Tras la muerte de Franco y con la llegada de la transición a la democracia, en Navarra como en otros lugares se comenzó a hablar sobre el problema de la identidad y sobre la manera en que quedaría Navarra en el marco de la nueva España de las autonomías. El socialismo navarro, entonces en el Partido Socialista de Euskadi, llegó a un acuerdo con el PNV y otras fuerzas como ESEI en torno a la cuestión autonómica.
Al margen de la formulación concreta de los acuerdos (lista conjunta al Senado en las elecciones de 1977 con Manuel de Irujo a la cabeza, acuerdo autonómico…), lo que resulta realmente importante es que los socialistas, fruto de la convivencia en el exilio con fuerzas nacionalistas y de izquierdas, perseguidas por el franquismo, creyeron que ese era su espacio político natural a la hora de llegar a acuerdos.
Los dos años siguientes fueron claves para la configuración de un nuevo espacio político navarro. Por un lado, fruto del desacuerdo sobre el consenso alcanzado por UCD, PSOE y PNV acerca de la inclusión de la Disposición Transitoria Cuarta en la Constitución, en 1978 nació UPN, recogiendo el sector político más tradicionalista, agrupado hasta entonces en torno a Alianza Foral Navarra. UPN se haría con el espacio y el discurso dejado por la saliente Diputación Foral de Navarra de Amadeo Marco, democratizada en las elecciones de abril de 1979. Por otro lado, el socialismo navarro inició en 1978 y 1979 un giro hacia posiciones bien distintas de las defendidas hasta ese momento llegando al consenso en torno al Amejoramiento del Fuero y, poco después, acordando con UPN y UCD la retirada de la ikurriña del balcón de los ayuntamientos navarros. El giro concluiría con el nacimiento del PSN, desligado ya del PSE.
En este giro fue importante la llegada al partido de personas como Gabriel Urralburu o Víctor Manuel Arbeloa. Sin embargo, más allá de la apuesta de unos líderes políticos, el PSN buscó ya entonces el reparto del pastel del navarrismo, patrimonio casi exclusivo de UPN gracias a la crisis cada vez más profunda de la UCD que terminaría con su desaparición a principios de los 80.
Desde finales de los 70, el PSN ha preferido apostar por el espacio político del navarrismo, alejándose de la posibilidad de acuerdos con los nacionalistas, lejos ya los años de entendimiento en el exilio. Cuando en el PSN estallaron los casos de corrupción que todos recordamos y llegaron los años de retroceso elección tras elección, el PSN decidió seguirle el juego a UPN con acuerdos presupuestarios hasta que los regionalistas lograron la mayoría absoluta. El PSN, en su apuesta por el navarrismo y el voto de centro se había convertido en una mala copia de UPN y el electorado de izquierdas y republicano, importante en muchos lugares de la Ribera, no logró entender que el partido de sus padres y abuelos estuviera apoyando a quienes ellos veían como los representantes de los vencedores en la guerra civil.
En las elecciones de 2007 pareció que había llegado nuevamente el momento del entendimiento entre socialistas y nacionalistas, recomponiendo aquel primer pacto de la transición en Navarra, pero PSN y PSOE no se atrevieron y prefirieron volver a apoyar a UPN, excusándose en la supuesta excepcionalidad navarra, aquello que algunos llaman “cuestión de Estado” y que visto lo ocurrido casi pudieran llegar a tener razón.
Sin embargo, el dilema del PSN no ha concluido y es que no tiene fácil solución. Se ha hablado mucho de las dos almas del PNV, pero bien podría afirmarse algo parecido del PSN (más escorado en este caso hacia su alma navarrista, bien es cierto).
Parece que el socialismo navarro estaba convencido de que jugando la carta de la gobernabilidad y forzando la ruptura de UPN y PP se les ponía en bandeja el papel de primera fuerza en Navarra en las elecciones europeas del 7-J. El resultado ha supuesto un duro golpe para un PSN que sigue perdiendo espacio político y que ve cómo se acercan las elecciones forales de 2011 en una posición de debilidad y teniéndose que enfrentar a una candidata regionalista, Yolanda Barcina, con un importante tirón electoral y más partidaria de llegar a acuerdos con el PPN que con el PSN.
El PSN no resulta un partido creíble en Navarra y no son pocos los que, tras votar PSOE en las generales, eligen otras opciones en las forales: NaBai quienes están cansados de tantos años de gobierno del rancio nacionalismo español y del antivasquismo de los regionalistas, y UPN quienes no se fían de lo que pueda hacer el PSN en su nerviosismo y urgencia por volver a gobernar con el liderazgo de personas de escaso curriculum, por así decir. El ridículo que están haciendo en Pamplona con la amenaza de reprobación a la alcaldesa lo único que está consiguiendo es reforzar la imagen de Yolanda Barcina y demostrar la falta de discurso propio de los socialistas.
Una cosa está clara: el PSN tiene poco que hacer mientras siga por la senda de la colaboración con UPN. Los resultados electorales son más que evidentes. Todos nos hemos dado cuenta, salvo el PSN, al parecer.