo vasco fue tal que a muchos les recordó tiempos pasados que creían olvidados para siempre.

Algo de esto debió ocurrir más allá de apreciaciones personales y subjetivas. El primer Gobierno Zapatero planteó importantes reformas constitucionales y estatutarias para actualizar la España de las Autonomías a las nuevas necesidades del siglo XXI, reforzando el papel de las regiones y de las nacionalidades, de las que incluso se llegó a hablar como naciones. El centralismo y ultra nacionalismo español defendido por el PP no solo había conseguido dejar aislado al partido liderado ya por Mariano Rajoy, sino que además había logrado “manchar” y “contaminar” la defensa de un centralismo español (entendido por el PP de Aznar como una lucha contra los nacionalismos periféricos) como lo hiciera años atrás el franquismo (que contaminó e hizo políticamente incorrectas durante décadas muchas de las señas de identidad del nacionalismo español).

Ese intento de una segunda transición (imagen lanzada por Aznar y de la que se apropió Zapatero dándole un sentido claramente distinto) tuvo un coste político importante para el PSOE que no supo aguantar la presión de la dura oposición del PP y comenzó un giro al centro, alejándose del entendimiento con las fuerzas nacionalistas, ya fuese en el gobierno de Madrid o en las distintas comunidades autónomas. El discurso del PSOE, más motivado por rendimientos electorales que por una convicción sólida acerca de la idea de España y de su relación con las naciones vasca, catalana y gallega, no resistió el envite del nacionalismo español fácil, simplón y populista esgrimido por el PP y resumido en la frase de “España se rompe” (ya saben, España, antes roja que rota).

El caso de Navarra es una clara muestra de ello. Desoyendo la clara voluntad de cambio manifestada en las urnas el 27 de mayo de 2007 en los comicios de mayor participación de la historia de la democracia en Navarra, el PSN, obligado por el PSOE, decidió mantener a UPN en el gobierno foral. La apuesta por defender identidades plurales, la necesidad de airear el cargado ambiente foral, todo quedaba en un segundo plano ante el coste electoral de un posible pacto del PSN con el nacionalismo vasco en Navarra.

Tras la segunda victoria de Zapatero en 2008 las reformas constitucionales y estatutarias pasaron a dormir el sueño de los justos. Al margen de las dificultades generadas por la crisis económica, los resultados de las elecciones gallegas y vascas y la gestión posterior de esas dos derrotas electorales han reducido el margen de maniobra de un PSOE que no hace sino perder apoyos parlamentarios. El Gobierno de Zapatero ha conseguido un récord en su gestión política, pasando de contar con el apoyo o el voto de confianza de todos (menos el PP) a estar prácticamente aislado.

La crisis de Gobierno ha sido un paso más en ese viaje al centro (geográfico y no político en este caso) del PSOE al nombrar a Manuel Chaves Vicepresidente Tercero y Ministro de Política Territorial y encargarle la coordinación autonómica para lograr una mayor cohesión de las regiones de España. Abandonada la segunda transición, habrá que ver si el PSOE no se encamina hacia una segunda LOAPA coordinada por la Vicepresidencia Tercera del Gobierno y con las nacionalidades históricas controladas por primera vez en la historia por partidos de obediencia central.

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