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Posts Tagged ‘Yolanda Barcina’

Hace unas semanas escuchaba cómo Yolanda Barcina hablaba sobre UPN como un partido progresista, porque era un partido que buscaba el progreso de Navarra. Respondía así a los comentarios de un periodista que la entrevistaba sobre las posibilidades que las elecciones del 22M habían abierto de cara a conformar un gobierno en la Comunidad Foral.

Progresista, según el Diccionario de la Real Academia Española tiene dos significados posibles. El primero alude al Partido Liberal Progresista que “tenía por mira principal el más rápido desenvolvimiento de las libertades públicas”. No creo que UPN pretenda reivindicarse como heredero del legado del partido progresista, del liberalismo progresista de Sagasta, enfrentado al Partido Liberal Conservador de Cánovas y al propio Carlismo y el Tradicionalismo, que tanto recorrido han tenido en Navarra y que tanto han tenido que ver en el nacimiento del partido que preside Yolanda Barcina. No parece que un partido surgido como escisión de la derecha navarra durante la transición, precisamente para pedir el NO a la Constitución de 1978, pueda erigirse como heredero del liberalismo progresista de Sagasta.

El segundo de los significados se refiere a alguien “con ideas avanzadas” y, sinceramente, tampoco sería el caso. Sin embargo, al pensar en ello me surge la duda de si precisamente UPN pueda estar pensando en reivindicar las ideas avanzadas que Sagasta pudo llegar a tener hace siglo y medio como programa y proyecto ideológico válido para este siglo XXI (hamaika ikusteko jaioak gara, que en versión española podría ser algo así como “cosas veredes, amigo Sancho”). Sin embargo, tras un leve momento de duda, he descartado también esta posibilidad.

Progresista es, efectivamente, quien quiere el progreso de una sociedad, pero no un progreso técnico, económico, desde posiciones conservadoras e incluso reaccionarias. El término progresista sigue teniendo el significado que tuvo en el siglo XIX, referido a quien reivindica libertades y derechos todavía no conseguidos y quiere lograrlos por medio de cambios rápidos, profundos y reales. El pacto de UPN con el PSN y la ruptura con el PP han permitido a los regionalistas presentarse como un partido de centro-derecha, otorgando a los populares el papel de derecha-derecha. Sin embargo, esto es algo totalmente falso si tenemos en cuenta el origen, la evolución y las posiciones ideológicas de los líderes y los votantes del partido.

La respuesta de doña Yolanda podría tener su gracia como una idea ocurrente al hilo de una entrevista, como un guiño irónico a las preguntas de un medio de comunicación que, después de ganar las elecciones, le preguntó por la posibilidad de que el PSN optara por un gobierno de progreso. Probablemente no fuera otra cosa que la reacción molesta de alguien que prefería escuchar elogios y no que le recordaran que la derecha volvía a ser minoría en el Parlamento. Sin embargo, tengo la sensación de que son ya varios los casos en los que la derecha española y navarra han pretendido redefinir el significado de alguna palabra.

Algo similar ocurre cada vez que se debate sobre el franquismo o sobre la relación entre historia y memoria y no falta quien, desde las filas del regionalismo navarro, acusa de revisionismo a quienes defienden la recuperación de la memoria de los perdedores en la guerra civil. Y también en la misma línea van los esfuerzos del PP en estos últimos tiempos por travestirse como un partido obrero que defiende los intereses de los trabajadores. Basta un mínimo esfuerzo para poner en evidencia la falsedad y las contradicciones que se ocultan bajo estas burdas operaciones de marketing político.

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Hace unos días, Yolanda Barcina hizo unas declaraciones sobre los festejos taurinos que le han supuesto algún que otro tirón de orejas incluso de medios cercanos como el propio Diario de Navarra. La alcaldesa de Pamplona y líder de UPN se permitió afirmar que quien no defienda la tradición taurina de Navarra “no defiende verdaderamente nuestra tierra”. Creo que puede ser excesivo pensar que se trate de unas declaraciones medidas que pretendan dar a Barcina una mayor notoriedad (por aquello de que una por una que hablen de mí, aunque sea bien) visto que no recupera la ventaja que tiene Uxue Barkos en todas las encuestas del CIS y previendo que tampoco su recorrido por las fiestas patronales de las distintas localidades navarras le vaya a dar demasiados réditos.

Siempre ha creído que la identificación de las corridas de toros con cuestiones identitarias de la idea de España, y de Navarra en este caso (de las “tradiciones de la tierra” como dicen algunos), respondía más a intereses del nacionalismo español que a necesidades del nacionalismo catalán, y es ahí donde hay que ubicar las palabras de Barcina. Ella, como dirigente de UPN, y candidata a ser la Presidenta de la Comunidad tiene claro qué es lo que deben pensar los navarros y navarras de bien y cuáles son las tradiciones buenas y cuáles las no tan buenas o contaminadas. No es algo nuevo en Barcina, sino que responde a una manera de pensar muy propia del navarrismo, muy aficionado desde hace muchas décadas a fijar cuál es el discurso oficial sobre la identidad de Navarra marcando una frontera entre buenos navarros y malos navarros, entre personas de bien y “revolvedores”.

Se trata de una actitud muy propia de viejos nacionalismos y que el navarrismo (como buen nacionalismo español excluyente que es) ha perfeccionado desde sus años de gloria bajo el régimen franquista. Las palabras de Barcina me volvían a traer a la cabeza algo que escribí con motivo de la última reforma del Amejoramiento que se ha llevado a cabo:

“Hoy, como hace 28 años, el navarrismo […] ha escenificado cuál es LA IDENTIDAD de Navarra y quiénes son sus intérpretes, obviando y marginando a quienes piensan diferente y, por si acaso, también a quienes piensan parecido.

El bien de Navarra debe prevalecer incluso contra el criterio de los navarros y navarras. Para evitar que éstos puedan equivocarse el Oráculo foral (el Gobierno de Navarra) debe permanecer a salvo, lejos del nacionalismo vasco. Ésta, y no la libertad, ha sido siempre y desde siempre la regla básica de todo buen navarrista. El respeto a la voluntad de los navarros se puede sacrificar cuando de lo que se habla es del ser de Navarra”.

Estas palabras sirven para explicar las declaraciones de Barcina porque lo que ella ha dicho no es sino un ejemplo más del verdadero sentido que el navarrismo da a la palabra “libertad”: hacer lo que se debe hacer siguiendo las directrices que marca la verdadera y única identidad de Navarra (y/o España). Más vale que les tenemos a ellos para decirnos qué, cómo y cuándo hacer, no fuese que, perdido el rumbo, nos diera por cometer el tremendo pecado de pensar algo distinto.

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Hoy hemos conocido por la prensa la expulsión de Nieves Ciprés y otros 11 militantes del recién refundado PP navarro. Algunos de los expulsados son personas conocidas por su acción política o por su reciente protagonismo en el controvertido congreso fundacional del PPN. La verdad es que a los populares navarros no les está resultando sencilla la organización del partido, pero no es menos cierto que en ello ha tenido mucho que ver el interés que la estructura del partido ha tenido en tener todo atado y bien atado antes de llegar al Congreso, de manera que los cargos fueran ocupados por quienes parecían (a ojos del Partido en Madrid) los más adecuados.

Tal y como están las cosas, con un Partido Socialista y un Zapatero en horas bajas, la colaboración de UPN con el PSN está siendo vista cada vez por más personas de la derecha navarra como un problema y no como una solución para el Viejo Reyno. En estos tiempos de crisis económica el problema de la posible desaparición de la identidad foral y española de Navarra parece menos problema que hace unos años y, desde luego, menos que en el verano de 2007. La desastrosa gestión llevada a cabo por Zapatero hace que a UPN le esté resultando realmente costoso mantener la colaboración con los socialistas navarros. La abstención de UPN en la votación del decretazo, permitiendo que fuera aprobado, ha sido un pequeño terremoto entre los regionalistas y no lo ha sido menos la aparición de encuestas en las que el voto de la derecha navarra se dividía casi a partes iguales entre UPN y PPN. El bipartidismo imperante en la política española hacía presagiar un difícil futuro para UPN a medio-largo plazo, pero de ser ciertas estas encuestas los problemas llegarían demasiado pronto como para tratar de recomponer nada, con las heridas demasiado abiertas.

El diferente punto de vista de Miguel Sanz y Yolanda Barcina al respecto de futuras colaboraciones, con el PSN o con el PPN, se puso de manifiesto desde un primer momento, pero parece que vuelve a rebrotar y no creo que sea casual. Está claro que Miguel Sanz está ya amortizado para los regionalistas y Yolanda Barcina parece que puede marcar una línea política distinta del actual presidente de Navarra. Al margen de que las diferencias entre los dos líderes de UPN sean reales, creídas y sentidas, el juego puede querer beneficiar a los regionalistas tratando de hacer una versión navarra del péndulo y la bicefalia que tan buenos resultados dieran al PNV en tiempos pasados.

Sin embargo, la realidad no está para juegos y lo único que en esta situación puede aportar Barcina a aquellos que rechazan el apoyo de UPN a Zapatero y la estrecha colaboración con el PSN es la esperanza de que hará algo distinto tan pronto como se pueda quitar de en medio a Miguel Sanz. Esa parece que puede ser la idea que impulsa declaraciones de Barcina como las últimas en que afirmaba que apoyaría una moción de censura contra Zapatero. El problema que tiene la alcaldesa de Pamplona es que en ese sector crítico de la derecha navarra que se está distanciando de UPN y viendo con buenos ojos al PP Yolanda Barcina tiene una escasa credibilidad, ya que sus palabras son contempladas como gestos vacíos de cara a la galería.

Va a ser interesante ver cómo evoluciona la división de la derecha navarra en los próximos meses y la capacidad del PPN para presentarse como ese partido serio que afirman ser. Las elecciones están a la vuelta de la esquina.

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conde_rodeznoHoy hemos tenido noticia de la sentencia del TAN en que se desestiman los recursos interpuestos por tres fuerzas políticas contra la decisión de la alcaldesa de Pamplona de llamar Plaza Conde de Rodezno a la Plaza del Conde de Rodezno. En marzo de 2009 NaBai, PSN y los ediles no adscritos elegidos por ANV votaron a favor del cambio de nombre de la Plaza de Pamplona que homenajeaba a Tomás Domínguez Arévalo. Ante esta situación, Yolanda Barcina decidió ese pequeño cambio de nombre argumentando que la plaza recordaría en adelante no a un conde en particular, sino al título nobiliario en general. Este argumento ha sido refrendado, por tanto, por el Tribunal Administrativo de Navarra.

El Tribunal no ha considerado que se trate de un fraude de Ley y la jugada le ha salido “bien” a la señora Barcina. Puedo imaginarme perfectamente la sonrisa de algunos al pensar en lo ocurrido y hasta la risa socarrona de otros, acompañada por algún chiste sobre los rojos durante la guerra. Podríamos considerar que se trata de una cuestión anecdótica. Sin embargo, se trata de algo que tiene un fondo más que preocupante.

La triquiñuela es en realidad una típica alcaldada que dice mucho del respeto que ella parece sentir por la opinión de los demás, incluso cuando es una opinión mayoritaria. De todos es conocido lo poco que le gusta que le lleven la contraria, incluso dentro de sus propias filas (la decisión de cuándo y cómo expulsar a Cristina Sanz del grupo municipal de UPN frente a las declaraciones de sus compañeros de partido es otro ejemplo reciente).

Pero en el caso de la denominación de la plaza Conde de Rodezno, más allá de una decisión que podría interpretarse como una afirmación de autoridad, lo preocupante de la cuestión es que el gesto en sí simboliza a la perfección precisamente lo que la mayoría del Ayuntamiento quiso eliminar del callejero pamplonés: el autoritarismo de un régimen recordado y homenajeado en la figura de uno de sus ministros. Aunque puedan argumentarse cuestiones competenciales o de otra índole la decisión de la alcaldesa es un tic autoritario y va contra el sentir mayoritario de la población de Pamplona, expresada en el Pleno de la Corporación.

No quiero repetir lo que en su momento ya dije sobre la cuestión de la memoria histórica o sobre la diferencia que existe entre la historia y la memoria. Sin embargo, considero que es más que preocupante esa suerte de franquismo vergonzante que se puede vislumbrar tras algunas decisiones de formaciones políticas que pretenden dar lecciones de democracia. Desde que a finales del siglo XX se comenzara a hablar sobre la recuperación de la memoria de los perdedores de la guerra civil y sobre la manera de resarcir a los represaliados durante la guerra y la dictadura franquista, ha habido varias ocasiones en que este debate ha llegado a las instituciones. En todos los casos UPN ha evitado apoyar acciones o textos que condenaran la dictadura del general Franco, absteniéndose o negándose a participar en la votación. En algunos casos incluso se ha llegado a poner como excusa la violencia terrorista.

La plaza seguirá llamándose Plaza Conde de Rodezno. Oficialmente será un recuerdo al título nobiliario y no a Tomás Domínguez Arévalo, aunque en todos nosotros la denominación siga simbolizando y representando lo mismo que hasta ahora. Formalmente se habrán cubierto los requisitos legales y habrá que respetar la decisión del Tribunal, pero en el fondo no se trata sino de una burla con unos tintes autoritarios que lo dicen todo.

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20090905_no_adscritosYolanda Barcina se ha tomado su tiempo, pero finalmente ha aceptado la decisión de Miguel Sanz de expulsar del grupo municipal de UPN a Cristina Sanz, concejala de Pamplona que se pasó al PP. La alcaldesa de Pamplona y Presidenta de UPN ha dejado que pasara el verano para que la decisión se distanciara en el tiempo de aquellas rotundas declaraciones de Miguel Sanz y del malestar mostrado por un sector de miembros de su partido con el goteo de bajas de cargos públicos regionalistas que se estaban pasando al PP.

Desde el primer momento de la ruptura de UPN con el PP Yolanda Barcina se ha mostrado dialogante y cercana a los populares. Sin embargo, parece que en UPN se ha impuesto finalmente la opinión de quienes creían que había que dar un golpe encima de la mesa marcando distancias con el partido de Mariano Rajoy. La expulsión de la edil pamplonesa hace pensar en lo que pueda ocurrir en el resto de ayuntamientos navarros en los que también hay concejales que fueron en su día de UPN y que están hoy en el PP. No parece que las mayorías en estos ayuntamientos vayan a sufrir grandes cambios. En Egüés UPN seguiría teniendo mayoría absoluta incluso sin los dos ediles del PP. En Barañáin (al igual que en Pamplona) el PSN está más que dispuesto a apoyar a UPN, con o sin la concejal del PP, aunque de vez en cuando los socialistas lancen alguna advertencia a UPN para que se aleje del PP. Sin embargo, aunque en la práctica nada cambie, las disputas entre regionalistas y populares pueden endurecerse si dejan de compartir grupo municipal y tienen que pelear por un mismo espacio político desde el gobierno y la oposición dentro de un mismo municipio.

Sea como fuere, el caso es que a Cristina Sanz la han puesto en una situación un tanto comprometida, ya que tras ser expulsada del grupo municipal de UPN pasa a ser concejal no adscrito, compartiendo condición con los dos ediles de ANV. Son 3, pues, los concejales no adscritos en el Ayuntamiento de la capital navarra y seguro que es algo que no ha sentado nada bien en el PP.

Diario de Navarra en la edición de hoy se esfuerza por mostrar cómo se trata de una expulsión bastante llevadera, ya que la concejala del PP mantendrá “su asignación de 1.750 euros netos mensuales”, seguirá asistiendo como “miembro de pleno derecho a la comisión de Presidencia y Cuentas”, y en los Plenos podrá intervenir, “además de presentar mociones y enmiendas”. Probablemente la preocupación de este rotativo no sea la situación en que queda Cristina Sanz. La noticia parece querer mostrar más bien a una Yolanda Barcina amable y generosa incluso cuando expulsa de la casa de Gran Hermano a una antigua compañera (y paisana, por añadidura). Pero por muchos paños calientes que se quieran poner sobre lo sucedido, lo cierto es que Cristina Sanz va a compartir condición con los concejales de ANV y no creo que sea plato de su gusto. Veremos cómo van quedado las relaciones entre los dos partidos de la derecha navarra, ya que no parece que la propuesta de los convergentes de unir a UPN-PP-CDN vaya a ir más allá de alguna que otra carcajada.

Mientras, el PSN, cómodamente instalado en el gobierno desde la oposición, colgándose medallas o lanzando dardos a la acción de gobierno de UPN según le conviene, quiere aprovechar esta disputa en la derecha para postularse como gran partido de centro, convencido al parecer de que eso lo convertirá nuevamente en la segunda fuerza en Navarra (aunque tal vez haya algún infeliz que crea que pueden volver a ser la primera). Sin embargo, con frases como que el PSN pretende liderar “un bloque social progresista, una alternativa a la derecha que gobierna en la Comunidad Foral”, siendo precisamente el PSN el partido que permite ese gobierno de la derecha, la credibilidad de los socialistas es inexistente.

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20090717_PPN_PamplonaPasados los Sanfermines, aprovechando los tiempos más tranquilos del verano, Cristina Sanz, concejala de Pamplona, ha decidido hacer firme una decisión ya esperada: su baja en UPN para pasarse al PP. Como en otros casos similares, ella también mantendrá su acta de concejala de modo que el PPN pasa a tener representante también en el Ayuntamiento de la capital navarra. Tal vez no sea el único caso ya que hace no mucho tiempo se habló de otras dos concejalas que podrían estar pensando en segur el mismo camino.

Cristina Sanz, burgalesa al igual que Yolanda Barcina, responde a un perfil más popular que regionalista y ella misma ha asegurado que si se afilió a UPN fue porque no existía el PP en Navarra. Según ha afirmado, cuando se rompió el pacto ella se veía en el partido de Mariano Rajoy, pero no había dado el paso hasta ahora porque no había encontrado el momento político adecuado. Había preferido apoyar a Yolanda Barcina en los momentos clave que ha vivido en los últimos meses: su elección al frente de UPN o la posible reprobación y la polémica con el PSN en el ayuntamiento pamplonés. Lo que parece más bien es que a Cristina Sanz se le ha acabado la paciencia, esperando a ver si Yolanda Barcina daba los pasos necesarios, tras ser elegida Presidenta de UPN, para recomponer el pacto con el PP.

El escenario que se abre en el Ayuntamiento de Pamplona no es sustancialmente distinto del que había hasta el momento, pero sí tiene un pequeño matiz interesante: si la concejala del PP se mantiene en el equipo de gobierno, el consistorio estaría dirigido de facto por un pacto UPN-PSN-PPN. Si sale del equipo de gobierno y del grupo municipal de UPN, pasando al Grupo Mixto, UPN quedaría con 12 concejales, exactamente la suma de Na-Bai y PSN. No soy de los que creen que el PSN puede cambiar de actitud tal y como están las cosas. Sin embargo, forzaron la ruptura del pacto entre UPN y PP para apoyar a los regionalistas en el Gobierno. Tendría su gracia que después de tantas vueltas, el PSN acompañara al PP como socio de los regionalistas, y no a un PP integrado en UPN, sino a un PP como partido independiente. ¿Cómo hará el PSN para explicar esto a su electorado de izquierdas y republicano?

La estrecha colaboración existente entre UPN y PSN está agotando la paciencia de más de uno. El giro al centro de UPN buscando un espacio en el que confluir con el PSN es tan falso como lo fue el giro al centro liderado por José María Aznar hace unos años. No se trata de un cambio motivado por convicciones, sino forzado y obligado por las ganas de mantenerse en el gobierno. UPN ha sido históricamente una formación que en muchos aspectos ha representado a la derecha más reaccionaria del Estado, con un aporte nada desdeñable de la extrema derecha y el tradicionalismo navarro. Ahora, de la noche a la mañana, ha abandonado en cierta medida el espacio político en el que se sentía más cómoda y algunos de sus cargos públicos y habrá que ver en qué medida su electorado no le ha seguido en ese viaje.

Pero, además, el paso de Cristina Sanz al PP nos hace pensar en qué puede ocurrir en el Parlamento. Si este verano se hace efectivo también el paso de algún parlamentario de UPN al PP, manteniendo el acta como viene siendo la norma en los populares navarros, el otoño puede ser algo más entretenido de lo que parecía en un primer momento. El Congreso del PP navarro, anunciado para el otoño, puede animar a alguien más a buscar un buen puesto en la parrilla de salida de los populares.

Tal vez Don Miguel cuando forzó la ruptura con el PP pensó que tenía todo atado y bien atado, que la suma de UPN y PSN siempre controlaría el viejo Reino. Tal vez siga pensando lo mismo o tal vez no…

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20090622_violenciaEste pasado viernes 19 de junio tenía pensado haber escrito algo sobre el cruce de acusaciones entre UPN y PSN en el Ayuntamiento de Pamplona, sobre la amenaza del PSN de recusar a Yolanda Barcina si no destituía en el plazo de dos meses a Simón Santamaría.

Tenía pensado haber escrito algo sobre la indecencia de ciertos argumentos de UPN que insiste en utilizar la excusa violencia terrorista para atacar en este caso a los socialistas (y a todo el que pase por ahí) por haber cometido el pecado mortal de votar o estar pensando en votar algo en el mismo sentido que ANV (curiosamente cuando ANV vota con UPN no hay problema alguno o cuando Yolanda Barcina es elegida alcaldesa con la excusa de que los votos de ANV están contaminados tampoco hay ningún tipo de problema).

Tenía pensado haber escrito algo haciendo constar los usos de la violencia en algunos argumentos de los regionalistas cuando parecen defender no sé si un mayor grado de profesionalidad de una persona por el simple hecho de estar amenazado: como si el ser sujeto de amenazas terroristas le diera a uno un label de calidad.

Tenía pensado haber escrito algo para mostrar mi desacuerdo con el hecho de que un partido político se esconda tras burdas excusas de alineamientos con estrategias dirigidas por partidos que no condenan la violencia cuando lo que hace no es sino defender la alcaldía de una de sus militantes en el Ayuntamiento de Pamplona.

Sin embargo, el viernes 19 de junio ETA volvió a matar a una persona y todo lo que tenía pensado se me caía de las manos. ¿Qué importaba la mayor o menor altura de unos argumentos en el debate político? ¿Cómo defender la necesidad de desterrar del espacio público argumentos que llevan la violencia al centro del debate político? Qué poco sentido tenían todas las ideas que habían ido tomando cuerpo mientras leía las noticias en uno y otro periódico, ante un nuevo asesinato de ETA, ante el dolor de unos hijos y una mujer a los que habían destrozado la vida.

Cada vez que ETA comete un asesinato lo que consigue en el plano personal es muerte, dolor, indignación, rabia… Pero los atentados terroristas tienen también un efecto evidente sobre el debate político, al llenar de argumentos a quienes, de una manera fácil y simple, descalifican y meten en el mismo saco a todos los nacionalistas, a todos los que defienden una idea cultural o política de lo vasco por el simple hecho de coincidir en algunos aspectos con aquello por lo que dicen estar luchando los terroristas. Pero, es que además, un asesinato de ETA deja sin argumentos y sin fuerza a todos los abertzales que trabajan de verdad en el día a día, en la política y en los movimientos sociales y culturales, por construir cada día un país mejor. Son tantas las explicaciones que hay que dar, tanto el esfuerzo que hay que hacer para marcar distancias con la sinrazón del terrorismo que para cuando uno llega a defender las ideas propias lo hace agotado y casi sin la convicción necesaria.

Cada vez que ETA actúa la causa del nacionalismo vasco es más difícil. ETA lo sabe pero le da igual porque a estas alturas, cuando ni tan siquiera muchos de los suyos le apoyan, ya nada tiene sentido. Parece que el período “reflexivo y asambleario” previo al verano que anunciaron recientemente ha concluido y ETA vuelve a dejar la reflexión en el cajón. Y mientras, habrá quien insista en sus remedios milagrosos. Triste, muy triste.

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