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Posts Tagged ‘Participación’

Puede parecer una pregunta inútil ya que la respuesta parece evidente, pero como diría aquel en realidad es una pregunta trampa.
Pongamos un ejemplo: en una localidad que va a celebrar sus fiestas patronales el Ayuntamiento convoca a la reunión de festejos a los grupos municipales y a las entidades y colectivos de la localidad para elaborar el programa. Únicas limitaciones, el presupuesto y que sea un programa diverso que dé cabida a todo tipo de actividades. Resulta que un colectivo de la localidad declina la invitación de trabajar con todos y por su cuenta elabora un programa de actividades.
Hasta aquí todo parece normal y respetable. Pero cuando uno lee el folleto elaborado por ese ente popular se puede encontrar con afirmaciones del estilo “queremos unas fiestas más populares y participativas” o “donde todos los colectivos sumen” o la no menos brillante “fiestas hechas por y para el pueblo”.
Entonces uno se pregunta ¿con quién ha contado ese colectivo para convertirse en la voz de todo el pueblo, cómo los ha convocado? ¿Por qué su programa es más popular y participativo que el que presenta el Ayuntamiento? ¿La ciudadanía debe elegir entre uno de los programas, y en base a eso será catalogado como guay o como colaborador del poder, o es posible participar en los actos de los dos programas?
Todo el mundo tiene derecho a organizar lo que quiera. El problema empieza cuando el que organiza algo lo contrapone a lo que otros hacen o pretende dar una idea, falsa, de que su propuesta es popular y participativa y la de otros es impuesta y poco popular.
El programa de fiestas se estudia en la comisión de festejos, se aprueba en un pleno, se ajusta a un presupuesto y se somete al control municipal, al de otras instituciones y al de la propia ciudadanía, porque todas las cuentas son públicas. Lo cual no quiere decir que todo lo que se aprueba agrade a todos. Unos prefieren menos vacas y otros que haya más, otros que las celebraciones religiosas queden fuera del programa al vivir en un estado aconfesional, para otros falta oferta de actividades infantiles; unos quieren actividades en euskera, otros que se quiten. Pero el resultado final se suele acercar a la pluralidad.
El programa de las fiestas populares se aprueba asambleariamente por media docena que saben lo que todos quieren, recibe el apoyo de innumerables asociaciones también populares que suelen estar representadas todas ellas por la misma persona, sus cuentas son desconocidas porque ¿a quién le van a preocupar los gastos e ingresos de entidades populares que reciben el dinero del pueblo? Nadie sabe cuánto ingresan ni cómo se decide en qué se gasta, ya se sabe, la ventaja de ser popular. Como son populares pueden decidir cobrar las bebidas a precios testimoniales quedando como los Robin Hood de la modernidad y dejando a los hosteleros de la localidad (que pagan impuestos y deben cumplir unos requisitos para acondicionar los locales, lo cual exige unas inversiones) como auténticos sacamantecas. Pero esos mismos defensores de lo popular exigirían al ayuntamiento que sancionara a un carnicero que vende a precios populares en una mesa en la plaza del pueblo, o a un fontanero que trabaja a precios del tercer mundo sin pagar Seguridad Social ni impuestos si afectara a su actividad profesional.
Y la guinda final es cuando en el programa popular se relaciona la lista de colaboradores, pero eso sí, olvidando al Ayuntamiento. Claro todo el mundo se queda con la copla de que unos ayudan y el Ayuntamiento no. Pero que el Ayuntamiento haga la vista gorda en cuanto a condiciones de Sanidad e impuestos y que deje material sin cobrarlo (esto es, aporta más que alguno de los colaboradores) no da categoría de colaborador, porque ya se sabe que es una obligación para con los movimientos populares.
Y si entramos al contenido de los programas ofertados ¿por qué es más popular una kalejira de protesta “festiva” con unos 60 participantes que un encierro de vacas bravas con la calle llena y cientos de visitantes de fuera? ¿O por qué lo es más un concierto de rock que la música el sábado a la noche en la plaza del pueblo?
Y para terminar ¿por qué las personas del pueblo deben estar obligadas a elegir? ¿No sería mejor dejar que cada cual elija en qué participa y en qué no, pero desde su libertad y no desde consignas falsas?

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Hoy he tenido una curiosidad, ya que me cuesta sentirme implicado con las instituciones europeas y apenas encuentro razones para votar el próximo 7 de junio y así elegir a nuestros europarlamentarios. Con la intención de encontrar alguna razón se me ha ocurrido preguntar en un buscador de Internet lo siguiente: “razones para votar en las elecciones europeas”. Y en primer lugar me ha aparecido la web del europarlamento que a falta de una me ha dado 10 buenas razones para acudir a votar (http://www.europarl.europa.eu/elections2009/whyvote/default.htm?language=ES&reasonId=10):
1. Sí, usted decide, ¿cómo?, votando y termina diciendo si no vota, no se queje.
2. Los eurodiputados su voz en Europa.
3. Votar, un derecho, y añade: y no le costará un céntimo.
4. Europa es cosa de todos.
5. Una votación y 375 millones de votantes.
6. Una eurocámara de pesos pesados.
7. El siguiente paso: eurodiputados con más influencia.
8. Su voto por la diversidad, y añade: el parlamento se basa en la diversidad, incluso habla en 23 lenguas.
9. De eso se trata: política, democracia, y añade: marque la diferencia, haga que las cosas cambien.
10. Con un pequeño esfuerzo grandes resultados.

Reconozco que esperaba encontrar argumentos cercanos para salir de la crisis, mejorar la educación y la convivencia, que aumenten la cohesión social, que mejoren los valores cívicos y culturales, esto es escuchar propuestas concretas. Pero lo cierto es que algunos de los argumentos que me he encontrado me han preocupado, casi escandalizado. Intentaré explicarme.
– Tenía entendido que votar es un derecho y no una obligación, es más creía que como ciudadano europeo era sujeto de derechos (y no sólo de obligaciones) al margen de votar. Pero llevemos más adelante la reflexión, esto es, resulta que si voto tengo derecho a quejarme, pero ¿dónde, ante quién? Aunque tal vez nuestros representantes europeos lo que debieran es reflexionar si el hecho de no votar es en sí mismo una manera de quejarse.
– ¿Los europarlamentarios son mi voz o la de los intereses de los partidos que representan? Tal vez sea hora de que se hagan listas abiertas para que podamos elegir entre los candidatos y no solo entre las opciones políticas.
– Resulta que votar no me va a costar ni un céntimo. Me ha encantado saber que los candidatos costean todo el proceso electoral con cargo a sus bolsillos y no a los presupuestos y a los impuestos que pagamos.
– Sobre el peso de los eurodiputados la duda viene de la imagen que se vende en España: los eurodiputados viven un retiro de oro. A pocos políticos de primera línea les hace gracia eso de dejar la política activa y mandándoles a Europa les endulzan ese declive o directamente los apartan de los asuntos del país. Aunque corten más bacalao del que creemos, a Mayor Oreja se lo quitaban de en medio, a Ramón Jauregui lo mandan a preparar la presidencia española futura, pero casi sin consultarle si quiere ir.

Aunque las razones que realmente me impulsarán a votar el 7 de junio tienen que ver con las dos últimas. Por una parte, y a pesar del hastío que produce una estructura política tan alejada de la ciudadanía en sus relaciones, es un pequeño esfuerzo el que supone ir a votar, cada votante que se queda en casa es un impulso a los partidos nacionales (poco amigos de la diversidad). Por otra parte, quiero que las cosas cambien, y eso no se consigue apoyando a partidos políticos gigantescos que representan cada vez más a intereses de lobbies y núcleos de poder no controlados desde las instituciones democráticas, sino dando el apoyo a opciones políticas que priorizan la cercanía con la ciudadanía. Porque creo en la democracia participativa y abierta y con la intención de frenar la implantación de estructuras distantes y todopoderosas iré a votar para que tomen fuerza las opciones que creen en la Europa de los pueblos.

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