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Archive for 30 abril 2009

20090430_obamaParece como si en estos momentos difíciles, acuciados por la crisis económica y sin una salida ni una solución clara a la misma, ni siquiera el fútbol fuera droga suficiente para apaciguar al pueblo y desviar su atención hacia cuestiones menos delicadas y más entretenidas. En España pronto empezará la temporada de toros y habrá nuevos motivos de evasión (por cierto, que tal vez la temporada taurina haya comenzado ya, pero lo más parecido a los toros que he visto ha sido el encierro que hasta el año pasado se organizaba en Pamplona por parte de la People for the Ethical Treatment of Animals, PETA, imagen que viene muy a cuento de lo que voy a comentar).

El caso es que algunos políticos han debido interpretar que el público exigía que se le proporcionara su dosis de espectáculo y se han puesto a ello, remangándose para la faena en unos casos (como el de Obama) o, si el remangue no prometía especiales buenos resultados, remangando a otras (como los casos de Nicolás Sarkozy y Silvio Berlusconi). Otros, en cambio, ni se han inmutado por los remangues ajenos y han seguido a lo suyo, re-mangando en un estilo muy castizo y levantino.

El 23 de abril pasado se ponía a la venta el número del mes de mayo del Washingtonian Magazine con una polémica portada en la que el hombre de moda, Barack Obama, aparecía en bañador luciendo torso. El titular nos prometía hasta 26 razones para querer vivir en Washington. La segunda de esa larga lista de razones no era otra que Obama, del que, con dobles y triples sentidos, la revista de la capital estadounidense decía: “Our New Neighbor is Hot”. Ya sea prometedor, caliente, macizo o cualquiera de los significados que el diccionario nos da para hot, lo cierto es que en este caso la imagen del nuevo vecino washingtoniano, que ha dado la vuelta al mundo, lo dice todo. De hecho, ¿tras ver la cubierta de la revista, a quién le importan las otras 25 razones?

20090502_bruni_letiEntre la portada del Washingtonian Magazine y la visita de los Sarkozy-Bruni a España han pasado solo unos días. Se trataba de la primera visita de Estado de Nicolás Sarkozy, presidente de la República Francesa a España, con importantes asuntos como la lucha anti-terrorista, la cada vez más cercana presidencia española de la Unión Europea o el grado de inteligencia de Zapatero entre la agenda del encuentro. La foto de Carla Bruni y Letizia subiendo las escaleras de Moncloa nos habla de la fascinación de los medios de comunicación por los trascendentales asuntos que Sarkozy iba a tratar con los Jefes del Estado y de Gobierno españoles.

Pero, como suele ocurrir en estas calurosas cuestiones, quien ha ganado por goleada a la hora de controlar el timing del juego defensivo, desviando la atención de los espectadores con artes marrulleras si es necesario (al menos así lo dice el tópico futbolero), tiene apellido italiano y no es otro que el primer ministro del país transalpino, Silvio Berlusconi. Cansado de ver siempre las mismas caras y los mismos culos, ha decidido renovar el partido (Pueblo de la Libertad) con la mirada puesta (muy puesta, podríamos decir) en las elecciones europeas. Para ello convocó a una treintena de famosas (actrices, modelos, concursantes de programas televisivos…) a un cursillo acelerado de política italiana e internacional y para explicarles lo necesario acerca de organizaciones como la OTAN, el FMI…

Parece como si los líderes del mundo, o algunos al menos, se hubieran querido tomar un respiro rebajando el nivel de tensión informativa de los últimos tiempos. Podríamos ponernos serios y rasgarnos las vestiduras ante el machismo de algunos dirigentes europeos, pero también podríamos tomarnos un respiro y simplemente reírnos de algunas actitudes que, aunque ridículas en algunos casos, sólo son posibles en un sistema democrático, donde todos, no sólo los mejores o quienes parecen mejor preparados, pueden llegar a gobernar

Sin embargo, otra crisis, en este caso sanitaria, en forma de virus de la gripe porcina, ha tomado el relevo en los servicios informativos y amenaza el planeta. No parecen buenos tiempos para la risa.

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Todos iguales

Obama, Berlusconi, Medvedev

En estos tiempos que corren, cada vez estamos más acostumbrados a oír, en cualquier conversación en tono informal, el famoso “todos son iguales” aplicado a los políticos, atribuyendo un afán de enriquecimiento a cualquier precio al conjunto de personas dedicadas a la gestión pública. Como todos sabemos, la condición humana es prácticamente incorruptible, y apenas se han dado casos de empresarios corruptos, sindicalistas que aprovechan sus horas sindicales para provecho propio, guardias civiles y policías sobornados, jueces y abogados comprados o trabajadores de aduana que por dinero fácil hacen la vista gorda. Además, es prácticamente imposible encontrar un pelotari, tenista o futbolista que se haya dejado ganar a cambio de suculentos premios en casas de apuestas… Por ello me pregunto, ¿qué hace que esta avispada sociedad se haya fijado en la corrupción de la clase política, precisamente la más poderosa, hasta deslegitimarla por completo?

Lógicamente, el elevado número de políticos que se deja tentar por el dinero fácil que provoca la corrupción es el primer culpable de esta percepción, puesto que con su comportamiento deslegitiman completamente su labor y la de muchos de sus compañeros de profesión.

Por otra parte, el comportamiento de los partidos políticos también deja mucho que desear, puesto que –al menos cuando el supuesto corrupto pertenece a las élites políticas- se suele practicar un cierre de filas en torno a él. La autocrítica apenas se produce y, en caso de hacerlo, se intenta por todos los medios que no salga de las puertas de las sedes de los partidos, cuando la sociedad demanda actuaciones inmediatas y ejemplarizantes. Además, en muchas ocasiones la información por la que se acusa a los miembros del partido de comportamiento desleal o ilegal ni siquiera es rebatida, sino que se estila más esparcir la semilla de la confusión y acusar a los demás (partidos políticos, medios de comunicación, jueces…) de todo tipo de tramas y complots. Al fin y al cabo, como pudimos comprobar con la “Teoría de la Conspiración” en torno al 11-M, no es necesario demostrar nada para sostener la más disparatada teoría durante meses o incluso años. Si alguien tiene alguna duda de cómo hacerlo, Jaime Ignacio del Burgo ha editado un manual en forma de libro titulado Demasiadas preguntas sin respuesta.

Otra vieja táctica de las élites políticas consiste en aplicar la siempre madura y responsable táctica del “y tú más”, consistente en recordar constantemente los escándalos en los que ha incurrido el adversario político, con lo que las sospechas e impresión de corrupción generalizada no hacen más que aumentar entre una ciudadanía que presencia desde la barrera semejante comportamiento infantil de quienes están llamados a regir los destinos del país. Lo de menos es que la valoración de la clase política y del sistema en general caiga hasta extremos inimaginables, ellos saben que –en la práctica- el español es un rígido sistema bipartidista en el que actualmente es prácticamente imposible que nadie más que PSOE o PP gobiernen, así que el perjuicio a la legitimidad y valoración del sistema es un daño colateral del objetivo principal: minar la imagen del adversario para llegar –o mantenerse- en el poder.

Para ello, los principales partidos políticos cuentan con unos poderosos aliados: los medios de comunicación. En la actualidad, los principales periódicos, radios y televisiones, así como Internet, están muy lejos de la imparcialidad que se les debería presuponer, y que debería llevarles a, pura y simplemente, informar de las noticias más relevantes para la comunidad, siendo cada vez más puros aparatos de propaganda. Hace más de un siglo, ya advertía un diputado navarro en Madrid, en tiempos de la Gamazada, que “en Madrid se hacen y deshacen voluntades y opiniones públicas en pocos días”, respondiendo a quienes justificaban la anulación del régimen foral en el supuesto deseo de los ciudadanos españoles. Lo curioso es que, en estos tiempos donde las nuevas tecnologías permiten a todos los públicos conocer las distintas visiones y puntos de vista sobre un determinado tema –en contraposición con el elevado índice de analfabetismo existente a principios de siglo- los medios de comunicación son básicamente utilizados por los ciudadanos como refuerzo ideológico, más que como fuente de información.

Y esto me lleva a señalar un último “responsable” de la deslegitimación de la clase política, siendo éste la propia sociedad. No veo a mi alrededor masa crítica que cuestione los mensajes que le llegan. Por tanto, y dentro de una lógica consumista no cuestionada en nuestros días, la mayoría de la sociedad se limita a ser consumidora de información, de una manera totalmente pasiva, basándose en un seguimiento bastante ciego a sus líderes. Los argumentos de éstos, convenientemente repicados en los medios afines, son repetidos cual moderno dogma de fe por los seguidores, a modo de rebaño político. De este modo, y recordándome a los interminables debates futbolísticos sobre si “ha sido o no penalty”, donde cada forofo “ve” lo que le interesa, cuando hablo con determinadas personas me parece estar oyendo a Arnaldo Otegi o Rodríguez Zapatero en boca de otro… Además, adolecemos de una preocupante falta de memoria, y las propuestas que hace unos pocos años eran rechazadas sin paliativos (ejemplo: dos ámbitos de decisión para la CAV y Navarra al respecto de la territorialidad) hoy en día son la panacea… y así nos va. A pesar de que todos conocemos casos de personas que trabajan duro y de una manera totalmente honrada, la creencia general es que éstas son las excepciones, porque la tele está continuamente bombardeando con lo contrario…

Frente a esto, creo que –si desde Nafarroa Bai se quiere provocar un cambio real, no de nombres y siglas- debemos tratar de generar un continuo debate y autocrítica entre las bases y los representantes públicos. Las consecuencias de ese ejercicio siempre serán positivas, puesto que permitirán, por un lado, acercar la sociedad al partido y, por otra, que éste sea mucho más receptivo a sus propuestas, lo que permitirá mayor participación ciudadana, y así sucesivamente. Contestando a la pregunta del primer párrafo sobre por qué está tan mal valorada la clase política con otra pregunta: ¿A quién conviene que baje el interés por la política entre la sociedad? Yo creo que al conservador, es decir, al que no quiere que nada cambie…

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20090427_usos_violenciaLa historia de la democracia en nuestro país es una historia breve y difícil. Hace escasas semanas se cumplía el 30 aniversario de las primeras elecciones municipales (3 de abril de 1979), las primeras elecciones locales tras la dictadura franquista. Una dictadura que tuvo una historia más prolongada en el tiempo que nuestra todavía joven democracia. Una dictadura en la que encontramos respuestas o, al menos, algunas claves para interpretar conflictos y problemas, no siempre convenientemente resueltos, de aquella sociedad de la transición: tan cercana, en el tiempo, pero tan lejana, al mismo tiempo, por los profundos cambios habidos. La violencia ejercida contra el pueblo vasco durante casi cuarenta años de dictadura provocó una respuesta igualmente violenta por un reducido grupo de activistas.

Hay quienes todavía creen que las respuestas a la razón (o sinrazón) de la violencia terrorista de la ETA de hoy en día hay que buscarlas en los años 50 del siglo XX y en el sufrimiento del pueblo vasco durante los 40 años de dictadura del general Franco (sufrimiento, dicho sea de paso, enorme y real como bien sabemos por lo vivido en nuestras familias). Hay quienes incluso creen que la presencia de la violencia terrorista en la Euskadi del siglo XXI no es sino la variante actual de una constante histórica: el conflicto vasco. Un conflicto presente en la historia del pueblo vasco y que se ha manifestado de diferentes maneras a lo largo de los tiempos como consecuencia de la resistencia de los vascos a la dominación por parte de España: las guerras carlistas no serían sino la manifestación de ese conflicto vasco en el siglo XIX. Se trata de una lectura simplista, fácil y falsa, pero que ha tenido muchos adeptos.

La utilización de la violencia como arma política en una democracia es algo que ataca directamente las bases de un Estado de derecho. La palabra, la opinión, el argumento, la persuasión del que opina, legítimamente, de un modo distinto quedan anuladas por la violencia, que impone o pretende imponer a los demás (porque sí) una determinada manera de entender las cosas. En el fondo, una actitud que no difiere mucho de la que padeció Euskadi durante la dictadura franquista: la imposición de una idea de lo vasco por medio de la violencia en todas sus intensidades.

Es cierto que en nuestro país no todas las formaciones políticas han podido presentarse a las últimas elecciones y eso es inaceptable para quienes tenemos unas convecciones profundamente democráticas. Pero también lo es que con el argumento siempre útil del “y tú más” hay quien pretende argumentar que son otros los que no cumplen las reglas del juego y, como no lo hacen, no son quién para exigirme a mí que las respete. En esta actitud de la izquierda abertzale oficial hay, en realidad, un doble uso de la violencia: el de la violencia etarra en todas sus variantes y el del victimismo, medido, calculado y muy interesado de los ilegalizados, unas veces pidiendo el voto nulo y otras la abstención, según la rentabilidad política que se extraiga del uno o la otra.

Sin embargo, hay otros usos de la violencia. El terrorismo de ETA está sirviendo a UPN para sacar rentabilidad política al miedo a los vascos y para aplicar una serie de políticas contra el euskera y determinados elementos de la cultura vasca en Navarra que serían inconcebibles en un escenario de paz. ETA y la no condena del terrorismo han sido la razón de la ilegalización de HB y sus distintas marcas cuando y donde se ha estimado oportuno: no se hizo en las elecciones vascas de 2005, pero sí en las de 2009 (y las consecuencias políticas son más que evidentes); se hizo en algunos lugares en las elecciones municipales de 2007 (el Parlamento de Navarra), pero no en otros (Pamplona). Las consecuencias también son bastante claras.

ETA se niega a pasar a la historia y dejar a la ciudadanía la decisión de lo que se es y lo que se quiere ser. Aparece una y otra vez en el escenario político (ahora con sus amenazas al futuro gobierno de Patxi López y a todo el que se mueva) queriendo marcar el tiempo político con el ejercicio de la violencia. Sin embargo, hace mucho que pasó el tiempo de ETA y de quienes la apoyan.

Otra de las consecuencias o de los usos de la violencia es el hecho de que durante un tiempo Herri Batasuna se situara en el centro del debate político: ellos tenían la llave para el fin de la violencia, ellos eran el interlocutor válido, la voz del pueblo en la resolución del conflicto vasco. Esos tiempos también han pasado. La izquierda abertzale oficial está dejando de ser un referente, alguien al que el resto de fuerzas nacionalistas debían pedir su aprobación, como si de alguna manera su falsa pureza abertzale les diera un label de calidad del que otros carecían. El nacionalismo vasco en Navarra y cada vez más en la CAV se están desembarazando del lastre batasuno. La violencia, en otro de sus múltiples usos, ha sido una carga para el nacionalismo vasco democrático durante demasiado tiempo.

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Como asiduo oyente de las cadenas de radio pertenecientes al grupo EITB, especialmente Radio Euskadi y Euskadi Irratia, así como espectador de ETB1 y ETB2, confieso estar preocupado por el previsible cambio de orientación que el nuevo Gobierno Vasco va a dar a dicho grupo de información. Si atendemos a las palabras de Antonio Basagoiti –que hasta la fecha ha demostrado ser un perfecto portavoz del Gobierno Vasco, por lo acertado de sus profecías- una de las actuaciones más relevantes del futuro Ejecutivo vasco será la reestructuración de los medios de comunicación públicos, en una línea marcadamente restrictiva de la pluralidad. Dejando a un lado el omnipresente tema del mapa del tiempo (a pesar de su importancia simbólica), lo que más me preocupa de sus manifestaciones es la intención de restringir la posibilidad de expresarse a distintos sectores de la sociedad. Así, ya han anunciado que las personas cercanas a la izquierda abertzale histórica no deberían ser entrevistadas, porque “dan publicidad y legitiman a ETA”, y supongo que a continuación vendrán los tertulianos de similar tendencia ideológica. Lo que no sabemos es dónde acabaría esta línea de recortes. ¿Se quedará en los tradicionales líderes de Batasuna? ¿Incluirá a los miembros del sindicato LAB, autoincluidos en la izquierda abertzale desde hace años? ¿Quizás en la censura a aquellos que promueven la “subversión del orden constitucional”? Viniendo de un partido que aprobó una ley para que quien promoviera referéndums “ilegales” acabara en la cárcel ó que cerró varios medios de comunicación sin que hasta la fecha se haya demostrado motivo alguno, cualquier cosa es posible…

Uno de los aspectos que más he valorado tradicionalmente del grupo EITB, en relación a la información y análisis políticos, ha sido precisamente el de la pluralidad que ofrecen, en contraste con otros medios de comunicación públicos, para los que a menudo no existe más realidad social y política que la de los dos grandes partidos españoles, PSOE y PP, incluso cuando se tratan temas y espacios en los que estos partidos son minoritarios, como Cataluña y Euskadi. En mi opinión, tanto en las entrevistas a líderes políticos, sindicales ó empresariales como en los posteriores espacios de opinión y análisis, el grupo EITB muestra un respeto a la diversidad de Euskadi, estando normalmente representados todos los espectros ideológicos existentes. Naturalmente, cada cual podrá pensar que la “línea editorial” de este medio de comunicación no coincide con la suya, ó que ésta está infrarrepresentada, y probablemente tendrá gran parte de razón, pero el señor Basagoiti no va en esa línea de ampliación de derechos informativos, sino en la contraria de restricción. En lugar de traer dos sillas más, quitamos una.

Dicen que la calidad de una democracia se mide en función de cómo las mayorías traten a las minorías, y en el caso de Navarra salta a la vista que no sacaríamos muy buena nota. Ahora falta ver cómo, en la CAV, las minorías sociales que ocasionalmente se han hecho con el poder tratan a las mayorías. Por eso es tan importante el trato que los nuevos regidores de Euskadi vayan a dar, desde EITB, a sus oyentes y espectadores. Como navarro gobernado desde hace muchos años por un gobierno UPN-PP-PSOE, me temo conocer las consecuencias de una mayoría parlamentaria de estos partidos: si atendemos a la marginación que sufren los sindicatos nacionalistas en Navarra en sus tratos con el Gobierno (a pesar de que, no lo olvidemos, representan a uno de cada tres trabajadores, siendo su implantación mayoritaria en numerosas empresas), la prohibición de la adquisición en diversas bibliotecas públicas de determinados medios de comunicación no afines a los mencionados partidos (Gara y Berria) ó la gestión excluyente de Yolanda Barcina, podemos observar que el fomento de la pluralidad no es uno de sus principales objetivos. Esperemos que, en Euskadi, la realidad social del país les impida ver realizado su indisimulado deseo de privar a una parte sustancial del mismo de su derecho a una información libre y veraz.

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Hoy he tenido una curiosidad, ya que me cuesta sentirme implicado con las instituciones europeas y apenas encuentro razones para votar el próximo 7 de junio y así elegir a nuestros europarlamentarios. Con la intención de encontrar alguna razón se me ha ocurrido preguntar en un buscador de Internet lo siguiente: “razones para votar en las elecciones europeas”. Y en primer lugar me ha aparecido la web del europarlamento que a falta de una me ha dado 10 buenas razones para acudir a votar (http://www.europarl.europa.eu/elections2009/whyvote/default.htm?language=ES&reasonId=10):
1. Sí, usted decide, ¿cómo?, votando y termina diciendo si no vota, no se queje.
2. Los eurodiputados su voz en Europa.
3. Votar, un derecho, y añade: y no le costará un céntimo.
4. Europa es cosa de todos.
5. Una votación y 375 millones de votantes.
6. Una eurocámara de pesos pesados.
7. El siguiente paso: eurodiputados con más influencia.
8. Su voto por la diversidad, y añade: el parlamento se basa en la diversidad, incluso habla en 23 lenguas.
9. De eso se trata: política, democracia, y añade: marque la diferencia, haga que las cosas cambien.
10. Con un pequeño esfuerzo grandes resultados.

Reconozco que esperaba encontrar argumentos cercanos para salir de la crisis, mejorar la educación y la convivencia, que aumenten la cohesión social, que mejoren los valores cívicos y culturales, esto es escuchar propuestas concretas. Pero lo cierto es que algunos de los argumentos que me he encontrado me han preocupado, casi escandalizado. Intentaré explicarme.
– Tenía entendido que votar es un derecho y no una obligación, es más creía que como ciudadano europeo era sujeto de derechos (y no sólo de obligaciones) al margen de votar. Pero llevemos más adelante la reflexión, esto es, resulta que si voto tengo derecho a quejarme, pero ¿dónde, ante quién? Aunque tal vez nuestros representantes europeos lo que debieran es reflexionar si el hecho de no votar es en sí mismo una manera de quejarse.
– ¿Los europarlamentarios son mi voz o la de los intereses de los partidos que representan? Tal vez sea hora de que se hagan listas abiertas para que podamos elegir entre los candidatos y no solo entre las opciones políticas.
– Resulta que votar no me va a costar ni un céntimo. Me ha encantado saber que los candidatos costean todo el proceso electoral con cargo a sus bolsillos y no a los presupuestos y a los impuestos que pagamos.
– Sobre el peso de los eurodiputados la duda viene de la imagen que se vende en España: los eurodiputados viven un retiro de oro. A pocos políticos de primera línea les hace gracia eso de dejar la política activa y mandándoles a Europa les endulzan ese declive o directamente los apartan de los asuntos del país. Aunque corten más bacalao del que creemos, a Mayor Oreja se lo quitaban de en medio, a Ramón Jauregui lo mandan a preparar la presidencia española futura, pero casi sin consultarle si quiere ir.

Aunque las razones que realmente me impulsarán a votar el 7 de junio tienen que ver con las dos últimas. Por una parte, y a pesar del hastío que produce una estructura política tan alejada de la ciudadanía en sus relaciones, es un pequeño esfuerzo el que supone ir a votar, cada votante que se queda en casa es un impulso a los partidos nacionales (poco amigos de la diversidad). Por otra parte, quiero que las cosas cambien, y eso no se consigue apoyando a partidos políticos gigantescos que representan cada vez más a intereses de lobbies y núcleos de poder no controlados desde las instituciones democráticas, sino dando el apoyo a opciones políticas que priorizan la cercanía con la ciudadanía. Porque creo en la democracia participativa y abierta y con la intención de frenar la implantación de estructuras distantes y todopoderosas iré a votar para que tomen fuerza las opciones que creen en la Europa de los pueblos.

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crisis_economicaLa crisis económica sigue arrojando números más que preocupantes. Las predicciones siguen sin dar tregua y parece que, a pesar de los empeños de Zapatero por decir otra cosa, el escenario de una posible recuperación se aleja en el tiempo, mientras la duración y el alcance de la crisis se dilatan sin cesar. La crisis se inició como un problema financiero provocado por la falta de control y por la euforia generada en un ciclo de crecimiento económico que parecía no tener fin. El miedo a los productos financieros contaminados generó un problema de falta de confianza en el sistema y parecía que la solución pasaba por devolver esa confianza a las instituciones financieras, a los inversores, al mercado en general.

Sin embargo, la crisis no era únicamente financiera, sino que se trataba de una profunda crisis económica con repercusiones en todos los ámbitos. Las soluciones ideadas en un principio se mostraron como manifiestamente insuficientes y, conforme la crisis fue ganando en intensidad y afectando a más y más sectores económicos, se lanzaron nuevos paquetes de medidas, todos ellos envueltos y acompañados de todo el protocolo, la parafernalia y el glamour de las grandes cumbres del G-20 y los distintos organismos internacionales. Parece como si el envoltorio pudiera por sí mismo transmitir el mensaje de confianza y de capacidad de gestión de una forma mejor y más eficaz que las propias medidas propuestas.

El envoltorio de todas estas cumbres, más estético que práctico en realidad, es un perfecto ejemplo de la sociedad de consumo y del derroche en que vivimos en Occidente. Las decisiones políticas y económicas se convierten en objetos de consumo que se adornan con una escenificación adecuada, de modo que nos transmitan mensajes de seguridad y nos den garantías de que dentro del paquete encontraremos algo serio y solvente. Al final, para comprar una ración de maíz, tenemos que comprar el maíz, la lata, el plástico individual que la envuelve y el plástico que a su vez la vuelve a agrupar a otras dos raciones de maíz que conforman el paquete.

Sin embargo, lo verdaderamente preocupante de la situación es que a pesar de que el modelo se ha mostrado como un juego desalmado, inhumano, capaz de llevar al mundo a una de sus peores crisis económicas, no parecen alzarse voces solventes que planteen soluciones que vayan más allá de corregir algunos excesos. No parece que desde la izquierda se esté articulando un discurso que muestre los problemas generados por un sistema donde el mercado se ha convertido en juez y parte de nuestras vidas.

Todas las medidas que se plantean a nivel internacional, nacional o regional están dirigidas a incentivar el consumo como manera de impulsar la necesidad (irreal y artificial) de producir más. La solución a todos nuestros problemas, según este punto de vista, llegará en la medida en que volvamos a la situación de producción anterior, corrigiendo, como mucho, los excesos cometidos en los ángulos ciegos del sistema. Otro signo evidente de ello es que en Europa se dirijan las miradas hacia Obama y EE.UU., de forma evidente o más o menos velada, buscando soluciones o esperando que el motor de la economía americana nos arrastre a todos hacia un nuevo ciclo de crecimiento y generación de riquezas. Los Estados Unidos de América simbolizan en todo caso la causa de la crisis, no la solución, si es que queremos caminar hacia algo distinto y mejor de lo que hemos tenido.

A veces uno tiene impresiones, percepciones imposibles de cuantificar ni extrapolar. Creo que en los meses anteriores a la crisis estaba extendida una cierta sensación de exceso, de que las cosas tenían que reventar de una forma u otra. No me refiero sólo a la burbuja inmobiliaria, sino a la vida en general. Yo al menos he percibido en bastantes personas una sensación de que, en algún momento, esta espiral de producción-consumo-producción tenía que estallar y que este ritmo, que está destrozando nuestro planeta, tendría que frenar, por convicción o por necesidad.

La caída del muro de Berlín y las barbaridades cometidas por los regímenes comunistas dejaron sin referente a la izquierda que se vio arrollada por la victoria del capitalismo como único sistema posible, real. De alguna manera, las preocupaciones por cuestiones de género, el medio-ambiente y otras llenaron de contenido el discurso de una izquierda carente de modelo económico. Las medidas planteadas hoy día frente a la crisis están demostrando que las fuerzas de izquierda con responsabilidad de gobierno en Europa siguen sin una alternativa, sin ideas que vayan más allá de más de lo mismo. Se impulsan planes renove o se impulsa la obra pública no porque sea necesaria, no porque las personas lo necesitemos, sino porque estas medidas crean demanda y ésta mueve la economía.

Aquí es donde cabría esperar que comenzara a plantear esas alternativas. Sin embargo, he de reconocer que tampoco yo las tengo.

Sí tengo claro, por algún sitio se comienza, que desde posiciones ideológicas de izquierda es urgente un cambio de hábitos basados en una nueva cultura que castigue el derroche de recursos que hoy día no solo no se penaliza, sino que se interpreta como una muestra de riqueza y bienestar. Hay que hacer una enorme labor pedagógica para que se entienda que el gasto inútil de recursos, a todos los niveles, es profundamente contrario a los valores propios de la izquierda. Nunca he comprendido cómo alguien que se dice de izquierdas puede comprarse un coche con un altísimo consumo y utilizarlo para ir a tomar un café al bar de la esquina.

Sí tengo claro que el nuevo sistema económico debe incorporar los principios de sostenibilidad y respeto del medio ambiente no como una operación de marketing y maquillaje, sino como verdaderos principios por los que regirse.

Y, desde luego, sí tengo claro que la solución a la crisis no pasa por la purga del mercado defendida por los neocon, ni por volver a alimentar una artificial burbuja de consumo que no hará sino completar un nuevo giro y volvernos a llevar al mismo sitio.

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Yolanda Barcina y Miguel SanzEl VIII Congreso de UPN celebrado este fin de semana no nos ha deparado sorpresas. Todo se ha desarrollado según el guión previamente establecido: la presidenta del partido (y con toda seguridad futura candidata a la Presidencia del Gobierno de Navarra por UPN en las próximas elecciones forales) no es otra que la hasta ahora vice-presidenta, Yolanda Barcina. Se trata de un relevo anunciado pero que llega (o al menos así parece) más tarde de lo previsto en un principio por su partido y en una coyuntura que tiene unos matices no carentes de importancia.

Es más que probable que el relevo de Miguel Sanz por Yolanda Barcina hubiera debido producirse de cara a las elecciones de 2007, con un presidente del Gobierno más que amortizado y una Alcaldesa de Pamplona con gancho en amplios sectores de la población y una trabajada imagen pública. Sin embargo, los planes se vieron truncados por la aparición en el escenario foral de Nafarroa Bai. Tras el éxito en las elecciones generales de 2004 NaBai se presentaba en Navarra con grandes opciones de ser la segunda fuerza en el Parlamento y en Pamplona, con Patxi Zabaleta y Uxue Barkos a la cabeza.

El riesgo de UPN-CDN de perder la mayoría en Navarra y en Pamplona era demasiado grande como para aventurarse con cambios de líderes. Siguiendo la consigna ignaciana (en tiempo de tribulación, no hacer mudanza) UPN optó por continuar con sus cabezas más visibles como candidatos al Gobierno y al Ayuntamiento de Pamplona. Sin embargo, ni siquiera el tirón de sus pesos pesados permitió a los regionalistas frenar el cambio de mayorías que pronosticaban los sondeos.

El escenario político dibujado por las elecciones de mayo de 2007 era cuantitativa y cualitativamente diferente, incluso a pesar de que el PSN decidiera finalmente volver a tender la mano a UPN y acompañarlo, siempre un paso por detrás, en un nuevo gobierno navarrista de la Comunidad Foral. UPN y CDN no contaban con la mayoría necesaria como para gobernar y el PSN creyó que podría convertirse en una fuerza decisiva en Navarra, pactando con UPN y forzando a los regionalistas a romper su pacto con el PP.

Dos años después, en el ecuador de la legislatura, UPN empieza a preparar el escenario de las próximas elecciones y elige a Yolanda Barcina como nuevo líder del Partido. El perfil de la actual alcaldesa de Pamplona no es precisamente el que mejor encaje en el pretendido giro al centro de UPN. Ni su gestión en el Ayuntamiento de la capital, ni sus maneras políticas, ni su más o menos público desagrado por la ruptura del pacto con el PP ayudarán a tender puentes ni con socialistas ni con convergentes.

Parece más bien que lo que este “renovado” UPN quiere es volver a empezar. Los regionalistas se encuentran cómodos en su papel de fuerza mayoritaria del bloque navarrista. Salvado el peligro de perder el poder en 2007, con un PSN prácticamente anulado como alternativa de cara al próximo choque electoral (sin credibilidad, sin líderes, sin programa y sin efecto Zapatero), UPN recuperará, de la mano de Yolanda Barcina, la imagen de partido duro, de derechas y anti-nacionalista que siempre le ha caracterizado.

La incógnita ahora es ver el daño que le puedan hacer los populares a los regionalistas. UPN confía en tener la Navarra rural bajo control y tal vez Yolanda Barcina pueda frenar la previsible fuga de votos de la derecha conservadora urbana hacia el PP. Así pues, y como decía al inicio, matices pero no carentes de importancia en el relevo de la presidencia de la Unión del Pueblo Navarro.

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