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Posts Tagged ‘Identidad’

[por Melba Luz Calle Meza, candidata suplente de Geroa Bai al Senado, en Diario de Noticias de Navarra, 6 de noviembre de 2011]

¿SE puede ser -coherentemente- nacionalista vasco-navarro teniendo origen extranjero? Una vez alguien preguntó muy seria y seudo-intelectualmente “¿de qué raza eres?”. Y la respuesta fue “soy de la raza humana”. Con esta anécdota se podría sintetizar la cuestión, pero el asunto tiene enjundia.

Nieves Arigita (DIARIO DE NOTICIAS-La Ribera semanal, 29/09/2011) relató: “Ahora hay tiendas de chinos sin nombre. … el domingo pasado, dos críos y una cría vestidos como si vinieran de un desfile de Dolce & Gabana, entraron con un billete de 20 euros y se pusieron a vacilarle a la dependienta delante de mis atónitas narices: “Tú, china, ¿cuanto vale esto? ¿no me oyes china? …les dije a los niños que se frenaran un poco. La niña, …que no había cumplido los diez, se giró y me soltó con una heladora firmeza: ¿A ti que te importa, tía? …me lamenté por no haber sabido explicarles. ..que todo lo ocurrido me importa.”

Estos indignantes episodios cotidianos, que deberían inquietar a todo el mundo, sirven para ilustrar lo difícil que puede resultar la idea de “navarros de origen extranjero”. Las personas nacidas en otros países, de padres que no tienen ningún vínculo de sangre con Navarra, ni hablan euskera, ni tampoco han aprendido el folklore navarro, ni… ni…. pero que viven y tienen sus casas aquí, trabajan, pagan impuestos y gastan su dinero en Navarra e incluso tienen grandes amistades en esta comunidad, son legítimamente miembros de esta sociedad y así deberían ser considerados por todos. Pero ya se ve que la cosa no es tan fácil.

El primer paso sería que cada una de estas personas tuviera la capacidad de decidir libre y voluntariamente sobre esta comunidad, su presente y su futuro. O, lo que es lo mismo, que pudieran participar activamente en las decisiones políticas. Pero esto no es posible hoy: estas personas, aunque vivan aquí, no tienen derechos políticos, para tenerlos deben adoptar obligatoriamente la nacionalidad española, según lo ordena la Constitución. Sólo se admite constitucionalmente que se les pueda otorgar, por una ley específica, el derecho a elegir y ser elegido en las elecciones municipales.

Pero, ni siquiera éste último es el caso de Navarra. Donde las personas de origen extranjero no tienen ningún derecho político.

En estas condiciones, ¿qué interés puede tener alguien de origen extranjero en las próximas elecciones en las que se van a elegir los parlamentarios que representarán a Navarra en las Cortes? o ¿qué podría importarles si Navarra se consolida como sujeto político autónomo o si su suerte depende de lo que ocurra electoralmente en las comunidades vecinas o de lo que decidan los grandes partidos en Madrid? La atención a todo esto puede ser nula, dadas las circunstancias.

Para que la política resulte atractiva en este contexto se requieren espacios políticos y sociales suficientemente abiertos para que encuentren sitio las 71.380 personas de origen extranjero afincadas en Navarra. Hay que empezar por demandar los derechos políticos para los extranjeros residentes, sin ningún otro requisito. Si ya han tomado la decisión de vivir aquí, es más que suficiente. Se trata de poner en práctica el nacionalismo democrático, aquél que se encargó de divulgar el filósofo alemán Jürgen Habermas (su célebre patriotismo constitucional), y que surge no por razones históricas o étnicas, sino por el hecho de compartir con una comunidad dada una serie de valores democráticos como, fundamentalmente, el pluralismo político, social y cultural.

Este el nacionalismo que surge de la razón, de la voluntad y es el espacio ideológico donde podemos tener sitio los navarros venidos de otros países. Y, así es el futuro que ya tenemos, el de una comunidad integrada por gentes de muy diferentes orígenes, lenguas y culturas.

El nacionalismo vasco-navarro puede continuar abriendo puertas y construyendo amplios canales de comunicación política con los vecinos llegados de otras partes. Y cultivar la ciudadanía universal mediante relaciones internacionales con los países de origen de estos “tozudos” navarros. Todo ello puede hacer crecer y extender esta tendencia política, dentro de un clima de paz y concordia social.

En definitiva, la igualdad de oportunidades y de derechos, principalmente, políticos, es el camino más seguro para adquirir la dignidad ciudadana. Este reclamo nos concierne, por lo demás, en primer lugar, a los propios navarros que hemos venido de fuera, quienes tenemos que asumir nuestro destino aquí y ahora. Y, si para lograr que este objetivo sea una realidad se necesita reformar la Constitución, habrá que reivindicarla.

Hoy sabemos, por los últimos y expeditos arreglos del PSOE y PP en la reforma sobre el déficit fiscal, que no es tan problemático, como nos lo habían vendido, modificar la Constitución española.

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Siempre se dice que una imagen vale más que mil palabras. En este caso desde luego así es. Este Lipdub (Lipdub per la independència de Catalunya i la resta dels Països Catalans) consiguió colarse entre los récords mundiales por ser el que reunió a un mayor número de personas (5771 en total). Se grabó en Vic el 25 de octubre de 2010 y creo que es un bonito ejemplo.

Un lipdub es un vídeo para el que se escoge una canción popular, se diseña una coreografía fácil, se ensaya con los protagonistas y se busca que cada participante tenga un pequeño rol. Se sincronizan labios, gestos y movimientos y se empieza a grabar en vídeo en una sola toma, en plano secuencia.

Este lipdub me ha encantado porque simbólicamente reúne en un mismo soporte lo más innovador con todas las tradiciones y elementos identitarios con los que tantos catalanes se sienten identificados, y todo hecho desde el buen rollo y en sentido positivo.

Espero que os guste tanto como a mí.

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20090804_1512_nuevoComo ocurriera hace un siglo, la cercanía del año 12 mueve los resortes identitarios de Navarra y hace que unos y otros se posicionen ante tan señalada fecha. Hace cien años el centenario celebrado no fue el de 1512, sino en el 1212, la batalla de Las Navas de Tolosa. La Comisión de Monumentos Históricos de Navarra, encabezada por los euskaros Campión, Olóriz y Altadill, quiso rememorar 1212 quién sabe si como forma de diluir el recuerdo de un 1512 no tan memorable para el Viejo Reino.

Los preparativos para el centenario, al igual que hace un siglo, se han iniciado unos años antes y por las manifestaciones de algunos parece como si en el 2012 se fuese a producir una alineación de astros que nos abocase irremediablemente al desenlace final de una profecía milenaria al estilo de las mejores novelas de fantasía. Soy un gran seguidor de escritores como Margaret Weis, Tracy Hickman, George R. R. Martin, David Eddings…, siento una gran pasión por la historia y me interesa sobremanera el debate identitario que vivimos en Navarra, pero creo que cada una de esas aficiones hay que vivirla por separado, sin mezclar unas cosas con otras. Y digo esto porque creo que resulta especialmente preocupante que haya todavía quienes a estas alturas busquen y, lo que es peor, encuentren en la Historia (o mejor dicho en sus historias) profecías y destinos preestablecidos que den respuesta a lo que somos y lo que seremos en el futuro.

Más allá del debate historiográfico, existe en nuestra tierra un debate político sobre el significado de 1512. Para algunos es el momento de la feliz incorporación de Navarra a España, cumpliendo el destino hispánico de Navarra que se va manifestando a lo largo de la Historia en los momentos especialmente dramáticos: lo hizo en 1212 en la gran empresa española de la reconquista, lo hizo en 1512, uniéndose al proyecto de unión nacional de los Reyes Católicos y lo hizo también en 1936 y cada vez que fue necesario. Es la interpretación que hicieron en su momento Víctor Pradera, Eladio Esparza y otros y que hoy es defendida por el navarrismo.

Por contra, hay quienes creen que existe un destino vasco de Navarra que también se ha ido manifestando como una resistencia a los intentos españoles por someter a Navarra: lo hizo en Amaiur y Noáin, frente a la invasión castellana, lo hizo en las carlistadas ya en el siglo XIX y lo hace incluso hoy en día frente a las diferentes fuerzas de la imposición española… Es el discurso tradicional de HB y la izquierda abertzale oficial y que hoy en día es defendido, con la idea del Estado vasco en Europa, por Nabarralde.

Ambos comparten un mismo principio: existe un destino prefijado para Navarra, manifestado a lo largo de los tiempos y ajeno a la voluntad de los navarros, ya que en ningún momento se les ha preguntado su opinión al respecto. En ambos casos, la pregunta acerca de qué queremos ser en el futuro se dirige no a los ciudadanos de hoy sino a lo que, desde planteamientos y preguntas del presente, tal vez pudo significar lo que otros hicieron en el pasado. Somos, como ya he dicho en otro lugar, esclavos de la historia, pues es ella (a través de maestres, magos y adivinos, ya que ¿quién de ellos puede llamarse a sí mismo historiador sin sonrojarse?) la que nos dice qué debemos ser y qué debemos hacer.

Navarra necesita un nuevo discurso que dé respuestas a los problemas del presente y del futuro y está claro que las claves del mañana no las vamos a encontrar en el ayer, sino en nosotros mismos y en quienes viven con nosotros. 1512 pudo significar muchas cosas y la mayor parte de ellas tienen poco que ver con lo que hoy, en el debate político, se pueda decir. Pero es que, además, lo que ocurriera o dejara de ocurrir hace 500 años no tiene por qué obligarnos a nada. Es bueno conocer la historia, pero no lo es someterse a ella. Ese espíritu de rebeldía frente al peso de la historia, frente a un pasado que nos obliga debería estar presente en ese nuevo discurso tan necesario en Navarra. ¿Se animará NaBai a liderar esa nueva Navarra?

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20090505_esclavos_historiaEn Euskal Herria, tradicionalmente, historia y política han ido de la mano. Basta con repasar someramente la hemeroteca o los libros de actas parlamentarios para darse cuenta de la gran presencia de la historia en los discursos políticos. Se trata de algo frecuente en comunidades políticas donde existe una polémica en torno a la identidad, pero tal vez sea especialmente intenso en nuestro caso.

Es más que evidente que en Navarra existen propuestas políticas que defienden al menos dos marcos políticos y jurídicos diferentes. Existe un navarrismo (con v) que defiende la españolidad de Navarra desde la afirmación de una identidad propia, regional, foral, como si esa identidad no fuera sino la plasmación en lo local de una identidad superior, la ESPAÑOLA. Lo foral, lo navarro, conduce irremediablemente a lo español. Ese navarrismo, que no es sino un tipo de nacionalismo español, ha interpretado tradicionalmente la historia de Navarra como un línea nítida donde todo se explica a partir del presente. Como si se tratara de un plan casi divino Navarra se va conformando a lo largo de la Historia, desde el principio de los tiempos, fiel a su esencia, a lo que es. Capitalizada y rentabilizada con maestría por UPN, esta idea de Navarra es compartida con mayor o menor intensidad, dependiendo no siempre de razones ideológicas, sino también políticas y electorales, por otras fuerzas del arco parlamentario navarro (CDN y PSN), a pesar de algunos leves esfuerzos por distanciarse de un discurso que en ocasiones pone en serios aprietos a partidos que pretenden tener una mayor coherencia democrática.

Este navarrismo ha vivido enfrentado a otro nabarrismo (esta vez con b) que ha elaborado un discurso en torno a la identidad de Navarra basado en los mismos principios, pero para defender lo contrario. Es decir, una identidad propia, regional, foral, como si esa identidad no fuera sino la plasmación en lo local de una identidad superior, la VASCA. Así pues, lo foral, lo navarro, conduce irremediablemente a lo vasco. Este discurso es el defendido por el PNV desde sus orígenes (y que todavía hoy convive en el partido con otro nacionalismo mucho más cívico), por HB (y Euskal Herritarrok, EHAK, ANV…) y por Nabarralde con una curiosa variante: no es que el navarro sea vasco, sino que el vasco es navarro (aunque igual no lo sabe). De este modo, afirmando que Navarra fue el Estado vasco en la Europa medieval y moderna (una quimera del mismo estilo que la defendida por los navarristas para lo contrario), algunos creen dar mayor fuerza a reclamaciones actuales de soberanía e independencia.

La reciente ruptura del pacto entre UPN y el PP ha introducido una “nueva” voz en el escenario político navarro, la del PP, y se ha oído algún tímido comentario acerca de la españolidad de Navarra como descentralización administrativa del sujeto político español. Los fueros en este caso no serían sino un privilegio a eliminar, un agravio que rompe el principio de la solidaridad. Difícil camino el del PP si esta línea se consolida (pregúntenselo si no al centralismo falangista durante el franquismo).

Navarrismo y nabarrismo comparten un mismo rasgo común: ambos son esclavos de la Historia, de lo que supuestamente fuimos en el pasado, y ambos adolecen de un verdadero espíritu democrático. Navarra es para ellos lo que debe ser, lo que la Historia le dice que sea, no lo que sus ciudadanos quieren ser. La ciudadanía navarra poco o nada puede opinar al respecto. Cada cual se ve a sí mismo en posesión de “LA VERDAD” y el otro está, necesariamente, equivocado. En los últimos años, especialmente con la aparición de Aralar, han surgido voces que pueden renovar las bases del discurso de la identidad navarra. La crítica al navarrismo no puede hacerse, como hace Nabarralde, cayendo en los mismos errores. Esa batalla es falsa, equivocada y, además, está perdida. Hay que llenar de realidad la tan repetida y vacía frase que afirma que “Navarra será lo que los navarros decidan”.

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psoe

Recuerdo todavía con gran viveza la sensación de alivio incluso físico, como si me hubieran quitado un peso de encima, el día de la derrota de Aznar en las elecciones de marzo del año 2004. No sé cómo se habría sentido ese día en otros lugares del Estado, pero esa sensación de haber abierto las ventanas en una habitación cargada de un ambiente opresivo y gris se vivió con fuerza en la CAV y Navarra y no creo equivocarme al afirmar que también, al menos, en Cataluña y Galicia.

Con la derrota de Aznar se ponía fin a un período de gobierno en mayoría absoluta de un ultra nacionalismo español que acosó a cualquiera que tuviera y se atreviera a defender una imagen de España distinta a la enarbolada como un arma por el centralismo aznarista. La presión a la que se sometió al nacionalismo vasco fue tal que a muchos les recordó tiempos pasados que creían olvidados para siempre.

Algo de esto debió ocurrir más allá de apreciaciones personales y subjetivas. El primer Gobierno Zapatero planteó importantes reformas constitucionales y estatutarias para actualizar la España de las Autonomías a las nuevas necesidades del siglo XXI, reforzando el papel de las regiones y de las nacionalidades, de las que incluso se llegó a hablar como naciones. El centralismo y ultra nacionalismo español defendido por el PP no solo había conseguido dejar aislado al partido liderado ya por Mariano Rajoy, sino que además había logrado “manchar” y “contaminar” la defensa de un centralismo español (entendido por el PP de Aznar como una lucha contra los nacionalismos periféricos) como lo hiciera años atrás el franquismo (que contaminó e hizo políticamente incorrectas durante décadas muchas de las señas de identidad del nacionalismo español).

Ese intento de una segunda transición (imagen lanzada por Aznar y de la que se apropió Zapatero dándole un sentido claramente distinto) tuvo un coste político importante para el PSOE que no supo aguantar la presión de la dura oposición del PP y comenzó un giro al centro, alejándose del entendimiento con las fuerzas nacionalistas, ya fuese en el gobierno de Madrid o en las distintas comunidades autónomas. El discurso del PSOE, más motivado por rendimientos electorales que por una convicción sólida acerca de la idea de España y de su relación con las naciones vasca, catalana y gallega, no resistió el envite del nacionalismo español fácil, simplón y populista esgrimido por el PP y resumido en la frase de “España se rompe” (ya saben, España, antes roja que rota).

El caso de Navarra es una clara muestra de ello. Desoyendo la clara voluntad de cambio manifestada en las urnas el 27 de mayo de 2007 en los comicios de mayor participación de la historia de la democracia en Navarra, el PSN, obligado por el PSOE, decidió mantener a UPN en el gobierno foral. La apuesta por defender identidades plurales, la necesidad de airear el cargado ambiente foral, todo quedaba en un segundo plano ante el coste electoral de un posible pacto del PSN con el nacionalismo vasco en Navarra.

Tras la segunda victoria de Zapatero en 2008 las reformas constitucionales y estatutarias pasaron a dormir el sueño de los justos. Al margen de las dificultades generadas por la crisis económica, los resultados de las elecciones gallegas y vascas y la gestión posterior de esas dos derrotas electorales han reducido el margen de maniobra de un PSOE que no hace sino perder apoyos parlamentarios. El Gobierno de Zapatero ha conseguido un récord en su gestión política, pasando de contar con el apoyo o el voto de confianza de todos (menos el PP) a estar prácticamente aislado.

La crisis de Gobierno ha sido un paso más en ese viaje al centro (geográfico y no político en este caso) del PSOE al nombrar a Manuel Chaves Vicepresidente Tercero y Ministro de Política Territorial y encargarle la coordinación autonómica para lograr una mayor cohesión de las regiones de España. Abandonada la segunda transición, habrá que ver si el PSOE no se encamina hacia una segunda LOAPA coordinada por la Vicepresidencia Tercera del Gobierno y con las nacionalidades históricas controladas por primera vez en la historia por partidos de obediencia central.

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lopez_estatuto3Un reciente artículo publicado en la prensa por Pedro Pegenaute, actual Director General de Administración Local del Gobierno de Navarra, me ha llamado la atención y me ha hecho repensar sobre una vieja polémica que creía olvidada y enterrada: la relativa al art. 47.2 del Estatuto Vasco.

Durante la transición a la democracia, a lo largo de 1977 y 1978 se debatió la posible incorporación de Navarra a la naciente Comunidad Autónoma Vasca, entonces todavía CGPV (Consejo General del País Vasco). A la altura de noviembre de 1977 se quería aprobar el preautonómico vasco (y el catalán y gallego) para devolver un cierto autogobierno antes de la aprobación incluso de la Constitución a las regiones que durante la Segunda República habían plebiscitado y aprobado un Estatuto de Autonomía. El Acuerdo al que llegaron el Ministro para las Regiones, Manuel Clavero Arévalo, y la Asamblea de Parlamentarios Vascos (incluidos los navarros, aunque los representantes de la UCD nunca acudieran) recogía el derecho de cada una de las cuatro provincias (Álava, Guipúzcoa, Vizcaya y Navarra) a decidir libremente su plena incorporación al Consejo Vasco.

El Acuerdo provocó reacciones inmediatas y la UCD de Navarra forzó la renegociación del mismo entre el Gobierno de Madrid y la Asamblea de Parlamentarios Navarros. A partir de ese momento, la UCD de Navarra se dedicó a tratar de conseguir que la posible incorporación de Navarra a Euskadi fuese algo más parecido a una carrera de obstáculo que a proceso político.

Las negociaciones entre el Ministerio y la Asamblea de Parlamentarios Navarros dieron como resultado el Real Decreto 2/1978, apoyado por todas las fuerzas navarras con representación en Cortes (UCD, PSOE y PNV). Este Decreto es el que, se convertiría, a la postre, en la Disposición Transitoria Cuarta, fuente de importantes polémicas dentro de la UCD de Navarra. De hecho, la aprobación de dicha Disposición en la Carta Magna sería el motivo del nacimiento de UPN, como escisión de la UCD para pedir el NO a la Constitución de 1978.

Pero la cuestión aún daría lugar a otra nueva polémica, en 1979, no de la misma trascendencia, pero que marcaría la salida de la UCD de un diputado, Pedro Pegenaute, y un senador, José Luis Monge. El desacuerdo se centró en esta ocasión en el artículo 47.2 del Proyecto de Estatuto de Autonomía del País Vasco, que regulaba el referéndum para la modificación del Estatuto en caso de que Navarra se incorporase a Euskadi. El recuento del resultado se haría en una única circunscripción que englobaría a los 4 territorios. La UCD de Navarra quería que el nuevo Estatuto se aprobara en Navarra por separado. En plena recta final de las negociaciones entre Adolfo Suárez y Carlos Garaikoetxea, a finales de noviembre de 1979 la prensa publicaba unas declaraciones de Pedro Pegenaute en este sentido. El entonces diputado fue desautorizado por la dirección nacional de su partido. Poco después Monge y Pegenaute salían de UCD e iniciaban una andadura política de escasos éxitos pasando por Convergencia Navarra, AP-PDP-UL o el Partido Moderado. Pegenaute aún sería rescatado por Miguel Sanz para dirigir la ofensiva navarrista orquestada por el Gobierno de Navarra contra el euskera desde el año 2000.

30 años después de aquellas polémicas de la transición parece que algunos de sus protagonistas quieren aprovechar el inminente cambio de Gobierno en el País Vasco no para pensar en el futuro y posibilitar ese previsible cambio de rumbo que algunos ven con buenos ojos como un modo de consolidar el marco estatutario y constitucional supuestamente desdeñado por el nacionalismo vasco. Hay quien está pensando más bien en saldar viejas cuentas, antiguas anotaciones en la columna del debe que algunos no quieren perdonar al hacer balance de sus trayectorias políticas.

Con todo, la intentona puede tener un cierto interés para el ciudadano preocupado por el devenir de la política en esta tierra nuestra y no carece de una buena dosis de ironía. Tal vez sea interesante contemplar si el cambio de Gobierno en el País Vasco supone un cambio de sentido en las “injerencias políticas” para ser ahora Navarra la que interfiera en cuestiones de la CAV y no al revés. Puede ser un efecto colateral no previsto por el próximo gobierno de Patxi López. El tiempo lo dirá.

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