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Posts Tagged ‘ANV’

En más de una ocasión me he referido —más allá de lo que diga, haga y decida ETA— a mi particular decepción por la actitud que ha exhibido la Izquierda Abertzale Oficial sobre la cuestión de la violencia. Y no estoy hablando de la Izquierda Abertzale de los años 80 ó 90, sino a la propia Bildu en este año 2011. La violencia ha impregnado de tal manera las actitudes, las ideas, las posiciones ideológicas, las acciones tácticas, las maneras, las formas y el día a día de la Izquierda Abertzale Oficial que se niegan a aceptar que las cosas pueden no ser como ellos las quieren ver.

Más allá de ETA, la violencia o una cultura de la violencia está muy presente en la IAO. La violencia está, por ejemplo, en no aceptar la legitimidad de los planteamientos de los demás, en descalificar o insultar al que simplemente piensa de manera distinta. Desde el punto de vista de la IAO el sistema, las instituciones y las organizaciones que en él participan son, por naturaleza, impuestas y adolecen de una manifiesta falta de legitimidad. Absolutamente nada en este planeta es democrático y popular hasta que son ellos quienes lo controlan (puede verse ). Es una constante con todo tipo de organizaciones y lo hemos visto en movimientos sociales y también en celebraciones de carácter cultural, político y social a lo largo y ancho de la geografía de nuestro país. Son ellos los que, con su gloriosa presencia, reparten valores democráticos allí por donde pasan, aunque los demás no quieran.

La violencia está también en los insultos, la presión amenazante o las amenazas explícitas a quienes piensan de otro modo o militan en otras organizaciones. Somos muchos los que hemos visto a compañeros y amigos en carteles con el calificativo de “robasillas”, “buitres” y otras lindezas mucho peores, o quienes hemos recibido directamente esas amenazas, en el pasado y hace tan solo unos días.

La violencia está presente en las reiteradas descalificaciones lanzadas en muchos pueblos contra cargos municipales navarros por ser unos “traidores”, “vendidos” y “cobardes” al no “atreverse” a poner la ikurriña en el balcón del Ayuntamiento. ¿Alguien ha notado un cambio real sobre esta cuestión cuando han gobernado ANV o Bildu, más allá de actos de su particular precampaña como los de Leiza, Alsasua, etc…? Han estado exigiendo a otras fuerzas políticas con dureza y contundencia gestos simbólicos y actitudes de democracia radical y de transparencia a la hora de facilitar información al “pueblo” y ahora, allí donde gobiernan todo lo que era imprescindible para otros ha dejado de ser necesario para ellos.

Pero la violencia está también, desde luego, en pretender obtener algo a cambio de decir que ahora sí, ahora se va a apostar por vías única y exclusivamente políticas. ¿Acaso no es este el punto de partida exigible a todos? La violencia está en exigir a los demás que para que la paz sea posible en nuestra tierra hay que seguir el camino que ellos nos trazan. Cuando la Izquierda Abertzale Oficial decida que quiere hacer política, única y exclusivamente política, sin esas otras violencias que existen más allá de lo que haga ETA, le daremos la bienvenida y buscaremos los puntos que podamos compartir, pero en tanto en cuanto siga actuando de la misma forma que en los años 80 y 90, será difícil colaborar, porque eso ya lo hemos vivido y sabemos a dónde conduce. La cultura de la violencia, de la imposición y la confrontación, del conmigo o contra mí, está muy lejos de la convivencia y el respeto que siempre ha defendido y representado NaBai (en el pasado y también en el futuro).

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Tras el tiroteo entre gendarmes franceses y presuntos miembros de ETA hace unos días, todas las miradas se dirigieron a la Izquierda Abertzale Oficial. Había que ver cuál iba a ser la respuesta y las palabras de la IAO. Había que ver que decían, al menos, la tradicional Batasuna, la naciente Sortu y la coalición Bildu. Es curioso comprobar cómo a nadie le interesan ya las opiniones de ANV ni de quienes se presentaron (o, mejor dicho, no pudieron presentarse) por medio de Agrupaciones Electorales en 2007.

No es nueva la capacidad camaleónica de la IAO para presentarse con unas siglas u otras y para aprovechar y sacar réditos de los diferentes roles y discursos que cada una de esas siglas le puedan reportar. Sí es nuevo, sin embargo, o al menos a mí me lo parece, que Sortu y hasta la propia IAO (la tradicional, la que aparece como IA y no le importa que la identifiquen con Batasuna) utilicen en sus declaraciones términos que (sin llegar a la, por lo que parece, todavía imposible condena) rechacen una acción de ETA y la califiquen como “incompresible e inaceptable”. Y es nuevo, además, porque mientras, la supuesta marca blanca, en forma de coalición en este caso con EA y Alternatiba, se queda en un simple rechazo utilizando calificativos como “incidente” al referirse al tiroteo y que, al mejor estilo de Batasuna y de algunos comunicados de ETA, hablen de la “responsabilidad de todos los agentes dar pasos decididos y firmes hacia la normalización y pacificación de Euskal Herria” o de “la necesidad de que los Estados español y francés atiendan a las demandas establecidas en el Acuerdo de Gernika y colaboren activamente, de esta forma, en el proceso abierto”.

Me resulta imposible creer que EA y Alternatiba no hubieran pactado con Batasuna cuál tenía que ser la respuesta a un hipotético atentado de ETA o a cualquier tipo de acto violento. No creo que nadie sea tan ingenuo ni tan poco previsor. Así pues, creo que el texto publicado fue una respuesta pactada en la que EA y Alternatiba aceptaron utilizar una terminología ajena a ellos (totalmente ajena a su cultura política) y propia de tiempos pasados, incluso para Batasuna. La duda que surge inmediatamente es ¿por qué lo hicieron? ¿Por qué renunciar a condenar que alguien haya intentado matar a otra persona?

La primera posibilidad que se me ocurre es que fuese un acto de autocensura, un texto redactado por quien cree que puede perder atractivo en un sector social que no es el propio, sino el que espera conseguir. Tal vez EA y Alternatiba pudieron temer que condenar lo ocurrido les alejara del caladero de votos de la IAO. Si este fuera el caso, no sé qué me preocuparía más, si comprobar la desesperación de dos fuerzas sin proyección ni futuro capaces de renunciar a algo elemental y tan interiorizado hasta ahora o la percepción que estas dos fuerzas tienen de cuáles siguen siendo las coordenadas políticas, ideológicas y morales de sus compañeros de aventura. La consecuencia es la misma en ambos casos.

Sin embargo, cabe una segunda posibilidad (y varias más, seguramente). Puede ocurrir que la respuesta se deba a un ejercicio de escenificación en el que la tibia respuesta de Bildu fuera sobrepasada claramente por Sortu y por la IAO. Sin embargo, no entiendo las razones que pudiera haber para ello, salvo un frío y simple cálculo electoral. Tal vez estos días encontremos una respuesta…

Más allá de las consecuencias que esta actitud pueda tener (no parece probable que se llegue a una ilegalización de Bildu), parece lamentable que algunos piensen que la manera de atraer a la IAO a la política y alejarla de la violencia de ETA (que es la excusa que se suele poner en estos casos) sea precisamente dejar de condenar la violencia de ETA. Justificar la violencia o justificar la no condena de la violencia como medio para acabar con la violencia es un camino equivocado y peligroso. Más aún si el objetivo real es sobrevivir como partido una legislatura más.

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Cuando pienso en el “nuevo” documento que la Izquierda Abertzale Oficial (IAO) ha lanzado otra vez a bombo y platillo (esperando o forzando a todos a creer que esta sí es la definitiva) me doy cuenta de que la valoración que sigo haciendo es la misma que tantas veces antes que esta. Y es que por mucho que queramos pensar que pueden cambiar, lo cierto es que no lo hacen. No al menos en lo que realmente importa, en respetar a los demás y las ideas de los demás como una parte de la sociedad en la que viven; no, al menos, a la hora de aceptar que ellos no son más que otros y que no tienen más razón que los demás; no, al menos, a la hora de aceptar de verdad, con convicciones firmes, la democracia. Y para poder constatar esta afirmación vale con escuchar a cualquiera de sus líderes políticos. La IAO, que se cree único representante válido e interlocutor real del pueblo vasco, se ve a sí misma como una víctima inocente de un conflicto en el que hay buenos (ellos) y malos (los demás), donde o se está conmigo o contra mí, y en el que, pese a ello, son tan generosos que han dado el paso para poner encima de la mesa la solución a todos nuestros problemas. Ante tanta generosidad, a los demás sólo nos queda dar las gracias, hacer lo que se nos dice y decir amén.

Me parece de un cinismo que avergüenza que alguien, después de todo lo que ha llovido, nos pueda venir a dar lecciones de lo que podemos o debemos hacer los demás, “tibios colaboradores de la represión del Estado”, “buitres” o “apoltronados beneficiados del sistema”, “inquisidores” y cosas por el estilo (que es lo que nos ha tocado oír de sus inocentes e inmaculados labios). Me recuerda demasiado al argumento de un político de la izquierda abertzale cuando hace poco, queriendo argumentar su abstención a una moción que condenaba las amenazas falangistas a cargos políticos navarros, se presentaba a sí mismo como una víctima real a causa de los registros policiales llevados a cabo incluso en su casa. Ante semejante barbaridad, lo que a otros les pasaba, debía pensar este político, era una nadería. También para la IAO, como para PP y PSOE, siempre habrá víctimas de primera (las propias) y de segunda (las de los demás).

La IAO si algo ha demostrado a lo largo de todos estos años es que no trabaja por el bien de Euskal Herria, sino en pro de sus propios intereses. Ahora lo que les interesa es intentar recuperar protagonismo político (véase la entrevista a Txelui Moreno en Diario de Noticias de hoy) cuando han visto que de tanto hacer daño a unos y a otros, a la mayoría de la sociedad le ha dejado de importar lo que les ocurra. Es lo que tiene la socialización del dolor que han practicado durante años.

Pero cuando afirmo que no hay un verdadero cambio en la IAO no me refiero a si el texto presentado es o no cualitativa o cuantitativamente diferente de los anteriores. Me refiero a que no hay ninguna garantía de que el resultado vaya a ser distinto y, más aún, no parece que la IAO vaya a aceptar que este sea un punto de partida para defender sus ideas sin esperar que, por hacer lo que otros llevamos mucho haciendo (respetar la reglas democráticas) les vayamos a conceder algo. El texto de la IAO podría tener algún valor distinto si significara un reconocimiento de que aceptarán que son lo que son: representantes de unos miles de ciudadanos que decidan apoyarles en las urnas y nada más. El problema es que cuesta creer que esto vaya a ser así cuando lo han dicho tantas veces y siempre ha habido algo que ha vuelto a justificar cualquier cosa y cualquier acción, político o no. A la IAO le falta credibilidad y por ello el problema no es saber si el Estado aceptará lo que la sociedad de este país diga, la cuestión es saber si lo aceptará, por fin, la Izquierda Abertzale Oficial.

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Escribía hace unos días sobre mi particular decepción ante el anuncio hecho a bombo y platillo por la izquierda abertzale oficial de su apuesta por vías políticas. Decepción porque el documento no exige a ETA el abandono de las armas, que es lo que debería hacer si quieren hacernos creer que se trata de un paso verdadero hacia una nueva realidad. Pero decepción también porque el documento sigue respondiendo a la lógica de la violencia.

La violencia ha impregnado de tal manera las actitudes, las ideas, las posiciones ideológicas, las acciones tácticas, las maneras, las formas y el día a día de la izquierda abertzale oficial que se niegan a aceptar que las cosas pueden no ser como ellos las quieren ver.

La violencia está en no aceptar la legitimidad de los planteamientos de los demás. Desde el punto de vista de la IAO el sistema y las organizaciones son, por naturaleza, impuestas y adolecen de una manifiesta falta de legitimidad, incluso aunque hayan sido refrendadas por el resto de la sociedad (todos, salvo ellos). Absolutamente nada en este planeta es democrático y popular hasta que son ellos quienes lo controlan. Es una constante con todo tipo de organizaciones y lo hemos visto hasta celebraciones de carácter cultural a lo largo y ancho de la geografía de nuestro país. Son ellos los que, con su gloriosa presencia, reparten valores democráticos allí por donde pasan, eso sí, aunque los demás no quieran.

La violencia está en los insultos, la presión amenazante o las amenazas explícitas a quienes piensan de otro modo o militan en otras organizaciones. Somos muchos los que hemos visto a compañeros y amigos en carteles con el calificativo de “robasillas”, dianas pintadas sobre fotografías y nombres o hemos recibido directamente esas amenazas.

La violencia está en las descalificaciones lanzadas en pueblos como Leitza y otros muchos contra cargos municipales navarros por “traidores” y “vendidos” que no se atrevían a poner la ikurriña en el balcón del Ayuntamiento. Ahora que gobierna ANV en Leitza, ¿dónde está la ikurriña? ¿Son también unos traidores y vendidos ellos mismos?

La violencia está también, desde luego, en pretender algo a cambio de no ejercer la violencia o de apostar por vías única y exclusivamente políticas. ¿Acaso no es este el punto de partida exigible a todos? Cuando la izquierda abertzale oficial decida que quiere hacer política, única y exclusivamente política, le daremos la bienvenida, pero en tanto en cuanto no condene la violencia terrorista, en tanto en cuanto no pida a ETA el abandono de las armas, seguirá teniendo las manos atadas.

Pero, además, en el momento en que hagan sus deberes, no serán más que nadie, serán uno más, con una opinión más, tan válida como la de cualquier otro, ni más ni menos. Tendrán que medirse en las urnas y aceptar que son lo que son: una parte de esta sociedad con derechos y obligaciones. Sin embargo, la izquierda abertzale oficial en el documento que ha presentado no ha sido capaz ni tan siquiera de pedir a ETA que deje de matar, así que yo al menos no espero mucho en el resto de manifestaciones de violencia. Son muchas ya las veces que han roto las esperanzas de quienes creímos que podían cambiar. Esta vez va a hacer falta algo más que decir que es la “definitiva” y pensar que por decirlo los demás estamos obligados a aceptarlo y creerlo.

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20090905_no_adscritosYolanda Barcina se ha tomado su tiempo, pero finalmente ha aceptado la decisión de Miguel Sanz de expulsar del grupo municipal de UPN a Cristina Sanz, concejala de Pamplona que se pasó al PP. La alcaldesa de Pamplona y Presidenta de UPN ha dejado que pasara el verano para que la decisión se distanciara en el tiempo de aquellas rotundas declaraciones de Miguel Sanz y del malestar mostrado por un sector de miembros de su partido con el goteo de bajas de cargos públicos regionalistas que se estaban pasando al PP.

Desde el primer momento de la ruptura de UPN con el PP Yolanda Barcina se ha mostrado dialogante y cercana a los populares. Sin embargo, parece que en UPN se ha impuesto finalmente la opinión de quienes creían que había que dar un golpe encima de la mesa marcando distancias con el partido de Mariano Rajoy. La expulsión de la edil pamplonesa hace pensar en lo que pueda ocurrir en el resto de ayuntamientos navarros en los que también hay concejales que fueron en su día de UPN y que están hoy en el PP. No parece que las mayorías en estos ayuntamientos vayan a sufrir grandes cambios. En Egüés UPN seguiría teniendo mayoría absoluta incluso sin los dos ediles del PP. En Barañáin (al igual que en Pamplona) el PSN está más que dispuesto a apoyar a UPN, con o sin la concejal del PP, aunque de vez en cuando los socialistas lancen alguna advertencia a UPN para que se aleje del PP. Sin embargo, aunque en la práctica nada cambie, las disputas entre regionalistas y populares pueden endurecerse si dejan de compartir grupo municipal y tienen que pelear por un mismo espacio político desde el gobierno y la oposición dentro de un mismo municipio.

Sea como fuere, el caso es que a Cristina Sanz la han puesto en una situación un tanto comprometida, ya que tras ser expulsada del grupo municipal de UPN pasa a ser concejal no adscrito, compartiendo condición con los dos ediles de ANV. Son 3, pues, los concejales no adscritos en el Ayuntamiento de la capital navarra y seguro que es algo que no ha sentado nada bien en el PP.

Diario de Navarra en la edición de hoy se esfuerza por mostrar cómo se trata de una expulsión bastante llevadera, ya que la concejala del PP mantendrá “su asignación de 1.750 euros netos mensuales”, seguirá asistiendo como “miembro de pleno derecho a la comisión de Presidencia y Cuentas”, y en los Plenos podrá intervenir, “además de presentar mociones y enmiendas”. Probablemente la preocupación de este rotativo no sea la situación en que queda Cristina Sanz. La noticia parece querer mostrar más bien a una Yolanda Barcina amable y generosa incluso cuando expulsa de la casa de Gran Hermano a una antigua compañera (y paisana, por añadidura). Pero por muchos paños calientes que se quieran poner sobre lo sucedido, lo cierto es que Cristina Sanz va a compartir condición con los concejales de ANV y no creo que sea plato de su gusto. Veremos cómo van quedado las relaciones entre los dos partidos de la derecha navarra, ya que no parece que la propuesta de los convergentes de unir a UPN-PP-CDN vaya a ir más allá de alguna que otra carcajada.

Mientras, el PSN, cómodamente instalado en el gobierno desde la oposición, colgándose medallas o lanzando dardos a la acción de gobierno de UPN según le conviene, quiere aprovechar esta disputa en la derecha para postularse como gran partido de centro, convencido al parecer de que eso lo convertirá nuevamente en la segunda fuerza en Navarra (aunque tal vez haya algún infeliz que crea que pueden volver a ser la primera). Sin embargo, con frases como que el PSN pretende liderar “un bloque social progresista, una alternativa a la derecha que gobierna en la Comunidad Foral”, siendo precisamente el PSN el partido que permite ese gobierno de la derecha, la credibilidad de los socialistas es inexistente.

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20090622_violenciaEste pasado viernes 19 de junio tenía pensado haber escrito algo sobre el cruce de acusaciones entre UPN y PSN en el Ayuntamiento de Pamplona, sobre la amenaza del PSN de recusar a Yolanda Barcina si no destituía en el plazo de dos meses a Simón Santamaría.

Tenía pensado haber escrito algo sobre la indecencia de ciertos argumentos de UPN que insiste en utilizar la excusa violencia terrorista para atacar en este caso a los socialistas (y a todo el que pase por ahí) por haber cometido el pecado mortal de votar o estar pensando en votar algo en el mismo sentido que ANV (curiosamente cuando ANV vota con UPN no hay problema alguno o cuando Yolanda Barcina es elegida alcaldesa con la excusa de que los votos de ANV están contaminados tampoco hay ningún tipo de problema).

Tenía pensado haber escrito algo haciendo constar los usos de la violencia en algunos argumentos de los regionalistas cuando parecen defender no sé si un mayor grado de profesionalidad de una persona por el simple hecho de estar amenazado: como si el ser sujeto de amenazas terroristas le diera a uno un label de calidad.

Tenía pensado haber escrito algo para mostrar mi desacuerdo con el hecho de que un partido político se esconda tras burdas excusas de alineamientos con estrategias dirigidas por partidos que no condenan la violencia cuando lo que hace no es sino defender la alcaldía de una de sus militantes en el Ayuntamiento de Pamplona.

Sin embargo, el viernes 19 de junio ETA volvió a matar a una persona y todo lo que tenía pensado se me caía de las manos. ¿Qué importaba la mayor o menor altura de unos argumentos en el debate político? ¿Cómo defender la necesidad de desterrar del espacio público argumentos que llevan la violencia al centro del debate político? Qué poco sentido tenían todas las ideas que habían ido tomando cuerpo mientras leía las noticias en uno y otro periódico, ante un nuevo asesinato de ETA, ante el dolor de unos hijos y una mujer a los que habían destrozado la vida.

Cada vez que ETA comete un asesinato lo que consigue en el plano personal es muerte, dolor, indignación, rabia… Pero los atentados terroristas tienen también un efecto evidente sobre el debate político, al llenar de argumentos a quienes, de una manera fácil y simple, descalifican y meten en el mismo saco a todos los nacionalistas, a todos los que defienden una idea cultural o política de lo vasco por el simple hecho de coincidir en algunos aspectos con aquello por lo que dicen estar luchando los terroristas. Pero, es que además, un asesinato de ETA deja sin argumentos y sin fuerza a todos los abertzales que trabajan de verdad en el día a día, en la política y en los movimientos sociales y culturales, por construir cada día un país mejor. Son tantas las explicaciones que hay que dar, tanto el esfuerzo que hay que hacer para marcar distancias con la sinrazón del terrorismo que para cuando uno llega a defender las ideas propias lo hace agotado y casi sin la convicción necesaria.

Cada vez que ETA actúa la causa del nacionalismo vasco es más difícil. ETA lo sabe pero le da igual porque a estas alturas, cuando ni tan siquiera muchos de los suyos le apoyan, ya nada tiene sentido. Parece que el período “reflexivo y asambleario” previo al verano que anunciaron recientemente ha concluido y ETA vuelve a dejar la reflexión en el cajón. Y mientras, habrá quien insista en sus remedios milagrosos. Triste, muy triste.

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