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Posts Tagged ‘Euskadi’

Es un lugar común en todos los análisis que uno lee sobre la situación actual el dar por hecho que Zapatero pactará con el PNV los próximos presupuestos a cambio de transferencias para Euskadi. Soy de los que opina que una negociación presupuestaria no es el lugar adecuado para cambiar cromos sobre competencias autonómicas por dignidad, en primer lugar, pero también por sentido práctico, por cómo contemplan ese mercadeo desde España y la imagen negativa que arroja sobre los llamados “nacionalismos periféricos”. Es triste tener que recurrir a una negociación presupuestaria para lograr que se aplique la Ley y que competencias que territorios como Euskadi deberían ejercitar desde hace 30 años sean por fin una realidad. Pero es más triste todavía comprobar que es imposible explicarle eso a una persona de fuera de Euskadi sin que piense que no eres sino un pedigüeño y un aprovechado o simplemente un “nacionalista de mierda”.

Es bastante frecuente escuchar a ciertas personas criticar las propuestas de reforma de los regímenes autonómicos en el estado español y cantar las alabanzas de la época de la transición a la democracia, cuando todo se hacía por un amplio consenso y gracias al acuerdo y buena voluntad de todos. Normalmente ese argumento se emplea para criticar a esos nacionalismos insaciables que no hacen otra cosa que pedir nuevas transferencias y mayores cotas de autogobierno aprovechando cualquier resquicio y cualquier momento de debilidad por parte del gobierno de turno en Madrid. Pero lo que no ven o no quieren ver esas mismas personas es que ha habido un histórico incumplimiento de ese supuesto espíritu de la transición que distinguía entre regiones y nacionalidades no cuantitativamente, por la cantidad de competencias que cada cual pudiera llegar a tener, sino, cualitativamente, por lo diferente de su conciencia identitaria e incluso por el distinto origen de sus competencias (como es el caso de Navarra y Euskadi, con sus derehos históricos y sus regímenes forales). Tampoco quieren ver esas mismas personas que tanto ensalzan la transición y la Constitución de 1978 que esa misma norma contiene artículos, como el 150.2 que permite a un Gobierno transferir competencias a una determinada Comunidad aunque en un principio dichas competencias se considerasen como exclusivas del Estado. Es perfectamente constitucional la superación del techo autonómico y aquel pacto constitucional de 1978 así quiso reconocerlo.

El problema es que los llamamientos al espíritu de la Constitución de 1978 o al consenso constitucional en realidad suelen ocultar argumentos, ideas y opiniones no tan constitucionales y democráticos. Lo que subyace bajo esa argumentación no es otra cosa que un nacionalismo español que considera que lo que hay es ya demasiado “ceder” a unas “regiones de España” que debieran estar agradecidas; un nacionalismo español que considera impensable cumplir lo que la propia Ley dice (no ya el espíritu sino la letra misma de los Estatutos de autonomía ha sido incumplida por gobiernos tanto del PP como del PSOE); un nacionalismo, en definitiva, que niega el carácter abierto, dinámico y cambiante de las identidades y de las relaciones entre esas nacionalidades (naciones para muchos de nosotros y cada vez para más personas) y el Estado. Un nacionalismo que no pone objeciones mientras las cosas vayan según lo que a ellos les interesa, pero que se rasga las vestiduras cuando alguien se sale de su guión y que no tiene problema alguno a la hora de cuestionar  y poner en duda la legitimidad de decisiones mayoritarias fruto de un pacto político como ha ocurrido con el Estatut de Catalunya.

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En política es probablemente el ámbito en que mejor se cumple aquello de que la realidad supera ampliamente la ficción. Cuando uno cree haberlo visto todo aparece alguien con un nuevo efecto especial. El último de todos ha sido el amigo Txentxo ofreciendo a Batasuna la posibilidad de incorporarse a NaBai.

Antes trataba de pensar en las motivaciones profundas que podían esconderse tras una decisión política. Trataba de ver el plan que subyacía bajo actitudes y afirmaciones a veces difíciles de entender, consciente de que un simple militante nunca tiene información suficiente como para comprender el porqué de las decisiones de los dirigentes políticos. Pero en política hay ocasiones en que las cosas se resuelven basándose en argumentos y razones tan sencillos como el de tratar de que el vecino no chupe tanta cámara (o similares). Otras el motivo es algo más elaborado y se lanza una propuesta simplemente porque es lo que uno cree que los demás esperan que haga o porque uno cree que le va a permitir ganar puntos.

Sinceramente no sé qué ha llevado a Txentxo a proponer a Batasuna su entrada en NaBai. Para empezar porque Txentxo no tiene el poder de cumplir dicha propuesta, ya que no es el “amo de llaves” (ni feudal ni foral) de NaBai, tal y como se ha apresurado a reprocharle la Izquierda Abertzale Oficial. Probablemente no sea sino parte del teatro dirigido a las bases de Aralar y de Batasuna en la creencia de que si uno invita a Batasuna a sumarse al carro de NaBai queda “guay” y como es gratis porque van a decir que no…

El problema es que no es gratis, ya que ofertas como esta restan credibilidad al proyecto de NaBai y, también, al proyecto de Aralar y hacen que todo parezca muy poco serio. Cuando alguien hace una oferta debería estar seguro de poder cumplirla y de querer cumplirla y en este caso no se daba lo primero y dudo mucho de que se diera lo segundo. Pero es que, además, tampoco las bases de Aralar y, desde luego no las de Batasuna, están por la labor de confluir en un proyecto común después de todo lo que ha llovido.

Batasuna ni cumple las bases de NaBai ni las quiere cumplir. “La defensa inequívoca de todos los derechos humanos y el rechazo explicito a cualquier forma de violencia” no son los únicos principios de NaBai que Batasuna ni cumple ni quiere cumplir. La Izquierda Abertzale Oficial ha impulsado el polo soberanista como única forma para salir de la difícil situación en que se encuentra, aprovechando para ello la oportunidad que le brinda una desesperada EA, al borde del colapso en la CAV. La cuestión vuelve a ser la misma que en otras ocasiones: la dinámica política de la CAV o las circunstancias políticas concretas de algunos partidos políticos en la CAV pueden llegar a imponerse en una realidad bien distinta, como la navarra, con una dinámica totalmente diferente en lo que a las fuerzas políticas se refiere. Las tensiones políticas y las luchas por un espacio electoral en la CAV terminan trasladándose a Navarra y poniendo en peligro lo único que se ha mostrado como verdaderamente útil aquí: Nafarroa Bai.

Por otro lado, hay otro aspecto preocupante en esta situación: la sensación de debilidad que se puede transmitir cuando a pesar de todo lo que hemos logrado al margen de la Izquierda Abertzale Oficial parece que hay ocasiones en las que se sigue mirando, cuando menos de reojo, lo que ellos hacen y proponen. Creo que después de todo lo que ha ocurrido al menos deberíamos tener una cosa clara: la Izquierda Abertzale Oficial, mientras no condene con rotundidad la violencia, lejos de sumar lo que hace es restar.

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Por fin lo he entendido. Llevaba desde abril con la mosca detrás de la oreja, y no había manera de descubrir dónde estaba el truco. Cuando oí al inefable Miguel Sanz decir lo mucho que se alegraba por el pacto PSE-PP que colocaba a Patxi López en la Lehendakaritza, las cuentas no me cuadraban.

“¿Por qué dice eso Miguelico?”, me preguntaba una y otra vez, y por más vueltas que le diera al asunto, no había forma de encontrar una respuesta satisfactoria. Primero pensé mal y dije: “Sanz, como les tiene manía a los vascos, quiere que llegue el PP al poder. Él, que no es tonto, se acaba de deshacer de su compañía en Navarra, y está seguro de que llevarán a las Vascongadas a la ruina.” Todo encajaba. Así, la reivindicación de los malos navarros que propugnan la unión con Euskadi perdería fuerza, porque: ¿para qué queremos unirnos a un territorio empobrecido que nos va a sangrar? Sin embargo, este argumento tiene un punto débil. Si el PSN es un excelente aliado para llevar a Navarra a las “más altas cotas de bienestar imaginables”, el PSE no podrá hacerlo tan-tan mal… (aquí fui ingenuo, no me acordaba de Rodolfo Ares y Pilar Unzalu)

Por tanto, tras mucho devanarme los sesos se me ocurrió que podía haber otra razón. Miguelico pretendería demostrar a los navarros y navarras que él no era un euskófobo paranoico, sino que sólo respondía a las provocaciones y pretensiones anexionistas que llegaban desde los inhóspitos territorios vascos, gobernados por el malvado Ibarretxe. Por desgracia, el tiempo me ha vuelto a demostrar que me equivocaba. Los recortes al euskera, el “affaire ETB” o su postura ante la zonificación lingüística me han vuelto a poner frente a frente a lo que es este hombre: una mente enfermiza obsesionada con la territorialidad. La última ha sido “de traca”: negarse a configurar la eurorregión junto a Aquitania y la CAV que él mismo promovió hace pocos años (es decir, aún es más facha que entonces) y, con ello, negarse a recibir ayudas europeas en –entre otros ámbitos- proyectos de investigación o concentración de sectores empresariales.

Como suele suceder, cuando más perdido estaba apareció la solución. Este mediodía, cuando he conectado la radio y he escuchado los resultados del Euskobarómetro, se ha hecho la luz. Por supuesto, suspenden todos, con una nota históricamente baja para Patxi López. ¡CLARO! Después de tantos años siendo el presidente de comunidad autónoma peor valorado, Miguelico lo ha visto claro: sólo “Patxi el usurpador” –gracias a un pucherazo histórico- es capaz de batirle. Para ello, previamente él se borró del Navarrómetro (gracias a la ayuda de los pardillos oficiales del “Reyno”, Roberto Jiménez, Samuel Caro y compañía), aunque vista la nota obtenida por el gran Patxi (sólo comparable a las que sacó en sus años de universidad) igual no hubiera hecho falta.

Al fin, puedo dormir tranquilo. Otro enigma más resuelto.

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Es bien conocida la obsesión que el navarrismo ha mostrado históricamente por alejar a Navarra todo lo posible de Euskadi. El navarrismo no es sino una versión local del nacionalismo español más rancio e interpreta que cualquier acercamiento de Navarra a Euskadi podría llevar a la desaparición de Navarra, de la Navarra de verdad, la que responde a la esencia del antiguo reino, construida por la historia a lo largo de los siglos. En esa Navarra del navarrismo poco o nada importa la opinión de los navarros, ya que las mayorías también se equivocan si se les deja opinar sobre algo tan trascendente como la identidad y el Ser.

Tercos en sus posiciones, durante años han puesto como excusa para no avanzar en una más estrecha colaboración con la Comunidad Autónoma Vasca el no respeto de los sucesivos gobiernos del PNV para con la realidad y la diferencialidad navarra. Si alguien creía que el cambio de gobierno en la CAV, con un socialista apoyado por los populares como Lehendakari, iba a permitir la normalización de las relaciones entre Euskadi y Navarra se equivocaba de medio medio.

Para UPN, la normalización de las relaciones de vecindad entre Navarra y la CAV se basa en que “los vascos” dejen en paz a “los navarros”, es decir, que no haya relación alguna. De ese modo y sólo de ese modo los navarros de bien podrán descansar y dormir tranquilos sin esas pesadillas colectivas en las que unos seres vestidos con pieles de oveja latxa y txapela, armados con makila de pastor, hablando la lengua del demonio y gritando irrintzis bajan de las montañas para invadir el solar navarro. Por cierto, unos personajes muy parecidos a los que Jaime del Burgo retrató en su novela El valle perdido (1942), como reserva espiritual de Occidente y garantes de los valores patrios que permitieron la resurrección de la patria en 1936. Es curioso cómo cambian las cosas.

Todavía recuerdo la polémica suscitada en 2004 en torno al eje de alta velocidad entre el Cantábrico y el Mediterráneo y la propuesta de Patxi Zabaleta de que la Y vasca de alta velocidad se convirtiera en una X vasco-navarra de modo que la Comunidad Foral no quedara fuera de la red del AVE. En esta cuestión del AVE, como en otras que tienen que ver con infraestructuras (el empeño de crear una nueva vía hacia Francia por Alduides, a pesar de que Francia no quiera, es un ejemplo), la prioridad de UPN se centra en cortar lazos con Euskadi, no en defender el bienestar y las necesidades reales de los navarros. No hace mucho pude asistir a una conversación entre ex-altos cargos de Diputación en la que hablaban de aquel vascófilo de Urmeneta que quiso prolongar la autopista de Navarra llevándola hasta San Sebastián… La cosa no fue tan lejos y todo se quedó en un tramo de autopista entre Pamplona e Irurtzun.

Ahora mismo la cuestión que puede centrar el debate durante un cierto tiempo es la eurorregión impulsada por Euskadi y Aquitania, abierta a la participación de Navarra, un proyecto al que Miguel Sanz se ha apresurado a decir que NO. No se trata de algo nuevo, ya que dicha eurorregión se planteó ya en 1992 entonces sí con la presencia de Navarra, presidida por Juan Cruz Alli, pero en el año 2000, el propio Miguel Sanz fue el que sacó a Navarra de dicho ente. El beneficio para Navarra si participa en la eurorregión es incontestable e incuestionable, pero la presencia en un órgano común con Euskadi es algo a lo que los navarristas siguen oponiéndose.

En su defensa de Navarra, UPN, como otros antes que ella, sigue en la brecha sacrificando todo lo necesario, hasta el bienestar de los propios navarros. Esto, que pudiera parecer una contradicción, no lo es en realidad, porque lo que preocupa a UPN no son los navarros, sino Navarra, el Ser y la esencia de Navarra. Los tics tradicionalistas en UPN siguen muy arraigados y afloran constantemente. Aunque la mona se vista de seda…

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La política del Partido Socialista Obrero Español a finales de la pasada legislatura y en lo que llevamos de la actual se está basando fundamentalmente en una política de gestos. Buena parte de la labor legislativa llevada a cabo por el PSOE hoy en día no responde a necesidades reales e inmediatas de la sociedad. Se trata, por el contrario, de iniciativas que en algunos casos ni tan siquiera estaban en el programa con el que los socialistas se presentaron a las elecciones de 2008 y que ellos han llevado al centro del debate político simplemente para desviar la atención de otros problemas más reales y más urgentes.

De igual manera, el Partido Socialista de Euskadi, está cayendo también en esa misma política de gestos. No se trata, sin embargo, de un intento de copiar al hermano mayor, sino que en el caso de Patxi López responde a otras motivaciones y necesidades.

Los socialistas vascos, durante varias décadas, han basado su trabajo en la oposición en una crítica al PNV por lo que ellos consideraban una política de símbolos, centrada en problemas alejados de los intereses reales de la sociedad, preocupada por debates identitarios que dejaban de lado los auténticos problemas de la ciudadanía y que interesaban únicamente a la clase política. Casi 30 años después de ser aprobado el Estatuto de Autonomía del País Vasco, los socialistas han llegado al poder en la CAV y lejos de centrar su labor en políticas sectoriales, en aquellas políticas que la ciudadanía reclamaba, están basando su labor exactamente en lo mismo por lo que criticaban al PNV, pero en sentido contrario: afirmar una identidad española del País Vasco.

Tal vez los socialistas vascos se crean en la obligación de demostrar, con su acción de gobierno, que Euskadi no es lo que se había dicho que era, sino que es otra cosa diferente. Tal vez los socialistas vascos quieran aprovechar la oportunidad que la ilegalización de la izquierda abertzale oficial les ha dado para hacer ver a la sociedad vasca que hay vida más allá del PNV y que no pasa nada por lucir una bandera española en Rentería. Tal vez los socialistas vascos crean que el mayor problema de Euskadi en las últimas décadas ha sido que la selección española (en las distintas modalidades deportivas) no haya jugado en territorio foral. Tal vez los socialistas vascos crean que trayendo la selección española de baloncesto al Buesa Arena, la selección española de fútbol a San Mamés y la vuelta ciclista a España a San Sebastián vayan a convertir en hinchas de “la roja” a estos díscolos norteños, empeñados en extravagancias como tener su propia selección nacional.

Lejos de abandonar el debate identitario, socialistas y populares vascos (con perdón) lo están azuzando. Y no me estoy refiriendo al cambio en la fórmula de jura del cargo de Lehendakari o al mapa del tiempo en EiTB. Tampoco me refiero a la presencia de Patxi López en los actos organizados para la conmemoración del aniversario de la aprobación de la Constitución. De hecho, lo considero coherente con la postura mantenida por los socialistas vascos respecto a la Carta Magna y al propio Estatuto de Autonomía desde la transición, algo que no se puede decir del PP con la misma claridad.

Me estoy refiriendo en este caso a las declaraciones sobre la disputa de partidos de la selección española en la CAV y me estoy refiriendo también a la propuesta hecha por el PP de eliminar el cuartel del escudo de Euskadi que durante un tiempo fue ocupado por las cadenas de Navarra hasta que una sentencia del Constitucional lo prohibió en 1985. Se trata, según a explicado Leopoldo Barreda, de suprimir “toda referencia a Navarra” en el escudo de la Comunidad Autónoma Vasca. No importa que el TC no prohibiera el cuartel, sino la presencia en él de las cadenas navarras.

En fin, ya sabemos que en política aquello de que “donde dije digo, digo Diego” está a la orden del día, pero no por ello vamos a dejar de denunciarlo. De momento, parece que la política de verdad tendrá que esperar en Euskadi, mientras socialistas y populares vascos se centran en debatir, desde el Gobierno y no ya desde la oposición, sobre la identidad vasca.

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Estos días me apetecía escribir sobre algún tema de actualidad, pero lo cierto es que –por más que mirara los telediarios y escuchara la radio– no se me ha ocurrido ninguno bueno sobre el que hacerlo.

En un primer arrebato, pensé tratar la política vasca, pero luego comprendí que sería mejor esperar a que Patxi López se decidiera a ejercer de Lehendakari, pues creo que dará más juego. Lo cierto es que, tras el mes y medio que ha durado la crisis del Alakrana, y en el que no ha habido noticias suyas, su primera intervención ha servido para culpar al PNV por la paralización de la transferencia de políticas de empleo. Teniendo en cuenta que depende de los Gobiernos Central y Vasco, decidí que “gure Francisco” todavía no se ha enterado de que Ibarretxe ya no vive en Ajuria Enea.

Me vino luego a la cabeza la idea de que quizás podía escribir sobre la Justicia, y de las ganas que tengo de que se dejen de disimulos y la privaticen de una vez, para que el monopolio PSOE-PP se haga de modo oficial con sus riendas. Así no tendrán que disimular y podrán colocar al frente de la gerencia a sus marionetas favoritas. Luego me acordé del doloroso “caso Nagore” (y cuántos más escaparán diariamente a nuestros oídos), escuché en la radio la noticia de las detenciones indiscriminadas de jóvenes en Euskal Herria, y leí que ya habían puesto fecha para el juicio de Egunkaria, así que –comprendiendo que en realidad sólo era un formalismo– pense que qué más daba si a los gerentes de las empresas Tribunal Supremo, Tribunal Constitucional o Consejo General del Poder Judicial los nombran de una manera u otra, puesto que el resultado es el mismo.

En un desesperado intento de hablar sobre algo serio, traté de hacer mi propia porra sobre la evolución del desempleo para los próximos meses (¿llegará el 20%?, ¿hasta qué punto nos endeudará?, ¿será efectivo el nuevo plan de Zapatero, que “ya” parece haberse enterado de que la construcción no es la solución?), pero enseguida me di cuenta de que era un tema que ha perdido todo interés para los medios de comunicación. Como los atentados en Irak, Pakistán o Afganistán, la guerra en África o el goteo de asesinatos de inocentes en Palestina, ya sólo se menciona en los telediarios de pasada, como esperando hasta que lleguen los Deportes y el tiempo, únicos argumentos a los que se presta verdadera atención.

Así que me dije: “hay que ir a lo seguro”, y –ya que el “Barça-Madrid” está muy trillado– me hice la gran pregunta: ¿jugará la Roja en Euskadi?

Como durante numerosos días se han afanado en repetir desde los principales programas políticos y deportivos españoles, es un tema que no tiene ninguna importancia, ya que hay que ver con normalidad que la selección de un país juegue en cualquier punto del mismo. Así que –siguiendo esa imagen de normalidad que hace acaparar portadas y cabeceras informativas al alcalde de Barakaldo o al vicepresidente del Athletic– me pregunté: ¿hasta qué punto es legítimo que una minoría significativa no pueda ejercer su derecho a disfrutar de los sentimientos de unión e identificación que su selección nacional les provoca? Creo que esas miles de personas que en Euskadi ven en la española a su selección, y sienten sus colores como propios, tienen derecho a disfrutar de toda la parafernalia (himno, ídolos, banderas…) de cerca, ya que hasta ahora “sólo” pueden hacerlo por televisión. Lo contrario sería ejercer la “tiranía de la mayoría” sobre ell@s, y no podemos caer en eso. Del mismo modo, estoy seguro de que un Estado democrático como el español, que tanto se preocupa de las identidades minoritarias en sitios como Euskadi o Cataluña, ahondará en la democratización de sus realidades nacionales, permitiendo que –si así lo desean sus respectivas poblaciones– los ciudadanos y ciudadanas de esas regiones insertadas dentro de España puedan disfrutar de ese derecho básico que es el disfrutar de sus selecciones nacionales, sin ningún tipo de imposiciones por parte de la mayoría. Como navarro, espero poder disfrutar pronto de la selección vasca de fútbol en el Sadar, perdón, Reyno de Navarra.

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20091115_BatasunaLa izquierda abertzale oficial ha demostrado una vez más que saben teatralizar sus propuestas. Ayer presentaron, en Alsasua y en Venecia, el resultado de muchos meses de debate y trabajo interno, con mediadores internacionales incluidos. Al parecer, Brian Currin lleva trabajando intensamente con la izquierda abertzale la nada despreciable cifra de 18 meses. Durante 14 meses Batasuna ha llevado a cabo una “profunda discusión” en reuniones dentro y fuera de Euskadi.

Tras todos esos meses de trabajo y de reuniones uno podría pensar que el resultado debería ser realmente espectacular, una declaración que nos hiciera estremecer y que por fin pudiéramos pensar que realmente se estaban dando las condiciones para solucionar un problema que tanto daño está provocando en este país.

Sin embargo, cuando se lee el texto sorprende que lo que se está vendiendo como un gran esfuerzo por parte de la izquierda abertzale oficial no sea sino algo tan elemental como el respeto de las reglas de juego democráticas: respeto a lo que la ciudadanía, democráticamente, decida. En un marco de ausencia total de la violencia, las ideas políticas podrán ser defendidas utilizando vías exclusivamente políticas y democráticas, por medio del diálogo, de modo que los marcos legales actuales puedan incluso ser modificados si la voluntad popular libre y democráticamente expresada así lo quiere.

Tal vez esto sea un gran paso para Batasuna o la izquierda abertzale oficial, pero es un pequeño paso, muy pequeño, para los demás. Me alegro de que por fin (en lugar de decirnos a los demás cuál debe ser nuestra voluntad) estén pensando en respetar la voluntad popular mayoritariamente expresada por vías y medios única y exclusivamente políticos y democráticos, pero eso es algo en lo que otros llevamos mucho tiempo y por lo que ellos, los de Batasuna, nos han estado insultando y despreciando a lo largo y ancho de toda Euskal Herria durante años.

Tratando de recuperar protagonismo y de reivindicar sus supuestos méritos, la izquierda abertzale oficial habla de que se reiteran en el “compromiso con la propuesta de Anoeta. Conforme a la misma, debe establecerse un proceso de diálogo y acuerdo multipartito y en igualdad de condiciones entre el conjunto de fuerzas políticas del país que aborde la consecución de un marco democrático por el cual la ciudadanía pueda decidir libre y democráticamente sobre su futuro sin otro límite que la voluntad popular”. Que yo sepa, el marco democrático para que la ciudadanía decida su futuro lleva funcionando ya más de 30 años y por imperfecto que pueda ser, la izquierda abertzale oficial no tiene la más mínima legitimidad para dar el visto bueno o el label de calidad al carácter democrático de un sistema.

A cambio de nada, porque en la declaración lo único que hacen es aceptar la democracia (y ya veremos si es una aceptación sincera o una mera pose para lograr su legalización), somos los demás los que debemos hacer algo. Es la constante de Batasuna. Ellos nunca ceden porque están en posesión de la verdad absoluta y son los demás los que, equivocados, deben acceder a sus pretensiones (este ha sido tradicionalmente el significado de la democracia para ellos). Batasuna siempre se ha visto como un sujeto lleno de derechos, pero libre de obligaciones y parece que todo sigue igual. Mientras Batasuna no sea capaz de afirmar claramente su rechazo y condena de la violencia, todo será papel mojado, más aún teniendo en cuenta que la experiencia nos dice que no son de fiar.

A Batasuna se le acabó el crédito hace mucho tiempo, por lo menos en lo que a mí respecta, y para recuperarlo tendrán que hacer algo más que una obra de teatro llena de bonitas palabras, símbolos y una memoria histórica excesivamente centrada en ellos mismos.

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